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5 min
Capítulo 3: En busca de Bob y Gertie en el vecindario y escape a través del tobogán gigante transparente de color morado
Fantasía |
08.01.21
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Sinopsis

Parte de la mini-historia "Bob y Gertie atraviesan el pórtico del mundo imaginario y Albert y yo nos embarcamos en una aventura hacia el mundo real por capturarlos de nuevo".

Ya afuera, nos aseguramos de repasar que no hubiéramos dejado rastros que nos inculparan allá atrás. 

 

-Tu hermano está en la cama, y por la contusión tenemos suficiente tiempo. Si tu mamá o alguno de tus hermanos lo ve, pensará que está dormido.- le dije a Albert mientras estábamos alerta a las afueras de la puerta de su casa. -

 

-Y si despierta tal vez lo recuerde, pero nadie le creerá y dirán que fue un sueño.- Pero, ¿y los rastros en el jardín?- me respondió después de una breve pausa. . 

 

-Nadie los verá. Además, debemos apresurarnos. Esos rastros desaparecen rápidamente. Sigamoslos, antes de que ideen otra forma de escapar.-

 

Mientras emprendíamos nuestra labor de búsqueda, seguía temiendo porque Bob y Gertie desaparecieran de nuestra vista, y peor aún, que alguien más por allí los viera. Por fortuna, las calles estaban más desoladas que de costumbre, de modo que no tuvimos que enfrentar miradas sospechosas de los vecinos  o chismosas entrevistas por parte los transeúntes. 

Lo que más llamaba la atención era nuestro seguimiento de las pisadas gelatinosas de Gertie a través de las banqueta y la calle, que eran más visibles que las de Bob; y el hecho de que un niño de la edad de Albert llevara bajo su brazo tan estrámbotico instrumento de color verde,junto a mí. Sin embargo, fácilmente podíamos inventar que estábamos buscando a alguna mascota perdida. 

Cuando llegamos a la tienda de la esquina, el señor en el mostrador nos miró de reojo desde su posición, de manera un tanto turbia, de modo que decidió salir a ver. Por fortuna, fue en este punto que vimos que las huellas mucilagnosas cruzaban ahora la calle hacia el otro lado. Albert y yo salimos de allí, antes de que el sujeto pudiera interceptarnos.

 

-¿Por qué estás tan preocupado?- me cuestionó Albert.

 

-Es solo que no quiero que nadie descubra todo esto. Debemos cuidarnos de las personas en la calle. Nadie debe saberlo, ni tu mamá, ni tus hermanos, ni siquiera los desconocidos. Ellos no entenderían el mundo irreal. Lo destrozarían y reaccionarían violentamente como lo hacen ante todo aquello que no pueden comprender.   

 

Lamentablemente, mientras seguíamos las pisadas, que ahora se estaban desvaneciendo lentamente, una anciana se cruzó con nosotros. En cuanto se detuvo, nos miró algo molesta y no hizo nada más que decir:

-¿Qué están haciendo, ustedes niños?- dijo en cierto tono despectivo. 

 

Después de un silencio considerable, Albert contestó:

 

-Buscamos a dos amigos imaginarios que escaparon del portal debajo de mi mesa. Estos son sus rastros- dijo luego señalando al concreto.  

 

Mirándonos una vez más recelosamente, y advirtiendo el aspecto tan estrafalario que se mostraba ante sus ojos, hizo un ademán desdeñoso y siguió su camino. Yo había quedado impresionado ante la respuesta del inteligente Albert. Había hecho todo lo contrario a lo que yo suponía y temía, y había funcionado. 

 

-Buena jugada, Albert. Quién lo diría… Pero... prosigamos.

 

Para nuestra suerte, la calle en la que ahora estábamos era una particularmente abandonada. Vimos que la estela de gelatina terminaba al final de la cuadra. Corrimos, y una vez allí, contemplamos lo que menos quería mirar. 

Frente a nosotros, y en la pequeña vía en la que ahora nos hallábamos, tubos gigantes de color morado semi-transparente se alzaban, primero más alto que los pinos más elevados, y luego casi hasta el cielo. Estos conjuntos enredados daban el aspecto de un gran parque acuático, aunque nada colorido, completamente surrealista, flotante y sin agua corriendo a través de ellos. Albert y yo nos miramos. En ese instante, él supo actuar urgentemente, y antes de que alguien nos viera. 

 

-Vamos- dijo solamente en seco, para luego abandonarme e ir en dirección hacia la única  “entrada” visible. Se paró a mitad del hueco de uno de los tubos que estaba casi a su altura, más o menos un metro y medio despegado del suelo, y ví como éste lo absorbió para llevárselo. 

 

Sorprendido, hice lo mismo, solo para ser chupado de la misma manera por alguna fuerza desconocida que me transportó a través del enredado tobogán, que en realidad solo era uno, pero que, dado lo intrincado que era, daba el aspecto de ser toda una entrelazada tubería. Un poco más adelante de mí, pude ver a Albert sosteniendo su máquina musical, dejándose llevar por el “aire” del tubo, porque así se sentía.

Mis cabellos y mi ropa, todos parecían ser conducidos y succionados hacia… alguna parte. A través del tubo semi-transparente, pude observar impresionado toda una vista aérea de la ciudad. Me dejé llevar, por algunos cortos segundos, cerrando los ojos y disfrutando del paseo. Pero luego volví. Toqué el material de aquel gran tubo enrevesado, que por momentos subía y bajaba de dirección, y cuyo material parecía ser de un grueso plástico; y me pregunté, ¿qué sentido tendría, toda una red de toboganes, que en realidad era un solo cilindro, colocada a mitad del vecindario, y visible muy seguramente para todo mundo desde los suelos? Decidí hacer caso omiso y confiar en el sentido de Albert, para no volver a hablar más del tema. Posiblemente, aquello había sido ideado por su mente, y nosotros, junto a Bob y Gertie, éramos los únicos que podíamos verlo. Después de todo, frente a todas las pistas, aquella anciana se había negado a creernos, aún cuando el mismo Albert se lo había dicho a la cara.

 

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Soy el escritor transparente. Tengo 22 años de edad.

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