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29 min
Capítulo 24: El tercero en caer
Ciencia Ficción |
12.11.17
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Sinopsis

Continuación de esta bizarra historia

Caía el atardecer sobre Washington, la temperatura era más fría de lo usual para la época. Carla se encontraba sentada en el despacho Oval con una taza de café cerca de ella mientras revisaba los informes que le había hecho llegar el equipo de inteligencia americano.

El primero era sobre la situación de Corea del Norte, habían identificado a James en el palacio de sol, pero su red de espías no podía decirle más. El ingreso estaba completamente restringido salvo para familiares y personal extremadamente cercano a Kang Yong-rim, trabajadores de limpieza y responsables del abastecimiento de alimentos al lugar, todos ciudadanos nacidos en ese país y que nunca habían salido al exterior. Pero incluso ellos no podían interactuar directamente con los visitantes americanos. Lo único que podían deducir es que no había planes de una actividad militar inmediata dado el poco flujo de personal del ejército popular de corea en el edificio. Tenía intervenidos los teléfonos y la red de datos, pero no conseguían nada de información de lo que realmente se estaba planificando dentro, era como sin James y el supremo líder solo estuvieran pasando el rato jugando cartas y viendo películas.

El segundo era sobre la situación en medio oriente, un movimiento terrorista estaba ganando cada vez más terrenos expandiéndose desde Irak, tomando los países de Kuwait y Siria, y parte de Irán y Arabia Saudita, pero como era de esperarse ni se habían acercado a Israel. Según los detalles de los reportes el principal motivo por el que los ejércitos de los países fronterizos no pudieron detener el avance terrorista eran “inesperadas y repentinas tormentas de arena”, si bien para la mayoría de su equipo esto parecía demasiado irreal para tomarse en serio, Carla sabía perfectamente lo que estaba pasando y lo peor de todo es que se sentía casi desplazada por el avance tan veloz que estaba teniendo esta fuerza en esa parte del globo.

Los demás reportes eran sobre la situación de otros países en el mundo y su postura antes los hechos recientes, no los revisó muy al detalle pues sabía que los dos primeros eran los que debían de atender con prioridad. El primero era lo referente a los movimientos de quizás su principal enemigo, mientras que el segundo era acerca de un  posible aliado que estaba trabajando por su lado de una forma tan eficiente que sabía que debía intervenir o sería degradada a un segundo plano, idea que le causaba repugnancia.

Sabía que debía tomar una decisión en función de estos dos problemas, no podía atacar ambos al mismo tiempo, ya que el ser impulsiva aumentaba su probabilidad de error. Si elegía al primero se arriesgaba a que el segundo se fortalezca aún más y pase a un nivel fuera de su control. Mientras que si elegía el segundo problema, quizás no tendría mucho de qué preocuparse por el otro ya que la evidencia decía que no había mayor movimiento en el palacio del Sol de Kumsusan.

Tomo un poco de café y luego de ello presionó un botón de un comunicador y dijo:

- Leon, por favor ven al despacho Oval de inmediato.

Había tomado su decisión y trazado un plan de acción, como siempre pensó que este era impecable sin lugar a errores, lo compartirá en la medida adecuada con el secretario de Defensa de modo que este haga exactamente lo que ella requería sin causarle mayores inconvenientes.

Pasaron cerca de siete minutos y Leon Carter, entró al despacho. Vestía un elegante traje gris y una corbata roja, su expresión era muy sería, estaba muy incómodo de recibir órdenes de esa chica pero sabía que un error podría no solo costarle su vida sino la de toda su familia, de la forma más solemne comenzó a caminar hacía Carla diciendo.

-¿Si, Carla? ¿Tienes alguna duda sobre los informes que te hemos hecho llegar?

La chica no levantó la vista de la información referente al avance del grupo terrorista, pasaba las hojas memorizando todo lo que podía y a la vez contestaba la pregunta que se le hizo.

-No Leon, el alto nivel de detalle me deja todo claro sobre lo que debemos hacer, ¿Creo que supones cual será nuestro siguiente movimiento verdad?

La joven cerró el folio y levantó la mirada esperando la respuesta del militar, este al reconocer las hojas que estaba observando sabía que era lo referente a la situación en medio oriente, algo que lo decepcionó pues él tenía la esperanza, de que se dé prioridad a la situación de James, pero luego de razonar por unos segundos tuvo la sospecha de que quizás no era “prudente” para Carla que el presidente pueda decir su versión de lo que pasó el último día que estuvo en la casa blanca, al menos no por el momento, por lo que es lógico que los esfuerzos se concentren en otro tema menos relacionado con el, así que resignado respondió:

-Vamos a centrarnos en la crisis terrorista de medio oriente.

-Así es… -comenzó a decir la joven – Pero creo que has omitido cierta información en estos reportes.

-¿A qué te refieres? –preguntó extrañado el americano.

-Veras Leon… -Respondió Carla con un tono soberbio – Como sabes, puedo acceder a información privilegiada por medios poco comunes para ustedes y creo que hay ciertos puntos que no has tomado en cuenta en estos papeles que me has hecho llegar… ¿Qué hay de los rumores de un antiguo terrorista muerto que ha vuelto a ser visto entre las líneas enemigas?

La pregunta lo tomó por sorpresa al militar, no sólo no espera que ella supiera de los rumores que dicen que un antiguo enemigo de estados unidos había regresado a la vida, sino el hecho que ella los tomara en serio, pero era consciente que no era el primer rumor descabellado que había oído en los últimos días.

-Pues… -respondió con visible inseguridad – Eso como sabrás no es posible… Nadie que haya muerto regresa a la vida, nosotros mismos lo eliminamos hace años y su cadáver…

-Que aburrido – Interrumpió Carla, y con un tono burlón comenzó a explicar – Se lo que hicieron con su cadáver, pero parece que la historia de Lázaro para ustedes es un cuento de Hadas… Junto con las noticias de un militar alemán y un antiguo emperador Francés que volvieron a la vida hace poco.

El secretario de Defensa no creía nada que no haya comprobado con sus propios ojos, para él los libros sagrados como la biblia eran poco menos que manuales de buena conducta que utilizaban metáforas para explicarse mejor. Lastimosamente ahora estaba ante un ser cuya sola naturaleza le era casi imposible explicar, así que optó por el silencio.

- Bueno, Leon… En vista que te parece difícil comprender algunas cosas será mejor que lo veas tú mismo. –La chica se puso de pie – Prepara todo, mañana partiremos hacia Arabia Saudita.

La idea hizo que el miedo se apoderará de Leon, él no era un soldado que tomaría un fusil y correría por el desierto en busca de disparar a un terrorista, no tenía la energía, ni la juventud ni la preparación para hacerlo, su lugar era en la parte de planificación, el decidir cuantos hombres enviar, por donde hacerlos llegar, definir los recursos a utilizar y condecorar a los soldados que se muestren más valiosos para su ejército, el estar en primera fila no solo era un desperdicio de su talento sino un completo suicidio, por lo que trató de protestar.

-Carla… No puedes estar hablando en serio, nosotros no debemos de acercarnos tanto a la zona de conflicto ni siquiera es nuestro país, el que está siendo atacado.

-Pero lo será en el corto plazo –Dijo la chica mientras ordenaba los papeles sobre su escritorio, dando la impresión que lo arreglaba todo para retirarse – Además te olvidas de con quien estas, no he venido a este mundo para que me mate una bala de un terrorista cualquiera.

La chica comenzó a retirarse del despacho Oval, caminando lentamente. Cuando cruzó al costado de Leon, finalizó la conversación diciendo.

- Solo cien hombres serán suficientes, no necesitaremos de más… Lo que si encárgate de traer personal con cámaras de video y medios de grabación, es necesario que el mundo vea lo que va a pasar allí.

El experimentado militar estadounidense no sabía que responder, temía que el ponerse en su contra sería peligroso tanto para el como para su familia, su instinto y experiencia le decían que iban a una batalla que no iban a poder ganar de ninguna forma, pero por otro lado presentía que si fallaban y Carla moría junto con ellos el mundo volvería, de alguna forma a ser un lugar seguro, su esposa e hijas lo llorarían pero tendrían un futuro al cual aspirar, esa irracional esperanza lo animó a responder.

-De acuerdo Carla, me encargaré de los preparativos.

Al día siguiente partieron en un viaje que duró quince horas, en las cuales Carla no habló casi nada, una estrategia prudente pues sabía que entre más conocieran sus planes no harían más que poner objeciones. Leon llevaba la parte más difícil pues debía de tratar de calmar a los soldados. Ellos estaban al tanto de los rumores que él conocía, pero parecía que incluso se habían generado más ideas descabelladas, como que un ejército de esqueletos de arena caminaba por el desierto o hasta que por la noche se veía vampiros sobrevolar el cielo. El militar se había asegurado de llevar al personal menos supersticioso y racional, pero dado los acontecimientos que habían pasado en el mundo era difícil ya encontrar a alguien tan racional como él pensó.

 Fueron dos los aviones americanos los que aterrizaron en el aeropuerto Internacional Rey Khalid en la provincia de Riad luego del medio día. La temperatura estaba por encima de los 36 grados Celsius, Carla bajó primero seguida por Leon y escoltados por una veintena de soldados americanos fuertemente armados. En la pista de aterrizaje los esperaba el rey de arabia Saudita Nasser Al-Hayyan, un hombre de bigote de casi sesenta años y con un poco de sobrepeso, pero que mantenía una buena salud gracias a los cuidados de su médico, vestía un bisht marrón con una cinta dorada, en la cabeza una Kufiyya de color blanco con un agal negro. Normalmente era una persona alegre y que siempre sonreía a los visitantes, pero esta vez era una excepción. No tenía muchas razones para estar alegre pues había una seria amenaza terrorista sobre su país y además tenía la visita de una persona que no le inspiraba mucha confianza. Había sido visitado por James Burt en una oportunidad, la visita fue breve y se centró en generar acuerdos de beneficio mutuo entre ambas naciones, el americano no terminó de simpatizarle pero pudo sentir honestidad de su lado. Había oído las noticias acerca de la joven que caminaba hacía el, y le parecía algo tan fuera de la realidad que pensaba que era una estúpida broma de ese país que creaba fantasías para deleitarse en las salas de cine.

-Guardián de los Santos Lugares, muy buenas tardes. – Dijo gentilmente Carla.

-Buenas tardes – respondió de forma seria el monarca árabe, aunque le sorprendió que conociera el título con el que se le conoce a su persona.

La joven notó la desconfianza que el rey tenía, pero era algo que esperaba. Afortunadamente ya tenía preparada una estrategia para reducir tensiones en el menor tiempo posible. Vio que detrás de su anfitrión había una lujosa limusina larga de color blanco rodeada por una docena de miembros de la guardia Nacional de Arabia Saudí, y en el fondo de la pista de aterrizaje estaban agrupados unos doscientos hombres más, todos vestidos de los característicos uniformes color azul y Kufiyya rojo con blanco.

-Debo reconocer que estoy alagada que sea usted en persona quien me haya recibido- comenzó a hablar Carla con un tono cordial.

-Bueno, según me informaron venían a ayudarnos con nuestro problema de avance terrorista, es natural que ante una oferta como esa respondiera con la cortesía del caso y viniera en persona a verlos- Respondió el monarca mientras que veía con decepción como terminaban de bajar los soldados americanos, vehículos militares de transporte y un equipo de personas que parecían periodistas.

Nasser Al-Hayyan hizo una rápida cuenta y pensó que no podía haber más de cien soldados, no conseguía intuir como esta chica que salió de la nada podría detener un califato terrorista que había sometido a tres países y amenazaba con invadir al suyo.

-¿Tiene alguna duda? Lo veo ligeramente desconcertado – Pregunto Carla mirando fijamente la expresión del rey así como todo su lenguaje corporal.

-¿Este es el primer grupo de soldados?... Pues veras… No creo que sea suficiente de ser los únicos o quizás no te llegaron a informar con el detalle adecuado la situación actual.- Respondió el árabe, tratando de ocultar ligeramente su desconfianza pero era difícil dada la situación y la poca experiencia que la joven frente a él parecía tener.

Al escucharlo Carla le mostró una sonrisa tranquilizadora y le dijo:

-Comprendo su desconfianza, es lo esperado dada la situación. Pero si podemos conversar en un lugar más privado quizás pueda entender mejor mi plan.

-De acuerdo –Manifestó el rey con un suspiro – Síganme iremos en mi limusina particular.

Al oír esto Carla aceptó de buena gana, tenía la sospecha de que ese auto tuviera incluido algún dispositivo explosivo, ya que últimamente este tipo de métodos se habían vuelto usuales para ella, pero sabía que Nasser Al-Hayyan no se arriesgaría a hacer explotar algo capaz de matarla tan cerca de él, no era un mártir que se sacrificaría por el resto del mundo ni un viejo a punto de morir.

Carla, Leon y el rey subieron a la limusina, y detrás de ellos seis soldados árabes que se acomodaron en el asiento del chofer y los demás lugares para pasajeros libres, el americano se puso muy incómodo pero la joven le hizo un gesto para que trate de calmarse, no quería perder el tiempo con disculpas por comportamiento ofensivo.

Los asientos eran negros, muy cómodos, las ventanas totalmente polarizadas de vidrio blindado, era lo suficiente espaciosa para tener una pequeña reunión. Por lo que Carla comenzó la conversación.

- Creo que este ambiente es el adecuado, ya que seré breve Nasser… ¿Cómo está la situación?

Al oírla, el rey árabe se comenzó a sentir incómodo, para él su limusina no era el lugar adecuado para realizar esta coordinación, pero tenía que admitir que deseaba salir de esta situación los más pronto posible.

- De acuerdo… El enemigo ha cruzado la provincia de la frontera del norte y ha llegado hasta Haíl, pensábamos que se había detenido allí pero, poco antes que ustedes llegaran nos informaron que se ha perdido la comunicación con esa zona y se ha comenzado a ver avance en Casim.

El secretario de defensa americano tenía el mapa de Arabia Saudita completamente memorizado por lo que rápidamente razonó luego de oír esos nombres.

-Eso está cerca de aquí, la siguiente provincia en ser invadida sería esta donde estamos, Riad.

-Creemos que los terroristas, invadirán antes las provincias que nos rodean y atacaran desde todos los flancos de forma simultánea, la elite de nuestras fuerzas armadas se encuentra aquí por lo que la única forma de derrotarnos sería dividirnos en grupos en las líneas fronterizas.

-Suena lógico, una buena estrategia basada en el principio de divide y vencerás –Razonó Leon, a la vez que trataba de controlar cualquier indicio de preocupación que pudiera mostrar ante un avance tan rápido.

Al oírlo Carla tuvo que aguantar las ganas de reírse de sus pensamientos y lógica terrenales, ella sabía que la persona que estaba dirigiendo el ataque seguiría en línea recta sin tanto análisis hasta llegar a los puertos de Adén en Yemen, sólo para luego regresar por donde vino, para terminar invadir Irán. Así que intervino de la forma más prudente:

-Suena como algo que haría un militar experimentado, pero no se preocupen vamos a detener su avance.

Al escucharla el rey estaba desconcertado, por lo que tuvo que preguntar:

-Bueno… ¿Cuál es tu plan?

La joven esperaba esta pregunta y estaba lista para afrontarla así que respondió con mucha seguridad:

-Yo sé, cual es la naturaleza de nuestro enemigo, tengo información suficiente para derrotarlo, terminar este conflicto y salvar millones de vidas en muy poco tiempo… solo necesito estar frente a él y el problema se habrá acabado no necesitaremos de más personas de las que he traído, por lo que no arriesgaremos a nadie local.

Luego de oír estas palabras Nasser Al-Hayyan seguía igual de desconcertado pero el saber que Carla no tenía pensado en utilizar a nadie de su gente sintió cierto alivio. Podría utilizar el puñado de soldados americanos armados con medios de comunicación para obtener información del grupo terrorista, la vida de estas personas le parecía un precio muy bajo para pagar por conocer más de su enemigo.

-Me impresiona mucho jovencita esa tenacidad, seguridad y confianza en sí misma es difícil de ver en una persona y menos aún en una mujer.

-Es de esperar por su cultura, que tenga una idea de inferioridad de nosotras, pero no lo culpo es un pensamiento que han llevado consigo por más de mil años.

Bajo otras circunstancias el rey árabe hubiera discutido un poco más su posición pero prefería no invertir más su tiempo en alguien que para el sería un cadáver en unas pocas horas.

Por su lado Leon guardaba silencio, el plan le parecía una locura, jamás ganarían, no había estrategia posible que hiciera que 100 soldados vencieran a un califato terrorista que ha conquistado tres países. Pero la desesperada e irracional idea que este país se convierta en la tumba de Carla lo impulsaba, fantaseaba que si ella caía, James regresaría, tomaría el control de la situación en Estados unidos y con una fuerza militar adecuada podría detener a esta amenaza en Asia Occidental. Pensó que quizás así se sintieron los mártires de la historia que dieron sus vidas por alcanzar un bien común.

-Entonces entiendo que no requieres mayor soporte por mi lado. –Dijo el árabe de forma despreocupada.

-No será necesario, pero será un placer probar sus platos típicos a mi regreso, me han hablado muy bien del falafél.

-Les tendré preparadas las mejores para cuando nos volvamos a ver. –Respondió el monarca, mientras pensaba en solicitar le preparen algunos para ver como este grupo de americanos ilusos caían ante los terroristas que planean detener.

Unas horas después, la limusina se detuvo en una zona árida al norte de Riad y descendieron Leon y Carla, detrás de ellos estaban los vehículos militares americanos de traslado de soldados en su mayoría era del tipo Piranha y los demás Pandur, cada uno traslada entre 10 a 13 pasajeros considerando militares y camarógrafos, pero a su vez estos estaban rodeados por casi 50 vehículos militares árabes de modelos desconocidos pero armados con más elementos de ataque que los americanos y posiblemente remplazaban su capacidad de carga con armamento interno.

Luego que el vehículo civil árabe diera un giro hacia la derecha los demás vehículos militares se apresuraron en rodearlo y comenzaron a alejarse de los americanos. A los pocos minutos uno de los blindados americanos se acercó y recogió a Leon y Carla.

Subieron a la parte delantera en su interior los soldados se encontraban apretados y las comodidades eran muy inferiores a los de la limusina, Leon dio la orden al chofer en seguir hacia el norte.

La pequeña flota militar avanzó por ciudades desoladas pero sin mayores daños lo que hacía pensar que la gente había evacuado antes que el grupo terrorista llegue a sus casas. El clima dentro del vehículo era silencioso, nadie hablaba, eso era bueno pensó Leon ya que no quería tener que dar mayores explicaciones de su estrategia, tuvo la disparatada idea de que quizás los soldados pensaban como el que lo mejor era que la vida de Carla terminé ahí, pero abandonó ese pensamiento nadie allí sabía lo que él conocía acerca de esa aterradora mujer y como ha manipulado al gabinete presidencial.

Luego de cinco horas de viaje, llegando a una zona desértica en la gobernación de Uyun AlJiwa, el chofer de su vehículo gritó:

-¡Señor! ¡Señorita! ¡Adelante!

Todos se agruparon para ver lo que había visto el soldado y el miedo comenzó a surgir, miles de terroristas fuertemente armados se veían a unos pocos kilómetros, formados en dos grandes grupos, al verlos Leon exclamó.

-¡Carla! Debemos de retroceder, con el armamento que tenemos podemos esperar a que avancen y atacar desde una buena distancia.

-No será necesario. – Dijo la joven - ¿No ves que están esperándonos? Solo guía a las tropas entre los dos grupos de soldados y que ninguno abra fuego.

El momento había llegado, pensó el secretario de defensa, la locura de esta mujer finalmente los había llevado a su última morada, suya y de los valientes hombres que tuvieron la mala suerte de venir con él, en su interior pensó en una disculpa para sus familias y tomó el comunicador que le permitía hablar con toda la flota.

-Atención a todos, este es Leon Carter… Transitaremos por el medio de las líneas enemigas sin hacer un disparo… Sólo sigan mi unidad.

Luego de eso cerró la comunicación, al oírlo los soldados dentro lo miraron perplejo, cuando un par se disponían a hablar, el inmediatamente dijo:

-¡Es una orden soldado!

Los soldados no sabían que estaba pasando, pero estaban entrenados para acatar órdenes sin cuestionar, por lo que hicieron lo que había practicado por años: obedecer a sus superiores.

Para asombro de todos, el grupo de vehículos pasó entre la enorme multitud de terroristas, ante lo cual Leon impactado preguntó:

-¿Carla sabias que pasaría esto?

- Lo suponía –contesto con un tono de aburrimiento – Te dije que conocía información que ustedes no, de hecho no era necesario que vengan los soldados. Pero si no lo hacían y yo arreglaba este problema completamente sola, ¿no podrían pensar que estoy aliada con estos sujetos?

Eso era exactamente lo que el americano había comenzado a razonar desde que comenzaron a cruzar las líneas enemigas, pero temía decirlo en voz alta, sus esperanzas de verla morir en ese lugar a Carla cambiaron por la visión de él y sus hombres muertos mientras la chica caminaba juntos a los terroristas sobre sus cadáveres.

-Pero no es así – Continuó la joven – He venido a detenerlos y eso es lo que haremos y regresaremos a estados unidos como héroes.

La chica sabía que la persona que dirigía a esta multitud la esperaba, y que no podría hacerle daño. Y aun si lo intentaba él no podía ser mejor que ella, sólo era otro prototipo que falló en su misión cuando tuvo su oportunidad.

Luego de unos minutos divisaron una gran tarima de madera sobre la que había unas veinte personas, todos los vehículos se detuvieron frente a ella y los soldados americanos comenzaron a descender junto con los equipos de camarógrafos.

-Asegúrate que nadie abra fuego y que las cámaras se posicionen dónde puedan cubrir todos los ángulos para grabar lo que va a suceder.

La orden de la joven pasó desapercibida, Leon ya no le hacía caso, toda su atención estaba hacia la persona que estaba en el centro de la tarima. Era un rostro conocido para él, esa barba, turbante y facciones. Era el vivo retrato de un terrorista abatido años atrás por el gobierno americano. Era imposible que estuviera ahí, su cerebro solo procesaba que era un imitador, no había otra respuesta aceptable para él.  

-¡Hey! – Dijo Carla mientras tronaba los dedos frente al Leon – ¡Despierta! Tenemos trabajo que hacer, si… él es quien estás pensando.

-Pero…. – Comenzó a balbucear el militar- Eso es imposible… Nosotros lo eliminamos cuando…

-Leon –interrumpió la joven – Creo que es mejor que comiences a creer que algunas cosas que tu calificabas de “imposible” realmente nunca lo fueron, solo te dijeron que lo eran y lo aceptaste como verdad absoluta.

El hombre no sabía que responder, pero antes que se decidiera la chica dio una orden final y comenzó avanzar hacia la tarima.

-Ordena que pongan las cámaras en posición.

Con un gesto con la mano el militar americano indicó al equipo de grabación que se posicione, lo cual hicieron en sólo cuestión de minutos.

Carla que se encontraba ya en el centro del escenario, esperó a que todas las cámaras estén dirigidas a ella para comenzar a hablar en un perfecto árabe:

-Amigos míos- Inició con mucha seguridad – Durante años ustedes han sido fieles a las palabras de nuestro amado profeta Mohamed,  se han privado de muchos momentos de alegría por seguir sus enseñanzas, esto es lo más admirable que un buen musulmán podría haber hecho por lo que su recompensa será grande.

Al oír esto todo el público comenzó a gritar de alegría, levantando las manos que en algunos casos cargaban un arma. La joven, los dejó celebrar para poder proseguir:

-El día de hoy su lucha ha llegado a su fin, el enemigo al que tanto han odiado finalmente se ha rendido ante su superioridad no de armamento ¡sino de convicción!

Una vez más, pero con más fuerza que la anterior el público estalló en gritos de alegría. Leon estaba desesperado, por primera vez en su vida no sabía que hacer, prácticamente la joven parecía estar a punto de declarar la rendición de los estados unidos sobre un grupo terrorista, si trataba de impedirlo de seguro moriría antes de siquiera poder articular dos palabras, si se quedaba sin hacer nada se le vería como un cómplice de esta locura, no encontraba una línea de acción aceptable para ese momento, por lo que se dijo así mismo “Si realmente existe un Dios, nunca he necesitado un milagro tanto como ahora”

De pronto, una gran luz cegadora surgió de la nada, atrás de Carla obligando a todos los presentes a cubrirse los ojos, una vez que esta bajó su intensidad se pudo divisar que en ella había surgido un hombre en traje negro, alto y rubio que cargaba consigo un objeto largo envuelto en un manto antiguo.

-¡TU! – Gritó  Carla al ver a Salvador aparecer repentinamente. – Veo que me has facilitado el trabajo de irte a buscar.

Olvidando todo lo demás la joven se lanzó sobre el enviado tratando de golpearlo en la cara, pero este saltó hacia atrás esquivándola con relativa facilidad, una vez que había logrado mantener una distancia adecuada respondió.

-Carla... esto se acabó, ya has llegado demasiado lejos.

Salvador sacó de entre la tela la espada de Dios y la empuñó con firmeza para atacarla, Carla al ver este objeto se quedó petrificada, conocía muy bien lo que era y las consecuencias que tendría sobre ella si sólo la tocara, por lo que esta vez fue la chica la que dio un salto hacia atrás para mantener una distancia segura.

El enviado comenzó a caminar tranquilamente hacia la chica cuando de la nada un horrible sonido similar al grito de sufrimiento de cientos de personas se escuchó retumbar en todo el lugar, el ruido era tan ensordecedor que obligó a todos los presentes a cubrirse los oídos e incluso daño las cámaras de video, Salvador, que también se vio obligado a cubrirse los oídos, pudo ver que este sonido demencial salía de la boca del terrorista resucitado que había estado dirigiendo a los demás en los últimos días.

De pronto cuatro soldados que parecían no verse afectados por el ruido demencial rodearon al enviado, estos tenían los rostros y cabeza completamente cubiertos. Al verlos Salvador hizo un esfuerzo por abrirse paso dándole una patada en el estómago al más cercano ya que no podía usar las manos, pero sintió que su pie se hundía sobre el cuerpo del ser que atacaba como si no tuviera huesos, aunque consiguió hacerlo a un lado permitiéndole escapar.

Segundos después otros cinco soldados vestidos de forma similar aparecieron por detrás para rodearlo nuevamente, esta vez Salvador le lanzó una patada en la cabeza a uno de ellos haciendo caer el turbante, dejando ver que en su interior solo había viento flotando.

“Soldados de aire… Esos explica porque no están afectos por el sonido”-Pensó el enviado.

En un descuido dos de los soldados iniciales lograron tomar los brazos de Salvador, mientras que otros tres lo sostuvieron de piernas y tronco.

El sonido se detuvo, el terrorista cerró la boca y comenzó a caminar hacia el verdadero enviado, al pasar por el costado de Carla le dedicó una mirada triunfal y jactanciosa, la chica no le prestó mayor importancia ya que su atención estaba completamente dirigida a la espada de Dios, pero asumía que su aliado también contaba con la misma información.

La expresión maligna y de victoria en el rostro del terrorista se iba incrementando a medida que se acercaba a Salvador el cual estaba sujetado por cinco soldados de viento, pero con una expresión tranquila a pesar de desventajosa situación, manteniendo fuertemente aun empuñada la espada de Dios en su mano derecha.

Cuando solo faltaban tres pasos más para llegar el enviado de Dios hace un esfuerzo y libera su brazo derecho lanzando con fuerza su arma hacia su enemigo, el cual a pesar de haber sido tomado por sorpresa logra esquivar el lanzamiento, siendo solo ligeramente rozado en antebrazo. Al ver el pequeño daño sobre su cuerpo el terrorista muestra una sonrisa burlona la cual cambia por perplejidad al ver que la expresión de Salvador es la de una persona que acaba de conseguir la Victoria.

-Todo se terminó para ti, regresa a donde perteneces. –Le ordenó el enviado.

Súbitamente y ante el horror de todos los presentes, el líder de los soldados incorpóreos comienza a desintegrarse y convertirse en polvo a partir de la herida causada y en sólo unos segundos lo único que queda de él es la ropa que traía puesta, como si también hubieran sido parte de su cuerpo los seres que tenían atrapado a Salvador pierden solides y se vuelven a convertir en viento dejando en el piso sus uniformes vacíos.

Aprovechando esta oportunidad el enviado corre velozmente a recuperar su arma, al verlo Carla inmediatamente con un chasquido de sus dedos genera lenguas de fuego del infierno hacía el pero estas desaparecen a los pocos centímetros de objetivo pues este se cubre con la espada de Dios.

-Por lo que veo tus trucos ya no te serán útiles – Razonó Salvador mientras caminaba tranquilamente hacia Carla.

La chica pensaba a toda velocidad como debía de enfrentar esta pelea, si se acercaba corría riesgo de que la toque con la espada, su fuego desaparecía al estar cerca de él, posiblemente la transmutación siga una suerte similar, por lo que solo le quedaba recurrir a una táctica nueva.

-Se te ve nerviosa, creo que ya sabes que regresaras donde tu amo a ser castigada por tu derrota.

-Eso no pasará… recuerda que la naturaleza está hecha de… cuatro elementos.

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