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11 min
Cicatrices
Varios |
19.06.17
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Sinopsis

Las personas son simples si lo piensas bien. Si las saludas ellos te saludan, si les sonríes ellos te sonríen, si quieres que formen parte de tu vida ellos querrán que tú formes parte de las suyas, el sistema es sencillo.

–Otra vez una herida inexplicable.

No sé muy bien cuando empezó todo esto, pero supongo que sería acertado decir que es un padecimiento que me ha perseguido desde la niñez. Los médicos no pueden darme una explicación convincente, he viajado desde patologías de la piel hasta cáncer y enfermedades autoinmunes. Pero la realidad es que mi salud es muy buena. No recuerdo una enfermedad grave o algún padecimiento mayor en toda mi vida. No recuerdo haber sufrido mucho.

–¿Qué te pasó en la cara?

–¿Ah?... Mmmm… Parece que me golpeé mientras dormía.

–¿Otra vez? ¡Bueno, ya! Dime la verdad… No será que tu mujer… te golpea. ¿Hay violencia intrafamiliar en tu vida?

–¡Qué no estoy casado!

–No dije esposa, dije mujer.

–Vivo solo.

–¿Solo?

–Sí, esto solo es porque soy muy descuidado cuando duermo. No andes inventando cosas como violencia intrafamiliar o que tengo novia.

–¿Solo?

–¡Hey! ¿No me escuchas? Sandra, no andes inventando cosas.

–¿No tienes parientes? ¿Hermanos, padres, mascotas o alguna novia de medio tiempo?

–No, ya te lo había dicho antes. Ahora, olvídate de todo esto antes de entrar a la oficina, no quiero que vuelvas a inventar cosas sobre mí como la última vez.

–Qué vida tan triste…

–¿Qué?

–Tan, tan solo que no te queda más que hacerte daño tú mismo… Tan, tan solo que…

–¡¿Qué dices?! ¡Deja de inventar cosas!

–Se lo diré a todos. Es demasiado triste para quedármelo yo sola…

–Ni se te ocurra.

–Tan, tan solo que ya ni siquiera puede acariciarse a sí mismo…

–¡Qué dejes de decir cosas sobre mí!

–Me voy. Tienes un aura muy negativa a tu alrededor, es algo… incómodo.

–Deja de decir cosas sobre mí en la oficina o en cualquier otro lugar.

–¡Ah!... ¿Si no puedes ser descuidado mientras duermes… entonces cuándo? Las cosas que dices no tienen sentido.

–Solo… Solo déjame, ¿ok? Seamos amigos.

–Mmmm… ¡No!

–¿Eh?

–Eres raro. Me pones nerviosa.

Durante estos últimos meses ha sido mucho más complicado ocultar las heridas y los moretones. La oficina es un lugar grande y con muchas personas preocupadas por sus propios asuntos, pero desde que Sandra llegó, he sentido como los ojos de Dios se han posado en mí, escrutándome intimidadoramente. Escucho los murmullos, me percato de las miradas esquivándome, el incómodo silencio cuando aparezco repentinamente. Cada vez que una nueva marca aparece en mi rostro Sandra se encarga de publicarlo con la mayor diligencia del mundo, inventando una teoría o atribuyéndole un origen. Poco a poco se ha creado aún más distancia entre yo y el mundo, aunque no con ella. Pero ella no es exactamente una amiga.

–¿Así que mientras duermes, eh?

–Me pasa desde que tengo memoria. La verdad no es nada grave, pero es un poco problemático cuando es en el rostro.

–¿Y qué te han dicho los médicos?

–Pues que no es nada mortal. Al final empezaron a insinuar una enfermedad…

–¡Mental!

–¡¿Ah?! ¿Cómo lo…? En fin… Fue por eso que dejé de ir a los médicos.

–Pensaron que tú mismo te lo hacías para llamar la atención… Suena lógico, muy lógico.

–No soy un caso médico, ¿ok? No hables de mí como si no estuviera presente.

–Hacerse pequeñas heridas cuando duermes es posible, incluso puedes caerte de la cama si eres del tipo que se da vueltas y vueltas… A veces puedes arañarte sin querer o hasta morderte. Pero no siempre. Y no este tipo de lesiones… Es más parecido a un golpe intencional que a un simple accidente mientras duermes… Interesante, interesante…

–¡Sandra!... Qué no hables de mí sin consideración.

Desde que tengo memoria sufro este desagradable padecimiento. Me acuesto en perfecto estado, pero al despertar puedo observar que en alguna parte de mi cuerpo hay una herida. Durante años no le tomé importancia, pensé que se trataba de picaduras de insectos, de las garras de mi gato, de algún juego brusco en el colegio, un raspón mientras bajaba del bus, etc. En realidad, las heridas eran pequeñas y en algunos casos imperceptibles. Pero conforme los años pasaron, el tamaño, duración y frecuencia de ellas ha aumentado preocupantemente. Por eso es que me empeciné tanto en consultar a los médicos, pero al final solo sugirieron que yo era el causante, por lo que me di por vencido. No quiero ir con un psiquiatra.

–¡Cicatrices!

–¿Ah?

–Dices que esto te ha pasado por años, pero no veo muchas cicatrices. ¿Acaso no te dejan cicatrices todas esas heridas?

–Pues no. De hecho, las pocas cicatrices que tengo no tienen nada que ver con mis heridas inexplicables. Un par de ellas me las causé yo mismo pensando que podía curarme fácilmente, pero me equivoqué. Las heridas normales si dejan huella.

–Ummm…

–Sandra… ¿Por qué estás tan interesada?

–¿Y dices que con los años el tamaño de las heridas ha aumentado?

–Si hubiera despertado de niño con alguna de estas heridas mis padres se hubieran muerto de la impresión o tal vez hubieran ido presos.

–Cierto, cierto… Eso quiere decir que las heridas seguirán aumentando en tamaño y complicaciones.

–Pero… ¿por qué tan interesada?

–¿Cuál es el problema? Es algo interesante después de todo. Si no fuera por eso serías una persona completamente aburrida. Un perfecto perdedor.

–Sandra… eres cruel.

Es cierto, vivo solo y mi vida en realidad no es la más envidiable de todas. No tuve hermanos cuando era niño, mis padres se divorciaron y formaron nuevas familias. Muy pronto se deshicieron de mí. Recuerdo que solo en la escuela me sentía feliz, pero aun así mi vida tampoco era nada espectacular, tenía muy pocos amigos y durante las vacaciones nunca recibía visitas. Es como si estuviera destinado a ser olvidado. Solo estas heridas, esta condición podría hacer de mí alguien diferente, especial; pero siempre he sido muy receloso de contárselo a las personas. El problema es que últimamente se ha vuelto casi imposible ocultarlo. Y con Sandra, convirtiéndome en un sujeto de estudio, la situación ha adquirido colores muy desagradables.

–Quítate la camisa.

–¡¿Qué?!

–¡Que te la quites!

–No voy a hacer eso.

–Necesito ver tu cuerpo.

–No.

–No seas engreído.

–¡No!

–Si no lo haces te obligo y punto.

–Sandra, esto se vuelve extraño, ¿ok? Me regreso a la oficina.

–Ok, ok. Está bien, puede ser que haya exagerado un poco. Lo la… ¡Te agarré!

Trato de vivir una vida tranquila, no se me da vivir de otra manera. Poco a poco la gente se aleja de mí, es un efecto que tengo en las personas. No soy antipático, maleducado o algo por el estilo. Al parecer, el mundo se olvida de mí, por eso no guardo ningún rencor, no es como si ellos o yo actuáramos con maldad, es solo que así son las cosas. Sandra abre mi camisa violentamente y puedo escuchar como los botones se descosen en pequeños estallidos. Cierro los ojos… No quiero verla.

–Pero tú… tú me dijiste que no te dejaban cicatrices.

–Lo siento, te mentí… No en la cara. De hecho duele mucho… Desde que apareciste mis heridas casi no cierran. Es una paliza tras otra. No me había pasado desde la universidad… Aquella vez casi muero… Pero esta vez es mucho peor. Pensé que podría estar cerca de ti un poco más, pero veo que será imposible, no lo soportaré… La sinceridad es un concepto tan ajeno para mí…

–¿Acaso estás diciendo que yo…?

–… es que eres tan linda. Una boca floja, pero eres linda, supongo que es parte de tu encanto.

–Oye, tenemos que ir a un hospital, a una clínica o algo.

–Dirán que me lo hice yo mismo.

–Estoy empezando a pensar igual.

–Sandra, ¿quieres salir conmigo?

–¡No!

–Wajajaja… ¡Lo sabía!… Mañana no podré venir a trabajar, la mañana será dura. ¿Por qué siempre me fijo en las que me odian?

Trato de vivir una vida tranquila, soy un cobarde, es cierto, pero es que no se me da de otra manera, siempre temí salir herido. Aun cuando era niño era un pequeño cobarde, pero parece ser que con el paso del tiempo empeoré, con el paso del tiempo todo empeora. Veo tristeza en los ojos de Sandra, es lo único que puedo recordar últimamente, es una lástima, es tan hermosa…

 

–¡¿Cómo puede ser posible que nadie sepa nada de ti?!

–¿Ah?

–Dirección, número telefónico, alguna referencia para contactarte. ¡¿Cómo es posible que no tengamos esa información en la oficina?! ¡Me ha llevado tres semanas dar contigo!

–Jajaja… Seguramente se traspapeló esa información, es algo que me pasa a menudo. Es como si el mundo…

–¡Me importa un pepino!

–¿Eh?

–No puedo entender cómo es que nadie sepa nada de ti… ¡No puedo entender que sean tan crueles!

–¡Hey, Sandra! No lo tomes tan a pecho. También es culpa mía…

–¡Tú cállate!... Eres el peor de todos. Ni siquiera un mensaje, una llamada o una despedida. Eres un imbécil.

–Lo siento. No pensé que tú…

–¡Pero ya lo arreglé!

–¿Ah?

–Les dejé a todos muy claro que no podían ser tan insensibles con tus sentimientos.

–¡¿Que qué?!

–Y me aseguré de que no te despidan… ¿Sabes que no has canjeado ninguna de tus vacaciones en dos años?

–Sandra…

–Pero tuve que decir que te metiste en problemas apostando y te dieron una paliza… No me creyeron, así que dije que te metiste con una mujer casada y te apalearon para salvar el honor familiar. Eso estuvo bien, porque hace semanas dije que eres gay y como que a algunos eso les incomodó un poco… En fin… Es probable que se rían mucho de ti cuando te vean, pero…

–Sandra…

–Aunque aún te quedan tres semanas más de vacaciones. Hablé con el jefe y canjeé la mitad de tus vacaciones para mí, así que supongo que está bien. Tuve que decirle que tengo que cuidarte porque desde pequeño no has conocido el amor de una madre… eso le dio mucha pena. ¿Cuánto tiempo más estarás en cama? Qué molesto.

–¡Sandra!

–¿Ah?

–¡Deja de estar inventado cosas sobre mí! ¿Por qué tienes que hacer eso? ¡¿No ves que me avergüenza?! ¡Auch!...

–No te preocupes. Nadie me cree.

–¿Qué?

–Pero ellos se divierten con mis cuentos, se encariñan contigo poco a poco, siempre dicen: ¡Imposible!, se ve que ese muchacho es una buena persona. Debe tratarse de un malentendido. Es solo que eres tan distante. Las personas son simples si lo piensas bien,. Si las saludas ellos te saludan, si les sonríes ellos te sonríen, si quieres que formen parte de tu vida ellos querrán que tú formes parte de las suyas, el sistema es sencillo. No sé porque se te hace tan difícil… Pareces idiota.

–Yo…

–¡Bueeeno! Es que sí eres idiota… Me rompí la cabeza durante semanas tratando de entender cómo es que no podías encontrar la solución a tu problema. Ni siquiera los médicos son tan buenos como yo, eso es cierto, pero ellos ya te habían dado información importante. Así que mi conclusión es que eres un idiota, no hay remedio, así son las cosas.

–Sandra.

–¿Si?

–Gracias por no olvidarte de mí.

–Yo no soy tan débil como tú. Nunca olvido y no permito que me olviden.

–Sí, en eso tienes razón. Somos muy diferentes.

Cuando era niño pensaba que mis heridas eran castigos por mi imprudencia, pero aun así nunca me contuve. Al no prestarle importancia al asunto mi vida fue un poco más simple. De hecho, sería un poco difícil establecer cuáles heridas eran producto de mis juegos y travesuras cotidianas y cuáles no tenían explicación lógica. Conforme crecí las cosas se complicaron, algo en mí falló, no pude dejar de contenerme. Sandra está parada frente a mí, hablando y hablando sin cesar, como huyendo del silencio. Cuando estoy con ella el silencio desaparece.

–¿No estás feliz de verme? Me costó mucho trabajo poder hallarte.

–Sinceramente, no puedo creer que estés aquí.

–Mmmm…

–¿Qué?

–Tan, tan triste… Tan triste que se niega a creer que alguien lo quiere. Tan, tan triste que duda de la realidad… Tan, tan, tan triste que está llorando de felicidad.

–¡Qué no inventes cosas sobre mí!

–¡Pero si estás llorando!

–¡¿Qué?!

–Psss… Lamentable.

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