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12 min
Black Angel: Arenas de Guerra Capítulo 6 Las migajas de un muerto
Ciencia Ficción |
09.06.19
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Sinopsis

Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

La granja era de piedra y visible gracias a la luz de estrellas que inundaban el cielo nocturno. Estos astros del firmamento, con gran decoro, eran acompañados por las dos pequeñas lunas, suspendidas en el claro cielo. Numerosos cactus habían sido replantados y habían nacido de sus semillas en filas ordenadas y perfectamente alineadas. Estos daban un fruto muy común que era utilizado como uno de los alimentos principales para los kauritanos. También había tres bezoikos alojados en una pequeña explanada rodeada por unas vallas fabricadas a partir de chatarra. Estos animales se encontraban inquietos por la presencia de los visitantes que llegaron hacía menos de una hora. Sus motos permanecían aparcadas junto al porche de la humilde morada. Sus motores aún seguían calientes.

Taiko jugueteaba con una de sus pistolas haciéndola girar. Aún olía a pólvora a causa del reciente disparo que había efectuado. Permanecía tumbado, acomodado en una especie de hamaca que estaba colgada entre dos columnas de la estancia. Bajo él, yacía el cadáver de un anciano kauritano que había muerto a causa de aquel disparo en la cabeza. Su sangre se había esparcido por el suelo que estaba cubierto de pieles. También había un brasero que aún se resignaba a iluminar aquel lugar con el último aliento de la brasa casi extinta.

Números estaba delante de la familia kauritana, eran los residentes de aquel lugar. Les amenazaba con su rifle de fusión. Con una de sus piernas metálicas aplastaba el torso del cabeza de familia. También le había partido un brazo cuando este intentó defender con su vida a sus allegados con una herramienta agrícola.

Cuando Taiko y Números llegaron a ese lugar descubrieron a una familia compuesta por un anciano, un padre, una madre y dos pequeños kauritanos de cuatro y seis años. Fueron sorprendidos mientras dormían ya que los dos intrusos les atacaron de forma violenta asesinando ante sus ojos al anciano.

— Creo que no somos lo suficientemente persuasivos Números. Vuelve a preguntarles si han visto a un humano por aquí. Pero te sugiero que lo hagas con educación, recuerda que son nuestros anfitriones.

El droide ladeó la cabeza metálica y en su base de datos omnisciente, sintió un instinto asesino que volvió a aflorar a causa de las palabras de Taiko. No soportaba recibir órdenes de nadie, eso le recordaba a sus creadores, a los mismos que tanto él como los de su generación pusieron fin a sus vidas en una base secreta de Cyberage en Ganímedes, la luna más grande de Júpiter.

Números apretó con tanta fuerza que terminó por hacerle un agujero en el pecho rompiéndole los huesos y dañando sus órganos. La sangre brotó de la fisura que le hizo en el torso, además comenzó a toser sangre. Al ser testigo de aquel asesinato, la mujer kauritana desató un grito de espanto mientras abrazaba a los pequeños. No dejaba de pedir piedad en su idioma natal. Su mirada no se apartaba del cadáver de su esposo.

— ¿Qué es lo que dice? —preguntó el litoriano.

— Respuesta: Ruega por su vida y por la de sus hijos. Dice que no ha visto a ningún humano. Información adicional: Añade que en ocasiones vienen comerciantes. Quizás ellos sepan algo.

Taiko se levantó de la hamaca de un salto y los miró fijamente. Aguardó silencio durante unos segundos.

— ¿Y dónde se encuentran esos comerciantes? —preguntó sin apartar la mirada de aquella atormentada familia.

Números arrancó el pie metálico del cadáver. Se pudo escuchar como los huesos del cadáver crujieron. Su sangre se deslizaba por su extremidad de metal dejando que goteara.

El droide les hizo esa misma pregunta a lo que la mujer les respondió rápidamente. Números siguió haciendo más preguntas. Cuantos eran, donde se encontraban y que armas tenían. Respondió a todas las preguntas sin vacilación.

— Respuesta: Dice que han pasado hace unas pocas horas. Tienen un campamento al este de aquí. Son ocho. Disponen de un vehículo de carga y armas a distancia. Conclusión: No van a ser un problema. Aquí hemos terminado —esclareció el droide de combate.

Números disparó en la cabeza a la kauritana y después a los dos pequeños. Los cuerpos de aquellos desafortunados alienígenas aún seguían abrazados tras sus muertes.

El litoriano miró a los cuerpos con indiferencia.

— Solo espero que nos hubiera dicho la verdad. Desconozco si tu disco duro sabe que los muertos no hablan —espetó Taiko.

— Recordatorio: La arrogancia mató a mis creadores. Consejo: No cometas el mismo error —advirtió Números con el visor enfocado en él.

Taiko exhaló un suspiro y clavó una mirada inquisitoria al droide. No soportaba que aquel ser de metal le intimidara. A sus ojos no era más que un robot. Una máquina que utilizaba para sus propios intereses. Y el sentimiento que aquella máquina sentía hacia él era mutuo. No dejaba de preguntarse si algún día trataría de asesinarlo. En más de una ocasión había pensado en dispararle con fuego de iones para fundir sus circuitos y prevenir una posible amenaza, pero jamás lo había intentado puesto que aquel droide de combate había demostrado ser una herramienta muy eficiente.

— Acabemos con el maldito trabajo —le respondió con aspereza.

 

Los cazarecompensas tardaron varias horas en encontrar el campamento de los comerciantes kauritanos. Era muy posible que se hubieran movido de forma constante o que hubieran eliminado sus huellas deliberadamente para evitar a los saqueadores. Tuvieron suerte en encontrarlos en un refugio gracias a que fueron en dirección a Uhatan. El refugio se encontraba a los pies de una rocosa cresta con la forma de dos aletas. Aquel campamento no era muy grande, pero estaba bien escondido. De no haber sido por la visión térmica de sus visores jamás los habrían encontrado.

Ocultaron sus motos tras unas rocas, y se acercaron sigilosamente ocultándose tras las afiladas piedras. Se vieron obligados a bordear varias zonas que pudieran estar al alcance de la vista de los nativos y evitaron con cuidado pisar cualquier montón de pequeñas y ruidosas piedras para evitar ser descubiertos.

Gracias a que resaltó en las penumbras, Taiko pudo distinguir la silueta de un vigía que permanecía sentado sobre una gran piedra. Cuando se acercó lo suficiente hasta él, de forma furtiva, lo agarró de las dos piernas, lo arrastró y le apuñaló repetidas veces con un machete sin darle tiempo a que alertará a los demás. El rostro de Taiko fue salpicado de sangre.

Números se ocupó de otro centinela que permanecía de pie contemplando la lejanía. Le rompió el cuello con la misma facilidad con la que se rompe una cáscara de huevo.

Poco después irrumpieron en el refugio y dispararon a otros tres más acabando con sus vidas. El resto gritaron de espanto y miraron horrorizados a sus atacantes, no dudaron en levantar sus manos en forma de rendición. Aquel droide asesino les parecía una especie de demonio metálico cuando vieron a su visor brillar con un color rojo escarlata.

Los droides como Números eran unas máquinas muy letales especializadas para matar. La Coalición había ordenado a Cyberage que crearan una remesa de cien droides para utilizarlos en la guerra. Querían unas máquinas que pudieran aprender por si mismas. Máquinas que pudieran tomar sus propias decisiones. No se trataba de inteligencia artificial altamente desarrollada, sino una inteligencia real basada en un cerebro positrónico ideado por Isaac Asimov y llevado a la práctica por Cyberage. Sus creadores fueron víctimas de su propio éxito. Aquellas máquinas idearon un plan de huida. Piratearon los sistemas y acabaron con la vida de muchos humanos a pesar de que casi la mitad fueron neutralizados durante la huida. A algunos les dieron caza cuando fueron localizados, los que lograron escapar se diseminaron y se convirtieron en cazarecompensas y mercenarios.

Obligaron a posicionarse a dos de ellos contra una pared mientras que otros dos permanecían de rodillas con las manos puestas sobre la cabeza.

— Ya sabes lo que tienes que preguntarles —aclaró Taiko al droide.

Números les preguntó si sabían algo de alguien que supiera algo de algún humano, a lo que uno de los kauritanos le respondió que no sabía nada con una tonalidad claramente hostil y desafiante. El droide examinó detenidamente aquel lugar y cuando encontró un pequeño detalle fuera de lugar dio varios pasos para recoger el hallazgo. Se trataba un fragmento de venda. Estaba manchado en sangre. Aquellos kauritanos habían quemado el resto para borrar toda prueba de su existencia. Pero se olvidaron de aquel pequeñísimo detalle. Al escanearlo con el lector que tenía instalado en su visor descubrió que era sangre humana. De forma instantánea disparó con su arma en la cabeza de aquel nativo. El cadáver de este se desplomó sobre el suelo con un agujero en la cabeza. Aun salía humo de aquella herida mortal con un olor a carne quemada. Los demás gritaron horrorizados. Uno intentó escapar, pero Taiko lo abatió con dos disparos. Su cadáver quedó tendido boca abajo en el suelo dejando un charco de sangre.

— Confirmación: La sangre que acabo de escanear es humana. Estos kauritanos saben algo y nos lo están ocultando. Sugerencia: Debemos de sacarles la información que necesitemos y acabar con ellos.

Taiko esbozó una sonrisa mientras que una ligera brisa levantó algo de polvo. Una mancha negra ocultaba una pequeña parte del cielo. Era el asteroide que estaba atrapado en la órbita del planeta.

— Hazles de nuevo la misma pregunta. Y recuerda, hazlo con amabilidad.

Números volvió a repetir la misma pregunta. Y esta vez los kauritanos respondían a la vez. Estaban desesperados, temían por sus vidas.

— ¿Y bien? ¿Te han dicho algo interesante?

— Respuesta: Un grupo de kauritanos llegó aquí he hizo una parada para conseguir material de primeros auxilios. Era material que utilizaba la Coalición cuando invadió el planeta. En uno de sus carros había un humano desangrándose agonizando por su vida. Discutían entre ellos. Unos decían que no iba a sobrevivir y que debían de abandonarlo porque no les iba a traer más que problemas. Otros en cambio se negaban a hacerlo mientras que se esforzaban en mantenerlo con vida. Finalmente se largaron una vez que realizaron el trueque.

— ¿A dónde se fueron? ¿Y que se llevaron?

El droide preguntó y los nativos respondieron rápidamente.

— Respuesta: Se fueron al este. A un asentamiento situado en un desfiladero. Se llevaron vendas, material quirúrgico, suero, dos baterías y un desfibrilador.

Taiko apretó los dientes.

— Que describan con mayor exactitud a esa gente y ese lugar. Quiero saber cuántos son, que armas tienen y cómo es su asentamiento.

Números preguntó varias veces y los kauritanos respondieron con la mayor exactitud que podían.

— Respuesta: Es una respetada tribu llamada Nuharaikasi. Son cerca de tres centenas solamente en su poblado principal. Es un lugar sagrado para ellos, como un santuario. Hay muchos más diseminados por el resto de las comarcas. Su santuario está protegido por un muro de piedra en la que los dioses tallaron sus runas. Están fuertemente armados y disponen de torretas con ametralladoras que obtuvieron de las bases abandonadas de la Coalición.

En ese instante la ira inundó la mente de Taiko. Sabía que, aunque Alan no sobreviviera, le iba a ser muy difícil acceder a su cadáver. No podría abrirse paso ante tantos kauritanos, necesitaría un ejército para entrar en esa fortaleza o santuario visto a los ojos de los nativos. Y si no aparecía pronto con la cabeza de aquel joven ante el Arconte, este acabaría con su vida y la de sus compañeros. No le importaba la vida de Pacheco, tampoco la de Desollador y mucho menos le importaba el destino de Números. Solo le importaba su vida y sus ganancias. Pero sabía que sus hombres iban a ser difíciles de sustituir. Aunque lo que más temía en aquel momento era la ira de su contratista por fracasar en su tarea. Sabía que se encontraba entre la espada y la pared. No podía presentarse en el Palacio del Arconte con las manos vacías, tampoco podía escapar del planeta y no podía esconderse en ese árido desierto porque acabaría muerto en cuestión de pocas semanas. Debían de darse prisa y llegar hasta Alan antes de que llegase al poblado.

— Ya tenemos todo lo que necesitamos saber —dijo Taiko. Más tarde disparó a los últimos kauritanos que quedaban poniendo fin a sus vidas.

El litoriano comprobó la munición que le quedaba. Aún tenía bastante. Pero supo que la tendría que racionar. Caminó varios pasos y se armó con un viejo fusil que estaba al lado de una caja de herramientas. Se sentía cansado. La alta gravedad del planeta en el que se encontraba le estaba afectando. Empezaba a tener hambre y sed. Examinó el recipiente de agua destilada que tenía en su cinto y comprobó que le quedaba menos de la mitad. Él no era un droide como Números. Era un litoriano y al igual que los humanos y otras especies necesitaba nutrirse. La munición era el menor de sus problemas.

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  • Precisamente mientras leía tu buen relato, que está escrito de una manera directa, con mucha acción, pensaba en Issac Asimov. Da terror este andróide Números.
    No necesito que me pagues, te hablo por correo.
    Claro, si no escribe a mi correo aunque pronto cambiare ander.dis.graf@gmail.com pero tengo que decir que no tengo dinero para pagarla
    Ander, tenes un numero para poder charlar sobre lo de la ilustración de la portada?
    Espero que os guste. El próximo domingo publicaré los dos próximos. En un futuro haré una página web dedicada a mis novelas con una cuenta en Patreon. Si alguien cree en mi trabajo y quiere echarme un cable puede hacerlo desde PayPal: ander.dis.graf@gmail.com Muchas gracias También busco ilustradores que me puedan echar un cable con la portada de mi novela, pero he de decir que por la situación económica que estoy viviendo no tengo dinero para poder pagarlo. Gracias
  • Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

    Es el lejano futuro. Han pasado siglos desde que el ser humano tuvo el primer contacto extraterrestre. La humanidad se halla a merced de un poder totalitario denominado La Coalición. Un vasto imperio que gobierna con puño de hierro y se expande por toda la galaxia en busca de nuevos planetas que ocupar, entrando en innumerables guerras y formando alianzas de conveniencia con otras razas extraterrestres. Los primeros colonos humanos que optaron por separarse de La Coalición, formaron estaciones espaciales y crearon su propio gobierno bajo la juiciosa mirada de sus predecesores. A este nuevo gobierno se le llamó Los Exiliados. Pero todos ellos, humanos y extraterrestres, ignoraban por completo la nueva amenaza que pronto asolaría todo el universo conocido…

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Me encanta la fantasía y la ciencia ficción. Desde niño he escrito historias y las compartía con la gente. Siempre me dijeron que tenía talento y que tengo mucha imaginación. Muchas veces no he escrito no por falta de ideas, sino por falta de motivación, pero gracias a los ánimos de familiares y amigos he conseguido escribir mi primera novela. Debo añadir que no soy escritor y se que muy probablemente en esta página haya gente mucho más talentosa que yo. Por eso doy ánimos a todos y todas para que sigan escribiendo y podamos así compartir nuestros trabajos.

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