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7 min
Blut ¿el comienzo?
Fantasía |
25.12.10
  • 4
  • 1
  • 1438
Sinopsis

Completo en http://blutdeviktorvalles.tk y disponible en http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/blut/14310485

Mi historia empezó hace muchos, muchísimos años…

Corrían tiempos oscuros, vientos de guerra se disipaban esperando acoger aquella bocanada que variara el transcurso de mi insignificante existencia. Durante un largo tiempo se derramó sangre, savia inocente aún permanente en los suelos y yo, junto a varios supervivientes de la barbarie, nos disponíamos a regresar a casa ya derrotados.

Había sido una dura batalla, de eso no nos cabía duda alguna. Muchos compañeros formaron parte de una extensa lista de bajas; seguramente sus almas fueran condenadas a vagar por éste mundo buscando un lugar donde alguien enterrara sus cuerpos inertes, sus carnes pudriéndose bajo el sol. Otros sin embargo desaparecieron y fue en el camino de regreso cuando supimos de ellos, creyéndoles hasta entonces muertos en cualquier remoto lugar del oscuro paisaje.

Ese paisaje que también sufrió la barbarie, miles de hectáreas ardieron en ataques a los pueblos. Fuegos provocados para una matanza indiscriminada. Aún se reflejaban en el cielo aquellos gritos tan llenos de angustia como de sufrimiento. En el aire se respiraban las secuelas de aquella guerra, aún persistía el aroma a matanza.

Tras un largo y agotador viaje finalmente llegamos al pueblo. Allí nos recibieron mujeres, ancianos y niños como si fuéramos auténticos héroes de guerra, pero ninguno de nosotros se sentía como a tal. Nos sentíamos humillados, derrotados, insignificantes. En nuestros ojos se había tatuado el mal igual que en la mirada de nuestros férreos enemigos. No existía en el mundo nada que lograra subir los ánimos de los guerreros que regresaban de nuevo a casa.

Pronto decidí dejar de lado al mundanal ruido y regresar a mi hogar. Lento y agotado fui subiendo cada peldaño de la escalera que daba a mi pequeño castillo, como si quisiera saborearlos, como si ya no los recordara. Cada paso se me hacía más duro, a medida que avanzaba hacia arriba me dolía más todo lo que dejaba atrás.

Al llegar a la puerta paré un breve instante a observar las plantas ya marchitas, esas flores que fallecieron durante la espera de mi vuelta a casa, durante esa dilación en vano. Di media vuelta y me quedé maravillado viendo el atardecer, en pleno silencio: hacía ya mucho que no bebía de tan maravillosa escena, que no me dejaba asombrar por aquel espectáculo del rey sol.

Al ya oscurecer prácticamente los cielos entré a mi hogar. Al abrir la puerta un ruido chirriante partió mis oídos con desgarradora angustia, las telarañas se despegaban y deshacían al pasar a mi mundo, a mi pequeño lugar más íntimo.

En el mismo salón me deshice de la rota armadura y de las armas que no lograron vencer al enemigo. Derrotado me fui adentrando lentamente por el pasillo central, sintiéndome observado por los retratos de mis antepasados: mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos,… No sabían si reír o llorar, si permanecer en silencio o reprochar. Ni yo mismo entendí durante aquellos instantes el porqué de mis decisiones, de mis impulsos cuales nos llevaron a tan absurda batalla, a tan cruel y agria derrota. Dejé de comprenderme y por poco dejó de latir mi corazón ante el hielo de la desesperación, de la angustia.

Me senté en el suelo ante el último retrato de mi difunto padre. Quedé durante largo rato mirándole fijamente a los ojos, a esa mirada fría e insensible, dura como una roca. Lágrimas brotaron y viajaron a través de mis mejillas en el más puro de los silencios, el eco de las gotas contra el suelo era el único sonido que se podía escuchar en aquel lugar. Era consciente que se hubieran sentido defraudados por mí en aquel momento, que les había fallado. Había sido todo un lastre.

De pronto un ruido sordo rompió en mil pedazos la sepulcral paz. Me incorporé de un salto y corrí a toda prisa en busca de mi espada: quizás la guerra aún no había terminado del todo. Mi pulso aceleró frenético, me temblaban las manos.

- ¿Quién anda ahí? – pregunté en tono desafiante.

Pasaban lentos los segundos disfrazados de horas. La espera a la respuesta se hacía interminable y mi espada empezaba a impacientarse. Mis ojos perdieron el brillo de la humedad, se oscurecieron llenos de ira e inseguridad. Me encontraba débil, no era momento de luchar: la situación me había tornado vulnerable.

- ¿Quién anda ahí? ¿Tan cobarde eres como para no mostrarte ante mí? – volví a exigir ésta vez aún más desafiante si cabe.

Pero mis preguntas eran en vano. Aquella presencia se hizo de rogar varios minutos soñando con ser días. Todo pareció transcurrir con gran lentitud.

Una cortina de humo se apoderó del final del pasillo. De entre la bruma se distinguió rápidamente la sensual silueta de una dama avanzando hacia mí, como un destello brillaron sus ojos igual que los de un gato y de pronto la reconocí.

- Sa… Eres Sa… ¿Saray? – pregunté en tono más dócil y asustado a la vez.

- Ruego mis disculpas… – respondió al fin ella – ¿Te he asustado? No era mi intención, de veras…

Quedé completamente paralizado, la espada cayó impactando contra el suelo y mi cuerpo no podía más que tiritar. Mi voz quería escapar, pero se silenciaba atemorizada ante los nervios. Ella, mientras, seguía avanzando con calma y elegancia, arrastrando su largo vestido oscuro.

-¡Cuánto tiempo querido amigo! – exclamó la princesa de las tinieblas – Aunque parece que fuera anoche nuestro último encuentro…

Caí arrodillado al posarse la dama ante mí. Ella sabía que era para un servidor lo que la manzana para los habitantes del Edén: lo prohibido. No era capaz de acariciar su piel, solamente podía desear. Ella se aprovechaba de esa situación, de mi temor, de la impotencia de mi cuerpo.

Se agachó ante los jirones de mi ser y se quedó observando varios minutos sin mediar palabra. Acarició con suavidad y sensualidad mi cabello, continuando por mis mejillas hasta llegar a los labios y terminando en el cuello. Luego agarró mi barbilla y besó mis labios. Como su fueran un fuerte sedante me embriagaron las caricias de su boca.

Al mismo tiempo ella acariciaba mi torso haciendo que el corazón perdiera la razón y no supiera si pararse por completo o salir corriendo. Fue subiendo hasta llegar a la nuca, entonces inclinó mi cabeza y continuó besando el cuello, luego sacó los colmillos y mordió con brusquedad.

Mi corazón bajaba el ritmo, poco a poco perdí el conocimiento y caí en imperturbable sueño. Rápidamente una telaraña se tejió en mi mente tapiando las salidas, emparedando mis pensamientos; allí observé a los lobos aullar desesperados y angustiantes, el vuelo de los cuervos danzantes en la oscuridad, las alimañas devorando insaciables, a la muerte cantando una nana… Sentí mis colmillos crecer, el dolor me partía el alma y noté, durante varios minutos, como si alguien arañara mi piel, como si intentaran despellejarme vivo. De pronto el mundo se paró… Se hizo el silencio.

A partir de aquel momento no recuerdo nada, Saray me había envenenado y, hasta varias horas después, no comprendí que aquella escena era el principio del comienzo, del comienzo de mi camino en la Eternidad.

Tras aquel beso se adentró la oscuridad en mis venas.

(Completo en http://blutdeviktorvalles.tk y disponible en http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/blut/14310485)
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