10 min
Azrael
Fantasía |
10.08.11
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Sinopsis

Relato corto sobre un personaje secundario de una novela en la que estoy trabajando. Basado en el ser cuyo nombre se da en la propia mitología angelical. Azrael, el ángel de la muerte, cumple su función primordial desde el origen de la creación, siguiendo las primeras ordenes de su Padre. Pero una vez, cada mucho tiempo, se ve obligado a realizar "excepciones" en su tarea. Esta es una de ellas.

 

Una figura cubierta con una ligera tela ocre se dirigió lentamente al borde del edificio. Sus pisadas desnudas resonaban en la gravilla blanca del tejado como pequeños estallidos en el silencio absoluto; y la noche, serena y tranquila, parecía recibir esas perturbaciones como una llamada ancestral.

Se acercó al abismo y contempló el mundo a sus pies. Era el momento oportuno para hacer su trabajo, como siempre lo había hecho, como siempre lo haría, hasta el fin de los días.

Con un ligero movimiento de hombros, la tela se desprendió de su cuerpo y dejó al descubierto la figura de lo que parecía ser un hombre desnudo. Sólo que poseía varias diferencias en las que se podía observar claramente que aquella criatura ni siquiera era humana.

La primera saltaba a la vista con su desnudez, pues carecía de genitales.

La segunda se hizo visible cuando se desplegaron en su espalda ocho pares de alas negras, relucientes como frágiles piezas de ébano entrelazadas.

Finalmente la tercera se pudo apreciar cuando se abrieron de una sola vez los mil ojos, de colores varios, que cubrían todo su cuerpo y alas por igual.

La imagen dejaba a la vista un ser maravilloso a la par que aterrador. Irradiaba poder en todas direcciones, por cada pluma y poro de su piel.

A continuación el mismo ser extendió los brazos y cada ojo del cuerpo cobró vida propia moviéndose frenéticamente en todas direcciones; fue entonces cuando el tiempo se paró. O al menos así lo habrían percibido las personas de los alrededores si fueran capaces de ello, pero la realidad de esa criatura estaba tan lejos de la de los humanos, que pocos seres serían capaces de percibir ambas realidades a la vez como para fijarse en que el tiempo no transcurría para ambos de la misma manera.

Poco a poco una especie de estelas semi-transparentes empezaron a surgir de las profundidades del mundo. Por el camino se entrelazaban y tejían formando una especie de red, para después reagruparse en un grueso extremo trenzado que al final penetraba en la mente de la criatura.

Así permaneció durante horas, minutos, quizás días; puede incluso que sólo fuera una fracción de segundo, pues el tiempo en sí no importaba mientras se realizaba la obra.

Finalmente bajó los brazos y juntó las manos mientras un grueso libro de piel negra se materializaba entre ellas. Se arrancó una de las múltiples plumas que poblaban sus alas y procedió a escribir en una de las hojas utilizando como tinta el líquido plateado que goteaba de su interior. Aunque no podía considerarse escritura en sí, pues sólo se dedicaba a tachar con una línea lo parecía una especie de lista de nombres, escritos en una lengua extraña.

Llevar el registro de los hombres y mujeres de la Tierra no era una tarea fácil, pero alguien tenía que hacerla. Por suerte Azrael no era el único dedicado a ello, pues contaba con la ayuda de sus hermanos menores, quienes se encargaban de ella por regiones más pequeñas, para luego transmitirle toda información justo en ese preciso momento, cuando él la reclamaba.

Pero esa vez habría una pequeña anomalía en su  eterna tarea.

Una nueva figura apareció  por detrás, mientras Azrael tachaba y pasaba las hojas, hasta colocarse justo a su espalda. Luego esperó.

-Sabes que no puedo ser molestado mientras realizo mi obra- le dijo al recién llegado.

-Lo sé hermano, pero esto es importante – contestó  sacando un trozo de pergamino del interior su túnica, parecida a la que antes cubría a Azrael.

Se acercó a la altura de su hermano y le tendió el comunicado, el cual contenía tres únicos datos: un sello, un nombre y otro símbolo extraño.

-Este nombre ya esta tachado del libro –indicó  el primero después de leerlo brevemente.

-Lo sé hermano, pero como puedes ver, son órdenes directas- le dijo a la vez que con los ojos señalaba el pergamino.

-Ya he visto el sello, pero dime, Rubiel el mensajero, ¿qué ha hecho este simple mortal para granjearse el favor de mi hermano mayor?; contesta si conoces la respuesta, pues tengo una tarea que realizar – dijo Azrael sin levantar la mirada del libro ni interrumpir su trabajo - además, la orden está incompleta, falta el lugar donde mora su alma.

-Hermano, a veces pienso que tu obra te excluye de lo que en el reino de tu familia acontece – contestó Rubiel.

-Fui excluido de mi reino hace mucho. Desde que me asignaron mi obra sabes que han sido contadas las ocasiones en las que volví a nuestro hogar, por tanto sus preocupaciones me son irrelevantes mientras en mis manos caiga la responsabilidad de la tarea que me fue encomendada. Así que ahórrate los sermones y concédeme la explicación que te pido con la mayor brevedad posible –sentenció con un tono de voz firme e inquebrantable.

-Uno de los purificadores humanos ha caído, y el anciano guía cree que ese nombre será un buen sustituto –aclaró el mensajero.

-Los muertos no son buenos sustitutos – volvió a replicar Azrael impasible.

-Siendo objetivos, hermano, el humano no está muerto, pues su alma no se encuentra ni en la luz ni en las tinieblas, de ahí que no haya dato alguno de su paradero en la orden.

Esa explicación pareció tener un repentino efecto sobre el ser alado, ya que dejó de mirar el libro y centró, con bastante curiosidad, su mirada y toda su atención en Rubiel.

-¿Y cómo puede ser eso, mensajero?

-Al parecer, su esencia quedó atrapada en el cubículo de la primera mujer, pues se sacrificó para salvar otra alma humana que había sido llevada a ese lugar por uno de los hijos lilim. Además, ese humano tiene la luz del primer purificador, él mismo se la transfirió antes de abandonar la vida en la tierra.

Azrael se quedó pensativo por unos momentos.  No era habitual ese tipo de peticiones y le resultaba extraña cualquier tarea que se saliera de la rutina eterna que llevaba ejerciendo desde su creación. Pocas habían sido las veces en las que había tenido que rectificar en el libro, de hecho podía contarlas con los ojos de la mano. Finalmente habló.

-Está bien Rubiel, acepto la petición, aunque no comprenda la razón de tal.

Acto seguido buscó detenidamente entre sus alas y arrancó otra pluma, más pequeña que la anterior. Pasó las hojas hacia atrás hasta que encontró el nombre de la nota y lo tachó con la tinta cristalina que salía de la nueva pluma. Esto causó que la anterior línea se difuminara lentamente hasta acabar desapareciendo por completo, dejando el nombre totalmente inmaculado de nuevo en la hoja. Después de eso, cerró el libro y éste desapareció del mismo modo en que había aparecido.

-Ahora tendremos que ir a un lugar más adecuado, pues desde aquí me es imposible acabar de atender la petición de mi hermano – informó Azrael.

-Tuya es la tarea hermano, así pues, procede tal y como tenga que ser –le contestó Rubiel.

Fue entonces cuando Azrael alzo los brazos al cielo juntando la palma de las manos y en cuestión de un instante el edificio se desvaneció. El mundo se desvaneció. De hecho toda existencia desapareció y quedaron sumergidos en la nada. Una “nada” negra y profunda.

-Esto puede llevar algo de tiempo – advirtió.

-Tranquilo hermano, sabes que dispones de todo el tiempo del mundo, por algo eres el ángel supremo de la muerte –se limitó a responder Rubiel, mientras cruzaba los brazos detrás de su espalda en señal de espera. No iba a ser él quien cuestionara a su hermano mayor.

Poco a poco y uno a uno, los ojos del cuerpo de Azrael se fueron cerrando. Primero los de su cara, luego los de ambos brazos hasta llegar a las manos, a continuación los del torso para seguir con los de las piernas y pies, y finalmente los de las alas acabaron siendo cubiertos hasta quedar totalmente imperceptibles.

Fue entonces cuando un nuevo ojo en la frente del ángel apareció, completamente blanco y brillante y comenzó a emitir un penetrante resplandor acompañado de un sonido agudo, como si un millar de cuerdas tensadas se hubieran puesto a vibrar a la vez.

Transcurrió un tiempo sin que nada ocurriese, hasta que a lo lejos, en la nada, apareció un diminuto punto azul.

El punto se fue agrandando conforme se acercaba a las dos criaturas, hasta que al llegar a su altura, Rubiel comprobó que tenía el tamaño de una esfera de unos 20 cm. de diámetro.

Los ojos principales de Azrael se abrieron en ese instante, a la vez que se cerraba el de la frente, y la esfera parpadeó varias veces hasta desaparecer en un estallido de luz.

-Ya está hecho – sentenció el ángel de la muerte –ahora, si ya no se prestan más mis servicios, proseguiré con mi obra, de la cual he sido tan bruscamente interrumpido – dijo mientras con un gesto de la mano reaparecían ambos ángeles de nuevo en el tejado del edificio con el mundo a sus pies.

-Nada más se te pide hermano, que la gracia de nuestro padre te acompañe en tu perpetuo cometido – contestó el ángel mensajero.

A continuación desplegó un par de alas color marfil, que habían permanecido ocultas en su espalda, y desapareció volando sigilosamente, del mismo modo en que había aparecido.

Azrael volvió a extender sus brazos, dispuesto a desplegar sus mil ojos de nuevo, pues otro tiempo había pasado y su obra demandaba la continuación de la tarea, pero justo antes de reanudarla murmuró un pensamiento en voz baja:

-La gracia de nuestro padre hace tiempo que dejó de acompañarme, hermano. Hace tiempo que dejó de acompañarnos a todos…

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  • Disculpadme, estaba leyendo otra historia y me sali del cuarto, luego, entre y puse la mala critica a tu historia. Pido disculpas, me gusta la narracion y las actitud de los personajes. Llegara lejos Adria si sigue escribiendo. un Fiel saludo desde Venezuela y un perdon. y perdona de nuevo, comente pero olvide valorar. Dios, ¿que me pasa?
    Excelente! Hacia tiempo que una historia no me enganchaba tanto!
    Quizás haya puntos donde se pueda mejorar, pero no cabe duda que la historia está muy bien y en general me ha gustado mucho, aunque sea una temática delicada. Espero leer el próximo.
    Wow, me encanta como se plasma al personaje, siempre me fascinaron los temas sobre angeles
    Escribe tus comentarios...
  • Relato corto sobre un personaje secundario de una novela en la que estoy trabajando. Basado en el ser cuyo nombre se da en la propia mitología angelical. Azrael, el ángel de la muerte, cumple su función primordial desde el origen de la creación, siguiendo las primeras ordenes de su Padre. Pero una vez, cada mucho tiempo, se ve obligado a realizar "excepciones" en su tarea. Esta es una de ellas.

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