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14 min
Prologo. Axel. Capitulo I. ¿Donde está S.42? [Crónicas de una Caída. Acto I. Comienzos.]
Ciencia Ficción |
24.02.19
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Sinopsis

SINOPSIS: Año 2058. Una nave industrial se alza en el atardecer de una tarde de Verano. Una figura osura cruza bajo el umbral de una farola que parpadea, intentando revivir. La figura llega dispuesta a afrontar su... ¿destino? << ¿Donde esta S.42?>> se repite una y otra vez en su cabeza. <<Haz todo lo que sea necesario>>.

 

AXEL

I

 

Año 2058

¿Dónde está S.42?

 

Los últimos rayos de sol se filtraban a través de la valla metálica que marcaba el límite de la parcela. Era una luz anaranjada, y llegaba a través de la verja como el agua se filtra por un colador. La luz del sol dibujaba en la superficie del asfalto una cenefa cuadriculada de oscuridad que, en contraste con la cegadora luz del atardecer, se dibujaban en el suelo con una definición milimétrica. Si alguien se hubiera despertado en aquel momento, fácilmente habría creído que se trataba del amanecer, pero eran las siete y media de la tarde, y el sol ya estaba a punto de esconderse.

Cuando el sol estaba por desaparecer, una figura oscura cruzo a contraluz bajo el umbral de una farola que parpadeaba; como intentando encenderse en un vano intento por revivir. Obviando que nadie estaba allí para verlo cruzar ya, Axel cruzó la calle y se metió dentro de una nave industrial. Llevaba una gabardina gris erguida hasta el cuello que le cubría desde el torso superior hasta la altura de las rodillas y, junto con el pantalón oscuro, hacía muy difícil distinguir la verdadera silueta del individuo que la estaba vistiendo. Por si fuera poco, Axel había decidido ponerse una boina para acabar de cubrirse el rostro.

<< Prepárate>> escuchó Axel justo antes de entrar.

Lo esperaba dentro un hombre vistiendo un traje negro. Tenía un rostro cualquiera, que se mezclaba con una mirada cualquiera de una persona cualquiera. Se lo miraba con miedo, como esperando algo que sabía que iba a llegar. Axel llegó con las manos metidas en los bolsillos de la gabardina y procuro mantener la cabeza gacha hasta que llego a escasos centímetros del rostro del otro hombre. Una vez alli, saco una cajetilla de cigarrillos del bolsillo y con ayuda de una cerilla, prendio el tabaco y pego una interminable calada de la que emergio una nuba gris que los envolvio a los dos.

 

-        Señor…- le dijo él hombre antes de que Axel pudiera hablar.- …ha habido problemas, como ya sabrá…Esto no entraba en los planes. Sé que es un verdadero marrón, pero estoy seguro de que puedo arreglarlo… Solo tiene usted que…

 

-        Suficiente. - dijó Axel, tajante. Escupió esa palabra como una verdad absoluta. Y esta se clavó como un puñal en el pecho del hombre, que cada vez se mostraba más nervioso. Obedece o muere. O cállate y muere. - Ya sé que ha pasado, estúpido ¿Quién te crees que soy? ¿Dónde está? ¿Dónde ha ido? Responde. Quiere… Quiero saber dónde coño esta S.42.

 

-        Yo no…Señor, de verdad. No nos llevábamos demasiado bien. Era un chico bastante introvertido y no solía compartir demasiadas cosas con los demás. Lo juro. No sé dónde puede haber ido, nadie esperaba esto. Estaba prácticamente entregado. Lo juro, señor. No sé cómo ha podido pasar. - le dijo, casi suplicándole.

 

-        Estuviste con él durante varios meses, conviviendo basicamente juntos en el centro- le contesto Axel, con un tono tranquilo- ¿me estás diciendo que no te comento nada que ahora mismo me pueda servir de ayuda? Sabes quién soy, y sabes que puedo hacer, Miguel…

En ese momento Miguel hizo el amago de acercarse a él. Desprendía un aire conciliador, como si intentara por última vez conseguir lo que nadie hasta ese momento había ni si quiera intentado. Un soplo de viento a favor, una luz al final del camino.

-        Axel no lo hagas, sabes que esto está mal. No puede salir bien- le dijo- nada de esto puede salir bien. Nos están engañando ¿no lo ves? Debes pararlo, y solo tú puedes…

Mientras iba pronunciando esas palabras, en el rostro de Axel fue apareciendo una sonrisa tan forzada y tan maquiavélica, que, tras varios segundos de duda, Miguel se dio cuenta de que para él todo aquello era un simple entretenimiento. Él era un simple peón a sus ojos, una miga de pan en el mantel, una mancha en la camisa despues de una mala cena; y aunque no tenía ni idea de quien era Axel, sabía que un peón, como él, no era, y eso lo dejaba en una posición que no era precisamente privilegiada. La voz de Axel interrumpió sus pensamientos.

 

-       ¿Engañando? Ja. - le contestó Axel de nuevo con esa voz desquiciada. - No tenéis ni idea de hasta donde llega esto. No puedes pararlo. Ya no. Ni tú, ni nadie. - le decia mientras soltaba una maquiavélica carcajada mirándolo a los ojos. Le brillaban con una luz extraña, como si supiera cual era exactamente su destino. No sintió ápice de duda, ni miedo, ni lamento en ellos. Sabía que haría lo que sintiera que tenía que hacer. Y que lo que tenia que hacer no era, ni por asomo, lo que el haria. Y fue en ese mismo instante cuando Miguel tuvo la certeza de que ya había llegado su momento, y todo, o al menos parte de todo lo que venía por venir, dependía de él; y de su lealtad.

 

-        Espera… por favor- dijo de repente Axel, confuso. Su mirada ya no tenía la decisión que antes reflejaba. Solo se veía confusión a través de sus ojos. Ahora solo se percibía un gris apagado en ellos. No había tampoco dudas, ni miedos, tampoco lamentos. Solo vio desesperanza. - No es necesario. – intentaba decir-Hay otra… Tiene que haber otra… otra...- se le trababan las palabras-...esto- dijo justo antes de remover con gestos confusos algo dentro del bolsillo de la gabardina. Luego se quedó inmovilizado durante un instante haciendo una mueca de dolor que dejo confundido a Miguel, que no terminaba de entender qué era exactamente lo que estaba pasando.
Y de repente Axel sacó la pistola y apunto a Miguel a la cabeza. Sus ojos volvían a desprender ese brillo, el brillo del destino. Como si supiera de nuevo exactamente que era lo que tenía que hacer.

<<¿Dónde esta S.42?>> la pregunta se repetía una y otra vez en su mente como un radiocasete rallado. Le perforaba el cerebro como un cuchillo corta la mantequilla. Repitiendose una y otra vez. En un glitch infinito desde hacia ya unas cuantas horas. <<Hazlo. Haz todo lo que sea necesario Axel>>.

-        Señor, por favor- dijo Miguel, interrumpiendo el esta vez sus pensamientos. La locura que percibía en aquel hombre le aterrorizaba mucho más que todo lo que le pudiera haber dicho. - puedo encontrarlo. No es necesario que nadie muera. Puede cooperar. Es un buen sujeto. Todo estaba en orden.

-Miguel, déjalo, sé que me estas mintiendo. Y sé que sabes dónde está. Y sé que sabes que no soy estúpido. - le dijo mientras separaba innecesariamente estas últimas palabras y le presionaba la sien con la pistola- Y si, también se quién eres. Y, sobre todo, también se quiénes son tu mujer y tu hijo. - le dijo, remarcando esta última frase. Y fue entonces cuando la cara de Miguel se puso en tensión y Axel supo que había dado en el clavo. - Tu pequeñín… ¿No es así como lo llamas? Qué bonito…- Miguel ardía por dentro. Axel veía en sus ojos el infierno. Sentía como Miguel se estaba imaginando las mil formas en las que le gustaría matarlo, destriparlo; robarle la pistola y empuñarla, soboreando el segundo antes de apretar el gatillo para destrozarle la cabeza. El también se perdió en esos pensamientos, o fantasías. En los que Miguel conseguía desatar su furia sobre él y conseguía matarlo, degollarlo; o cosas peores. <<Que liberador>>. Por otro lado, esa era la idea. Tocar la fibra sensible. Y lo había conseguido. - Dime donde está S.42. -siguio diciendo, con calma- No quiero recurrir a otras opciones así que voy a darte unos cinco segundos para decidirte a contarme donde puedo encontrarlo…Aprovéchalos por favor.

 

Fueron más de cinco segundos. Pasaron unos diez durante los que Axel pareció estar sumido en una especie de trance; luego miró a Miguel con una expresión triste y antes de cambiar de nuevo su semblante le dijo:


- Nos estás obligando. Te he dado a elegir. Lo siento.- Y luego disparó.


La bala alcanzó la rodilla de Miguel, que gritó de dolor, suplicándole clemencia. Se acercó despacio y, con expresión sería, le propinó varias patadas en el abdomen hasta que empezó a escupir sangre. Cuando Miguel no podía casi respirar, Axel decidió parar. Miguel había cedido ya a cualquier posibilidad de evitar lo que estaba pasando, así que no ofreció resistencia cuando Axel se acercó caminando a su rodilla y colocó el pie justo encima de la herida de bala. Solo tenía que aguantar. ¿Cuánto podría aguantar? <<No aguantará>>


-Dímelo- Y lo pisó. - ¡Ya! Vas a tener que decírmelo.

Miguel gritó de dolor. Sus pensamientos se nublaban cada vez más y cuanto más dolor sentía más le costaba distinguir lo que pasaba a su alrededor o si quiera si alguien se estaba molestando en preguntarle algo. Distinguir la realidad se le hacía cada vez más complicado. Estaba a punto de perder el conocimiento cuando una nube espesa de sangre le nubló la mente y el rojo paso a ser negro en unos instantes imperceptibles en el tiempo. Luego solo hubo oscuridad.

Fue entonces cuando Axel aprovecho para sentarlo y atarlo a una silla. Hizo todo el proceso con una parsimonia sorprendente, como un robot ejecutando una función predeterminada. En menos de veinte minutos ya tenía sentado y atado a Miguel, que yacía con el cuello colgando en la silla, inconsciente. Sus herramientas también estaban listas, inconscientes aun.Mientras, Axel rebusco en la gabardina y saco una petaca plateada. Luego la agitó para saber más o menos su contenido y luego dio un largo trago que disfruto a conciencia. Seguidamente se acercó a Miguel y le separo los parpados para luego vertir el resto de la petaca. “¡plaff! ¡plaff!”.

-Despierta, ¡campeón!- le gritó mientras le soltaba un par de bofetadas.- se terminó el tiempo de descanso. Segunda parte. ¡jugadores al campo de juego! Ja.- gritaba Axel al vació mientras sacudia las manos en un gesto anormal.- aunque lamento decirte que nadie ha venido a ver el partido, pequeñín…- le dijo remarcando esta última palabra cerca de su oído, cerciorándose de que Miguel escuchaba.

-Miguel, ahora te lo voy a preguntar de nuevo. Y si no me respondes a lo que quiero decir, no voy a poder controlarme. Y es asi de simple - Axel estaba hablando realmente enserio, si empezaba no iba a poder parar hasta conseguir lo que necesitaban saber.

<<No quiero hacerlo...>>pensó.

<<Vas a hacerlo>>.

-De nuevo… Empecemos de nuevo Miguel. ¿Dónde está S.42? - le preguntó conteniendo la necesidad de gritárselo a la cara. Una mueca de ansiedad le estaba apareciendo en el rostro poco a poco y no podría soportarlo mucho más. Miguel siguió sin decir nada, sumido en un trance de dolor del que no podia salir- se perfectamente que sabes quien es.- le insistio Axel, intentando mantener la calma- ¡Dímelo! No voy a consentir que una sucia cucaracha como tu insulte a mi intelecto. ¿Dónde está S.42?

- Señor… ¿S..? ¿S.42? él… ¿Quién es?

***

La escena era dramática bajo la escasa luz de la noche, que ya había llegado. La poca luz de la luna que llegaba hasta el suelo los iluminaba, y Axel, vestido con la gabardina, se confundía con el resto de las sombras que se proyectaban en el suelo de la nave. Lo mismo sucedía con la figura de Miguel y la silla. Él, en cambio, parecía un muñeco de trapo roto.

Un cuervo llego volando y grazno al posarse en el borde de una cristalera del tejado. Un trozo de cristal roto se desprendió y callo al vació, cerca de dos figuras extrañas que se movían. El cuervo no había llegado por casualidad. Venía por alguna razón, ¿quizás el hedor a muerte?  Algo le decían sus sentidos. Pero estaba allí, y llegará por casualidad o no ahora sí que podía percibir ese hedor. El olor a sufrimiento y sangre.

Un grito de dolor resonó desde el interior de la gran nave industrial, y cruzó el pequeño cerebro del carroñero como lo hubiera cruzado el primer relámpago de una gran tormenta de verano. Grazno con fuerza y casi salió volando al pensar que tenía algo que ver con ello, pero pronto se dio cuenta de que estaba equivocado. No faltaba demasiado para que llegara su turno. Su momento. Una de las figuras estaba cerca de la muerte, y él estaría allí para terminar el trabajo.

Estaba impaciente, o al menos todo lo impaciente que podría parecer un cuervo. Si tenía suerte, el botín sería todo para él. Si no, pronto llegarían más como él, más carroñeros. Ratas, moscas, incluso gusanos si no se daba prisa; y entonces tendría que compartir el botín; y todos tendrían que pelearse por llevarse un trozo de carne más, un picotazo más del cadáver que iba a pudrirse allí durante tanto tiempo. O eso era lo que le decían sus sentidos. Y lo que más deseaba. El cuervo graznó de nuevo. El cadáver por el que esperaba era un buen botín, y compartirlo no era plato de su gusto, pero al final era un cuervo, y solo quería comer. Grazno de nuevo.

Pasaron las horas y los gritos de dolor terminaron por no sorprender al animal, que seguía ahí, a la espera. Los gritos al principio eran de la misma intensidad, fuentes de una tortura inimaginable a manos de alguien totalmente fuera de sí, pero poco a poco fueron disminuyendo los gritos, y la tormenta precedió a la calma. Fue entonces cuando el cuervo sintió que era el momento de acercarse, de bajar a picotear y cotillear a su próxima presa. Estaba a punto de hacerlo cuando el sonido de un disparó casi lo sobresalta de nuevo. Era un ruido extraño. Seco. Miró hacia abajo y vio a dos figuras quietas en el suelo, las dos sentadas. Una ya estaba muerta. Era su preciado y esperado botín, un manjar recién hecho. Si pudiera relamerse los labios lo habría hecho sin lugar a dudas.

Pasó una hora hasta que la segunda silueta decidió dar alguna señal de vida. El cuervo estaba impaciente. La silueta se levantó y recogió varias cosas de los alrededores del cadáver y luego se marchó por donde había entrado para no volver jamás. Era su turno.

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    SINOPSIS: Año 2058. Una nave industrial se alza en el atardecer de una tarde de Verano. Una figura osura cruza bajo el umbral de una farola que parpadea, intentando revivir. La figura llega dispuesta a afrontar su... ¿destino? << ¿Donde esta S.42?>> se repite una y otra vez en su cabeza. <<Haz todo lo que sea necesario>>.

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Escribo en prosa, en verso, o una mezcla de las dos. Escribo para desahogarme, escupo sobre todos mis demonios y los de los demás. Mi mayor proyecto es una novela de ciencia ficción , aunque también tengo en el horno una “colección” de relatos cortos. También me encanta el terror, el drama, la historia y todo lo que te anime a pensar y explorar tus propios límites. Aprender, en general, es algo que me fascina. Y hacerlo leyendo me parece vital para cuidar el alma. Si te gustaran mis escritos, mis versos, o los primeros capítulos de “Crónicas de una Caída” , o no, no olvides comentar lo que te haya parecido y calificar, es siempre una buena noticia saber que piensan mis lectores. De todo se aprende! Un saludo!

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