cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

8 min
Biografía de la Niña que coloreó el Mundo
Fantasía |
28.03.11
  • 4
  • 6
  • 1915
Sinopsis

Trucos fáciles para cuando uno se queda sin punta, instrucciones para entender al Tiempo y música de fondo

Érase una vez una niña a la que sólo le gustaba jugar sola.

 Su mejor amigo era el Mundo, achatado después de años de que nadie le comprendiera. Pasaba las horas dibujando y nunca supo si lo que le gustaba era pintar o sacarle punta a los lápices. Una tarde le pidió al Mundo que le dejará hacerle un retrato. Éste aceptó, se quedó quieto por fin  y así la niña tirada en el suelo empezó concentrada a pintar todos los perfiles de todos los continentes que por supuesto eran 4: Europa, Asia, América y Oceanía. Después de días de trabajo se sopló un rizo desperdigado que caía sobre el dibujo y vio debajo de Europa una extensión enorme de agua .Contrariada, terminó la punta del color azul una y otra vez; y cuando el lápiz era tan pequeño que apenas podía colorear, decidió inventarse un continente para no dejar el dibujo sin terminar. Ese día aprendió que cada vez que algo la impidiese seguir, podría reinventar el Mundo.

 Empezó por el sur alternando el negro y blanco sin conseguir difuminarlos jamás porque odiaba los grises.  Manchó con colores aquí  y allá. Desordenada, pintó kikois rojos y añiles, collares amarillos y atardeceres imposibles en aquellas inmensas extensiones de nada color desierto. Continuó hacia el norte de la hoja y fue desaguando el océano intentando equilibrar la tranquilidad de Pacífico y el inconformismo del Índico.

 Aquel continente estaba debajo de las constelaciones que más le gustaban así que eligió a sus animales y personas favoritos y los salpicó por todas partes para que vieran desde distintas perspectivas un cielo más alto y más lejos con muchas más estrellas que el resto de los Cielos del Mundo. Con esfuerzo, fue avanzando hacia el Norte y a punto de llegar al continente que inventó con más o menos acierto el resto de civilizaciones, pintó un país muy grande llamado a Argelia. Ilógica, empezó por arriba, pintando con mucho cuidado decenas de Wilayas con cientos de Communes que encajaban perfectamente como las llaves que pueden abrir cualquier puerta o las magdalenas en los moldes de magdalenas ¿Por qué todos pensaban que hacían falta moldes para hacer magdalenas si fue precisamente a partir de una magdalena de la que se inventó el primer molde?

 Pero la niña empezó a cansarse, llevaba días retratando a un Mundo que al fin y al cabo  era grande aunque las personas, tan pretenciosas, se empeñaran en decir que era tan pequeño. Por eso el sur del país quedó dibujado como inmensas extensiones desiertas de ciudades y pueblos y donde la gente estaba condenada a sentirse sola porque cualquier cosa estaba muy lejos. Y así inventó la soledad, pero a todas aquellas personas les dio una caja de lápices para que se entretuvieran pintando, igual que hacía ella.

 El Mundo, agradecido por haberle desahogado de tanta agua, le prometió que podría viajar a aquel continente cuando quisiera. Al fin y al cabo era ella quien lo había inventado y podría huir allí cada vez que se cansara del otro Mundo; del  dibujado por partes y con prisas sin pensar en estrellas, sin diferenciar los colores. El Mundo que se había convertido en una masa informe de grises indiferentes.

 Pasaron los años, pero la niña se quedó niña para siempre. Un día se sintió inquieta de tanta quietud. El Mundo para consolarla la mandó a su continente, a un makuti en  la costa este justo debajo de las 14 estrellas de la constelación de escorpio y el Viento se fue un mes a hacerla compañía,  para desordenarle el pelo y volarle las hojas que malescribía y se pasaba el día cantándole canciones.

 Con el pelo enredado y un secreto, la niña volvió al mudo de las prisas, feliz otra vez.

 Unos meses más tarde la inquietud volvió. Sin nudos en el pelo ni arañazos de árboles, la niña empezó a revolverse.  Y así salía de noche y volvía de día y de pronto no paraba de llover.

 Una noche en mitad de la calle se puso a dar vueltas sobre sí misma con los brazos extendidos y descubrió que así el Mundo había dejado de estar quieto, por fin. Por fin todo empezaba a moverse de una vez.  Dio vueltas y vueltas y de fondo sólo escuchaba a los Rolling cantando Don't stop.

 Las luces de alrededor empezaron a pasar tan deprisa que parecían serpentinas de colores histéricas, como si sus lápices, en todas direcciones, giraran con ella pintando líneas aleatorias tachando las calles, pintando bigotes de colores a los gatos negros y borrando las sonrisas vacías de los espejos. Siguió dando vueltas y quiso con todas sus fuerzas seguir dando vueltas en medio de aquella calle  para siempre.

El Mundo y el Tiempo la observaban fumándose un pitillo  y esperaron 15 noches a que la niña entendiese por sí misma que tarde o temprano tendría que dejar de girar. Y entonces se enfadaron.

 Un sábado por la noche el Tiempo se adelantó una hora e hizo que la niña empezara a girar demasiado deprisa. Y El Mundo giró 90 grados a la izquierda.  Y  así la niña perdió el equilibrio y se cayó al suelo.

 Se quedó un día y una noche tumbada boca arriba con la luz apagada hasta que comprendió que todo estaba quieto a su alrededor aunque la inercia le hiciera seguir dando vueltas por dentro. Cuando abrió los ojos seguía un poco mareada, pero el golpe le había hecho darse cuenta de qué tenía qué hacer.Cuando la vieron fijar la mirada.,  El Mundo y El Tiempo decidieron perdonarla y ayudarla a ponerse de pie.

 El Mundo volvió a girar 90 grados a la derecha, y la niña se incorporó.

 El Tiempo, más prudente, decidió sentarse a su lado y hablar con ella.

"No voy a retrasarme otra vez. Al menos de momento. Si te portas bien volveré a regalarte una hora en otoño por tu cumpleaños, pero ahora tendrás que acostumbrarte a que se haga de noche una hora antes."

 La niña,  triste,  le pidió al Tiempo que por favor le devolviese esa hora porque la  necesitaba para volver a pintar los caminos que tenía seguir.  Al ver los ojos llorosos y la voz casi a oscuras, el Tiempo se enterneció.

 "Vamos a hacer un trato. Mientras estés en Madrid todo en tu vida ocurrirá  más tarde, tendrás que estar muy atenta para reaccionar a tiempo porque siempre te sacaré una hora de ventaja. Sin embargo de lunes a jueves voy a mandarte a uno de los países que dibujaste de pequeña y allí el tiempo seguirá ocurriendo a tiempo porque por una vez  haremos una excepción y en este país no me  adelantaré una hora. Así durante 4 días a la semana disfrutarás de un ratomás para pensar y cuando en Madrid ya sea tarde tú aún podrás tomar la última decisión del día."

 La niña agradecida echó a volar un lunes por la mañana. Se marchó subida en una Avutarda a las doce menos cuarto de la mañana y mil kilómetros más tarde volvían a ser las doce menos cinco. Durante los próximos 4 días de los próximos 4 meses podría quedarse una hora más despierta para acabar de ponerle nombre a las cosas y recuperar las líneas rectas.

 Pero aún, en secreto, 10 minutos de los 60 minutos que le había regalado el Tiempo los dedicó a escuchar a los Rolling Stones. Y detrás de una pared mágica que bautizó John Lennon (nadie sabrá nunca si por error)  guardó un recuerdo de todas aquellas luces que giraban mientras Meg Mathews lloriqueaba porque todavía no le habían escrito una canción de amor. Una pandereta sonaba a lo lejos y la Quinta y la Novena sinfonía estallaron en cientos de colores que nadie había visto hasta entonces tal y cómo los pensó el sordo que imaginó la música por primera vez.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 42
  • 4.56
  • 301

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta