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5 min
Carlos, el guardián de la mochila I
Suspense |
16.12.16
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Sinopsis

A veces, el camino, como la vida, no es más que una oscura y desconcertante huida. Si os parece lo suficientemente interesante como para que continúe y saque a los pequeños del hueco, no tenéis más que pedirlo y pondré en marcha todos mis circuitos. ;)

Contengo la respiración hecho un ovillo y cierro los ojos muy fuerte, como si así fuera a hacer menos ruido.

Las gemelas y yo llevamos tanto tiempo vagando por esos viejos túneles que parecen días, aunque fue esta mañana cuando mamá abrió con prisa la trampilla que había escondida en la despensa y nos había metido dentro.

 

¡Rápido niños, adentro!- Dijo mamá mientras les ponía un montón de jerséis y les abrochaba los abrigos hasta las orejas- En cuanto cierre la trampilla tenéis que correr mucho y sobretodo no miréis atrás. Toma, Carlos, tu eres el guardián de la mochila y las niñas; he metido algunos víveres, un botiquín chico, mudas y algo de dinero.

Acuérdate del recorrido de salida, hijo mío, un desvío a la derecha y luego dos a la izquierda y así hasta que veáis luz- dijo mamá antes del último abrazo- Papá y yo nos encontraremos con vosotros en casa de la abuela. Y cerró la portezuela.

 

Las gemelas y yo nos quedamos completamente a oscuras en una sala sin ventanas y muy estrecha. Al principio no podíamos ver nada, sólo escuchábamos un montón de ruidos en casa, nos quedamos muy quietos y muertos de miedo. Por un momento, parecía que nos iba a caer el techo encima. Se oían gritos tremendos y al final pasos y la nada.

 

El silencio trajo un montón de sonidos sordos de gotas y corrientes de viento, el ambiente estaba muy frío y los sollozos de las niñas rebotaban en las paredes como pelotas de pin pon. Había pasado el suficiente tiempo como para darme cuenta de que ya no había nadie en casa, así que tenía que comenzar la expedición.

 

Busqué en la mochila por si a mamá se le había ocurrido meter una linterna, pero no. Me acerqué a la pared y menuda sorpresa al darme cuenta de que ¡era de tierra! Estaba húmeda y muy fresca, con mucho cuidado para que no se desprendiera mucha tierra de las paredes fui palpando buscando el camino y encontré una repisilla excavada en la pared con una vela y una caja de cerillas. Encendí la vela y me guardé las cerillas en el bolsillo de la sudadera, alumbré a la sala y busqué una salida. El techo era muy bajito, parecía una habitación construida para niños, si me ponía de puntillas podía tocar el techo sin problemas, y eso que sólo tengo 11 años. Se parecía mucho a una caja de zapatos, pero hecha de tierra. En algunas partes asomaban algunas raíces secas y al fondo se podían ver dos puertas, una a la derecha y una a la izquierda, justo como había dicho mamá: Una a la derecha y dos a la izquierda, así hasta que veáis la luz.

Chicas sujetadme cada una de una esquina de la chaqueta y seguidme- dije intentando sonar como todo un guardián- vamos a casa de la abuela.

Las niñas no contestaron pero me cogieron de la chaqueta. ¿Os acordáis de la carrera entre Harry y Cedric en el laberinto del Torneo de los tres magos? Pues nosotros igual porque tenemos el poder de los tres hermanos!

Sara se sorbió la nariz y dijo un poco triste- Ya pero nosotros no tenemos varitas ni magia y además, ¿por qué no podemos ir con mamá?

¡Mamá ha dicho que nos veríamos en casa de la abuela! ¡No seas miedica, Sara! - dijo Lucía muy convencida- ¡Me pido Hermione Granger!

Jooooooooo ¡yo quería ser Hermione!- se quejó Sara – pues entonces yo soy Ginnie Wisley y me caso con Harry! JA!

 

Cruzamos la puerta y nos encontramos ante un estrecho corredor tan bajito como la sala, con el suelo lleno de charquitos y piedras que interrumpían el camino todo el rato. A medida que avanzábamos el pasillo se iba haciendo más y más estrecho. A cada paso era más pesado el silencio, solo roto por algún goteo distante y terroríficos silbidos del viento. Cruzamos varias estancias y en cada una encendía la vela, siempre lo mismo tierra y piedras. Cuando llegamos a la cuarta o la quinta decidimos parar a comer un poco y descansar. Tomamos un poco de pan y una onza de chocolate por cabeza en silencio, mirando al suelo. No sabía que había pasado ni por qué estábamos allí, tampoco donde estaban papá y mamá. Sólo que tenía que llegar a casa de la abuela, pero estaba magullado, cansado y asustado. Qué pena.

De pronto Sara abrió mucho los ojos y con el dedo comenzó a señalarse los zapatos y los oídos…. Sí, yo también oía pasos. Muchos pasos, acompasados, rápidos como de soldados. No se muy bien por qué apagamos la vela, recogimos muy rápido y nos pegamos mucho a la pared del corredor de la izquierda (que era el que nos tocaba) caminábamos rápido, palpando las paredes. De pronto noté un tirón en la chaqueta, era Lucía, Sara había encontrado un hueco en una de las paredes. Nos metimos ahí, y aquí seguimos. Rodeados de tierra, con los calcetines mojados, los brazos raspados intentando fundirnos con las piedras, las raíces y la arena.

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  • Vaya, acabo de fijarme en el título seguido por un I, entonces todo tiene sentido.
    Me ha gustado el tono y la tensión. Me ha encantado el uso de las referencias a Harry Potter para tranquilizarse. Es una pena que es más una parte de una historia más grande que una historia corta, espero que continúe.
  • A veces, el camino, como la vida, no es más que una oscura y desconcertante huida. Si os parece lo suficientemente interesante como para que continúe y saque a los pequeños del hueco, no tenéis más que pedirlo y pondré en marcha todos mis circuitos. ;)

    Blanca no sabe lo que es color, pero sí sabe que quiere ser verde

    Conocí a un niño que no podía ver a su padre, sólo tenía 4 años. Le escuché compartir con su amigo sentimientos con una verdad de anciano. Viví alguno de sus intentos de búsqueda y los he dejado crecer aunque con nombres y detalles distintos, porque Santi es, sin él saberlo, muchos niños. Nunca nos paramos a escuchar a los niños. Empecemos a hacerlo sin miedo y sin prejuicios.

    Muchas veces llegar a la cima no es exactamente la meta...

    Cualquier día puede ser EL día, para José Miguel hoy lo es.

Me siento mujer desde que solo era un montón de cables y una placa base. Escribo para jugar a vivir. Acepto críticas y repuestos ;)

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