cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Cajas Chinas.
Drama |
17.02.14
  • 5
  • 4
  • 3658
Sinopsis

¿ dónde... en qué caja se encontraba ella... ?

         Me hallaba en el salón del club social de Mayor Buratovich, junto al mostrador del bar. Había varias personas a mi alrededor. La orquesta tocaba "Carioca" y mucha gente bailaba feliz. Otros tantos charlaban en las mesas. Había tres mujeres de pie, al otro lado del lugar. Me miraban.

        Una era la chica de la heladería, aquella hermosísima muchacha que se había esfumado a sus diecinueve años en forma inexplicable, hacía más de treinta. A su lado estaba María Cristina, la que había salido corriendo cuando le dije que la amaba, treinta y dos años atrás. La otra era María Estela, a la que amé de lejos porque era la novia de otro, con el que se casó, hacía ya dieciseis años.

        --¡Salí, Aguirre! --se escuchó desde alguna parte.

        --Pero... ¡se ven igual... como en aquella época! --me percaté asombrado. --Y... ¿por qué están aquí, juntas? ¡ Ésto no está pasando !

        Avancé hacia el grupo. Las mujeres se escabuyeron por la salida del local. El ambiente y las figuras se diluían poniéndose fuera de foco. Llegando a la puerta golpeteé una batiente con el puño. --¡Ésto no está pasando!

        --¡Salí, Aguirre! --sonó la voz lejana. Mi mano pegó floja contra la pared, junto a mi cama.

        --¡Salí, Aguirre! --volvió el grito, junto con un rumor de cascotazos.

        Dejé la cama, en la penumbra, y fuí a ver quién llamaba. Ya en la sala, noté que la puerta tenía mirilla, en lugar de ventanita. Recia tranca y cerrojos la cruzaban.

        --¡Salí, Aguirre! --siguió la voz, con escalofriante y mecánica insistencia.

        Abrí la mirilla, atisbando un tétrico circo desplegado a la luz de la luna.

        Varios hombres y mujeres se perseguían en demenciales y repetidas corridas. Dos mujeres se volvieron hacia la abertura con precisión animal y alzaron sus vestidos, mostrándome los pálidos cuerpos a la luz difusa.

        --¡Por fin, Aguirre! --apareció un hombre gordito haciendo payasadas, en patético remedo de Oliver Hardy. Apartó a las mujeres y entró al jardín. --¡La plaga avanza, Aguirre!

--chilló el gordito.

         En algún lugar un hombre lloraba y lloraba.

         --¡ Ben Cortman... como en la novela !  --me estalló el recuerdo en la cabeza.

         Palpé mi cintura y extraje la automática calibre 45. Apunté por la mirilla y disparé. El impacto en pleno pecho derribó a Ben Cortman fuera del jardín.

         --¡ Bastardo !  --me salió entre dientes apretados, mientras veía cómo el gordo se levantaba de nuevo. --¡ Ridículo vampiro de sainete !

         Se escuchaba el llanto del hombre en la oscuridad.

         Desde una butaca de la platea vacía, pude ver cómo Peter O`Toole en la pantalla, apuntaba otra vez por la mirilla.

         Ésto no podía ser cierto, porque Peter O´Toole nunca había filmado "Soy Leyenda", de Richard Mátheson.

         En la penumbra del cine desierto, el hombre seguía llorando.

         Arriba en la pantalla, Peter O´Toole rechinaba los dientes y apuntaba con cuidado a través de la mirilla. Apuntaba a una mujer, que era la Veneciana.

         El corazón me galopó cargando a degüello, se me vino a la boca. Alzándome en un salto sobre las butacas como en ataque banzai, aullé a garganta pelada.

         --¡¡ ANNAMARÍA !!  ¡¡ NOOO  CARAJOOO...!! --el rostro inmenso y fantasmal de Peter O´Toole en la pantalla, giró mirando hacia la platea, hacia mí... y los ojos se me abrieron boca arriba, como un nosferatu a la puesta del sol.

          El hombre continuaba llorando, sollozaba en la oscuridad. Pude sentir la almohada mojada y caí en la cuenta, era yo el que lloraba.

          A las tres de la mañana me levanté anegado en lágrimas. En actitud absurda recorrí la casa. Desde la ventanita de la puerta espié la noche, que transcurría calmada y burlona. No se veía a nadie en la calle.

          Permanecí unos momentos pensando en los sueños disparatados, como cajas chinas.

          Uno de mis pies hizo rodar algo metálico junto a la puerta. Levanté el objeto: Una cápsula servida con intenso olor a pólvora. Era grande, como de calibre 45.

          En un enajenado compartimiento de mi cerebro ardió en oscuro fulgor la secuencia de mi balazo a Ben Cortman. Por unos segundos casi intolerables, miré el casquillo de repente monstruoso y vigilé la calle desierta.

          Se me ocurrió la aberrante presunción que de una caja china había caído algo.

          --Por suerte logré frenar a Peter O´Toole y salvé a la Veneciana --musité en forma demencial, y como un lunático comencé a suponer: --Si esta vaina vacía llegó a la realidad desde un sueño, en otro sueño yo podría aferrar a la Veneciana y traerla al mundo concreto; si en la realidad física Annamaría se encuentra a quince mil kilómetros de distancia, cuando yo la arranque del sueño, va a desaparecer allá para encontrarse aquí, en Argentina.

          Era un alivio tramar esa locura. Era bueno pensar en intentarlo, aunque no resultara la primera vez.

         --¡ Annamaría ! --evoqué  en voz alta a la lejana guía de turismo --; ahora en Venecia, deben ser las siete, o las ocho de la mañana  --brotó la idea con dramática estupidez.

        Después, con el amanecer todavía lejos, preparé el mate y, llevando el casquillo de bala en una mano, me acerqué a la máquina de escribir.

                                               .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

 

        

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta