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14 min
Aventura Viajera
Varios |
07.01.20
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Sinopsis

El verano soleado se reflejaba en las risas y correr por el patio de chavas y chavos de la escuela secundaria en la que estudiaban Ricardo cuyo apodo era "el burgués" y Lucrecio al que apodaban "el loro". Eran los últimos días de clase previos al periodo vacacional de fin del ciclo escolar. El loro y el burgués convivían junto a otros compañeros a las orillas del patio principal sentados en la banca de cemento que rodeaba un árbol de pirú grande y frondoso, el loro tocaba la guitarra rolas del Tree souls "pirateadas" a su hermano mayor; atentos y en comunión la "bola" de amigos alzaban y bajaban sus cabezas, cerraban los ojos y cantaauyaban al semientonado unísono las catárticas rolas, el repentino chirriar del timbre que anunciaba el reingreso a clases los aterrizo para dirigirse a sus correspondientes aulas. El burgués y el loro tardaron un poco más en dirigirse a la subsiguiente clase, el loro guardaba la guitarra en su funda, cuando el burgués le pregunta: ¿a dónde irás de vacaciones?, la respuesta del loro fue; no tengo plan, ¿y tú? A lo que el burgués responde; te invito a Ciudad del Carmen en Campeche, allá tengo un tío, ¿vamos? Loro sonríe y agrega; bueno pues sí, pero, tengo que ver si hay permiso y dinero en casa. Ambos continúan su andar y previo a la entrada al salón de clase, el burgués le insiste a loro, por hospedaje, no hay problema, podemos llegar a casa de mi tío y el transporte nos podemos ir con el "gordo" - alzó flexionando su brazo derecho y el pulgar meñique en movimientos de ida y vuelta sobrentendiendo el viajar de "aventón" o de a "ride". Al día siguiente, loro confirma al burgués, de tener el permiso de sus padres y algo de dinero para el tan novedoso viaje. Para loro, sería su primer viaje fuera de la ciudad, su primer viaje aventura. Unas semanas más en la secundaria y llega finalmente, el tan ansiado periodo vacacional. El viaje estaba programado para el sábado del primer fin de semana de vacaciones y el encuentro del burgués y el loro seria en la central de autobuses del sur a las once de la mañana. El día del viaje llego. La cita y pormenores del encuentro en la central de autobuses se habían cumplido - ello provocaba principalmente en loro una sensación de intensa plenitud, sus sentidos y emoción lo hacían sentirse diferente, redescubriéndose a sí mismo en sus actitudes, y de frente a sí mismo – el burgués fue el primero en llegar (sus padres lo llevaron en automóvil) el loro llego después (en su respectivo transporte colectivo “metro”) al encontrarse se miraron con una cómplice gran sonrisa, se abrazaron e inmediatamente el burgués, dijo: vamos a comprar boletos al puerto de Veracruz, pasamos a la playa y de allí en “raid” hasta Ciudad del Carmen; ¿te parece? O.k. Sale vale, sonríen y gustosos compran los boletos, esperan la hora de partida y abordan afanosos el autobús. Ya en camino ellos formaban parte del bullicio de los pasajeros y del sonido tan propio del motor del autobús, que los conducía por las avenidas que desembocaban a la salida de la ciudad; entre plática y plática, hacían los paréntesis de asomarse a las novedades que el paisaje mostraba, a sus iluminadas miradas de infinita expectativa, de asomarse reiteradamente a la aventura. La llegada al puerto de Veracruz es el inicio de cierta incertidumbre y al mismo tiempo, el dejarse llevar por las avenidas acompañadas de palmeras, sol, el ir y venir de la gente con ropas cortas y coloridas que vestían cuerpos bronceados, camionetas y carros que circulaban de frente a innumerables restaurantes, cafés, y expendios que con sus molinos de grano de café ambientaban con briznas de mar y una larga costa, esa inolvidable bienvenida a los adolescentes aventureros. Por la cercanía a la ciudad puerto de Veracruz, decidieron visitar playa Chachalacas. Caminaron descalzos, mochilas al hombro largamente sobre la arena de lado al mar, detuvieron su andar justo enfrente de una enorme y frondosa palmera; el burgués en tono alto y vivo, casi gritando de gusto; dice al loro - ¡guau casi el paraíso! - sí, - complementa loro -, fantástico lugar, sin gente, únicamente para éste par de aventureros una sinfonía de sol, pelícanos, aves, palmeras, transparencia, mar, brisa, tranquilidad. El burgués y el loro no tardaron en correr desnudos hacia el mar, disfrutaron gran parte del día en nadar, ya que para el atardecer, sentados debajo de una palmera y compartir algo de comer, el burgués se dirige al loro; - Loro, ahora si viene la aventura, está atardeciendo y tenemos que apresurarnos para llegar a la autopista y esperar quién nos lleva y hasta qué lugar, decidiremos al momento el "aventón" que coincida con nuestra ruta - Loro de inmediato sintió una emoción de incertidumbre, de cierta angustia, de la real posibilidad del peligro a lo aventurado de la aventura - ¡Ok vamos es hora de seguir! Respondió con firmeza loro al burgués. Ésa tarde noche, tuvieron suerte de transportarse primeramente en tráiler, después en camión Torton de carga y finalmente en un automóvil de una familia que afortunadamente viajaba también a Campeche. Ya en Campeche se dirigieron a abordar el bote - lancha que los cruzará a la isla del Carmen. Era medio día, cuando el bote – lancha arriba al embarcadero de isla del Carmen; en medio de un ambiente caluroso, de bullicio y movimientos de cajas de diferentes tipos, tamaños, y un sinfín de pertenencias de los pasajeros, que recién tocaban tierra. El burgués y el loro, se van abriendo paso rumbo al centro de la ciudad. Caminan desenfadados, nutriendo su infinita curiosidad sobre avenidas, calles y barrios. El burgués, comenta al loro; - mi tío es dueño de barcos camaroneros, él es muy conocido en ésta ciudad - Loro sonríe incrédulo; - ¡¡en serio!! ¡¡Hasta no ver no creer!! - el burgués agrega ¡¡ ya verás, ya verás!! ... Por cierto loro, te quería comentar que olvide mi agenda en el auto de mis papás y no puedo llamarles a mi casa, ellos también están de viaje, fueron a Estados Unidos y regresan la próxima semana. El problema es que no tengo el número telefónico de mis tíos y la única opción es preguntar a los lugareños por mi tío, se supone que es bien conocido en la ciudad. Loro respira profundo sintiendo cierta frustración y desencanto, pero después de unos momentos, reacciona decidido a no desanimarse y comenta convencido a el burgués - ok vamos a preguntar por tu familiar aunque tengamos que recorrer toda la ciudad y si no, hablaremos por teléfono a mis padres - bien, muy bien. ¡Vamos! ¡Vamos!. Caminaron hasta ya entrada la noche preguntando por el tío del burgués sin éxito. Un señor vagabundo se les acerca para pedirles alguna moneda, ellos le comparten algo de comer. El vagabundo les mira detenidamente y les dice: “ustedes no son de aquí, y les pregunta; ¿están perdidos? ¿Tienen dónde pasar la noche? El burgués le responde; ¿usted sabe dónde podríamos pasar la noche? Traemos poco dinero. El vagabundo les señala en dirección a las orillas de la ciudad para complementar con su hablar poco entendible. Sigan por esta avenida principal, pasan la iglesia y al fondo a la derecha hay una casa abandonada, allí pueden dormir, se oyen ruidos en la noche, pero no pasa nada yo algunas veces me quedo allí. El vagabundo sin despedirse, continúo su camino. La tarde, cedió el paso a la obscuridad dela noche, apresuraron su andar para llegar y pararse de frente a la casa abandonada, que estaba cubierta de hierbas, vegetación, y brazos de árboles, que atravesaban ventanas rotas, muros, y marcos de puertas caídas. El escenario de frente a ellos, les dejo momentáneamente en silencio. El soplar crujiente del viento, los saco de su perplejidad; el burgués se adelanta unos pasos y decidido dice: - tengo un encendedor, entremos, busquemos un lugar donde dormir y hagamos una fogata – (a lo que el loro responde) “ok tenemos que darnos prisa “. Ingresaron por uno costado lateral, de un muro derrumbado, caminaron sigilosos y alertas entre hierbas, troncos de árboles caídos y escombros de construcción, finalmente, la luz del encendedor ilumina un espacio plano, deshierbado y con cartones extendidos sobre el piso (el burgués dice al loro) " seguramente éste es el lugar donde ha dormido el vagabundo " - sí - responde el loro y dice: "hagamos la fogata, comamos algo y descansemos". el día fue largo para los grandes amigos que recostados, uno de frente al otro, dormían profundamente cuando de la lejanía se avecinaba un creciente ruido de estruendo y golpeteos, anunciando la estampida de caballos en un ambiente de quejidos y ruidos extraños, lo que ocasionó, que se levantaran alterados, de pie permanecieron momentáneamente, en medio de un gran estupor, confundidos, por el cambio a un extraño y largo silencio del que reaccionaron abruptamente, sin decir palabra alguna, tomaron sus cosas y corrieron desesperadamente huyendo del lugar, se dirigieron hacia el centro de la ciudad buscando ayuda, caminaron intensamente, hasta que el cansancio casi los doblegaba, el anuncio de una estación de policía, les reanima a seguir y llegar finalmente a la comisaría, donde fueron inmediatamente atendidos. Explicaron lo sucedido, la policía tomó conocimiento de los hechos y les permitió pasar el resto de la noche, en la estación de policía. Al día siguiente, temprano, continuaron con el propósito, de encontrar al ansiado tío. Caminaron por una Colonia de la Ciudad, de frente a la costa, se dirigieron a comprar unas sodas en una tienda, en el trayecto, pararon de frente a una señora que regaba el prado de la calle, el burgués le dice el nombre de su tío y si lo conoce, la señora se muestra sorprendida y pregunta; ¿ustedes de dónde vienen y por qué buscan éste Sr.? - el burgués le responde - Somos de Ciudad de México mi nombre es Ricardo Burgos y queremos visitar a mi tío - haa - fue la expresión gutural de la señora, y confirma sonriendo, “está bien, está bien, esperen no se muevan, voy a hacer una llamada, esperen” ingresa apresurada a su casa, y después de unos minutos regresa y les comenta “chicos que suerte tuvieron, hable con el Sr. Burgos, su tío joven Ricardo ya viene por ustedes ya está en camino”. La noticia, como lluvia de esperanza les hace elevar sus brazos, dar algunos brincos y abrazar a la señora agradeciéndole su ayuda. El tío llegó apresurado, saludo a todos y agradeció de manera muy personal a la señora. El burgués y el tío hablaron todo el tiempo del recorrido hasta la mansión, en donde los visitantes serían hospedados y disfrutarían del ya inolvidable viaje. El tío les presentó a la gente que los atendería en su estancia, mando llamar a Esposa e hijas las cuales de inmediato les recibieron con cálidos abrazos e invitaron a pasar a una gran sala comedor dónde loro finalmente comprobó que la familia del burgués era una gran familia. El recibimiento pasó entre alegres conversaciones, música de piano y las primeras y novedosas copas de vino para el primerizo adolescente loro. Ya avanzada la velada el tío del burgués observo cierto cansancio de su sobrino, decidió preguntar: Ricardo y Lucrecio, ya es notorio su cansancio, ¿desean ir a descansar? Ambos chicos confirman de inmediato con un "si", se despiden con abrazos, sonrisas y finalmente, la prima mayor de Ricardo, les anuncia; " descansen, porque los siguientes días serán de paseo y diversión”. Ciertamente, pasaron una semana intensa y llena de experiencias, que en particular el loro, jamás había experimentado. Días de intenso gozo e inolvidables vivencias, que pasaron en un abrir y cerrar de ojos, justo hasta que llegó el momento, de despedirse y regresar a Ciudad de México. El tío de Ricardo, dio a éste, algún dinero al momento de llevarlos a la estación de autobuses, y pidió dar un gran saludo a los papás de Ricardo. Ya al interior de la estación de autobuses, el burgués le comento al loro "¿regresamos de aventón? ", "sí" fue la inmediata respuesta de loro. Se desplazaron ya con cierta experiencia en “aventones” de Ciudad del Carmen hasta el Estado de Veracruz, lugar donde tuvieron un incidente inesperado. Sentados en un pequeño restaurant, ubicado en la zona turística y céntrica de Veracruz, decidieron comer y dejarse llevar, por el ambiente propio del puerto, sentados y embelesados por el ir y venir de gente, su indumentaria, su hablar, el blanco inagotable de paredes y muros, imágenes que los distrajeron de la atención de su equipaje y pertenencias que confiadamente habían dejado a los costados de sus sillas y que en un revire inesperado sobresaltado Ricardo grita eufórico “nos han robado” “nos han robado”. Los gritos en busca de auxilio y apoyo del burgués, pasaron como el viento, por la sordidez de no compromiso de los comensales del lugar. Loro y el burgués decidieron pagar su consumo y sin equipaje salieron en busca de un teléfono público para llamar a Ciudad de México. Los padres de Ricardo ya habían llegado de los Estados Unidos y los pudo contactar telefónicamente, la comunicación fue larga y llena de explicaciones para despedirse con una alentadora sonrisa, loro se aproximó para preguntar al burgués "¿todo bien?” Ricardo alza sus brazos y gustoso comenta “vienen mis padres aquí, a la estación de autobuses de Veracruz, vienen en el auto de papá ". El colorido haz de luz del atardecer dio la bienvenida a los papás de Ricardo, que en apresurado estacionar del auto, corren para abrazar emocionados a los aventurados adolescentes. Fue un regreso de intensas conversaciones, que exaltaban los detalles de desconocidos e inolvidables lugares y situaciones, que los padres del burgués se regocijaban de escuchar, al circular de regreso por la autopista de verdes montañas e iluminados paisajes, que aderezaban las voces y recuento de los aventurados viajeros de secundaria. Fueron dos semanas para Ricardo y Lucrecio, en que el verano continuaba, en ese regreso a clases que se reflejaba en las risas y correr por el patio de chavas y chavos que se dirigen a la banca de cemento que rodeaba un árbol de pirú grande y frondoso al encuentro del burgués y del loro, donde los compañeros, los reciben a coro: “ya llegaron los de la Aventura Viajera"

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Pasante de la carrera de relaciones internacionales en la ENEP actlán unam, burocrata y algunos viajes al interior de el país y tres años en europa, actualmente trabajo como chofer ejecutivo. me gusta el jazz, la trova y leer cuando se puede.

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