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27 min
Black Angel: Arenas de Guerra Capítulo 5 El Arconte
Ciencia Ficción |
09.06.19
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Sinopsis

Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

El vehículo levantaba una nube de polvo a su paso arrastrando su remolque. Cruzaron el árido desierto en dirección este hasta llegar a una ciudad. Números era quién conducía puesto que tenía instalado un software que le permitía saber conducir casi cualquier vehículo conocido como un experto piloto.

Aileen permanecía con la mirada perdida. Estaba esposada, semidesnuda, con un ojo morado y el labio hinchado. Pacheco la golpeó repetidas veces por resistirse cuando estaba siendo violada.

El interior del vehículo era muy espacioso. Siendo lo suficientemente grande como para albergar a doce marines de La Coalición. Se pudo apreciar a varias lámparas alargadas apostadas en su techo metálico. Una de ellas parpadeaba. También había una pila de armas y municiones. En sus dos asientos delanteros. Había un radar con un panel táctico y un GPS y otras cosas que Aileen no pudo entender ya que nunca le interesó todo aquello que tuviera algo que ver con los temas bélicos.

Desollador estaba afilando su guadaña. Cuando la joven la vio más cerca, distinguió que su hoja había sido forjada con un metal color verde olivo y que su empuñadura estaba hecha de hueso. De su cintura colgaba una cuerda llena de huesos de sus víctimas. Durante todo el proceso no le había quitado la mirada de encima a la joven. Se levantó, caminó unos pasos, y desató a la prisionera con una mirada inquisitiva que la obligó a mirar en otra dirección. Por último, se puso en el asiento del copiloto al lado de Números.

Junto a la puerta trasera del NZX-427, Pacheco permanecía sentado en posesión del casco que perteneció a Alan. Hacía rato que se quitó el chaleco antibalas. No dejaba de sudar. Hurgó en uno de sus bolsillos y sacó un tubo de cristal que contenía un líquido azulado. Posteriormente sacó una pistola de inyección y le insertó el tubo en uno de sus encajes. Una vez hecho esto, se lo inyectó en la vena cefálica del brazo izquierdo. Los efectos del psicotrópico se vieron casi de inmediato. Sus pupilas se dilataron y su mandíbula comenzó a moverse. Aquella droga era conocida por psico-dae. Su nombre era debido a psico (psicosis) y dae (daemon, demonio en latín). Otro nombre que se le atribuyó a aquella droga fue demonio azul. Dicha sustancia producía euforia, paranoia, alteraciones nerviosas, cambios de ánimo y personalidad. Era muy adictiva.

Taiko permanecía sentado limpiando sus dos pistolas. En su canana, la cual estaba repleta de brillantes balas, colgaba la esfera que le arrebataron a la joven. Aileen seguía sin recordar por qué lo tenía al cuello cuando despertó en la Black Angel. Pero todo aquello ya no le importaba. No dejaba de pensar en el destino de Alan.

—Deberías dejar de llorar por ese inútil. No merecía vivir. No era más que otro indeseable como yo —le dijo el cazarecompensas.

— Sois despreciables —dijo al fin.

Taiko dejó durante un momento de limpiar la mágnum. Se agachó y mirándola fijamente, la agarró de la cara obligándola a cruzar la mirada.

— Alan no era amigo tuyo. Quítate eso de la cabeza—. La señaló con el cañón de la pistola—. ¿Sabes lo que hizo la última vez? Le disparó en la cabeza a un hombre desarmado el cual le rogaba que le perdonase la vida. Alan apretó el gatillo sin pestañear. Además, era humano. De vuestra misma especie. Yo fui testigo de cómo se esparcían los sesos. Lo dejó todo perdido. Sin embargo, El Arconte puede ser muy benévolo. Eso si no le das razones para que haga lo contrario… —Taiko rio con sorna último comentario.

—Información: Hemos llegado a Uhatan —dijo Números.

El vehículo entró en una ciudad de enormes edificaciones de piedra . Éstas las habían tallado los esclavos con el fin de mejorar su estética. Casi todos los edificios acababan en punta. Antes de la llegada de los humanos a Kauritan, los habitantes del planeta estaban viviendo en una época muy similar en la que se desarrolló en la Tierra en la Alta Edad Media. No tenían vehículos, ni electricidad, ni tampoco armas de fuego. Apenas sabían manipular el metal y muy pocos conocían la escritura. Al igual que muchas especies habían aprendido a crear y usar herramientas por inercia, esto ayudó al desarrollo de su civilización.

Uhatan era la ciudad más grande de todo el planeta con apenas cinco millones de habitantes. En pleno apogeo del desarrollo de la civilización, los nativos emplearon su fe en sus dioses para erigir estos reinos. Y lo más sorprendente de todo era que en aquel lugar habitaban más de cinco esclavos por esclavista. La gran ciudad también disponía de un enorme palacio fortificado y protegido por una gran muralla. Estaba custodiado por droides de combate y esclavistas kauritanos. Muchos drones de combate sobrevolaban el palacio. Había de diferentes tipos. Incluso algunos de ellos de fabricación humana ya que la Coalición estuvo vendiendo en secreto armamento al Sindicato del Crimen a cambio de que estos provocasen conflictos en lugares estratégicos. De esa manera podían intervenir “de forma justificada” en los planetas afectados y explotar sus recursos naturales. Todo ello era gracias a que las grandes corporaciones y los bancos financiaban la guerra.

La muralla que custodiaba el palacio del Arconte había encendido unos focos. Ya estaba atardeciendo y pronto caería la noche. En cuanto el vehículo se acercó a la muralla, un droide cromado y armado con un rifle de asalto se acercó y observó a sus ocupantes.

— Información: venimos a ver al Arconte. Hemos completado la misión. También le traemos mercancía —dijo Números.

El otro droide emitió un pitido y después accionó un botón que abría una de las numerosas compuertas. La puerta de hierro comenzó a abrirse. Números aceleró y entró en uno de los hangares de aquella fortaleza. Aparcaron en una plaza libre y los cazarecompensas se bajaron del vehículo junto a Aileen.

La joven casi no podía ni andar a causa de la fatiga y las heridas. Le costaba respirar y tenía los ojos enrojecidos debido a la atmósfera del planeta. Taiko no dejaba de empujarla cada vez que se demoraba un poco.

Al observar el palacio vio que su estructura arquitectónica era muy diferente al resto de las grandes edificaciones. No tenía ninguna forma puntiaguda, sino que estaba inspirada en otra civilización alienígena. Se trataban tres tres edificios triangulares unidos por numerosos puentes a diferentes niveles de altura con una insignia que compartían todos los guardias en sus uniformes.

Pacheco se dirigió a un puesto donde un kauritano estaba gestionando un montón de chatarra y tomó uno de los collarines que tenía. A muchos de los kauritanos no les interesaban los créditos. Sino que algunos utilizaban munición como moneda de cambio.

Aquel alienígena protestó y lo maldijo en su lenguaje, pero Pacheco le apuntó en la cabeza con su rifle de asalto. El kauritano se tuvo que callar para no recibir ningún disparo. Más tarde, riendo y jugueteando con aquel collarín se acercó hasta la joven.

Aileen le miró con odio, pero al mismo tiempo con miedo. En ese instante Pacheco le propinó una patada en la rodilla y la hizo caer. La joven solo pudo gritar de dolor. Después le puso aquel collar de metal. Era el mismo acero que les ponían a todos los esclavos para que fueran controlados.

—Esto es un collarín que le ponemos a los esclavos —dijo Pacheco. Justo después apretó el botón de un mando que tenía en la mano proporcionando una descarga eléctrica a Aileen. La joven gritó una vez más de dolor—. Si te portas mal cualquier esclavista podría darte descargas. Si te lo intentas sacar o intentas huir se activará un dispositivo provocando una explosión. Te quedarías sin cabeza.

La mente de Aileen vagaba en busca de respuestas. No dejaba de preguntarse por qué le estaba ocurriendo algo así. Hacía escasos días estaba felizmente trabajando en el laboratorio de una de las naves de Los Exiliados. En pocos días toda la gente que había conocido había sido asesinada en el ataque de los artropodus. Más tarde fue testigo en como unos soldados de la Coalición asesinaron a unos civiles que trataron de protegerla y por ello sintió que la culpa la afligía. Pero a pesar de ello, aún tenía un atisbo de esperanza que se mantenía con vida gracias a Alan. Pero ese atisbo se desvaneció cuando presenció el asesinato de su salvador. Y no solo eso, habían secuestrado a Erun y ella se acababa de convertir en una esclava. Sentía que su vida había perdido todo sentido.

En su infancia, cuando estudió la historia de la humanidad, ésta siempre había hablado de la naturaleza del ser humano. No importaba en que parte de la Tierra fuese. El ser humano siempre se estaba destruyendo así mimo en absurdas guerras. Después, con los años, se había logrado avanzar. Se había conseguido llegar a la Luna. Más tarde a Marte. Se llegó a establecer contacto y relación con seres de otros planetas. Después de La Primera Invasión, la raza humana se había visto obligada a crear alianzas estratégicas y militares con civilizaciones de otros planetas para hacer frente a futuras amenazas. A partir de ahí dio el salto de avance tecnológico más grande de su historia pudiendo viajar así otros planetas fuera del Sistema Solar utilizando el empuje por curvatura. Pero en los otros aspectos nada había cambiado. Los más fuertes seguían oprimiendo a los más débiles y en el resto del universo tampoco iba a ser diferente.

Los cazarecompensas condujeron a la prisionera hasta el gran palacio y se montaron en un ascensor con rendijas de metal. Después éste subió hasta arriba y observó desde lo alto cómo el sol de aquel sistema se estaba ocultando y la noche creaba un manto de oscuridad adornado con estrellas. Más tarde se abrió otra puerta y Pacheco la metió dentro de un empujón. Aileen tropezó y cayó al suelo de rodillas.

La prisionera se percató que el suelo era frío, suave, y de un brillante mineral gris parecido al mármol. También había luz artificial de color blanco. Sonaba una extraña música de unos instrumentos que no había oído nunca. Al poco rato notó que se sentía mucho más ligera ya que la gravedad era casi igual que la de la Tierra y también había unas condiciones atmosféricas variadas. Es decir, en aquel lugar casi todo ser viviente de cualquier planeta podría respirar esa atmósfera sin verse afectado por un virus o gases tóxicos. Era tecnología muy avanzada. Era de los grises. Solo que aquellos esclavistas lo habían adaptado a su tecnología. Si el Arconte se había hecho con una tecnología semejante, debía de ser muy poderoso.

— ¡Camina puta! —le dijo Pacheco y le proporcionó una descarga.

Aileen gritó de agonía y se levantó para ponerse a caminar mientras que escuchaba las carcajadas de aquellos cazarecompensas.

Se abrió otra compuerta y descubrió un enorme garito. Era el lugar donde se originaba la música. Había varios seres de varias razas, aunque la mayoría eran kauritanos. En esa estancia solo había cazarecompensas, esclavistas, contrabandistas y esclavos.

Pero en el centro, Aileen pudo ver a un ser con aspecto siniestro sentado en una especie de trono ennegrecido. A ambos lados había dos droides bien armados que no dejaban de observar a los que se encontraban a su alrededor. Si alguien se le acercaba lo suficiente sin su consentimiento, aquellas máquinas abrirían fuego.

Junto a él, se situaba de pie un guardia que medía poco más de dos metros. Tenía una armadura de combate negra y gris. También portaba una capa escarlata y un casco que ocultaba su rostro. Sobre su cinturón, colgaba una barra de metal con inscripciones alienígenas.

Tras ellos había un tanque transparente repleto de agua que contenía exóticas criaturas acuáticas de otros mundos como una especie de medusa brillante con tentáculos que brillaba con luces que cambiaban de color.

Taiko se dirigió hasta aquel ser y le hizo una forzosa referencia quitándose el sombrero. Se vio incluso sobreactuada.

— Saludos. Arconte —dijo el cazarecompensas.

El Arconte era un alienígena de la raza Nezzaro. Una raza originaria del planeta Nezzar. Medía casi dos metros. Su piel era negra y estaba hecha de queratina siendo esta dura y flexible al mismo tiempo. Su cabeza, era alargada y sus ojos eran el doble de grandes que el de un ser humano además de ser blancos. Sin iris ni pupilas. Vestía una especie de túnica grisácea y unas babuchas doradas que le llegarían casi hasta sus rodillas. También tenía varios anillos puestos sobre sus largos, puntiagudos y afilados dedos. No gozaba de labios ni nariz, pero al sonreír mostró sus afilados dientes.

— ¿Has hecho lo que te pedí? —le dijo con expresión seria y una voz suave pero siniestra.

— Así es jefe. Tienes a la Black Angel. Te hemos conseguido a Erun y hemos matado a Alan. Además… —Taiko agarró a Aileen y de un empujón la tiró a los pies del Arconte—. Te hemos conseguido a una esclava. No tenemos ni idea de que hacía con Alan. Exigimos que nos des los 3.000.000 de créditos que nos prometiste más un incentivo extra por el paquete que te hemos traído.

El Arconte miró fijamente a Taiko.

— ¿Y cómo sé que es cierto lo que me dices? No has traído ni una sola prueba de su muerte.

El cazarecompensas oprimió un gesto obsceno y en su lugar esbozo una falsa sonrisa.

— Te aseguro que está bien muerto. Lo rematé con dos tiros. Lo más probable es que los krillax estén picoteando y devorando su carne en este momento. ¿Acaso por casualidad estás cuestionando mi profesionalidad? —dijo Taiko con arrogancia.

— Así es —le replicó el Arconte.

— ¡Alan está muerto! ¡Páganos de una puta vez para que podamos irnos de este maldito y sucio planeta! —Exclamó Taiko con un tono beligerante.

Los músicos que estaban tocando en ese momento dejaron de tocar y los que estaban alrededor los observaron atónitos. En cuanto levantó el tono de la voz, los droides de combate que estaban junto al Arconte apuntaron con sus armas a los cazarecompensas. Muchos de los otros cazarecompensas congregados en la sala también reaccionaron. Estaban acariciando sus armas dispuestos a usarlas en la menor ocasión de que el Arconte diese la orden de matar a Taiko y sus compañeros.

Varios guardias del nezzaro se posicionaron detrás de los cuatro cazarecompensas sin despegar sus manos de las armas. El guardia personal del Arconte les apuntaba con su arma.

El esclavista que permanecía sentado en el trono le lanzó una mirada fulminante haciendo sentir incómodo al líder del grupo. Sentía que habían deslucido su velada.

— Vuelve a levantarme la voz y os meto a los cuatro en el foso desarmados— Posteriormente miró al capitán de la guardia —tranquilo Nazruma— le dijo con un tono de arrogancia. El capitán de la guardia dejó de apuntarles.

Taiko agachó la cabeza y cerró el puño con fuerza. Después la levantó y sonrió al Arconte con falsedad una vez más.

— Perdona por el malentendido jefe. Pero como ya dije antes. Alan está muerto. Lo rematé disparándole dos veces en el pecho…

— Le disparaste en el pecho… ¿estás seguro de que de verdad está muerto? —le interrumpió con un tono tan gélido que le obligó a retorcerse de inquietud.

— Sí… eso creo yo… le vi sangrar y no respiraba —dijo Taiko empezando a dudar de si mismo.

— Vaya… ¿en qué quedamos? ¿Está muerto de verdad o sólo crees que está muerto? ¡Quiero que vuelvas y me traigas su cabeza! ¡Si no lo haces serán las vuestras las que se claven en unas estacas! —En ese instante el Arconte descubrió la esfera plateada que colgaba del cinto de Taiko.

El esclavista se quedó en silencio durante un rato. Perplejo y atónito examinó con la mirada al objeto que había cautivado su atención. Sabía con exactitud lo que era ese objeto y todo lo que representaba.

— ¡Dame esa esfera ahora mismo si no quieres que ordene a mis droides que te maten aquí mismo! —dijo con una tonó severo.

Taiko la descolgó de su cinto y se la lanzó. El Arconte la cogió al vuelo y la examinó con detención de manera muy minuciosa. Después de asegurase de que había acertado de lleno con lo que pensaba, comenzó a reír en voz baja y esa pequeña risa comenzó a aflorar hasta convertirse en una estridente carcajada. Todos los presentes oían sus carcajadas sin conocer el verdadero motivo por el que reía y al poco rato, aquella muchedumbre, salvo los esclavos, comenzaron también a reír.

— ¡Silencio! —gritó el Arconte. Todos obedecieron sin excepción— ¿De dónde has sacado esto?

— Lo llevaba puesto la esclava que te hemos traído. Como he dicho antes ella estaba con Alan —declaró Taiko.

—Llevaba puesto un traje espacial de los Exiliados. Se lo arranqué de su bonito cuerpo antes de divertirme con ella —precisó Pacheco. Esto provocó que Taiko se volviese y le mirase con desprecio por haber abierto la boca sin su consentimiento.

El Arconte miró a Aileen. La muchacha estaba muy asustada, no sabía ni de qué estaban hablando.

El Nezzaro lo supo entonces. Dedujo que se trataba de una superviviente del ataque de los artropodus. Había llegado a sus oídos que aquellas criaturas estaban buscando esa esfera plateada. Por eso abordaron el acorazado que la transportaba. Aquellos seres con la apariencia de insecto tampoco eran los únicos que lo sabían. La Coalición también supo de la noticia y apareció justo después de que la batalla finalizara. Rebuscaron entre los restos de las naves destruidas de los Exiliados con el único fin de hallar el objeto. No sabía qué utilidad tenía. Pero en cambio sabía perfectamente que tenía ante sus manos la caja de Pandora.

—Taiko, sal ahora mismo con tu amigo robot a por el cuerpo de Alan. Los otros dos se quedan aquí. Si no me traes su cabeza mataré a ambos. Y si intentas escapar pondré un precio tan alto por vuestras cabezas que no podréis acercaros ni tan siquiera a un sistema civilizado. Si volvéis con lo que os he pedido. Os pagaré el doble de lo acordado —declaró El Arconte.

Después Taiko y Números asintieron y se fueron de aquella estancia para montarse en sus motos e ir a por el cadáver de Alan y traer una prueba sólida de su muerte. Pacheco y Desollador se miraron esperando lo peor.

El Arconte señaló a una esclava que se encontraba por sus alrededores.

—Tú, llévate a la nueva. Limpiala, sana sus heridas y tráela a mis aposentos. Tenemos mucho de lo que hablar —ordenó el nezzaro.

La esclava asintió con la cabeza. Y con suavidad, ayudó a Aileen a levantarse para conducirla a otro lugar.

Aquella esclava se trataba de una toolqana. Esta raza pertenecía al planeta Toolqnathan. Era joven y medía cerca de 1,60m. Su cuerpo era delgado y su piel tenía una tonalidad azulada. Sus labios eran un poco más oscuros que su piel. Tenía una dentadura muy parecida al del ser humano, aunque sus colmillos eran algo más alargados. Gozaba de un cabello liso y de color blanco, le llegaba hasta la cintura decorada con finas hebras plateadas que relucían a la luz artificial de la estancia. Sus manos eran pequeñas y delicadas. Sus penetrantes ojos almendrados eran brillantes y de un color fucsia. El color de la piel de los toolqanos podía variar del azul hasta una tonalidad verdemar. Estos no tenían ni un solo pelo en el resto del cuerpo y les tardaban como unas diez veces más que a un humano en que volviera a crecer.

En la cultura de esta raza alienígena, poseer una larga melena era un símbolo de su fuerza. La única razón por la que el Arconte no ordenó que le quemaran la piel de la cabeza para evitar que le volviera a crecerle el cabello, era que esa joven agradaba la vista de muchos de sus clientes. Incluso se la reservaba a aquellos que estuvieran dispuestos a pagar una buena fortuna por su íntima compañía…

La raza de los toolqanos a través de la Vieltac (la unión gubernamental de los toolqanos), pertenecía a la misma unión interplanetaria en la que estaba la Coalición. Durante años fueron grandes aliados de los humanos tanto en el comercio como en la guerra. Era una de las pocas razas que más se le parecía, tenían más o menos la misma estatura, misma cantidad de órganos, una estructura ósea muy similar e incluso sus cuerdas vocales se parecían tanto que era difícil de diferenciar las voces de unos de otros. Pero lo que más sorprendía a ambas razas era que su ADN era casi idéntico, es más, el ADN de un humano tenía más similitud con la de un toolqano que cualquier otra especie procedente de la Tierra. La forma biológica de ambas razas se parecían tanto, que incluso unos pocos llegaron a empatizar de maneras más carnales. Aunque tenían los mismos órganos sexuales, de forma oficial nunca se habló de algún caso de un nacimiento híbrido entre humano y toolqano. En cuanto esto comenzó a saberse. Tanto la Coalición como la Vieltac castigaron a sus congéneres con la prisión alegando que lo que hacían era una aberración a los ojos del orden biológico.

 

Aileen tenía la mirada perdida. Estaba desnuda en una bañera mientras que sus ojos estaban fijos en su reflejo del agua. La esclava le estaba peinando el pelo con suavidad y le había puesto extracto de siyis en las heridas. El siyis era un jugo que se sacaba de algunos cactus de Kauritan. Tenían la capacidad de curar y desinfectar las heridas con rapidez creando un efecto sedante.

Después de un rato, sin haber dejado de contemplar su situación con frustración. Se derrumbó y rompió a llorar una vez más, pero para su sorpresa, la otra esclava la abrazó y acarició su pelirrojo cabello para darle ánimos. No dudó en apoyarse en su hombro mientras sollozaba.

—Tranquila. No pasa nada. Yo estoy aquí —le dijo la toolqana con una voz suave que sonaba clara y melodiosa.

El acento de su voz indicaba que muy probablemente hubiera nacido en algún planeta ocupado por su raza.

Aileen se llevó las manos a la cara.

—Han matado a Alan y él me ha… él me ha golpeado y violado —dijo entre jadeos y sollozos.

La esclava la abrazó con más fuerza y le dio un beso en la cabeza con un tacto alentador. La comprensión afloraba en sus ojos fucsia.

— Calma. Comprendo tu dolor. Unos esclavistas mataron a mi familia y me vendieron al Arconte —la cogió con ambas manos por la nuca y la miró a los ojos—. Ahora tienes que ser fuerte para poder sobrevivir.

— No sé si podré vivir así… no dudaría en ningún momento en quitarme la vida —dijo Aileen.

— ¿Acaso no crees que yo no he pensado en hacer eso mismo varias veces? Si un esclavo se suicida, ejecutan a otros tres y lo hacen de una manera lenta y dolorosa. Hace poco una compañera se tiró de una torre y asfixiaron a su hermana en una cámara de gas junto a otros dos esclavos que escogieron al azar —declaró la esclava.

Aileen la miró estupefacta.

— Estos esclavistas son muy crueles.

— La vida es cruel. Y a veces no podemos hacer nada para remediarlo. —Dijo la toolqana.

Cuando recuperó la compostura, se quitó las lágrimas de su rostro con las manos.

— ¿Cómo te llamas y por qué sabes mi idioma?

— Mi nombre es Assihana y fui una intérprete que trabajaba en el senado interplanetario. Hablo doce lenguas diferentes. Por esa razón el Arconte me tiene a su lado. Podría usar un droide de protocolo como intérprete. Pero le parece más divertido tenerme a mí. Ahora ve, y vístete. Él te espera. Por lo visto has despertado su interés. Aprovéchalo como puedas.

 

En aquella estancia sonaba el réquiem de Réquiem aeternam de Mozart. El Arconte permanecía sentado en una extensa y reluciente mesa de liso mármol. Estaba comiendo solomillo acompañado de una copa de vino. Con suma delicadeza cortaba la carne y se la metía en la boca degustándola con suavidad. En ocasiones cerraba los ojos mientras que escuchaba aquella melodía, como si aquel sabor se fusiónese con la música dando una sensación placentera. Tras él se encontraba Nazruma. El capitán de la guardia permanecía atento, no bajaba la guardia ni siquiera en el Palacio del Arconte.

Aileen estaba justo enfrente. Pero no había probado un solo bocado de la comida. Su talón derecho se deslizó por una estera con elaborados tejidos.

En el centro de la mesa había un candelabro de la época victoriana y la vajilla en la que comía tenía dibujados unos galeones ingleses del siglo XVI. Había también un maniquí ataviado con una autentica armadura de un samurái el cual tenía una brillante katana. Del techo, colgaba una lámpara de cristal cuya iluminación mostraba con claridad una pintura de La Creación de Adán. Exactamente igual que la que había en el Vaticano. Pero lo que más le sorprendió ha Aileen era el cuadro que estaba contra la pared. Se trataba de nada más y nada menos que el auténtico Guernica de Pablo Picasso. Todo aquel lugar estaba suntuosamente decorado. Empezaba a comprender por qué lo relacionaban con un coleccionista.

— ¿Sabes? Tengo que admitir que los humanos tenéis una comida excelente. Doy gracias a la creación de que mi raza tenga el sentido del gusto tan desarrollado. Gracias al fuerte estómago que tienen los de mi especie, podemos ingerir casi cualquier alimento. Podrías intentar envenenarme con arsénico o cianuro y mi sistema inmunológico me protegería. —Dio un sorbo al vino—. Lo que yo no comprendo es por qué dejáis de lado estos alimentos y os limitáis a nutriros con vitaminas impresas en pastillas y polvos. Me sorprende que no hayáis perdido los dientes a lo largo de los años debido a su desuso.

— Hay muy poca comida y hemos tenido que utilizar estos métodos para no morirnos de hambre. Sólo los ricos pueden permitirse comer así todos los días —espetó Aileen.

El Arconte explotó en una carcajada y se metió otro trozo de carne a la boca. Sus afilados dientes hacían trizas aquel pedazo de comida.

— Como habrás podido comprobar tengo una colección de reliquias del pasado de tu especie. Lo cierto es que los humanos tenéis una historia de lo más interesante a vuestras espaldas. Tengo una obsesión por vuestro pasado. No obstante, los nezzaros solo nos preocupábamos por la ciencia y la tecnología. No desarrollamos el arte ni la música a vuestro nivel —el Arconte se metió otro trozo de carne a la boca.

Ha Aileen no le dejaban de templar las piernas. Aquel ser que parecía tratarla con cortesía, le inspiraba más miedo que cualquier cosa que hubiera conocido antes. Estaba aterrada.

— ¿Por qué no me hablas de esto? —le dijo mostrándole la esfera plateada.

— Quiero ver a Erun —se limitó a responderle.

Los ojos del Arconte se abrieron como platos al escuchar aquella respuesta. Con suma delicadeza, dejó los cubiertos sobre su plato. A continuación, tomó su servilleta y se la pasó con suavidad por la boca. Luego le respondió.

—Tu amigo gris está… vivo. En pocos días van a venir unos reptilianos a llevárselo. Además, esto no te incumbe. Pero te voy a decir una cosa sucia humana. Si vuelves a hablarme así haré que la estancia de los últimos días de ese gris sea muy aterradora. Ahora responde. ¿Qué es lo que sabes de este objeto? —le inquirió el Arconte cuya calma tan educada parecía quebrarse al mostrar signos de tensión.

— No lo sé. Lo tenía puesto cuando desperté en la Black Angel —respondió la joven.

— ¡No me mientas maldita humana! Dime por qué los Artropodus y la Coalición están buscando esta esfera.

— ¿Era esto lo que los artropodus buscaban? ¿Por eso nos atacaron? —preguntó ella.

El Arconte se sorprendió al darse cuenta de que aquella joven no tenía ni idea de lo que había llevado encima. De alguna manera sabía que estaba diciendo la verdad. Comenzó a reír ante la atenta mirada de la joven.

— ¿No tienes ni idea de lo que te estoy hablando verdad? Lárgate de aquí antes de que se me ocurra destriparte. Los bienes rotos no sirven de nada.

Aileen se levantó con rapidez y abandonó aquella estancia por temor a que el Arconte no tentara a la suerte.

 

En mitad de aquella noche. Taiko y Números condujeron rápido con sus motos hasta llegar al lugar donde habían lanzado el cohete y disparado a Alan. Al llegar al área del accidente comenzaron a buscar su cuerpo. Números activó el modo de visión nocturna que tenía incorporado, mientras que Taiko utilizaba un visor especializado para ello. Encontraron la sangre de Alan y algunos trozos de metal de la siniestrada moto. Pero no había ni rastro de él ni de la máquina accidentada. También descubrieron nuevas pisadas y marcas de arrastre, pero se esfumaban desapareciendo por completo. Alguien había borrado las huellas concienzudamente y con bastante efectividad. En ese instante el cazarecompensas profirió un grito de ira.

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  • Muy buenas Vimara! - Lo de referencia se me habría colado y ya he sustituido la palabra. - Por otro lado... no son las huellas de la moto las que borran, sino lo hacen los nativos con sus propias pisadas para que no los sigan. Se agredece las correcciones! Saludos
    Muy buenas Vimara! - Lo de referencia se me habría colado y ya he sustituido la palabra. - Por otro lado... no son las huellas de la moto las que borran, sino lo hacen los nativos con sus propias pisadas para que no los sigan. Se agredece las correcciones! Saludos
    Es reVerencia, no referencia al saludar al arconte./// Cuando ven el abalorio y el arconte lo pide dice mismo dos veces, ahora mismo y aquí mismo, quizá quedaría mejor sustituit el ahora mismo por inmediatamente. ¿Si se va en una moto que levita para que borra las huellas? Me va gustando la historia.
  • Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

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    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

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Me encanta la fantasía y la ciencia ficción. Desde niño he escrito historias y las compartía con la gente. Siempre me dijeron que tenía talento y que tengo mucha imaginación. Muchas veces no he escrito no por falta de ideas, sino por falta de motivación, pero gracias a los ánimos de familiares y amigos he conseguido escribir mi primera novela. Debo añadir que no soy escritor y se que muy probablemente en esta página haya gente mucho más talentosa que yo. Por eso doy ánimos a todos y todas para que sigan escribiendo y podamos así compartir nuestros trabajos.

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