cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

3 min
Chicle asesino
Varios |
22.08.13
  • 5
  • 1
  • 2050
Sinopsis

De pasadas creencias que vivirán mientras sus protagonistas vivan y mientras sus rescatistas las revivan.

Cuando en la ciudad no había mucha gente y mucho menos una sala, decían entonces, del cinematógrafo, las proyecciones de las películas mudas se hacían en las calles.

Servía un gran muro de adobe pelado, aunque mucho mejor era el que estaba encalado y apenas tenía ventanas o pidiendo demasiado, sin ventanas; esos muros servían para proyectar las imágenes en blanco y negro de vaqueros o piratas o de guapos caballeros que entre brazos besaban a hermosas mujeres.

Cada espectador se encargaba de llevar su propia silla o un banco rústico de madera o hasta una banca para dos personas custodiada en cada lado por un par de tallados apoyabrazos que seguramente  serviría a quien pretendía compañía del sexo opuesto que no se resistía ante la generosa oferta de un asiento cómodo frente a la pared.

A veces las bancas eran muy largas y hacían falta dos muchachos fortachones para acercarlas desde el pórtico o patio de la casa hasta el lugar en la calle donde se proyectaba la película. Allí debían caber la abuela, el abuelo, el padre, la madre, y las niñas de mayor a menor quedando los más chiquitines destinados a sentarse en el suelo de tierra que no incomodaba mientras la película fuera de aventuras y no de besuqueos un tanto “asquerosos” como decían los niños de corta edad.

Sin embargo, más allá de los adelantos de los tiempos, las tradiciones se mantenían fuertes y en el cine de esa época, había una creencia que era muy dramática y que no se sabe dónde y cuándo comenzó: los adultos les decían a los niños que, masticar un chicle o goma bomba en las horas de tanda era presagiar la muerte del padre.

Posiblemente todo era en aras de prevenir que quienes tuvieran que ver una película en el suelo  a falta de sillas o bancas, no se fueran a la casa con un chicle pegado en los pantalones.

Palomitas de maíz, o maíz en mazorca, caramelos o pedazos de panal con miel, cigarros para los hombres o agua de burbujas para las mujeres se permitía. También eran aceptadas las manzanas, el maní salado o garapiñado, las mandarinas  o las patas de cerdo rebozadas con harina de maíz, pero masticar chicle, jamás. La vida dependía de ello.

Hoy, Don Gonzalo a sus casi 70 años de edad, asiste al cine de tres dimensiones y sin mucho pensar, le quita el papel a su goma de mascar, se lo mete a la boca  y es cuando el chicle ha perdido su sabor a menta o canela con clavo, que siente un sudor frío al pensar que mucho debe tener él de responsabilidad de la muerte de su padre porque cuando era joven asistía al cine con la novia y sin pensar dos veces compartía con ella una goma de mascar de sabor de frutas durante la función de tanda. Suda más y cierra los ojos pensando sobre la muerte del abuelo, del papá de la novia y de otros progenitores que ya no están.

- ¡Cáspita, todo ha sido culpa del chicle asesino! - piensa él.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta