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5 min
Capítulo tres: Ismael.
Drama |
06.05.20
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Sinopsis

En esa colcha derramó todo lo que jamás podría volver a sentir.

Las velas de vainilla se habían consumido y ahora quedaba en el aire un dulce y amargo olor a cera. Los restos de la cena se extendían desordenados en la mesa del comedor. Billie Holiday sonaba de fondo, con su Extraña Fruta, velando los gemidos de la habitación del fondo.

 

Unas manos de hombre sujetaban las caderas de Mara mientras se adentraba y salía de ella con rítmica excitación. La visión de su sexo, henchido de sangre y duro, penetrando en la humedad tibia y blanda de la carne de ella, los pliegues acariciando su virilidad, su coxis expuesto a él, sus nalgas redondas y la cabeza gacha a la tenue luz de la lámpara le hacían fantasear con animales en celo y sexo escondido.

 

Ella le animaba, respirando fuerte, con voz ronca arengando sus vaivenes, como un tambor marcando una marcha militar.

 

-¿Te gusta ?

-Sí.

-Dime que te gusta.

-Me gusta, me gusta -, voz suplicante.

-¿Quieres que me corra?¿Quieres que me corra dentro ?

-Por favor, córrete dentro de mí.

-Córrete conmigo, ¿te vas a correr conmigo ?

-Sí, me correré contigo.

-Quiero notarlo, quiero notar cómo te corres.

 

Al instante notó cómo el interior de Mara se contraía. Aumentó el ritmo y agarró las caderas con los dedos apretando contra la carne enrojecida.

Mara continuaba asintiendo quedamente ante las embestidas de Ismael.

 

-¡Córrete, cariño, córrete !

 

Mara, con la cara contra el colchón, sintió una ligera náusea. El pene de Ismael le golpeaba el útero como si fuera un puño. Mara metió las manos entre sus pienas para acariciarle el escroto antes de dirigir discretamente la mano hacia sus labios inferiores para pellizcarse con fuerza. Cerró los ojos sin dejar su gemido suplicante, mientras notaba cómo la presión se acumulaba en su clítoris. Dejó de respirar y para que esa presión sanguínea y la falta de aire hicieran el resto.

 

Se estaba mareando y casi corriendo cuando Ismael paró en seco.

 

-¿Qué haces ?

-¿Qué ?

-¿Qué qué haces, joder ?

-Pero...¿por qué paras?¿Qué quieres d... ?

-Te estabas tocando.

-No.

-Claro que sí, no soy giliollas, ¡deja tratarme como si lo fuera, me cago en la hostia !- salió de su cuerpo tan bruscamente que Mara perdió el equilibrio y cayó de lado.

 

-¡Te estabas tocando, joder que sí. Y me mientes, ¡a la puta cara!¿Por qué dices que te gusta si no es verdad, por qué ?

-Que sí que me gusta.

-Y una mierda, cállate ya de una puta vez, joder, cállate.

 

Ismael se da la vuelta, aún erecto, Mara cierra las piernas en un arranque de dignidad cronometrada.

-Y, ¿la cena te ha gusta también, o te has tenido que tocar el coño para poder tragártela ?

-No entiendo que te molestes, quería terminar contigo.

-¿Y ayer, también te tocaste ? ¿Y cuando me dijiste que querías niños también mentías ?, ¿o cuando te dije de irnos el fin de semana fuera?¿Cuándo te tocas Mara, cuántas veces, cada vez que voy al baño, o cuando duermo?¿Con los dedos o eres más de frutas ?

-¿Tú te estás escuchando ?

-¡Y luego para mí qué queda, NADA ! Todo para ti y tu coño..., qué puta egoísta eres, joder.

-¿Qué te pasa Ismael ?

-¡¡Que me mientes !! ¡Y no entiendo por qué tengo que estar con una puta mentirosa que dice que le gusto y se tiene que ir a su burdel mental cada vez que quiero follar con ella!¡Y que me tiene que poner cara de asco cada vez que quiero follármela !

 

Mara mira a Ismael, pero en verdad mira más lejos, más allá de sus pecas y sus ojos de niño perdido, de su sudor. Más allá del sexo colgando patético entre sus piernas, más allá de su humillación.

 

-¿Te gustaría que lo hicera yo ?

-¿El qué ?

 

Ismael la agarró por los pies y tiró de sus piernas hasta ponerla al borde de la cama. Se colocó a horcajadas sobre su pecho y empezó a masturbarse sin dejar de mirarla a las ojos con rabia contenida. Mara seguía mirando más allá del sexo acusador, paciente y laxa. Los músculos de la cara roja de Ismael se contrajeron como un tic nervioso mientras se corría en el recipiente que eran el pecho y cuello de Mara.

 

Luego silencio. Sudor. Ismael boqueando, vencido.

 

-A esto me has reducido...a un primate en celo.

 

Se levantó tambaleante por el esfuerzo de sus piernas, recogió las bragas del suelo y se las arrojó a Mara, aún tumbada.

 

-No mereces la pena.

 

Después, el agua de la ducha corriendo.

 

Allí, por fin sola, tumbada boca arriba, con el pecho húmedo y frío ya, recordaba la última vez que tuvo un orgasmo. Estaba boca abajo, sobre su colcha rosa, abrazando a Ludovico y con las bragas de lunares por los tobillos. Las manos que la tapaban por la noche sujetando y palpando su desnudez. El calor de aquello ajeno y desproporcionado en su cuerpo de niña, su propia carne y sangre robándole su cuerpo, su niñez, su placer. En esa colcha derramó todo lo que jamás podría volver a sentir.

 

La náusea volvió a pellizcarle el estómago. Se secó el pecho, apagó la luz, y dejó que el correr del agua la durmiera.

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