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22 min
Capítulo 30: Antes destruida que tuya
Ciencia Ficción |
04.09.18
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Sinopsis

Continuación de esta bizarra historia

El sol se pone sobre las casas en la ciudad de Jerusalén, las edificaciones en su gran mayoría edificios de color blanco lucen completamente deshabitados, los jardines descuidados, las aceras sucias por el polvo por la falta de cuidado como no se había visto nunca, Carla camina complacida por la calle Natan Strauss, antes era una zona llena de pequeños negocios en casas pequeñas, ahora después del rapto no se ve a ninguna persona que las atienda. No sólo en esa zona sino en toda la ciudad se repite un panorama similar.

La enviada se sentía complacida, acababa de estar en Mea shearimm y luego pasó por la sinagoga Hurva el lugar donde cayó el avión de guerra musulmán sobre el militar alemán que había venido a ayudarla a controlar la población judía, pero ya no había necesidad de él ya que ningún representante de esa religión se encontraba allí, todos se había ido dejándole el camino libre, sólo quedaban algunos restos de la aeronave rodeada de cenizas que poco a poco se las llevaba el viento.

Por toda la ciudad se encontraba repartido a su ejército, en su gran mayoría voluntarios ya que habían quedado muy pocos de oficio, todos con un nuevo uniforme de color rojo como el fuego, con detalles dorados en las mangas, hombreras de color negro y en el pecho el símbolo de la “tierra unida”, debían de buscar posibles sobrevivientes e invitarlos a unirse a ellos, y en caso de que su respuesta sea negativa debían de ser apresados como criminales comunes.

Gracias a los trabajos de los luciferistas su ejército iba en aumento y su presencia se estaba expandiendo por todo el globo, tomando como primeras zonas aquellas donde había menor cantidad de personas, como África o Latinoamérica. Pero esta zona, esta ciudad, aquella donde el principal enviado de Dios vivió y donde coexistieron en una casi armonía las tres religiones monoteístas principales, este lugar debía de tomarlo ella misma, esto sería un símbolo de su posición superior sobre cualquier otro tipo de pensamiento o adoración.

Conforme avanzaba el grupo que con el que había venido Carla se iba dispersando en pequeñas agrupaciones menores con la finalidad de poder revisar toda la ciudad, la joven confiada iba caminando hacía el muro de las lamentaciones escoltada por menos de veinte soldados.

Cuando cruzó la puerta de Damasco le indicó a la mayoría de su grupo que se disperse, quedándose sola con cinco miembros de su guardia, la zona estaba llena de pequeños puestos de comercio de telas y recuerdos para los turistas, que habían sido dejados de atender de forma abrupta, pudo ver que no se veían señales de saqueo, lo que hacía que su suposición que toda esa ciudad haya quedado vacía después del rapto se confirmara.

Luego de unos minutos de caminata ingresó con una expresión triunfal a la gran explanada frente al muro, estaba pensando en poner una gran bandera de “la tierra unida” sobre el mientras se acercaba pero tenía dudas de que la estructura tan antigua pudiera aguantar los trabajos en los que estaba pensando, pero sabía que se hacían trabajos de mantenimiento de forma rutinaria. Revisando la enorme construcción milenaria con detalle pudo ver que se habían sellado pequeñas zonas dentro del muro recientemente, e incluso en el piso por donde caminaba.

Se preguntó qué clase de mantenimiento podría ser ese en el que sólo se tapan algunos agujeros en el piso y en el muro cuando un trabajo normal de mantenimiento debe ir por zonas, además esas coberturas de cemento parecían hechas por manos de aficionados no de personal dedicado a hacer restauraciones, también le extrañó que parecían tan frescas estas reparaciones que podrían haber sido hechas el día anterior.

Estaba ya a pocos metros de llegar a poder tocar el muro, cuando su cerebro unió todos los detalles que había percibido en una sola idea y sumándole los acontecimientos por los que había pasado antes sólo demoró unos segundos en deducirlo todo.

-¡Corran vámonos de aquí!- gritó Carla mientras comenzaba a huir lejos del muro.

Cómo si esta hubiera sido una señal para alguien que estuviera observando al grupo desde lejos, explosiones de regular consideración detonaron tanto en el muro como en el piso por donde se encontraban, todas esas marcas extrañas estaban llenas de explosivos, posiblemente militares de gran potencia.

Los solados que acompañaban a Carla salieron volando por los aires perdiendo algunas de sus extremidades para finalmente caer muertos al piso, la joven por su velocidad y precaución de mantenerse lejos de las áreas peligrosas pudo salir ilesa, pero antes de poder salir de la explanada un misil salió disparado hacía ella desde una edificación cercana, lo cual la hizo retroceder pero ni bien lo había esquivado otro llegó directo hacia ella desde la dirección opuesta.

Carla se lanzó hacía el piso para esquivar esta nueva amenaza, pero sabía que quienes fueran los que estaban allí estaban armados y ubicados en distintas direcciones, los más probable es que la hayan rodeado, golpeó el piso e hizo surgir tres paredes gruesas de tierra a su alrededor en todas las direcciones excepto la que la llevaba lejos del muro, para poder escapar en cuanto tuviera la oportunidad.

El piso temblaba “el muro está cayendo” pensó Carla, con lo que pudo intuir que los explosivos colocados en el muro debieron ser aún más potentes que los del suelo, “pensaban enterrarme bajo el muro y luego rematarme con sus proyectiles, afortunadamente para mi estas personas no tenían los mejores albañiles en su equipo y dejaron al descubierto sus intenciones” con ese razonamiento final la joven decidió esperar el siguiente ataque de sus perseguidores mientras que se ponía de pie y afinaba sus oídos para estar lista para un nuevo ataque, pero para su sorpresa todo volvió a ser silencioso.

Esta situación extrañaba mucho a la enviada, la ponía muy tensa, apretaba los dientes de rabia, sacó su comunicador para llamar al resto de su ejército, comenzó con el equipo que tenía a los soldados más preparados, los que habían sido del antiguo ejército americano, ellos podría llegar rápidamente y colocarse en las ubicaciones ideales para eliminar a quienes sean que estén tratando de matarla.

Pero no tuvo respuesta, trató con otro grupo, los llamó a gritos a uno y a otro, mientras observaba su única salida frente a ella, esperando que por ahí surja alguna persona apuntándole con un arma, pero la tranquilidad incomoda se mantenía.

 No sabía que podía estar pasando, si la ciudad estaba desierta… pero a los pocos segundos se dio cuenta que no era que ya no hubiera nadie en la ciudad, había gente que la había estado esperando pero querían que ella bajara la guardia, y era justo lo que había hecho, había caído inocentemente en la trampa que ese grupo había preparado.

-¡MIERDA! – grito lanzando su comunicador al piso destruyéndolo.

Comenzó a escuchar pasos alrededor de ella pero no podía ver quiénes eran por los muros que ella misma había creado, pero podía deducir que eran una veintena de personas que se estaban acercando alrededor de ella, y en un momento dado se detuvieron, calculó por la posición donde terminaron los sonidos que se encontraban divididos en dos grupos uno a su izquierda y otro a su derecha.

Escucho una orden en hebreo que no llegó a entender bien, pero luego de ello el sonido siguiente fue de pequeños disparos alrededor de ella y segundos después pequeñas granadas sobrepasaron sus muros de protección y caían sobre la joven, eran cerca de 10 explosivos posiblemente con una capacidad de detonación media pero encontrándose en ese pequeño espacio el daño podría llegar a ser grave.

Era evidente que no intentaban eliminarla con eso, querían que salga de ahí para poder enfrentarla en campo abierto, lo último que deseaba era actuar como un animal acorralado al cual guían a su antojo sus perseguidores, pero sabía que si se quedaba allí esos explosivos traerían como consecuencia que sus movimientos sean mucho más limitados y torpes, como sucedió con el cohete que le lanzó Kang en la casa blanca.

-¡Maldición! – gritó mientras corría fuera de la estructura.

Al momento que estaba por llegar a la salida da un salto sobrehumano tan alto que si alguien la estaba esperando en la salida para dispararle o apuñalarla lo habría esquivado, en el aire gira sobre sí misma para evitar darle la espalda a sus enemigos que sabía ya su posición aproximada.

Ya afuera puede finalmente ver los rostros de sus perseguidores y al ver algunas caras conocidas, se llena de odio y solo atina a decir, mientras apretaba los dientes con fiereza, la misma frase que había dicho en su momento en el vaticano.

-Malditos judíos…

-Así que finalmente puedo verte el rostro de cerca.- dice con fingida tranquilidad Marcus.

El judío portaba en su mano una Torá, tenía ropas militares, sucias y desarregladas, su cabello tampoco estaba en buenas condiciones, era evidente que no había podido asearse en varios días. Sus compañeros estaban en situación similar pero en ellos también resaltaba las manchas de cemento, las cuales Carla dedujo que son la muestra que ellos pusieron los explosivos que casi la atrapan hace unos minutos.

-Pensé que tú y tu gente ya no estarían acá.-Dijo con desprecio la joven.

El hombre comenzó a caminar hacia ella, trataba de mostrar cuanta seguridad pudiera y ocultar el temor que sentía, pero su tono ligeramente nervioso comenzaba a delatarlo.

-Quizás hubiera preferido que eso pasara, en serio, ya que cuando casi todas las personas de Jerusalén desaparecieron, pensé que había sido abandonado por mis pecados, caí por un momento en una sensación de gran depresión, luego comencé a buscar personas por todo la ciudad que, como yo, Dios había preferido dejarlos aquí y los fui reuniendo uno a uno, me di cuenta que había un patrón común en nosotros, para comenzar todos éramos hombres, judíos ultra ortodoxos y en edades que estábamos en condiciones de enfrentarte. – Conforme avanzaba los demás se le iban uniendo, en algunos de ellos el temor se veía más que en otros pero ninguno parecía que fuera a huir – Así que pude ver cuál era el mensaje de Dios, estábamos aquí para detenerte y evitar que tomes esta ciudad sagrada.

Al escucharlo Carla no pudo contradecir su razonamiento final, despreció la situación por completo, se había centrado tanto en James y Salvador que no pudo pensar que podría haber pequeñas amenazas como esta que había quedado en el mundo de forma independiente. Contó al grupo, eran veintidós personas, quizás podría eliminarlos con el fuego del infierno, pero debía tener cuidado ya que en primer lugar podría haber más gente escondida esperando a que ella tome la ofensiva para aprovechar y volver a dispararle desde lejos y en segundo lugar si alguno de estos sujetos tenía adherido a su cuerpo explosivos de gran potencia podría resultar herida como en la casa blanca y ser presa fácil nuevamente. La joven, miraba de reojo hacia atrás, todo ese sonido debía haber alertado al resto de su ejército y debería estar en camino, sólo debía ganar algo de tiempo para que ellos lleguen.

-No vendrán – Dijo Yadid, el cual cargaba un rifle de francotirador – Si estas esperando a las personas que vinieron contigo, estos rifles DAN 400, son muy precisos, rápidos y sigilosos, al contrario de tu equipo que casi nadie tenía entrenamiento militar, así que fue relativamente fácil reducirlo a nada sin perderte de vista.

Carla apretó los puños, estas persona estaban mejor preparadas que los soldados que habían venido con ella, tenían el conocimiento del lugar como una ventaja que por lo visto habían utilizado muy bien, podía imaginarse a ese sujeto disparando desde un edificio estratégicamente ubicado a cada uno de los miembros de su ejército, mientras se comunicaban entre ellos para hacer seguimiento de sus pasos.

-Pero no pensamos utilizar estas armas contigo… no creo que sean muy eficaces para ser sinceros - comenzó a hablar Marcus, el cual le hizo una señal con la cabeza a sus demás compañeros, lo que generó que  lentamente comenzaron a rodear a Carla apuntándola con sus armas.

-¿En serio? – Pregunto con escepticismo la joven mientras veía como los judíos armaban un círculo alrededor de ella.- Pero veo que has invertido mucho en este ataque… el muro ha sido dañado de forma casi irreparable.

La joven deseaba ganar tiempo, pensó que si ellos eran los únicos que quedaban y comenzaban a dispararle, con su gran velocidad podría esquivar las balas y conseguir que se hieran entre sí, ya que después de todo le había hecho el favor de rodearla, si eso sucedía el fuego del infierno daría el golpe de gracia.

-No podemos soportar que un ser como tu tome este lugar preferimos verlo destruido antes que en tus manos – Dijo con una mirada firme Yadid.

Carla sonrió al escuchar esta respuesta, para ella el apego a una estructura de piedra gigante le parecía una característica ridícula de ese pueblo.

-Sabíamos que tarde o temprano vendrías aquí así que pensamos en atraparte bajo los escombros del muro de los lamentos. – Intervino Marcus sujetando fuertemente su Torá. – Estábamos pensando en poner una trampa similar hoy en la sinagoga Hurva para enterrarte en ella pero llegaste muy pronto.

-Una gran idea debo admitirlo, siento haberles estropeado el plan – dijo de forma burlona Carla, sin dejar de mirar a todos lados. – ¿Pero realmente creen que pueden detenerme lanzándome una gran cantidad de piedra encima?

La joven comenzó a ver lo simple e inútil de su plan, y al haber fallado sólo les quedaba como opción el combate directo, pensó en quizás un pisotón sobre el piso y hacer surgir unas grandes columnas de tierra, sería lo suficiente para sorprenderlos, luego atacarlos con gran velocidad en sus puntos vitales y finalizar con el fuego del infierno como lo tenía pensado.

-No… -respondió Marcus abriendo su Torá – De hecho nuestra intención fue siempre sólo inmovilizarte por unos segundos… verás pudimos ver los videos de seguridad de tu enfrentamiento en el Vaticano con Clemente XV y con ello idear un plan para acabarte.

En ese momento todo tomo sentido para Carla, la eliminación silenciosa de su ejército, el derrumbe sobre ella del muro, el rodearla en un círculo y la Torá, pero aun así les faltaba un elemento.

El sonido de un cuerno se escuchó en la espalda de Carla, Netaniel tocaba con fuerza un Shofar que había tenido cargando en la espalda, invisible para el rango de visión de la chica en todo momento hasta ahora que había estado esperando la situación precisa para tomar acción, el sonido paralizó a la joven por uno segundos, sentía que sus huesos era de piedra y no los podía mover.

En ese momento todos los judíos sacan sus Torás las cuales las tenían marcadas en el Salmo 91 y  con una voz autoritaria Marcus da la indicación de inicio.

-¡Todos! ¡Ya saben lo que debemos hacer es ahora o nunca comencemos!

- Quien mora en el refugio del Altísimo, vivirá a la sombra del Todopoderoso.-Repitieron todos a una sola voz.

Al oírlo Carla sintió un gran dolor, estaba recuperando sus movimientos pero le dificultaba moverse, esto era aún peor que enfrentar a las doce exorcistas de clemente.

- Diré sobre Hashem, "Él es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios, en El confiaré."- Continuó el grupo mientras cerraba aún más el círculo.

-Mal…nacidos – alcanzo a decir la joven mientras que botaba espuma por la boca y caía de rodillas al piso.

- Y que Él te sacara de la trampa seductora, de la pestilencia devastadora. – Decían los judíos como si fueran un solo individuo.

La chica puso sus manos en el suelo, y comenzó a hacer brotar fuego del infierno de su palma.

-Él te cubrirá con los extremos de sus alas, y bajo sus alas encontrarás refugio; su verdad es un escudo y protección. – Continua el grupo a su alrededor.

El fuego que salía de su manos era muy pequeño, y no lo podía controlar pues el dolor le hacía perder concentración y por ende su habilidad de manipulación era muy limitada.

- No temerás los terrores de la noche, ni saeta que vuele de día. – Decía el grupo ahora con mayor confianza.

-¡MIERDAAA! –bramó Carla.

Las cosas le estaban saliendo muy mal, esta vez no tenía un piso inferior al cual escapar. Estaba en una explanada sin nadie que le ayude, si esto seguía así su fracaso sería un hecho y caería en la ciudad que esperaba inicialmente fuera su gran trofeo de Victoria.

- Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. – La voz de los judíos taladraban los oídos de Carla.

Comenzó a golpear el suelo tratando de hacer temblar el piso, pero si bien pudo conseguir una leve vibración esta no fue lo suficientemente fuerte para detener al grupo de judíos los cuales siguieron recitando los demás versículos del salmo, hasta hacer que la chica caiga tumbada sobre el piso jadeando.

- Escuchen… quizás podamos llegar a un acuerdo – Comenzó a hablar Carla, en un desesperado intento de negociar con el grupo de judíos.

- ¡De nuevo!- gritó con severidad Marcus.

El grupo de veintidós judíos volvió a recitar el Salmo 91, de la misma forma que ya lo había hecho antes, pero esta vez con mayor seguridad. Mientras que la chica en el centro de ellos gritaba y gemía de dolor.

- Lo saciaré con larga vida, y le mostraré mi salvación. – Culminó nuevamente el Salmo el grupo.

Al finalizar Carla dio un alarido muy fuerte y cayó al suelo inmóvil, no se apreciaba respiración sobre ella, su mirada al vació indicaba que ya no sentía nada, de su boca caía un delgado hilo de sangre, ambas palmas de sus manos estaban contra el piso, su cuerpo yacía en el centro del circulo sin dar muestra de vida alguna, todos la observaban en silencio.

-¡LO CONSEGUIMOS! – gritó Marcus a todo pulmón al tiempo que levantaba ambos brazos hacía el cielo.

- Todo este esfuerzo dio resultado – Dijo entre lágrimas Netaniel – Si el rabino Shentov hubiera estado acá estoy seguro de que estaría orgulloso.

-¡Así es! – Confirmó Marcus, también con lágrimas en los ojos. – Ahora es momento que le confirmemos a Gavrel y James lo que hemos conseguido… El mundo debe saber la verdad acerca de Carla.

Mientras la gente celebraba, se felicitaban por la proeza alcanzada y se abrazaban, Yadid se acerca al líder del grupo y le dice:

-Marcus… ¿No eran tres veces las que se tenía que recitar el Salmo 91?

-¿He?- Respondió contrariado el judío al ser consultado.

Pero antes que pudiera terminar su respuesta, de debajo de la tierra surgen seis delgados hilos de fuego del infierno, los cuales como finos tentáculos se enredan rápidamente alrededor los cuellos de Marcus, Netaniel y cuatro judíos más, la decapitación por incineración es inmediata.

Con una expresión que es la viva representación de la locura Carla se pone de pie, respira agitadamente, demostrando que había estado conteniendo la respiración durante un rato, de cada una de las palmas de sus manos brotan tres hilos de fuego los cuales habían viajado por debajo de la tierra hasta salir por otro lado para asesinar a sus enemigos, pero ahora estaban comenzando a esfumarse.

Lo primero que hace luego de haber eliminado a líder del grupo judío es saltar hacía el cadáver de Nataniel y de un fuerte pisotón destruye el Shofar, pero además de ello genera un gran terremoto que hace que las edificaciones alrededor tiemblen y que los hombres pierdan el equilibrio momentáneamente, con lo que aprovecha la oportunidad para ponerse entre varios judíos para lanzar un aro de fuego del infierno a su alrededor similar al que utilizó en la oficina de Clemente XV, pero esta vez es más grande y rápido con lo que logra alcanzar a diez personas convirtiéndolos en cadáver al instante.

Yadid y sus otros cinco compañeros ven horrorizados como en cuestión de segundos ese monstruo había dado la vuelta a la situación eliminado a más de la mitad de ellos.

-Es una pena que su plan tan bien elaborado se haya caído por que el que dirigía el exorcismo, ni siquiera sabía la cantidad de veces que debía decirse el salmo. – Dijo con respiración entrecortada Carla, mientras que estudiaba a los que aún quedaban en pie para ver la forma más rápida de eliminarlos antes que se manifiesten posibles refuerzos desde algún punto cercano.

-Si lo sabía… -Comenzó a responder aterrado Yadid- solo que pensó… que por que éramos más del doble de los necesarios quizás podíamos haber acabado contigo antes de lo esperado.

Al verse tan reducidos en miembros, los judíos restantes comenzaron a escapar, Carla corrió tras uno de ellos, lo alcanzó y lo tomó del cuello quebrándoselo rápidamente. Luego alzó el cadáver y lo lanzó contra otros dos que iban lo suficientemente cerca entre ellos como para hacerlos caer, cuando se trataron de levantar ya era tarde, la chica estaba parada al costado de ellos, tomó a cada uno por el hombro y los calcinó con fuego del infierno en sólo un par de segundos, no podía perder más tiempo quería que todos ellos estén muertos ya.

El último judío que quedaba, junto con Yadid sacó su pistola Jericho y apuntó a la cabeza de Carla, ante esto la chica con una mirada sonriente, caminó hacia él, aunque le dolía todo el cuerpo y caminaba con cierta dificultad aun pudo decir con todo de desprecio y burla:

 -¿Ahora se les ocurre utilizar eso? ¿No hubiera sido más fácil probar suerte cuando estaba humillada de dolor por ustedes? Creo que se puede decir que no han perdido ante mi si no ante sus propios descuidos.

El judío temblaba de miedo pero con toda la firmeza que pudo dijo:

- Magnificado y santificado sea el gran nombre de Dios en todo el mundo, que Él ha creado de conformidad con Su voluntad. – Luego de eso se apuntó a la cabeza y disparó.

La joven detuvo su andar y con decepción lanzó un suspiro de aburrimiento, luego escuchó los pasos rápidos de Yadid que se acercaban hacía ella.

-¡HAAAA! ¡Te llevaré conmigo maldito dybbuk!

El joven cargaba en cada una de sus manos dos granadas sin seguros, sus intenciones eran obvias para cualquiera, así que con un perezoso tronar de dedos Carla hizo surgir una flama de fuego infernal hacía el judío calcinándolo de inmediato, la explosión de sus armas hizo el resto con su cuerpo.

La enviada del mal se encontraba sola en Jerusalén vio a su alrededor por si hubiera más de ellos escondidos, pero dedujo que ya no había nadie porque de haberlo habido hubieran tratado de ayudar a sus compañeros cuando ella comenzó su contrataque, pero no fue así por lo que o no había nadie más o los que habían deben haber escapado.

Comenzó a caminar aun con algo de dificultad, el dolor producido por el intento de exorcismo judío se mantenía y le impedía moverse adecuadamente, debía analizar la situación. En primer lugar le acababan de confirmar que Gavrel y James estaban trabajando juntos, algo que ya sospechaba de todas formas pero el que ellos lo supieran quiere decir que en algún momento entraron en contacto entre ellos, en segundo lugar podría existir más grupos como este en el mundo y finalmente ¿Sería posible que Salvador también esté con ellos? ¿Dirigiéndolo todo desde las sombras esperando el momento exacto para atacarla?

Su estrategia de avanzar de forma despreocupa por el mundo era demasiado arriesgada, debía replantear su forma de hacer las cosas, no podía subestimar a sus enemigos ya que no conocía el alcance de sus fuerzas y finalmente debía de tomar acciones más drásticas.

-Buenos Salvador si querías guerra… Guerra tendrás. – Se dijo a sí misma, mientras que se alejaba de los escombros de lo que una vez fue uno de los mayores lugares de veneración judía.

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