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10 min
Bang bang (my baby shot me down)
Amor |
21.07.13
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Sinopsis

LucíaClementine me recomienda la versión de Nancy Sinatra de la canción "Bang bang (my baby shot me down)" que pasa a ser el título de este relato antes titulado "La vida en su teatro".

Los aplausos fueron perdiendo intensidad, encendieron las luces del pequeño teatro y la realidad volvió a ocupar su espacio de rigor entre las neuronas. Marc  se quedó sentado en su butaca, con la mirada fija en el escenario, como si pudiese atravesar el telón y  ver aún a los personajes de la obra.

Dejó que la gente se apelotonase en las puertas del  teatro. No le apetecía sumarse a esa inteligencia colectiva, a esa conciencia que arrastraba a los demás como si todos formasen parte de la misma personalidad. Finalmente el teatro quedó vacío. Marc expulsó todo el aire contenido en sus pulmones en un largo suspiro y salió a esperar a Giulia.

Giulia salió la última, junto con los demás actores. Se acercó con una pregunta en los labios y con los ojos brillando expectantes bajo la boina francesa.

-Has estado genial –contestó Marc. Giulia se dejó caer sobre su pecho y comenzó a llorar para liberar todo el estrés y manchar de rímel, de paso, la camisa de Marc.

Marc fue a abrazarla, pero sentía que Giulia se escapaba entre sus brazos. Giulia era imposible de abarcar, o al menos, él era incapaz de conseguirlo. Giulia era un fantasma, una ensoñación, y por más que la apretase contra su cuerpo, ella seguiría fundiéndose en la atmósfera.

-¿Cuántas personas hay dentro de ti? –le preguntó Marc, mirándola a los ojos, buscando.

Giulia lo miró fijamente y no contestó.

-¿Cuántas? –repitió Marc. La zarandeó levemente, sujetándola por los hombros, hasta hacerla sonreír pero Giulia tampoco contestó.

Pasearon en silencio y se sentaron en la terraza de una heladería-cafetería que había en la paralela al Retiro.

Pidieron un whisky doble y un vodka negro con granizado de limón. El camarero le pidió el DNI a Giulia y al final se tuvo que conformar con granizado a secas. En otro tiempo, quizá, se hubiesen ido a otra cafetería, pero ya no eran aquellos tiempos. Ahora, incluso a veces, era consciente de que Giulia tenía quince años.

-Siempre te echo de menos cuando estoy viéndote actuar –se sinceró Marc-. Te noto lejos, como si mientras actuases, dejases de existir, como si fuese necesario que en otro teatro, muy lejos, alguien tuviese que interpretar tu papel para darte vida.

-No seas tonto.

-Quizá –continuó sin hacer caso-, al otro lado del universo, alguien esté interpretando a Giulia.

-¿Y a ti? –le preguntó ella entre risas- Alguien tendrá que estar interpretando a Marc.

-¿A mí? No, no, eres tú la que desaparece cuando actúa. En algún lugar tendrás que estar, ¿no?

Se quedó mirándola y reconoció aquella sonrisa serena en sus labios. Sabía que Giulia estaba observando a la gente de la cafetería, alimentándose de sus personalidades, absorbiendo gestos, tonos y guiños.

-¡Eres un mierda! –gritó una chica en la mesa de al lado.

La gente de la cafetería los observaba con curiosidad. Al parecer estaban teniendo una ruptura. La chica lloraba y trataba inútilmente de secarse los ojos con las servilletas impermeables de la cafetería.

El chico, un pintas, la miraba sereno, con una sonrisa tonta en los labios.

Giulia miraba de forma descarada, absolutamente atrapada por aquella conversación. Marc se tuvo que admitir que aquello parecía una obra de teatro, y Giulia, ahora, interpretaba el papel de espectadora.

Finalmente, la pareja se dio un beso y Marc se giró con una sonrisa hacia Giulia. Ella, en cambio, le indicó con la mano que esperara e, inclinando la cabeza hacia la pareja, le dijo que observara.

La chica, de repente, se puso en pie, gritó que era un imbécil, lanzó la tarrina de helado contra la mesa y se largó hecha una furia. El pintas, manchado de lágrimas de chocolate, empezó a reírse a carcajadas mientras todos, menos Giulia, miraban sorprendidos.

-Te ha faltado aplaudir –se rió Marc.

-Se notaba que faltaba algo, ¿no?

-Yo esas cosas no las capto, Giulia; la actriz eres tú.

Siempre que surgía este tema, Marc se sentía encadenado a sí mismo. Giulia, en cambio, parecía capaz de elegir. Podía ser ella, o no serlo, en cambio, Marc no tenía más opción que ser él mismo.

Imaginó que en algún lugar estaban escritos los axiomas de su comportamiento y que, a partir de éstos, ramificaba el árbol de su vida. Su personalidad no era más que una consecuencia lógica, una cruel tautología. Todas y cada una de sus decisiones ya estaban elegidas por esas normas que regían quién era y cómo actuaba, no existían los porqués.

Bajó la mirada al vaso de whisky y se dio cuenta de que se lo había bebido sin darse cuenta. Giulia, en cambio, seguía con el granizado de limón intacto entre las manos.

Paseó la mirada por la cafetería y se quedó quieto mirando a un niño que jugaba con unas pistolas de juguete.

-¡Bang! ¡Bang! –gritó el niño apuntando a Marc con las pistolas.

Giulia se rió pero Marc continuó mirando al niño fijamente, sin hacer nada. El niño se cansó al no encontrar respuesta y siguió disparando al resto de clientes de la cafetería.

Marc se restregó los ojos y una sonrisa cansada apareció en sus labios.

-¿Estás bien, nene? –le preguntó Giulia.

-Sí, no pasa nada –afirmó-. Simplemente me daba la sensación de que me iba a disparar de verdad.

-¿El niño?

-Sí, el niño.

Giulia se giró y miró al niño que, de nuevo, disparaba a los transeúntes.

-Como si a él le tocase interpretar el papel de mi asesino –aclaró Marc, con la misma sonrisa cansada en los labios. Aspiró de nuevo el suspiro que había expulsado en el teatro y cerró los ojos.

-Aún estás en el teatro. Despierte, despierte, señor –interpretaba Giulia el papel de acomodador.

Marc se agitó en su butaca, abrió los ojos y se despertó de nuevo en la heladería-cafetería, en la paralela al Retiro.

-Vamos a dormir –propuso.

-¿A dormir? –se rió, pícara, Giulia.

De nuevo se fueron a pasear. No podían ir de la mano por si los veía algún conocido de Giulia, pero ir juntos por la ciudad era lo más parecido a interpretar el papel de novios que tenían; auque Marc sintiese que, por edad, debía interpretar el papel de padre. Tomaron el metro y fueron hasta el hotel en Argüelles.

En el vestíbulo interpretaron el papel de padre e hija que tienen una reserva en el hotel. Giulia actuó, como siempre, el papel de hija que se ha olvidado el DNI y, al final, consiguieron subir a la habitación. 

Mientras juntaban las dos camas individuales, Marc y Giulia interpretaron el papel de amantes que tienen prisa y, mientras hacían el amor, el de amantes que no quieren terminar nunca.

Cuando acabaron, se dejaron caer atravesados en las dos camas y comenzaron a sentir que el sueño les ganaba la partida.

-¿De verdad te ha gustado la obra? –preguntó Giulia, con la voz adormilada.

-Lo que me ha gustado ha sido verte a ti –leyó en el guión, sin saber si era verdad o mentira.

-Aunque me echases de menos –preguntó Giulia sin entonar.

Marc pasó la página al libreto y leyó la siguiente frase:

-Aunque te echase de menos –afirmó, de nuevo, por automatismo.

Giulia sonrió:

-Eso es porque sabes que al otro lado del universo sigo existiendo.

-¡Bang! –sonó un disparo.

-¡¿Qué ha sido eso?! –preguntó Giulia alarmada.

-¡Bang! ¡Bang! –sonó más cerca.

-¡¿Estás bien, nene?! –gritó Giulia a Marc.

-¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! –repetía aquella voz aguda de forma mecánica.

Marc no podía moverse, sentía una herida abierta en el pecho y era incapaz de pronunciar palabra.

-¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! –gritaba con rabia aquel niño, vaciando un cargador tras otro sobre Marc- ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Los disparos se aceleraron y se hicieron más graves y mecánicos hasta convertirse en un estruendoso aplauso.

Marc se despertó mucho antes que su cuerpo y se sintió atrapado en sí mismo, sin poder moverse, siendo consciente de que el cuerpo de Giulia, acostada encima de él, hacía que se le durmiese el brazo.

Poco a poco la sensibilidad fue volviendo a los dedos de sus pies y pronto había recuperado todo su cuerpo excepto el brazo. Apartó con cuidado a Giulia, salió de la habitación, se metió en la ducha y dejó que el agua relajase el cosquilleo que aún vibraba en su mano.

 Desayunaron en la cafetería del hotel. De nuevo como padre e hija.

-En casa de Saray, ¿verdad? –preguntó Marc de mal humor. Le dolía la cabeza.

-Sí, como siempre. Después le diré que me acompañe a casa para que mi madre no sospeche.

-Nunca le vas a decir que existo –afirmó Marc.

-Algún día –dijo Giulia sin darle importancia y levantando cómicamente los hombros.

Tomaron el metro y Marc la acompañó hasta la estación de Oporto, cerca de casa de Saray. Cada vez que quedaban era la misma historia. Giulia se apresuró a darle un beso en las escaleras del metro, mirando primero en todas direcciones, y se alejó rápidamente hacia la superficie.

Marc, en cambio, se internó en las profundidades sintiendo que estaba entrando en una tumba. Aún le quedaba medio Madrid por recorrer.

Allá afuera, muchos metros sobre su cabeza, al otro lado del mundo, Giulia llegaba a su casa con Saray y le dejaba claro a sus padres que había pasado la noche con su mejor amiga.

-¡Bang! ¡Bang! –resonó en el cerebro de Marc. 

Giulia se alzaba frente a él y le disparaba:

-¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! –le gritaba Giulia mientras negaba su existencia.

Giulia lo apuntaba con el dedo índice a modo de pistola y lo agitaba con cada retroceso del arma.

Giulia lo estaba asesinando, lo había sacado fuera de su vida. Ahora, Giulia había pasado la noche con Saray y nunca habían estado en el teatro, ni en la cafetería, ni en el hotel. Todo había desaparecido mientras Giulia interpretaba el papel ante sus padres.

-¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! –Interpretaba Giulia, su asesina-¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Marc sintió que la herida en el pecho se agrandaba. Era totalmente consciente de que él había dejado de existir; pero él no era ningún actor, no se había ganado el derecho a que alguien interpretara su papel al otro lado del universo.

De nuevo los disparos fueron creciendo en volumen, de nuevo fueron acelerándose y volviéndose más mecánicos hasta convertirse en un estruendoso aplauso.

Marc se tuvo que admitir que Giulia hacía el papel de asesina tan bien como cualquier otro, puede que incluso mejor.  Giulia ahora existía en un universo al que no podía acceder, en el que Marc nunca podría existir ahora que tampoco existía en su mundo habitual.

Marc leyó el libreto y vio que, ahora que era un espectador más, le tocaba aplaudir y, tal y como le obligaban los axiomas de su comportamiento, se sumó al aplauso.

 

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Si quieres saber más de estos personajes, puedes echar un vistazo al recopilatorio "Sin respiración" publicado en Amazon por la Editorial TusRelatos, en el que aparecen relatos sobre estos personajes, junto con otros relatos míos y de los autores Andresinsiesta, Zenon, Stavros y Roberto Berríos. 

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Otros relatos del autor
  • Me gustó esa mezcla de fantasía y realidad y ese ambiente nocturno. Por cierto, yo ya estoy disfrutando de tu libro.
    amsss como dijo J.M boy.es un carrusel de escenas dramaticas, es bueno el contexto que le da una persona al escuchar la canción de Nancy sinatra, quedó bien. saludos.
    Un carrusel de escenas dramáticas, las que simulan la pareja paterno filial y las de puro teatro que trascienden el escenario y se viven como otro instante del día, donde Humbert Humbert siente que juega con desventaja; la ambientación y el sentimiento de perdedor del narrador están magníficamente captados; solamente me chocó el vodka que pidió Giulia, demasiado fuerte y poco explicado (sin contexto y con 15 años cuesta aceptarlo). Saludos.
    Me pareció algo triste, penoso, esos “Bang” “Bang” es como si fueran real. PD: Gracias por el consejo, puede ser de mucha utilidad.
    Me parece que la atmósfera creada por este relato es lo que más se disfruta, junto con esas reflexiones sobre jugar roles, hacer personajes. Hacia el final las líneas se disuelven más todavía. Me ha gustado, saludos!
    Stupendo, marabiyoso, jenial... Venerdi, uno de lso mejores actores (o debo decir autores) de sta página
  • Aquel día Sugar bromeó con que algún día me iba a dar el susto de mi vida. Lo dijo mientras desayunábamos en la terraza de aquel bar, en la plaza que había detrás de su piso...

    Un poema para demostrar que de algún modo sigo vivo. Como siempre, "Sin respiración" en Amazon junto a escritores de TusRelatos.

    Uno de esos poemas en los que me permito más licencias -aún- de las habituales. "Como un fantasma tras la cortina de mis-tus ensoñaciones...

    Otra parte disgregada de la unidad. La vida crece, se ramifica. Si se desea, se puede leer un relato previo llamado "Con Sugar" -en mi perfil-, si bien, como siempre, es un relato independiente. "Me gusta pensar, también, que era algo venenoso para lo que sólo Sugar tenía antídoto."

    LucíaClementine me recomienda la versión de Nancy Sinatra de la canción "Bang bang (my baby shot me down)" que pasa a ser el título de este relato antes titulado "La vida en su teatro".

    "Application Error" es que te pregunten si le quieres y no encontrar respuesta. [¡Rayos!]

    "La Atlántida es el único refugio en el que existen las segundas oportunidades." 480kmdepalabras.blogspot.com

    desarraigar. 1. tr. Arrancar de raíz una planta. // 2. tr. Extinguir, extirpar enteramente una pasión, una costumbre o un vicio.

    A ver si se anima la web con este pequeño homenaje a la fatalidad. Más en 480kmdepalabras.blogspot.com.es

    Dedicado a ender por lo gran persona que es y por la enorme labor que hace como usuario de TusRelatos.com. Ahí a la derecha se puede comprar su ebook, en Amazon, editado por TusRelatos.com junto con otros ebooks de compañeros de la web.

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