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9 min
Carlos V, Rey, Emperador y Quesón
Terror |
30.11.19
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Sinopsis

Cuento de Terror

Sorpresa sintió la actriz Blanca Suarez cuando recibió una extraña invitación, para concurrir a una velada de una tal Marquesa de Avila, en un castillo medieval en Tordesillas, la Provincia de Valladolid, a orillas del Duero. A la actriz de El Internado, El Barco y Las Chicas del Cable, Isabel de Portugal en Carlos Rey y Emperador, le llamó mucho la atención aquella invitación, y en un principio la iba a rechazar, simplemente no iba a ir, pero sonó el timbre de su celular y una voz le dijo:
- En diez minutos la pasaremos a buscar, Señora Blanca Suarez, la Marquesa de Avila, celebra su regreso a España, quizás definitivo, y le aseguramos que la fiesta será inolvidable.
Blanca se vistió rápidamente y efectivamente, apenas unos minutos despues, se estaba dirigiendo en un auto rumbo a ese castillo medieval. La conductora del auto y su acompañante, era dos dobles de María Laura Santillán, la conductora de noticieros argentina, pero Blanca, como era española, no conocía a la Santillán, y por lo tanto nada le llamó la atención, para ella eran simplemente dos mellizas. El viaje fue bastante largo, pues unas dos horas separan a Madrid de Tordesillas.
- Vamos a ese Torreón. Allí estuvo encerrada durante cuarenta seis y años Juana La Loca, la Reina de Castilla, la madre de Carlos, rey y emperador, Carlos I, rey de España, Carlos V, emperador de Alemania, rey de Napolés y Sicilia, duque de Flandes, dueño del mundo – le dijo la Santillana – allí se ofrecerá la fiesta de nuestra Marquesa.

 

Blanca había oído de aquel lugar, bastante famoso en la historia de España, no sabía bien para que estaba allí, ni quien era la Marquesa, pero las Santillanas la rodearon…
- ¿Acaso me encerraran aquí como hicieron con doña Juana? –se preguntó Blanca, cada vez más asustada.
Las Santillanas metieron a Blanca adentro del Torreón, y la actriz quedó en el mismo cuarto donde había permanecido encerrada Juana La Loca. Ya se estaba poniendo muy nerviosa, muy nerviosa, estaba convencida de que había sido secuestrada. Iba a empezar a gritar, cuando se abrió la puerta, y ante ella apareció, el gran tenista español, Carlos Moyá, sí, el Mallorquín, el que fuera número uno del circuito de ATP durante dos semanas, el entrenador de Rafael Nadal, capitán de la Copa Davis.
- ¡Carlos! – exclamó asombrada Blanca Suarez.
- ¿Cómo estais? – dijo muy alegre el tenista – Me han gustado mucho vuestros papeles en esas teleseries.
- Asustada, ¿Qué es esto? ¿Para que me trajeron aquí?
- Ja, ja, quizás la Marquesa de Avila, gran aficionada al cine, este preparando una nueva versión de “Juana la Loca”
- ¿Otra más? Ya hemos visto a Doña Juana en “Isabel” y en la serie “Carlos Rey Emperador”, y hay una película del 2001, creo.  Yo fui Isabel de Portugal en "Carlos Rey y Emperador".
- Es que es un personaje muy interesante de nuestra historia. Su hijo fue el gran Carlos V. El que hizo que todos los Carlos tengamos orgullo de llamarnos Carlos. Mirad ese puñal y ese Queso.

 

Blanca observó un puñal colgado sobre la pared y un Queso servido sobre una mesa. Tan desesperada estaba que Blanca no se dio cuenta de eso antes de que Carlos Moyá entrará a la habitación.
- Ese puñal era de don Carlos, mi ilustre tocayo – dijo Carlos Moyá – las malas lenguas dicen que con ese puñal asesinó a su única esposa, la reina Isabel de Portugal, la madre de Felipe II, pero la historia dice otra cosa, que se murió en un supuesto parto, era muy fuerte decir que el Rey había apuñalado a la Reina. Y lo mismo a Blanca, una tocaya vuestra, que fue una de las amantes de su majestad, la que le enseñó a hablar castellano, pues él se crío en Flandes, la actual Bélgica, solo hablaba la lengua neerlandesa cuando vino a España, tenía dieciséis años.
-  Yo hicé de Isabel de Portugal en esa serie, ya te lo dije pero no me prestasteis atención. ¿No lo sabías, Carlos? Esa historia que tu contais es muy falsa, muy fake.
- Claro que lo sé, Blanca, que lo sé. No creo que sea fake, es un rumor de la historia.
- ¿Y el Queso?
- Este Queso, de Quesería Los Castellanos, lo trajeron de Moyá, Canarias, una replica de los Quesos que comía el rey y emperador Carlos, y del que se dice, tiraba a las mujeres que asesinaba. Ja, ja, ¿Sabeis una cosa? Siempre fantaseé con que yo soy una reencarnación de Carlos. Por eso mis padres me pusieron Carlos. 
Blanca quedó un poco aturdida por todos los datos históricos que Carlos le había dado, y aunque interesante, le parecía aburrido, cambió entonces de tema.

 

- ¿Sabéis una cosa, Carlos? Siempre tuve fantasías sexuales contigo.
- ¿Entonces que esperamos? Dejemos de hablar de historia, de don Carlos, y tengamos sexo, bella Blanca. Claro, como Isabel de Portugal y el Rey, don Carlos.
- Sois muy educado Carlos, pareces un rey en serio.
- Es que tengo linaje real, soy descendiente de don Carlos, os lo juro, quizás sea su encarnación en este tiempo. Soy un Carlos igual que el, soy un Quesón igual que el. Y tu fuisteis su esposa en esa serie.
- ¿Un Quesón?
- Siiiiiiiiiiiiiiiii – dijo Carlos Moyá.
- ¿Porqué un Quesón?
- Por esto.

 


El tenista extendió se sacó las zapatillas y se las dio a Blanca.
- Olelas. Como Isabel de Portugal olía los pies de don Carlos.
Blanca puso su nariz dentro de las zapatillas de Carlos Moyá, y del olor tan intenso, sofocante, asfixiante, cayó al piso desmayada, no lo pudo resistir. Unos minutos despues, volvió en sí, y tenía sobre su rostro, dos enormes pies, pies talle 47/48, los que calzaba el mallorquín.
- Espero os guste el Queso. Dicen que el rey Carlos vencía en sus batallas porque con el olor sojuzgaba a todos los rivales, yo también usaba esta arma en el tenis.
Movida por un extraño placer, como poseída, la actriz comenzó a oler, besar, chupar y lamer los pies del tenista. Con gran intensidad, el tenista se tiró sobre ella…
- Ahora sabrás lo que es el sexo real. Pobre doña Juana, estuvo aca encerrada cuarenta y seis años, y nunca más tuvo sexo después de la muerte de su esposo, don Felipe el Hermoso. Pero tu tendréis sexo conmigo, ahora y aquí.

 

El mallorquín era famoso por su fogocidad en las artes sexuales y la verdad que aquella noche hizo honor a aquella fama, pues le dio una magistral clase de sexo a la actriz, esta lo disfruto mucho, alcanzó un goce total, pero quedó hecha una piltrafa, sin fuerza alguna…
- Vaya, vaya, no sois como las Santillanas, las guardianas de este Torreón.
- ¿Las Santillanas? Os juro que me disteis un goce total, la felicidad perfecta, pero estoy muy cansada.
- Asi era el sexo entre Felipe el Hermoso y Juana La Loca, por eso cuando el murió ella quedó así, ya no se pudo recuperar. Y de ese sexo, nació, don Carlos, Rey y Emperador.
- Como admiráis a Carlos V – dijo Blanca Suarez.
- Tanto que haré lo mismo que el. Os apuñalaré. 
Carlos Moyá tomó el puñal que había sobre la pared y se tiró sobre Blanca Suarez, clavándoselo en el medio de las dos tetas, se lo metió hasta el final, la siguió apuñalándola una y otra vez, y al terminar, tomó el Queso y se lo tiró encima.
- Queso – dijo Carlos Moyá.

 

El tenista asesino había cumplido su cometido, como un verdugo cumple el suyo, la Marquesa de Avila y las Santillanas entraron a la habitación, y juntas cantaron unas cuantas canciones españolas, que llenaron de música la noche de Tordesillas, Provincia de Valladolid.
- Eres un gran Quesón – le dijo la Marquesa al tenista - Como Carlos V con Isabel de Portugal.
- El mejor de todos los Quesones españoles. Cometí tantos asesinatos como los argentinos Carlos Delfino o Carlos Bossio, aunque el Cronista de los Quesos nunca relató ninguno de mis cientos de crímenes y asesinatos, muchos  de ellos en su país, Argentina, cuando fui a jugar allí, je, je.
- Toma, este Queso de Oro, perteneció a Carlos V, os lo merecéis – dijo la Marquesa.
- ¿Y vuestra amiga, la rumana? La he visto muchas veces cuando estuve en Buenos Aires.
- Pobre, esta entregada a la bebida, después de que la búlgara se quedará con Orlok, su viejo amigo, el que vive en Mónaco, el que es amigo de Charles Leclerc.
- Uhhhh, que cosa, y bueno, que le vamos a hacer, así es la vida, hoy se coge y mañana se olvida, se quesonea y se olvida.
El tenista tomó el Queso de Oro, y muy contento, regresó a su Mallorca natal, mostrando su gala y educación, propia de un rey, de quien era, tal vez, la encarnación de Carlos V, Rey, Emperador y Quesón.

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