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14 min
Brai el nigromante semielfo.
Fantasía |
19.01.21
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Sinopsis

El título lo dice todo...xd

Capítulo uno, Brai el semielfo.

 

En el pueblo grande de Viartak nació Ebraino, hijo del comerciante Klauyau y una esclava elfa conseguida tras la victoria sobre el último reino elfo del continente de Ganfa Uktur.

 

Klauyau llamaba a su hijo Brai ya que no le gustaba el nombre entero que le había dado su madre, que además tuvo el feo gesto de suicidarse pocos años después de su compra.

 

El chico creció sin demasiado afecto por parte de sus madrastras y hermanastros, pero su padre si le dedicaba algo de tiempo y le enseñó a leer y escribir, incluso viendo que tenía aptitudes para la magia y, dado que no había colegios de magia por allí, le compró algunos libros de magia, los típicos de fuego, viento, hielo...

 

Una noche un comerciante rival envió a varios de sus subordinados a robar la mercancía del almacén de Klauyau, que estaba en la parte baja de su casa, y por suerte para el hombre, su hijo Brai ,que apenas contaba con catorce años, fue presto a ver que sucedía.

 

El primer ladrón salió disparado por un fuerte viento hacia el techo, pudiéndose escuchar un fuerte crujido de huesos al impactar, el segundo ladrón lanzó un cuchillo arrojadizo que Brai desvió con otra ráfaga de viento menos intensa, dos ladrones más adelantaron al segundo y tras desenvainar sus dagas se aproximaron velozmente hasta que un muro de fuego les detuvo instantáneamente.

 

Brai aprovechó el momento de respiro para generar una bola de hielo que lanzó a través del muro, que al derretirse arrojó agua hirviendo a los dos ladrones que estaban frente al muro.

 

El ladrón que quedaba ileso trató de dar media vuelta y huir, pero Brai le congeló los pies y dejó de avanzar.

 

En ese momento llegaron Klauyau y dos empleados armados con espadas y vieron el espectáculo que Brai había montado.

 

El padre le dijo al hijo que apagara ya el fuego, y este hizo caso en el acto y luego se sentó cansado.

 

Lo has hecho bien, dijo Klauyau en alto, lo has hecho muy bien. Les señaló a sus hombres el carro que había fuera y con el que pretendían llevarse las mercancías y les dijo que lo llevasen a la entrada principal para guardar el nuevo carro de la compañía, los caballos no eran malos, tampoco demasiado buenos, pero habían salido gratis, a caballo regalado no le mires el dentado decía el refrán.

 

Cuando Brai cumplió dieciocho años su padre le ofreció gestionar unas tierras lejanas que había comprado recientemente en lo que antes había sido el reino elfo, a Brai le pareció bien, ya que se libraba del resto de la familia, y podía quedarse con la mitad de los beneficios.

 

Antes de partir, y usando los conocimientos adquiridos en un libro de nigromancia, tras desenterrar a su madre la convirtió en un esqueleto viviente, se la llevaría a su nuevo destino como escolta.

 

La equipó con un arco, carcaj sujeto por correa con veinte flechas y una daga sujeta por un cinto, además de ser un escolta que no se cansaba y no dormía, cuando Brai quisiese podía mandarle a cazar animales para comer.

 

Al llegar a las nuevas tierras solo vió maleza en la mayor parte de los antiguos terrenos agrícolas, las ruinas de un pueblo elfo con todas sus casas destruidas y a las afueras un par de casuchas de madera de fabricación humana en la que le esperaban las dos familias que trabajarían para el.

 

Panjo y su hija Venusa de doce años ofrecieron la casa a Brai para que viviese, ellos irían a la casa de la otra familia, Berino, su esposa Clava y sus hijos Etreko, Ataro y la pequeña Jibe.

 

Brai se negó, durante algunas noches dormiría en la casa de Panjo, pero al día siguiente empezaría a construir su propia casa y de paso haría otras más grandes para ellos.

 

Los empleados miraban con asombro y miedo al esqueleto que acompañaba al señorito Brai, pero este les aseguró que no les haría nada y que se fuesen acostumbrando.

 

Cuando el esqueleto trajo tres conejos para la cena, y Brai los compartió con ellos, el alto esqueleto, que sacaba una cabeza a los adultos humanos, comenzó a ser integrado entre los humanos.

 

Tras dormir bien y desayunar Brai se acercó al bosque, quemó un poco unos grandes árboles en la zona donde quería cortarlos y tras esto les transportó por el aire con su magia hasta el lugar donde quería hacer las tres casas.

 

Fue apilando los árboles y con ayuda de un hacha que había allí fue quitando las ramas que no le interesaban, podía haberlo hecho con magia, pero se habría cansado demasiado y no había prisa.

 

Esa tarde decidió descansar y se fue a ver el huerto que sus empleados trabajaban, había lechugas, tomates, patatas... para subsistir no estaba mal, pero para generar riqueza no había ni suficiente sitio preparado ni suficientes trabajadores.

 

Miró una zona que antaño fue también para cultivo pero que ahora estaba llena de maleza y decidió prenderla fuego controlado mágicamente, cuando la zona que le interesaba había sido quemada hizo un gesto con la mano y se apagó el fuego, al día siguiente plantaría algunos árboles frutales allí, había traído semillas en varios sacos que cargó el segundo caballo que había traído, dos caballos, un poco de comida, la ropa que llevaba puesta y las semillas era todo lo que había traído desde Viartak.

 

Pasaron cuatro años y llegaron hasta el pueblo de Braiburgo una treintena de nuevos trabajadores, gracias a la quema controlada, que Brai removía mágicamente las tierras haciéndolas más fértiles y que había casas nuevas para albergar gente fueron atraídos agricultores que buscaban tierras con alquiler barato.

 

Inicialmente no venían muchos ya que al ser Brai un semielfo había cierta reticencia contra el, y más cuando se sabía que un esqueleto acompañaba al señorito allá donde iba, pero los pocos que iban llegando hablaban muy bien de las condiciones de vida, alquiler barato, con una parte en productos de la huerta, casa espaciosa incluida en el arrendamiento de la tierra, madera en abundancia para cocinar y calentarse... hasta Brai enseñaba a leer y escribir un día a la semana a quien quisiese en una escuela que había construido... por todo ello el número de gente que venía a vivir al nuevo pueblo iba en constante aumento.

 

El rendimiento económico que sacaba de las tierras aumentaba año tras año, Klauyau estaba tan contento que al quinto año fue a visitar Braiburgo personalmente.

 

Bari se alegró de la visita de su padre, le enseñó las casas y edificios que había construido, los huertos que había despejado, los pequeños arbolitos frutales que iban creciendo y las nuevas tierras que había adquirido con su parte de los beneficios.

 

Vaya hijo, ¿independizándote? le dijo Klauyau.

 

Prosperando padre, respondió Brai, pero te daré también el cincuenta por ciento de los beneficios en agradecimiento por la oportunidad que me diste.

 

Buen hijo, dijo Klauyau, el comerciante gracias a los productos de la huerta que le enviaba su hijo y al dinero de los alquileres de las casas ganaba casi un tercio más de lo que ganaba antes de que pusiese a Brai de administrador de esas tierras, y al ritmo al que crecían las ganancias de su hijo en cinco años pasaría a ser un cincuenta por ciento más y en otros cinco probablemente ganase más con lo que le daba su hijo que de su propio negocio de comerciante.

 

Pasaron esos diez años y efectivamente Klauyau ganaba más con lo que le enviaba su hijo que con el resto de negocios que tenía, dejarle gestionar unas tierras baratas en una zona devastada por la güera le estaba haciendo muy rico, por lo que rondando los sesenta años fue nuevamente a visitar a su hijo medioelfo, y no tardó demasiado gracias a los buenos caminos rectos y bien pavimentados que su hijo había construido con ayuda de la magia y los empleados.

 

Brai recibió a su padre con un banquete en el castillo de piedra que se había construido en una colina desde la que se podían vigilar las tierras que le pertenecían, que no habían dejado de aumentar año a año.

 

El castillo estaba protegido por decenas de esqueletos revividos del cementerio elfo que había en el pueblo en ruinas, pero también por una veintena de soldados humanos, los esqueletos no eran muy parlanchines al no tener cuerdas vocales, por lo que los soldados humanos eran necesarios para el control de entrada y salida de carros al castillo.

 

En el banquete padre e hijo hablaron de lo bien que iba el negocio y Klauyau le preguntó que que pensaba hacer cuando el muriese.

 

Brai confesó que no lo había pensado, continuar haciendo crecer mi territorio imagino, pero evitando la guerra en la medida de lo posible, no tengo interés en pelear con nadie.

 

El padre aprobó la idea, pero le adviritió que varios reyes y nobles humanos empezaban a recelar de el, que tuviese cuidado.

 

Por otra parte sus hermanastros codiciosos querían seguir contando con los beneficios que Brai proporcionaba, pero Klauyau dejó claro que sus tierras que gestionaba Brai serían heredades por el semielfo a su muerte, tenías que haber visto a las arpías de tus madrastras enfadadas, lo habrías disfrutado comentó el padre.

 

Tus hermanastros gozarán de los beneficios que generas mientras yo viva, luego que gestionen bien el dinero que les voy a dejar, las tierras de Braiburgo serán para ti, además ya tienes cinco veces más tierras a tu nombre que has ido comprando estos quince años.

 

Hazme caso y ten cuidado hijo, de los nobles, de tus hermanastros y de todos en general.

 

Si padre, tendré cuidado contestó Brai.

 

Ambos continuaron charlando unas horas, Klauyau se fue a dormir y a la mañana siguiente comenzó el camino de regreso a Viartak escoltado por Venusa y Etreko, que eran soldados de Brai.

 

 

Capítulo dos, La muerte de Klauyau.

 

Ocho años más tarde Klauyau murió, un mensajero llegó a al castillo de Brai y le entregó una carta en la que un notario de nombre Luro le informaba que el entierro de su padre sería dentro de dos semanas y que el reparto de la herencia se haría tres días más tarde.

 

Mi padre pagó a un notario para que no hubiese problemas en el reparto, hombre listo sin duda, mis hermanastros ni se han tomado la molestia de informarme los muy cabrones.

 

Tras darle una propina al mensajero comenzó a organizar el viaje, iría en carruaje con el esqueleto de su madre acompañándole, también iría una escolta de diez soldados al mando de Venusa, no podía presentarse con Viartak con sus soldados esqueleto, incluso era arriesgado llevar el esqueleto de su madre, pero era su mejor escolta y no iba a renunciar a el, iría en el carro con el y esperaba que no hubiese problemas.

 

El carro tirado por cuatro caballos y los diez soldados a caballo, cinco delante y cinco detrás, avanzaban rápidamente la buena carretera dentro del territorio de Brai, pero cuando sus tierras se acabaron y entró en la región donde estaba Viartak el camino empeoró notablemente, algunos tramos eran auténticos barrizales, los bordes del camino estaban poco cuidados y llenos de maleza, se podía ver claramente que al noble que controlaba la región de Claito no le importaban demasiado los caminos.

 

Finalmente llegó a tiempo al entierro, donde sus familiares le miraban con desprecio, el mestizo ha venido.

 

Cuando Luro leyó el testamento delante de todos los herederos hubo protestas de sus hermanastros, alegaban que el solo era un gestor bastardo, que no tenía derecho a heredar las tierras, Luro mandó callar a todos y dijo que eran las voluntades de Klauyau, y que no había nada que hacer.

 

Los resquemorosos familiares fueron abandonando el lugar a medida que Luro les entregaba los documentos con los terrenos que heredaba cada uno y la asignación monetaria que les correspondía.

 

Como eran veinticuatro herederos a todos les correspondían pequeñas porciones de terreno o algunos carros y almacenes comerciales, pero ninguno de los territorios era tan productivo como el de Brai, y estos lo sabían, por lo que prepararon algo para no tener que entregar el pueblo de Braiburgo y esas tierras a Brai.

 

Cuando Brai estaba saliendo de Viartak de regreso a casa sus soldados habían visto hombres vigilando el carro y que se temían que pudiese haber un ataque, por lo que la capitana fue a hablar con su jefe.

 

Brai asintió, agradeció la información a Venusa y dijo que tuviesen cuidado y donde quería acampar.

 

Acamparon a las afueras de un pueblo humano que fue arrasado por los elfos, había un manantial que proporcionaba agua potable y lo que era mejor para Brai, un cementerio y muertos enterrados en varios lugares de las ruinas y se puso manos a la obra para imbuir los esqueletos de magia y que se levantasen cuando llegase el momento.

 

Tres horas más tarde empezaron a escucharse flechas que se clavaban en las dos tiendas de campaña que habían montado, Brai las había reforzado mágicamente así que que simplemente rebotaban sin hacer daño a las tiendas, pero uno de los dos soldados que había de guardia murió por tres flechas que se le clavaron durante la lluvia de flechas que les habían arrojado.

 

El otro guardia se pudo meter a tiempo en la tienda y dió la voz de alarma.

 

Brai en ese momento levantó a su ejército, ciento cincuenta esqueletos se desenterraron y fueron a por el ejército atacante.

 

Los esqueletos no iban armados, pero golpeaban con ramas o lanzaban piedras contra los mercenarios que habían contratado los hermanastros de Brai, la pelea se prolongó durante diez minutos, hasta que los mermados mercenarios vieron como sus caídos se levantaban en forma de zombis y se unían a las filas de esqueletos que les hacían frente.

 

Los veinte mercenarios que seguían vivos de los sesenta que formaban la banda huyeron en desbandada, los enemigos eran cada vez más numerosos e inspiraban demasiado terror para seguir el combate, y no habían cobrado lo suficiente como para enfrentarse a esos enemigos.

 

Cuando su ejército hubo vencido Brai y sus hombres salieron de las tiendas, quitó la magia de su soldado muerto para que dejase de ser un zombi y el resto de soldados lo enterraron.

 

Poco después Brai, sus soldados, los esqueletos y los zombis reanudaron la marcha, el semielfo quería llegar a Braiburgo lo antes posible, le había declarado la guerra y tenía que prepararse.

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