cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

5 min
Camino al Liceo
Varios |
18.05.18
  • 4
  • 0
  • 60
Sinopsis

.

Alzú es el primero en salir de casa y atraviesa el aire con un silbido para su amigo Munro, mientras se acomoda en la banca de madera que está debajo del olmo, ese que regala fresca sombra cuando el verano casi derrite las calles del barrio.

No tarda Munro en salir y ambos amigos y vecinos ya están rumbo al Liceo, disfrutando a plena juventud de esa mañana fresca de verano. Visten uniformes azules, camisa blanca y corbata, como lo exigen esos tiempos, por allá por los sesenta del siglo recién consumido.

Es lunes, un día no sólo difícil para grises empleados públicos, también para cualquier ciudadano aún nostálgico del fin de semana, incluidos estudiantes como nuestros amigos, que hoy deberán enfrentar una interrogación de lectura de cuentos.

La lista de lecturas propuestas incluía de Bécquer a Oscar Castro, pero siempre dentro de las llamadas lecturas obligatorias. Como Alzú asociaba al nombre de Bécquer, golondrinas, balcones, doncellas, rosas y suspiros, dedujo que a su incipiente romanticismo este tipo de alimento espiritual le calzaba como anillo al dedo.

Entonces eligió “La cruz del diablo”, aunque la imagen que evocada el título le trajo un pasajero desconcierto.

Por su parte Munro se quedó con la literatura criolla, eligiendo “Lucero”, que se afinaba más con sus cuerdas campesinas, con esto de caballos, arrieros, viento en soledades y roqueríos cordilleranos.

Y así, caminando hacia el Liceo, los amigos entre talla y talla, conversa y conversa iban dejando en los bolsillos del tiempo, retazos de vida que el aire del verano se llevaba para algún lado, como a todas las cosas de este mundo.

-¿Leíste el cuento? -pregunta Munro.

-Y para qué, si te interrogarán ti -responde Alzú-, además ésta del Bécquer era una historia demasiado larga y no llegué más allá de una cruz de fierro que estaba sobre una colina y tenía una base de mármol; por lo demás era una cruz con poco olor de santidad, más bien a penumbras y azufre, toda oxidada, meada y cubierta de enredaderas demasiado nudosas, características que me parecieron claros preludios que el amigo quería tomar cartas en el asunto.

-¿Amigo de quién?

-No huevees Munro, sabís que el amigo es el mismísimo diablo, no me vas a decir que no escuchas en la radio Ñuble, el programa “Lo que cuenta el viento”?

-Está bien, pero estás medio disipado y poco hermético. ¿Entonces?

-El punto es que inicié la lectura en la cama y con la ventana abierta, por el calor que hacía sudar hasta los camellos. Quizás debido a estas circunstancias fue que el maligno me mandó algunos indicios.

-¿Cómo algunos indicios? -pregunta Munro ya casi en plena curiosidad.

-Si no me interrumpís tanto pu'huevón los nudos llegan a la peineta. Te iba diciendo, como quien dice, que yo estaba leyendo sentado en la cama y buscando la concentración en la historia del Béquer, que al parecer se trataba de una leyenda o un mito o una huevá por el estilo.

-Estás confundiendo los planos Alzú, “más mejor”, como dice el huaso, sigue los indicios para que no patines en las cosas de Hermes.

Munro había leído, rigurosamente hasta la mitad, como era su filosofía de lector El Retorno de los Brujos, y debía actualizar conceptos en los diálogos con su amigo Alzú.

Sobretodo esa palabrilla “hermético” lo fascinaba y no perdía oportunidad para ensayarla y domesticarla, sin saber bien su uso y su costumbre. “Lo importante es que lo hermético suene, con razón o sin ella, pero en el momento justo”, pensaba Munro.

-Bueno, sigo -recomienza Alzú, y como te iba dejando dicho, a un cierto punto de la lectura algo me dice que las cosas en la lectura comenzaban a ponerse color de hormiga, con esto de la cruz y etcétera.

Miro hacia afuera de la ventana, para contemplar la cúpula celeste, y allá veo los cipreses del jardín de tu casa que se alzaban al cielo como espadas de plata y noche, iluminadas por esa luz pálida de la luna llena. Todo parecía en orden y el incipiente zumbido de oídos se fue atenuando, como también su inquietud.

La verdad verdadera, es que yo estaba medio engrupido con este inicio de lectura de esta extraña historia, porque sin las cosas que no existen la vida es harto fome, me dije, mientras recorría esas potentes descripciones de los alrededores de esa colina con la cruz y del Segre.

Quizás por influjo de la noche, del calor, de los cipreses, o bien la cruz, los enebros o quién sabe el porqué. El hecho es que comencé a sentir, en modo in crescendo, la vaga certeza que el diablo se estaba encarnando en alguna de mis confusiones poco explicables...

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 56
  • 4.64
  • 222

Algo de mí está en lo que escribo.

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta