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2 min
BAJO LA ROJA NIEVE.
Históricos |
21.04.17
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Sinopsis

Stalingrado marcó un antes y un después en la Segunda Guerra Mundial, y el ejército soviético no podía permitirse el lujo de perder la ciudad.

Tras la consigna 227, decretada por el camarada Stalin, nos aferramos a la esperanza de nuestros firmes ideales. “Ni un paso atrás”, establecía esa orden. Pocos meses más tarde, los alemanes nos cercaron en Stalingrado. Los ejércitos victoriosos del belicoso Reich de los mil años estaban listos para tomar la ciudad en una o dos semanas, pero se toparon con una inesperada resistencia. Los convencidos hijos de la Unión Soviética se atrincheraban casa por casa, defendiendo cada palmo de terreno de su ciudad con uñas y dientes, desesperando a los alemanes, ya que a pesar de su terrorífico potencial militar, no estaban preparados para establecer una guerra de guerrillas en un terreno que sus enemigos conocían metro a metro. Tras varias semanas de combates, la bonita ciudad se convirtió en un lugar dantesco.

 La nieve, blanca y pura se teñía con la sangre de unos hombres cegados por sus creencias; alemanes, soviéticos, húngaros, italianos, croatas,…, hombres de duras convicciones, hombres de sueños imposibles y esperanzas truncadas por una guerra que parecía no acabar nunca. 

Era septiembre. Lo recuerdo bien, y la batalla terrible que estalló en ese lugar no había hecho más que comenzar. Los alemanes llevaban la iniciativa y nuestras tropas comenzaron a flojear. Esa mañana, creo que fue un día doce, apareció el inflexible general del 64º ejército Vasili Chuikov, ahora encargado del 62º ejército en sustitución de Anton Lopatin, comandante que había demostrado síntomas de debilidad ante el avance teutón.  Nada más llegar al apocalíptico lugar, los generales Yeriómenko y Kruschev preguntaron al general Chuikov:

-¿Cual es el objetivo de su misión, camarada?

A Lo que este respondió con tono sereno pero firme:

-Defender la ciudad o morir en el intento.

Inmediatamente después de su lacónica respuesta, se dirigió personalmente a reorganizar las tropas y a asegurar la defensa de la ciudad. 

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    « Hombres y mujeres somos iguales ante cualquier situación. Luego, todo depende de las habilidades y cualidades de cada persona (M.A.C.J).»

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    Después de aquel encuentro, el sol iluminó de nuevo el firmamento sobre sus cabezas, y la felicidad inundó las vidas de dos amantes que se conocieron en las sombras, pero que consiguieron regresar al lugar donde existen las caricias.

    ¿Ves allí a lo lejos la libertad? Pues solo tienes que cogerla.

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    Eros, puede hacer blanco en la diana del amor; siempre que tenga un buen día.

    Todo fue una hermosa y cruel mentira.

    Cuando el demonio del Alzheimer aparece, solo queda combatirlo con la ayuda de aquellos a los que nunca desearías olvidar. Dedicado a todas las personas que combaten esta terrible enfermedad.

    El trabajo los haría libres, o eso decían sus verdugos.

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Licenciado en historia. A veces, me visitan las musas y escribo lo que mi mente dibuja. Hago mía la máxima de Juvenal: "Mens sana in corpore sano". Solo quiero que me lean.

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