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4 min
Auto Cinema Paradiso
Humor |
09.10.18
  • 4
  • 13
  • 1909
Sinopsis

Comienzo aquí una colección de cuentos de humor. Los mismos tienen como tema central el Auto Cinema de un pueblo ficticio y si bien se relacionan, tienen principio y fin en cada uno. Aclaro esto porque no es de mi agrado el : "...continuará" Muchas gracias Osvaldo Soriano. Hasta pronto.

En 1969, la vida era tan linda que nos despertábamos entusiasmados, ilusionados con cada amanecer. La gente cantaba y silbaba  en tanto caminaba por las calles y saludaba a gritos.

A diario, éramos testigos de hechos asombrosos e inventos curiosos.

Ni bien el hombre terminaba de caminar por la luna, en mi pueblo, inauguraba el Autocine.

Un terreno baldío de las afuera, el ámbito geográfico. La pared blanqueada a la cal del granero del suizo Kleinz, la pantalla. La torre de proyección, un tanque de agua de madera que luchaba por mantenerse en pie.

Su propietario, el serbio Igor Proyectoric, un director de cine fracasado. Había sido torturado y exiliado en la Segunda Guerra Mundial por proyectar, sin darse cuenta, un documental de la resistencia Yugoslava en los cuarteles de la Gestapo.

Explicaba apasionadamente el proyecto, gesticulaba, reía, se tomaba la cabeza, contagiaba entusiasmo, pero solo conocía veinte palabras en castellano. De manera que nadie tenía plena conciencia de que se trataba.

Los primeros clientes fueron los obesos Kalbermonster, como les encantaba el cine, la propuesta les vino como anillo al dedo. La comodidad del auto, además, les permitía suplantar los odiosos pochoclos por la canasta de pic-nic, de esa manera, disfrutar del pollo, la ensalada, cerveza helada y hasta algún dulce.

Fue así que las bondades del nuevo entretenimiento fueron encontrando clientes a la medida de sus necesidades.

El Turco Abub, conocido tacaño de la comarca, pagaba una sola entrada y llevaba a toda su familia escondida en la camioneta de reparto de la tienda.

Por supuesto, no tardaron en llegar los jóvenes. Siempre innovando.

Las parejas se sentaban en el asiento de atrás y entre besos y caricias, compartían la película.

No pasó mucho tiempo hasta que se dieran cuenta que el Autocine era más barato que el Motel. Si la pelicula era buena, hacían un 2x1. Resultaba regalado.

Igor tuvo que salir a dar caza a los infractores de la ley del cine. En realidad, de "su cine". Contaba con la desventaja que, aunque se moviera en cuatro patas entre los autos, su prominente joroba lo delataba.

Después de discutir y expulsar a algunos y cobrar multas rigurosas a otros, se volvió más flexible, si pagaban "el anexo", hasta les dejaba cigarrillos o cervezas de regalo.

Una mañana, sentado en el Café de la Sari, cansado de vivir experiencias estresantes; se iluminó y soñando con Fellini y Woddy Allen, dio vida a la más maravillosa y descabellada idea que jamás hayamos visto en nuestro pequeño pueblo y localidades aledañas.

El detalle es que no tenía un peso. Pero había descubierto por casualidad, que uno de los jerarcas de las SS que lo torturaran y le dejaran la joroba de muestra, vivía en el vecindario con identidad falsa. Fue hasta su casa y le pidio amablemente que le cediera en calidad de prestamo diez lingotes de oro. Le propuso una sociedad muy ventajosa que el ambicioso aleman no pudo rechazar. Al salir del Banco con el metálico, Igor, llamó al Mossad.

Puso manos a la obra, montó un bar, una venta de perros calientes y armó un parque de diversiones en miniatura para que también los matrimonios comprobaran los placeres del asiento trasero, mientras sus niños gastaban dinero en las atracciones y la comida chatarra.

En menos de un mes, las colas para entrar al Autocine obligaban a realizar función familiar y trasnoche.

Pero esa es otra historia. Si hasta mandaron una pareja de periodistas de incógnito, para ver de qué se trataba.

Andá imaginando. No te quedes corto.

Voy a buscar café. ¿Querés una dona?

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Comentarios
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  • Jajaja, te seguiré leyendo esta serie, muy divertido. Saludos.
    Muchas gracias amigos por el apoyo. Un gran abrazo.
    Dos por favor, esto va a estar muy bueno.
    Muy entretenido. Has conseguido que visualice cada una de las escenas que ibas narrando. Estoy ansiosa por leer mas de estas historias
    Igual de divertido que el anterior que le leí. Espero su siguiente aventura en el autocine. Barbaras
    Muchas gracias a todos y cada uno por leer. Un gran abrazo.
    Hay inventos del pasado que jamás tendrá. La magia del presente, un saludo
    Un cuento que me ha complacido muchísimo porque yo soy un amante del cine, Y Felline y Woddy Allen siempre han sido mis preferidos. Me ha hecho mucha gracia lo que hace el personaje tacaño. Me has hecho recordar cuando yo era pequeño y en el barrio habían seis salas de cine, y yo iba los sábados por la noche a uno de ellos con mi abuela. ¡Pero por desgracia esto del ritual de ir al cine, se está acabando! Cada vez hay más salas que cierran
    Como siempre nos has brindado un relato nostálgico y con sutil humor. Gracias.
    Está historia estuvo fantástica! Me ha encantado. Saludos querido Roluma :-)
  • Recuerdos de infancia de un niño feliz.

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    Gastemos el tiempo y las energías en ser felices.

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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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