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4 min
Capitulo 2. Adjetivando una vida aburrida (aún más)
Reales |
10.02.19
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Sinopsis

La vida ordinaria está llena de pequeñas sorpresitas y diablitos.

 

 

   El celular paró de sonar con su música de despertador.

Deslizo el dedo y el se calla. Le meto la contraseña y activo el Wi Fi.

   En Whatsapp me trae un montón de información al pedo. Cadenas llenas de flores, imágenes surcadas de estrellas y cascadas que resplandecen y oraciones en cadena que no puedo romper.

Miró Facebook y todas las personas están felices. Ponen fotos en la playa, de su comida y de su piscina inflable. Yo envidio y pienso en tomar otro café. Las ganas de ir al baño no se hacen esperar. Y allí voy, pero mejor no describir gráficamente lo que pasa cuando tomo ese brebaje concentrado y al rato debo vérmelas con el retrete.

   Veo los juguetes de mi hijo tirados por el suelo. Piso un Lego. Justo su lado filoso estaba hacia arriba y me lo clavo en la planta del pié. Grito con furia, pero no me llega a salir sangre.

   Se me pasa la calentura y agarro una banana con el afán de cortarla, ponerla en un bol y agregarle granola, yogur y miel. Obviamente que por el calor, la banana es un puré. El cuchillo se me resbala de la mano y va a parar debajo de la cristalera de la abuela. Pero no, no en un “abajo” sencillo. Va a parar “allá” abajo, cosa que tenga que agacharme, sondar con la mano medio metro cuadrado de piso caliente, para luego romperme las guampas contra el borde del cristalero de mierda.

   Ya la rabia se me sube como una tarántula por entre el clavicordio de mis costillas.

Respiro, cuento, mentalizo.

   La casa está vacía y solo siento el calor en mi piel. El sempiterno calor que me quema la entrepierna y me hace sudar la espalda.

   Recuerdo una o dos noches atrás. Laura y yo en la cama. Ella con su cara iluminada en la oscuridad, sosteniendo el celular cerca de sus ojos.

   La habitación con aire acondicionado era perfecta y su piel estaba fresca.

Deslicé mi mano derecha entre sus piernas y la sentí renegar. No paré. Le fui besando el cuello, mordiendo despacito su piel hasta lamerle el lóbulo con una lengua áspera y húmeda. Yo ya estaba salivando.

   La di vuelta despacio, mientras la luz del celular se apagaba. Ahora no eran gruñidos y si jadeos. Las puntas de mis dedos estaban húmedas y al destrancar los enlaces de las ropas ajadas usadas como piyamas, nos unimos en un sexo furtivo que fue moviéndose de a poco, para culminar, media hora después en espasmos blancos que retorcían los cuerpos con leves choques de electricidad.

   Los dos, embadurnados, permanecimos quietos, rozándonos apenas, sintiendo como la piel burbujeaba por las olas de frío arrojadas por el aire acondicionado.

   Que desgracia. Tenemos que dormir por que mañana hay cosas para hacer.

“Cosas para hacer”, significa levantarse de nuevo, doblar el borde del libro para agarrarlo alguna otra noche, quemarse a la luz del sol, cargar algo pesado, tener sueñera, aguantar a los planchas levantando la rueda de su moto, trabajar con el sudor prendido a tu cuerpo, sonreír por obligación, aguantar imbéciles y deglutir café negro sin azúcar para arrancarme la telaraña de la noche de la punta de mis ojos.

   Pero bueno…es la vida. A comer la banana con cereales que se me hace tarde para la vida. Siempre tenemos algún lugar para ir y mandados que hacer, ¿no?

   Abro la puerta de casa y…la misma imagen de siempre. Los vecinos que al parecer llevan su vida en la vereda. Siempre mateando y siempre con sus sillas plegables. Lo único que los espanta, es la nube de mosquitos de las seis de la tarde.

   Mueven sus culos para entrar y seguir sentados mirando una novela de la Globo.

Veo el almacén que hace horas ya abrió y pienso en las rapaduras de maní, pero la almacenera me dijo que no las están trayendo por que con el calor duran poco. Arden, se descomponen y suenan a rancio en la boca.

   Arranco la moto, bajo la visera del casco. Tendría que haberme tomado otro café.

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Me gusta la literatura, soy fanático de los libros y me gusta cocinar. En realidad me gano la vida como cocinero y me gusta leer. Soy licenciado en letras y me gusta Borges entre otros. Me gusta escribir y ser una persona que lee la vanguardia. Me gusta la literatura Uruguaya y la del Brasil.

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