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2 min
Cartas desde mi celda
Reflexiones |
31.10.16
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Sinopsis

No escribo para ser políticamente correcto, ni para agradar a los lectores. Escribo para escarbar en los sentimientos y la carne, por mucho que a alguien eso le duela.

La primera noche siempre es la más dura; esa en la que aletargado te resistes a admitir que has fracasado una vez más, e inútilmente tratas de liberarte de una cama, que no es fiel cómplice de tus sueños, sino yugo de correas que te que impiden escapar y terminar lo que en su momento iniciaste con tanta frustración como deseo.

Buscas con desesperación una salida a una aséptica habitación vacía, de níveas paredes, que te devuelve tus gritos de rabia con el eco de la indiferencia, para finalmente rendirte a lo inevitable y admitir entre sollozos que estás nuevamente encarcelado.

Cárcel de olor a desinfectante, cárcel de reos inertes, cárcel donde redimir una culpa de la que no te sientes como tuya y funcionarios de bata blanca, con sonrisas que enmascaran la indiferencia.

La primera noche siempre es la más larga, después sólo hay aceptación y resentimiento. Paseos banales a ninguna parte, miradas esquivas de presos derrotados, que arrastran pesadamente los pies por campos de fría hierba, donde el susurro de sus zapatillas marca el estruendo que me golpea en la cabeza.

El alcaide te reclama, y acudes presto, a escuchar sus palabras de apoyo y de consuelo, mientras busca en tu rostro la más mínima respuesta de afirmación, de lágrimas de culpa, de compromiso de redención y como recompensa, drogas y más drogas que te fuerzan una sonrisa descarnada que no sientes tuya, ilusión manufacturada de un mundo feliz que se corrompe.

 

Enfermo, que no reo, así me llaman,

disfuncional química, es lo que me aqueja,

muñecas que recuerdan lo que hice,

reproches, esperanzas y vergüenza.

 

Pobre ilusos, tontos confiados

ya oigo regresar mi amada pena,

esa que inútilmente me robasteis

esa que siempre fue fiel compañera.

 

Llanto en la risa, filo en la carne

agua carmín, flores de sangre

dulce mirada, ahora vacía,

punto y final, esta es mi vida.

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Escribir, ¿para qué? Para soñar, reír y sentir, las mil vidas, que siempre eludí.

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