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5 min
Canción para Alícia de los lobos
Amor |
14.09.16
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Sinopsis

Relato en clave metafórica sobre la vuelta de la esperanza, y el fín de la soledad.

En el páramo, bajo el crujiente y delicado sonido de miles de celestes flores de hielo que caen sobre la tundra, oigo una voz.

Me adentro en la oscuridad del bosque, siguiendo el rastro, leve como el correr de un tímido ratón, hasta que por fin, alcanzo la fuente de la melodía, el origen del triste susurro.
Estrecho la vista y observo. Apenas se la entrevé bajo una cortina de pesado terciopelo negro que ondea ante sus ojos, un velo de oscuridad, asfixiante y denso, enhebrado durante esas largas horas que el reloj tiene más allá de medianoche.

Es un velo efímero hecho de áspero humo de cigarrillo, del ominoso ritmo de las agujas que repiquetean como óseos dedos sobre la tapa de un ataúd, del último trago de vino que se vuelve amargo en la boca, de añejas telarañas sobre fotos amarilleadas por el tiempo y promesas vacías cuyos ecos rebotan eternamente en los muros de un alma cansada. He sentido su abrazo muchas veces, y lo reconozco.

Barro la bruma con un gesto, y ahondo en la visión. Está sentada en una mecedora de oscura madera, construida con afiladas astillas de desdicha, y con cada balanceo, una viruta más de esperanza es robada por el codicioso trono. El balanceo es hipnótico, ligero, suave…y la acuna como la nana de una madre amante, así es como ella no nota el suave roce de la desesperanza. Una tragedia cotidiana, la muerte de las emociones, un cáncer del alma que no me es ajeno.


Miro más de cerca, y sonrío, amistoso. Sorprendido, observo que no hay ríos de plata que surquen los valles de su rostro, ni el negro espectro de la tristeza desbocada cubre su semblante….Hay gris y pulido acero, brillante, tras esos ojos, que en vez de enfocar al suelo, me devuelven la mirada con muda determinación.

Sonríe, su mirada riela como plateada luz de luna sobre un mar nocturno, desafiando y suplicando a un tiempo. Sus ojos de duro metal me hablan de hielo y sombras, de hogueras brillantes enterradas bajo la nieve tiempo ha, con ardientes rescoldos bajo la superficie. Pero no hay miedo en esa mirada, no, ni tristeza, solo cansancio. Habla, y su voz tiene un timbre radiante y fuerte, como la sinfonía de una espada que añora su olvidada vaina. Al sonido de su voz, el negro y duro hierro de mis venas vibra en sintonía con su canción de acero, y la calidez me inunda.

La invito a seguirme. Le aúllo apasionadas canciones de la helada estepa y el eterno mar, de cumbres nevadas y verdes valles, de esperanza y valor. Se levanta de su amargo trono, y me sigue al bosque. Hace mucho que devoré al conejo blanco que en mi habitaba…pero Alícia, cuyo nombre se infiltra en mi mente en ese instante, me acompaña hacia el páramo. Se suceden las canciones, se hacen pactos, le regalo mis recuerdos y a cambio recibo retazos de su historia, las horas pasan, y el tic-tac asesino calla, amedrentado. Por fín su oscuro velo cae bajo el peso de su sonrisa de luna, y, en un momento eterno, en una serena instantánea del infinito, ríe alborozada. Río a mi vez, satisfecho.

Durante el viaje, Alícia me pide que le enseñe mi reino. Mis bosques nevados, mis valles verdes, y, ¿por qué no?, también mis gélidos desiertos. Alícia no tiene miedo, y quiere verlo todo. Poco a poco, se lo voy mostrando, tremendamente halagado por su interés. Mientras ella vaga por mi estepa nevada, yo subo por las verdes colinas que ahora, con el velo de la noche caído y roto, amanecen ante mí. Brinco y salto juguetón, retozando entre las rosas de su alma. Alícia se fascina con el ulular nocturno del búho y el aullido del viento gris en mi noche. Baila llena de dicha, y sus pasos hollan delicados patrones de esperanza y luz sobre el paramo, hasta que se convierten en letras, las letras en palabras, las palabras en frases, y finalmente, se escribe en fulgurantes letras el libro de su vida. Deslumbrado, solo puedo leer una parte, pero me gusta lo que leo. Ella me pide que no pare de cantar, me dice que con mis canciones el gris acero se troca en brillante plata. Y yo me pregunto….¿Cómo podría dejar de hacerlo?, ¿cómo podría dejar en el silencio a mi Alícia de los lobos?.

Sonríe de nuevo para mí, Alícia, déjate bañar por ese rayo de sol. Hoy el viento trajo las musas a mi puerta….y esta canción…es para ti. Bienvenida seas a mi país de las maravillas.

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