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164 min
Civilización
Ciencia Ficción |
22.09.16
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Sinopsis

"El liquido llamado: ‘Deigratia’, que significa: ‘Por la gracia de Dios’ tiene el poder de derretirlos por dentro poco a poco, ellos desde luego no se derritieron en seguida, sino que, a largo plazo los desmorona, pierden el control del cuerpo y de varias emociones como amor o consideración y piedad, pueden comunicarse fácilmente pero lo único que piden es el Deigratia, que a pesar de ya poseerlo en el cuerpo lo necesitan para continuar con vida..."

1

Como Siempre

 

Desde el principio…nunca me detuve, casi no dormía, no comía y no encontraba a mi familia. ¿Dónde estaban? ¿Qué estaban haciendo? ¿Estaban vivas?

No los estoy asustando, es algo que está sucediendo, algo que tal vez no se pueda detener, algo que está hecho y que nadie puede deshacer, pero bueno, empecemos desde el comienzo.

De mi casa a la universidad era como 2 kilómetros, así que, algunas veces perdía el bus.  La Universidad Estatal de Montana, Bozeman. Viví en la 509, avenida décima sur, en una casa blanca, no tan linda, tampoco tan fea, de madera, patio delantero grande, un enorme y estúpido arbusto casi estorbando la entrada a la casa, el patio delantero rodeado de flores, y un enorme árbol a la orilla de la calle.

Recuerdo una vez que desperté muy tarde; mi madre no hacía nada con eso, y lo odiaba. Todas las mañanas era lo mismo: despertaba, saludaba y decía adiós después de un enorme desayuno vegetariano; mi madre era…Dios, esto es difícil...

A las 5: 30 am desperté. Hacía frio. Siempre dejaba la cama como si un huracán hubiese pasado por allí. Puse mi pie izquierdo en el suelo, (no creo en eso de mala suerte al poner el pie izquierdo en las mañanas), así que, puse mi pie izquierdo en el suelo, además, mis días eran horribles, como siempre. Caminé al baño; era lo primero que hacía, cuando toqué la perilla, mi madre me dijo.

 —Dejaste los trastes sucios, ¿por qué?

Vi su cabello y un pedazo de su rostro porque la pared me tapaba.

— ¿Yo?—dije frunciendo el ceño.

—Sí, tú, te dije que no hicieras eso.

— ¿Dónde está Amber?— dije de pie en la puerta.

— ¿Eso importa?— ella dijo relajada. Fruncí el ceño de nuevo y  vi la puerta, vi su cabello y un pedazo de su cara.

 — ¿Tengo que lavarlos?

—Desde luego que sí.

Dijo alzando su voz. Desapareció de mis ojos. Abrí  la puerta del baño: una pequeña brisa salió al entrar y cerré la puerta. Estaba un poco enojado, sólo un poco. Odio a Amber. Pensé.

El agua era fría y el viento soplaba por la ventana, la pequeña ventana que dejaba el viento soplar, y cuando estaba desnudo allí, era como estar en el polo norte. Odio esa ventana.

Quince minutos después salí del baño, limpio y relajado. Tenía que hacer todas las cosas que mi hermana dejaba en la noche y odiaba eso. ¿Por qué yo? Me decía a mi mismo mientras miraba alrededor. Caminé por mi cuarto buscando mis zapatos. Escuché desde la cocina.

—Escuchaste a mamá.

Estaba irritado al sólo escuchar su voz.
¡Oh La odio!  Fruncí el ceño y levanté mis zapatos yendo a la sala. La ignoré. No podía pero trataba.

—Tenía tarea qué hacer, lo siento.

Dijo yéndose con una estúpida sonrisa. Ella sólo me quería molestar, sólo eso y siempre ganaba. Soy mayor que ella pero creo que tiene más agallas que yo.  Ya me había puesto los zapatos y me levanté, caminé a la cocina; allí estaba, sirviéndose una taza de café.

— ¿Por qué no sólo tomas un tiempo de tu tarea para lavar los putos platos?

Dije en voz baja la parte de los ‘putos platos’.

—Ja,  hermanito, era mate.

Comentó dándose la vuelta. Me estaba quemando por dentro. Dios, cuanto la odiaba. Me serví una taza de café, sostuve la taza con furia. No la llené del todo… Había ahorrado dinero para comprarme unas donas, pero cuando abrí el microondas, no había nada.

—Dame mis donas.

 Amber se detuvo y me miró con una de ellas en su mano.

— ¿Esta? ¿La última?

Fruncí los ojos y dije.

— ¡Sí! Esa es mía, yo la compré.

—No me interesa, me la voy a comer.

Se llevó la dona a la boca y dije.

—Dame eso o si no…

— ¿O si no qué?

La mordió, un enorme pedazo.

—Eres una zo…— mi madre me detuvo cuando estaba entrando por la cocina, cuando iba a decir “zorra”.

— ¿Eres una, qué?

La miré y con la furia por estallar dije.

—Nada, es sólo que mi hermanita se comió mi última dona.

—Amber, ¿por qué hiciste eso?

—Tenía hambre, mami.

— ¡Yo también!— grité.

—Adam…compórtate.

Hice mis ojos hacia arriba y fui a mi cuarto. Estaba en llamas. Cerré mis puños y junté mi bulto.

Vi a Amber…Llamémosla: ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’, vi a ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’ en la sala, lista para irse, con una blusa corta y una mini- enagua. ¡Yuck!

—Hace frio.

Dije mientras ella se miraba a un espejo pequeño.

— ¿Y?

Se tocó la cara con sus dedos.

— ¿Acaso no ves como vas a ir a la universidad?

La miré sólo viéndose al bendito espejo.

—No seas mi ángel guardián, ‘Adamongo’, este es mi estilo, y no cambiaré.

—Atraparás un resfriado.

 Se rió y me miró diciendo.

—Eres un idiota, ‘Adamongo’.

—No me llames así.

— ¿Cómo, ‘Adamongo’?

Hice mis ojos a un lado, estresado y harto de su perfume, todo empalagoso. Mi madre entró a la sala y dijo.

— ¿Chicos listos?

 Amber brincó y dijo.

— ¡Sí, mamá!

Mi cuerpo se estremeció cuando hizo eso. Dije.

—Mírala, está desnuda.

Mi madre me miró y dijo.

—No, ella es hermosa. ¿Estás celoso, Adam?

— ¿De qué?

Le fruncí el ceño.

—Tú hermana, eso es normal Adam, no te preocupes, ella estará bien.

Mi madre miró a Amber y le tocó el cabello.

—Esto es repugnante— dije caminado a la puerta.

—Adam, compórtate.

—Sí, sí—caminé sobre el jardín.

—Adam, ¡mis flores!

Dijo Amber; me paré en una de ellas y dije.

— ¿Cuáles, estas?— las majé.

— ¡Mamá!

— ¡Adam! ¿Qué es lo que te sucede?

—Es sólo revancha.

 Seguí caminado, una estúpida sonrisa sobre mis labios. Me fui a la estación de bus y esperé por un momento. Cuando estaba allí, vi a ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’ en un carro y el chico del volante se detuvo y ella dijo.

—Mira a ese pobre ‘Adamongo’ en la estación del bus, esperando la carcacha, eres patético ‘Adamongo’.

El idiota del volante dijo.

— ¿Quién es ‘Adamongo’?

—Él — me señaló.

—Aléjate de mí, ‘Infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’.

— ¿Qué?— frunció el ceño.

—Ya escuchaste.

—Vayámonos de aquí.

Le mostré mi dedo mayor. El carro se alejó de mi vista. Esperé el bus. Solo, como siempre. Odio eso.

Llegué a la universidad, llena como siempre. Me metí y la enorme puerta estaba decorada con papeles de colores del grupo de fútbol americano: ‘Los Imbéciles’, les decía yo. Estaba caminando cuando mi supuesto amigo vino a mí.

— ¿Qué hay, amigo?

Él es negro, y un poco más alto que yo, con su ropa abultada y una enorme cadena de supermercado en el cuello.

—Nada—dije subiendo mis hombros.

— ¿’Nada’? 

Me alzó la mano, me vio y dijo.

—Amigo, ¿viste a Lhuna?

— ¿Lhuna?

—La ardiente chica de filosofía.

—Nop.

—Ella es ardiente, amigo. Tienes que verla.

—Odio filosofía.

—Odias todo, hasta a mí.

—Sí, sí.

— ¿A dónde vas?

—Voy a la clase de Margaret.

— ¡Mierda! Eso es aburrido, vamos a la de filosofía.

—Te dije que odio…

—Sí, amigo, sí, no lo repitas.

Él dejó de caminar y dijo mientras se iba de regreso.

—Te lo perderás.

 ¿Qué voy a perder? ¿El bus?

 

Entré a la clase de Margaret, clase de cocina, pero no me quejo, ella era muy desconsiderada, sólo se quedaba allí de pie en su escritorio a ver como nosotros hacíamos  los deberes. Casi todo el tiempo quemábamos todo lo que cocinábamos, a ella no le importaba. Me senté y puse mi bulto sobre la mesa; la profesora estaba allá, mirándonos como si fuera una espía. Me asustaba con su perspicaz mirada.

—Hoy van a quemar un platillo llamado: Crepas de pollo.

Se sentó y empezamos a ’quemar’ las crepas de pollo. Éstas eran simples de hacer, sólo tienes que seguir las instrucciones, y ya. Teníamos que hacer una mezcla con harina, después cocinarlo y tendríamos las crepas de pollo. Estábamos tomando turnos para cocinar las crepas de pollo; era mi turno. Expandí el líquido en la sartén y el líquido era perfecto, delgado y circular. Todos alrededor mío estaban impresionados.

—Oye, Adam, eres bueno en esto.

 Diría que fue bueno. Todas las treinta crepas de pollo fueron hechas por mí. Sentí que era famoso por cocinar y no por quemar una crepa. Pero después se acabó. Hice casi todo el trabajo, hice un esfuerzo, sólo para escuchar a Margaret decir.

—Buen trabajo en equipo, no quemaron ni siquiera las orillas.

 ¿Qué mierda dijo? Demonios, hice todo el estúpido trabajo; ellos sólo tomaron la asquerosa crepa de mierda y las pusieron en el plato. Te odio maldita perra. Los odio a todos.

Bueno, estuvo bien.

Mis orejas estaban ardiendo; yo estúpidamente sonreí, como si estuviera orgulloso de todo el trabajo que yo hice. Salí de la clase casi explotando. Fui casi corriendo al baño de hombres, abrí la puerta y Farrell estaba ahí.

—Oye, ¿qué hay?

Hice mis ojos hacia los lados y entré a un servicio. Él empezó a hablar.

—Allí estaba ella, con un jeans apretado y una blusa apretada. Su cabello tan brillante…Uy, ah.

Hice una cara de desagrado. No hacía nada en el baño, sólo despejaba mi mente y relajaba mi cuerpo.

—Amigo, tienes que conocerla, voy a hablar con ella y luego me la voy a co…

Lo detuve diciendo.

—Sí, sí, voy a conocerla pero si dejas de hablar.

—Eres el hombre, amigo, nos vemos en el comedor.

Él salió y yo también. Él nunca me llamaba por mi nombre, sólo ‘amigo’, qué amigo. Caminé hasta la siguiente clase: la de Robert. Es una aburrida clase de biología; operar inocentes ranas y ver cómo sangran no es nada divertido. Me senté cerca de mi otro supuesto amigo llamado Mark.

—Hola compañerito, ¿cómo está hoy?

 ¿Por qué soy tan impopular?, mis amigos eran tan idiotas, Farrell era un idiota y Mark también era un idiota, Dios, estos amigos eran unos idiotas, yo soy un idiota también.

—Hola Mark. Estoy bien.

—Creo que no estás bien.

— ¿Por qué piensas que no estoy bien?— fruncí el ceño.

—90 % a que no estás bien.

 Sus malditos porcentajes.

—Estoy bien, Mark.

—Amo ésta clase, amo cómo el profesor Robert hace la lección.

Inmediatamente giré mi cabeza a él y fruncí el ceño diciendo.

— ¿Tú, qué?

 Mark era extraño, muy extraño.

—Me gusta la manera en la que él explica el cuerpo de la rana y todos sus órganos, me gustaría ser como él.

Suspiró mirando al profesor. Puta madre, estoy con un nerd gay. Me moví en el asiento para acomodar mi trasero. Me sentía irritado estar a su lado. ¡Mierda! El profesor empezó a explicar los intestinos de la rana. La inocente rana. No quise tocarla. Soy vegano y sólo veo cómo ellos mataban a esos animales. Quería vomitar todo el desayuno vegetariano que mi madre hizo.

—Profesor —dije en voz baja.

—Sí, Adam, puedes salir.

 Salí y fui al baño. Me puse frente al espejo y vi mi pálida cara y dije sarcásticamente.

—Eres muy valiente, sí.

Bebí agua y regresé a la clase. Cuando abrí la puerta, el profesor dijo.

—Adam, no debe…

Vi los intestinos de las ranas en el aire. Salí corriendo de vuelta al baño.

—Genial, cuando te sentías bien.

Dije bebiendo agua de nuevo. Volví y toqué la puerta y dije.

— ¿Puedo entrar?

—Sí Adam, puedes entrar.

Entré y vi las ranas con una sábana blanca sobre cada una. ¡¡Estaban muertas!! Me senté y vi a Mark con una sonrisa nerd que dijo.

— ¿Ves? No estás bien. Mis porcentajes nunca fallan.

 Cerré los puños,  crucé mis manos poniéndolas encima de mi bulto y puse mi cabeza sobre ellas. A las doce en punto llegué al comedor, había olvidado la estupidez de Farrell. Me senté y Farrell vino a mí diciendo.

— ¿Qué es, amigo?— Odiaba cuando él decía eso.

— ¿Qué?

 Dije poniendo mi bulto en la mesa. Él dijo.

—Lhuna, amigo, Lhuna.

 Lo miré e hice mis ojos hacia arriba y dije.

— ¿Y qué?

—Amigo, aceptaste conocerla.

—Ah, sí.

Miré buscando a nadie.

—Ella quiere conocerte— oh por Dios, esto es estúpido. Pensé.

— ¿Ella me quiere conocer?

—Sí, amigo, ella me dijo que eres ardiente.

Lo miré y sonreí irónicamente diciéndole.

—Tal vez seas tú el que piensa eso.

— ¡No soy gay, amigo!

Gritó.

—Ella dijo eso cuando hablaba con ella.

—Ella no me conoce y ¿piensa eso?

— ¿Y?

 Farrell miró alrededor buscándola.

— ¿’Y’?

Repetí arrugando el ceño.

—Cuando la conozcas, voy a ser su gerente y luego me la voy a…

 Ahí iba de nuevo. Interrumpí diciéndole.

—Farrell, sí, sí, gracias.

Ambos nos quedamos quietos por un momento. Miraba a nada y él buscaba a Lhuna. Cuando me iba a poner de pie, él agarró mi mano y me haló diciendo.

—Allí viene.

 Vi un montón de gente, él continuó.

—Mira sus piernas.

Yo no veía ni mierda y dije.

—No veo a nadie.

Él gritó.

— ¡Lhuna, por aquí!

Pestañeé dos veces y la vi.

—Mírala, amigo.

Me dijo mientras mi quijada estaba en el suelo. Ella era perfecta, largo y acolochado pelo negro, blanco y perfecto rostro, ojos verdes y labios rojos con una sonrisa sobre ellos. Su cuerpo era hermoso, con una colorida blusa apretada y hermosa, hermosa; con un aterro de brazaletes y collares. Llevaba un jeans apretado y tacones. Parecía un ángel tocando su arpa sobre mi oído. Se acercó a nosotros y dijo con la sonrisa todavía sostenida.

—Hola.

 Farrell dijo.

— ¿Qué hay, nena?

—Hola Farrell, ¿cómo estás?

—Ya sabes cómo estoy, mi amor.

Ella me sonrió, rápidamente cerré mi boca y ella dijo.

—Hola, mi nombre es Lhuna.

No podía hablar, estaba idiotizado. Tartamudeé diciendo.

—Ho-Hola, mi-mi nombre es A-Adam.

Parecía un idiota. Ella dijo.

—Sí, sé tu nombre, lo escuché de tu hermana, ella dice: ‘Adamongo’, ¿por qué?

Fruncí el ceño y las cuerdas del arpa explotaron pegándome en mi rostro, dije.

— ¿Ella te dijo que soy ‘Adamongo’?

—Sí— contestó con una estúpida sonrisa.

—Adam…y mongolo.

Ella se rió y luego mientras lo hacía dijo.

— ¡No entendía!

 Jódete maldita perra. Sonreí sarcásticamente. Vi a Farrell sonriendo también como siguiéndole la corriente. Imbécil. Ella de repente dijo.

—Quiero hacerte el amor, Adam.

Me sorprendí, agrandé mis ojos. Farrell la miró con una sonrisa.

— ¿Qué?— dijo Farrell frunciendo el ceño.

—Quiero acostarme contigo Adam, eres tan tierno y…— cambiando la voz siguió—Guapo, Ardiente, guapo y…ardiente— sonrió.

— ¿Pero, por qué?— dijo Farrell.

—Ay Farrell, deja de preguntar. ¿Aceptas Adam?

Vi a Farrell con ojos rojos, odiándome y vi a Lhuna y le dije.

— ¿‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’ te dijo que yo era eso?

Ella sonrió orgullosa y dijo.

—Sí.

 Miré alrededor buscando a nadie y dije.

—Dile a ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’  que ella es un asqueroso monstruo que necesita reputación.

 Lhuna se tocó el cabello y me dijo.

— ¿’La infeliz’, qué? ¿Puedes repetirlo? Olvidé el lindo sobrenombre.

Hice mis ojos hacia un lado y tomé mi bulto y fui a los estantes de comida. Ella se quedó allí preguntándose qué iba a decirle. Farrell me siguió y dijo.

— ¿En qué diablos estabas pensando, amigo?

—En mi estúpida hermana.

—Mira lo que le dijiste, fue un error, deberías  haber dicho: ‘Sí, sí, sí’.

Tomé una bandeja.

—No, ella es bonita pero…nah.

— ¿Bonita?— Farrell tomó una bandeja y continuó—Ella es caliente, amigo.

—No me interesa.

Fruncí el ceño mientras me servía puré.

— ¿No te, que, qué? Tu hermana tiene razón, eres Adamongo.

 Me detuve y lo miré diciéndole.

—Si vas a llamarme por ese nombre…— tomé vegetales al horno y seguí—Enfrentarás las consecuencias.

Él se rió sirviéndose puré.

— ¿Qué?— él siguió— ¿Vas a hacer qué?

—Sólo… No me digas así.

— ¿Sólo tú hermana?

—Sí, porque es una idiota.

— ¿Me estás diciendo que soy un idiota?

—Si no quieres…

Terminé  de servirme. Fui a la mesa; Farrell me siguió, se sentó al frente y dijo.

— ¿En qué pensabas cuando ella dijo, ‘hacerte el amor’?

—Pensaba en un hermoso carro.

— ¡¿Un carro?!— Dijo gritando— ¿Qué clase de hombre eres, amigo?

—Me llamo Adam, Farrell.

— ¿Eres gay?

—Cállate Farrell.

Se introdujo la cuchara a su boca y dijo.

—Io deo que tus tas oco, igo.

Su boca llena de comida, lanzándola por toda la mesa.

—Mierda Farrell, mastica primero.

Cuando terminó dijo.

—Pienso que estás loco, amigo.

Hice mis ojos a un lado. Se metió otra cucharada de carne en salsa mientras yo jugaba con la mía.

—Goi a abla on Lhuna.

Lanzó un montón de esa asquerosa salsa.

—Maldición Farrell, ¿No sabes que eso está mal?

Dejé de jugar con mi comida; él terminó y dijo.

—Voy a hablar con Lhuna.

—Lo que quieras.

— ¿No tienes hambre, amigo?

Hice mis ojos hacia arriba y le di mi plato.

—Adiós.

 Farrell agarró mi mano y dijo.

— ¿Qué?— lanzando de nuevo la comida.

—Detente Farrell, ves…Mierda, mi camisa.

—Lo siento amigo, no me dejes solo.

 Me fui a la puerta de salida haciendo mis ojos hacia arriba. Mientras caminaba, una chica venía muy desconcentrada mirando unos papeles que sostenía. Di un paso a la izquierda pero ella siempre chocó conmigo y cayó. Hice mis ojos hacia los lados y me acerqué a ella y pregunté.

— ¿Está bien?

Le ayudé a levantar las hojas.

— ¡No!

Dijo enojada. Me sorprendí y le dije.

—Oye, lo siento.

 Ella se puso de pie y me dijo mirándome.

—Perdón, estoy…Perdón si te grité pero es que…estoy estudiando para un examen y no está fácil, y…Lo siento, estos últimos días han estado difíciles y no he dormido, y mierda…bebí como tres tazas de café y…— ella se puso pensativa y luego dijo—Tal vez necesito sexo.

 Fruncí el ceño; mi boca estaba media abierta y dije.

—Bueno, tal vez…Lo siento de todos modos.

—Yo lo siento, estaba ausente.

Sonrió, tenía una hermosa sonrisa.

—Nos vemos… ¿Cuál es tu nombre? —me preguntó.

—Adam, ¿tú?

—Kate, mucho gusto ‘Adamongo’.

Sonrió. Fruncí el ceño y ella se dio la vuelta, yo dije.

— ¿Hablas con Amber?

— ¿Quién es Amber?

Dijo dándose la vuelta y mirándome, yo dije.

— ¿De dónde sacaste eso?

—Hay papeles por toda la universidad.

Ella se fue. Cerré mis puños y fui a la clase de Amber, la clase de ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’. Un profesor salió y dijo.

— ¿Sí?

—Quiero hablar con…

Él no entendería el sobrenombre, entonces seguí.

—Amber.

—Espere.

Golpeé mi mano con el pantalón y empecé a mover el pie. El profesor salió y me dijo.

—Ella dijo que no, caballero.

—Necesito hablar con ella, dígale que venga.

—Si ella no quiere, lo siento.

— ¡Perra!

Le grité. El profesor dijo.

 —Oye, oye, cuidado con ese vocabulario.

Cerró la puerta frunciendo el ceño. Llegué a casa muy enojado. Abrí la puerta y tiré mi bulto al suelo. Mi madre estaba allí y me dijo.

—Adam, ¿Qué hiciste?

—Lancé mi bulto al suelo.

—Recógelo ahora mismo.

— ¡Maldición!

Ella se acercó de la cocina y la vi con las dos manos en su cadera.

— ¿Qué dijiste?

—Nada.

— ¿Nada? Compórtate Adam, ¿qué es lo que te está sucediendo? Siempre te quejas de todo, ¿cuál es el problema? Has estado muy extraño estos días, ¿te sucede algo?

Giré mis ojos hacia arriba y junté el bulto, me metí al cuarto; ella continuó.

—Te he hablado de tu comportamiento Adam, tal vez todo esto es por tu padre, la culpa de tu padre, tal vez si no se hubiera ido tú estarías bien, ¿es eso?

 Cerré la puerta y ella dijo.

—Adam, no cierres la puerta, enfréntalo, tu padre no volverá, nunca… Perdón.

Cerré mis ojos y vi las paredes; mis orejas empezaban a ponerse rojas. Me pareció que ella estaba llorando y yo lloré también. Pude escuchar la puerta abrirse; cuando Amber entró, mi madre se detuvo. Estaba llorando y dejé que las lágrimas corrieran por mis mejillas. Estaba confundido. No sé porque mi padre se fue. Era pequeño, pero tal vez nos odiaba, no sé cómo es él, no sé si está vivo en este momento. Mis noches no son las mismas, necesito a mi madre y a mi hermana, a veces sueño que ellas están junto a mí, que mi madre llega a mi cama y me toma entre sus brazos,  sueño que me besa en la mejilla y me dice ‘te amo’… Despierto dándome cuenta de que sólo es otro sueño de los miles que he tenido. Algunas veces quisiera que todo esto que está pasando fuera una película, una historieta de ficción, pero es tan real como estas letras que ahora escribo…tan real.

 

 

 

2

La Cita

 

No sabía dónde estaban las personas… ¿Estaban vivos? Esperaba que…Pensaba que habían sido salvados y que me habían olvidado.

 

Mi madre me despertó al siguiente día tocando mi puerta.

—Adam, es hora.

Todavía estaba enojado con ella.

—Buenos días.

No le contesté. Me miró y la miré.

— ¿Por qué no me contestas cuando te pregunté?

—No es una obligación, ¿o sí?

La dejé de ver y ella me dijo.

— ¿Qué sucede?

—No es por mi padre para que lo sepas.

— ¿Entonces?

—Soy un estúpido, mis amigos piensan que soy mongo.

— ¿Por qué mongo?

—Pregúntale a Amber.

Ella miró el cuarto de ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’ y dijo.

— ¿Por qué? ¿Qué hizo?

—Está diciéndole a toda la universidad que yo soy ‘Adamongo’

— ¿Por qué haría eso?

—Madre, por favor, no seas imbécil.

 Dije mientras intentaba atarme los cordones de los zapatos.

— ¡¿Qué?! —me gritó.

—Estoy cansado de esto, estoy enfermo de escucharte y enfermo de ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’, harto de vivir aquí, debería trabajar y vivir mi vida yo solo, solo.

 En este preciso momento…hubiera deseado no haber dicho eso.

 Mi madre se quedó allí. No me di vuelta, no quería ver su rostro. Sólo escuché algo que nunca olvidaré.

—Te odio Adam.

Ella se metió a su cuarto. No me hizo el desayuno vegetariano. Me sentí mal, mi estómago dolía. Vi a ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’ de pie en su puerta.

— ¿Qué? —le dije frunciendo el ceño.

— ¿Por qué le dijiste eso?

—Es la verdad.

— ¿Y piensas que ella te dijo al verdad?

Vi el suelo y le contesté.

—Sí.

— ¡Ja!

Dijo ella sirviéndose café. No quería desayunar. Salí de la casa temprano. Caminé hasta la universidad, despacio, cuando casi llegaba, ‘La infeliz- Estúpida- Patética- Niña fresa infantil’ pasó por mi lado.

—Échale un vistazo a su cara, Will.

Dijo ella, el idiota preguntó.

— ¿Qué tiene su cara?

Lo miré y le saqué el dedo mayor.

—Oye.

Dijo él. ‘La infeliz…Llamémosla con otro sobrenombre, ese es muy largo. ‘La zorra’ dijo.

— ¿Quieres que te llevemos?

Le grité diciendo.

— ¡Jódete!

Ella se rió y dijo.

—Gracias hermano.

Se fue. Llegué y la primera mierda que vi fue a Farrell.

— ¿Qué hay, amigo?

 ¡¡UUUY quería golpearlo!!

 Contesté.

—Nada.

—Amigo, no puedo creer lo que hiciste.

—No empieces con eso, ella es estúpida, tonta.

Farrell se detuvo y dijo.

—Oye, oye, tranquilízate, no blasfemes contra ella.

—Es la verdad, es una perra.

De repente Farrell me golpeó con el puño cerrado en la cara, en frente de todos. Caí. Rápidamente me levanté y fruncí el ceño poniendo mi mano sobre mi boca.

— ¿Qué demonios?

 Él gritó.

— ¡Eres un maldito, amigo, te odio, ella no es una perra, ella es un ángel, no es una perra, estás celoso, idiota, imbécil!

Se fue. Me merecía eso. Entré al baño y vi mis labios rotos. Vi un reflejo de unos zapatos femeninos por el espejo, me acerqué y abrí la puerta del baño.

— ¿Qué demonios está haciendo aquí?

Era Kate.

—Yo-yo, sólo…

Se rindió y saliendo del sanitario me dijo.

—Estoy buscando.

— ¿Qué?

—No sép, tal vez sólo chismeo, no sé, quiero escribir algo sobre el baño de hombres.

— ¿Para qué? —dije confundido y un poco espantado.

—Parece como si tuvieras 18 años.

— ¿Cuántos años tienes? —le pregunté.

—Tengo 20.

Me miró a los ojos preguntándose cuál era mi edad.

—21.

—Bueno, sólo vine a cotillear lo que los hombres piensan.

— ¿Para ver qué?

—Nada, es sólo curiosidad.

— ¿Cómo entraste aquí?

—Muy fácil, no hay nadie cuando entro.

— ¿Cuál es tu siguiente clase?

Ella me sonrió y me dijo.

—Filosofía.

 Por todos los demonios, tengo que ir, es muy linda. No me di cuenta, y ya me empezaba a doler la cabeza. Mierda, odio filosofía. Cuando nos sentamos vi a la profesora. Se acercó al escritorio.

—Buenos días— dijo ella—Vamos a repasar lo que vimos ayer.

Ella enseñó en la pizarra lo que odio: Vida de los Filósofos y comparaciones con la actualidad.

—Mierda.

Dije poniéndome de pie. Salí de la clase. Me sentí como si me fuesen a hacer un exorcismo. Prefiero la clase de inglés. Estaba en el pasillo, Kate me dijo cuando salió.

— ¿Qué te sucede?

—Odio filosofía.

— ¿Y por qué entraste?

—No sé, quería saber que pasaría y allí está el resultado, lo odio…Tienes que venir a mi siguiente clase.

— ¿Cuál es?

—Inglés.

—Amo el inglés.

—De seguro no sabes nada en inglés.

— ¿Cómo lo sabes?

—No sabes.

—Desde luego que sí sé.

Me dijo retándome.

— ¿Qué sabes?

—Sé como decir: ‘Hola, mi nombre es Kate’

— ¿Cómo?

—Hello, my name is Kate.

Me reí y le dije.

— ¿Sólo eso?

—Sí, ¿Por qué? ¿Eres bilingüe?

—Para nada, pero al menos sé algo más.

—Idiota.

Me sonrió, su sonrisa era linda.

— ¿A qué le temes?

Me miró y frunció el ceño con una sonrisa.

— ¿Por qué quieres saber?

— ¿Por qué no?

—Odio cuando la gente dice eso.

—Contesta.

Ella pensó y luego dijo.

—Cosas que pensamos que no existen.

Fruncí el ceño y dije.

— ¿Cómo qué?

—Extraterrestres…fantasmas, tú sabes…

—Ja, ja, eso es estúpido.

— ¡¿Qué?!

—Nada, pero pienso que si esas cosas no existen… ¿Por qué deberías temerles?

Ella sonrió y dijo.

—Mejor vayamos a hablar inglés.

Cuando terminamos la clase de inglés, caminamos por el pasillo.

— ¿Almuerzas aquí?

Pregunté.

—No soy tu amiga.

— ¿Por qué no?

—No sép…Sí, almuerzo aquí.

— ¿Te molestaría si almuerzo contigo?

—No, para nada.

Almorzamos juntos, hablamos un montón. Cuando el momento llegó le dije.

— ¿Quieres salir un día?

Me miró y se sonrojó diciendo.

— ¿Cuándo?

—Mañana en la noche.

—Está bien.

—Paso por ti.

Sonreí. Pero cuando íbamos caminando, la perra de Lhuna se acercó a mí y me golpeó por la mejilla.

—Eres una mierda y yo que quería tener sexo contigo, estaba ardiente Adam, ardiente, y tu tan ardiente.

Se fue.

¡¡¡DIOS!!!...Me sonrojé…Eso fue completamente estúpido…Maldita perra, derritió el momento. Kate me miró con la boca abierta y se fue. La seguí.

— ¿Quieres salir conmigo y esa viene y dice que eres ardiente, y que está ardiendo por ti? ¿Qué fue eso?

— ¿Estás celosa?

Se detuvo y se dio la vuelta diciendo.

— ¿Estoy, qué? Para nada, pero vienes a mí con una invitación y luego esa llega con sexo.

—No he tenido sexo con…

—No me interesa tu vida sexual, es sólo que…

Se detuvo.

—Mi último novio hizo eso.

—No soy tu novio.

Ella hizo los ojos hacia arriba y me dijo.

—Eres tan…No sé ni que decirte.

—Di que soy atractivo — sonreí.

—Ella te dijo que eras ardiente, eso es mejor.

—No soy ardiente, soy sereno.

La hice sonreír.

— ¿Mañana en la noche?

Me preguntó tocando sus lentes.

—Mañana en la noche.

Le dije, ella se fue. Estaba impaciente, estaba sudando, mis manos temblaban. Mi madre todavía estaba enojada conmigo. No me importó. Sólo quería salir de mi casa. ‘La zorra’ me vio salir por mi puerta como si fuese un extraterrestre.

—Estás horrible.

—Gracias.

— ¿Y quién es él? —me dijo molestando.

Ella es Kate.

—Ah…ella— sonrió diciendo— ¿Es travesti?

—Hasta lo que sé, no.

—Tal vez lo sea.

—Tal vez tú lo seas.

Abrí la puerta para irme y ella se quedó allí viendo para el ciprés. Caminé hasta llegar a la casa de Kate. Toqué la puerta y un hombre salió, me miró y yo le dije.

—Ah, ¿está Kate?

— ¡Kate!

Dijo él. Escuché desde adentro su voz decir.

—Ya voy.

La vi tan hermosa, no, no hermosa, divina…Celestial. Un hermoso vestido largo y azul, que estaba escotado dejando ver sus firmes senos, con un chanele negro sobre su cuello, arropándola por el frio, tacones negros y brillantes, deliciosos labios con brillo transparente, y un aroma que no supe describir, delicioso y…los anteojos.

—Vamos.

Salió de la casa y dijo.

—Adiós papá.

Yo tragué.

— ¿Él es tu padre?

—Sí.

—No tengo carro.

— ¿Y? ¿Quién dijo que necesitábamos un carro?

Allí estábamos, en el bus, mi tercera cita y todo iba mal. La primera cita fue así: todavía recuerdo muy bien el día, era el 7 de Noviembre del 2008, estábamos en el cine, fue un desastre, la película era: “The Boy In The Striped Pyjamas”, y ella no dejaba de llorar. Aunque en la noche el que lloraba era yo de placer. La segunda cita era en el parque de diversiones. ¿Por qué hice eso? Vomitó la hamburguesa por todo lado…era un desastre, tenía vomito…Pero en la noche nos duchamos juntos…Tal vez ésta vez sea diferente. Estábamos en el bus, ¿Qué podría pasar?

Llegamos a un restaurante; no es muy famoso.

—Tal vez no soy bueno escogiendo restaurantes.

— ¿Por qué?

—Es asqueroso.

—Bueno, un poco.

— ¿Qué quieres de comer?

—Mmm…

—Que no sea caro.

Ella se rió y me vio diciendo.

— ¿Es una broma?

Miré su escote rápidamente y luego a sus ojos y dije.

—Me gustaría que así lo fuera, pero no, no es una broma.

—Dios…Bueno, quiero un vaso de agua y un pedazo de pan, por favor.

—No estoy diciendo que pidas eso, es sólo que no pidas algo como salsa de camarones y filet de salmón con vegetales y cosas extravagantes.

—No me gusta eso.

— ¿Entiendes el punto?

—Sí…Quiero un pedazo de pan sin levadura y no gracias, no quiero agua, me quiero ahorcar yo misma.

Sonreí.

Estuvo bien. Nunca lo olvidaré. Nunca te olvidaré, Kate.

La dejé en su casa. Dios, cuanto quería bajarle el zipper del vestido.

—Estuvo bien. —dijo mientras veía el horizonte y yo sus senos. Me miró y la miré. Le dije.

—Quiero verte sin anteojos.

 Quiero verte sin ropa. Pensaba.

—Tal vez…tal vez no.

—Te ves hermosa está noche.

 Como para zafarte ese horrible vestido que se hace hermoso sobre tu cuerpo y dejarte desnuda para tocar tu blanca y suave piel y besar tus… Cálmate Adam, no eres un depravado mental.

—Gracias…tú estás ardiente.

Sonrió y se sonrojó. Me calmé y le dije.

—Estaría de acuerdo si me dices algo mejor.

Ella se acercó a mí y se inclinó dejándome ver más su busto. Me dio un beso en la mejilla, me dijo.

—Eres simpático.

 Se acercó a la puerta y entró cerrándola detrás de ella. Allí estaba, como un imbécil hipnotizado. Todavía recordando sus senos. Caminé a mi casa. Estaba volando…Ella era muy hermosa. Creo que la chica más hermosa con la que había estado. Pero ahora… 

 

 

3

El último Día

 

Recuerdo cuando pasé por la casa de Kate.

—Hola— me dijo.

—Hola. ¿Cómo estás?

—Serena.

Nos reímos. Ella dijo.

—He estado pensando en nosotros, por lo de ayer.

OH-OH. ¿’Pensando en nosotros’? ¿Está embarazada? ¿Pero cómo si aunque yo quise tener sexo con ella no hicimos nada?

—Aja…

—Tal vez debemos ser más que amigos, ¿qué piensas?

—Aja…

—Adam.

Me dijo sonriendo.

—Bueno, no sé, tal vez deberíamos pensarlo un poco más.

—No soy buena para ti, ¿es eso?

—No, no…pero, tal vez…Salimos ayer… ¿Entiendes?

—Sí.

— ¿Somos amigos?

—No lo pienso así.

— ¿Te gusto?

Pregunté frunciendo el ceño. Ella subió los hombros, y yo seguí.

—Si dices que sí, sentiré lo mismo.

Ella me miró y dijo de inmediato.

—Sí.

—Abrázame.

Ella lo hizo sin pensarlo. Estaba confundido, me sentía solo. Necesitaba a alguien, pero no a mi madre. Necesitaba una chica, un beso, un abrazo, un cuerpo.

— ¿Qué te sucede?

Me preguntó.

—Me siento solo…Mi madre me odia, ella me lo dijo…Mi hermana también. No tengo hermanos, no tengo un padre…Tal vez él golpeaba a mi madre y nos dejó…Tal vez aprendí a odiar por culpa de mi padre.

—Adam…lo siento.

Lloré. Ella me miró, puso sus manos en mis mejillas y me besó. Primero abrí los ojos, segundo, los cerré, tercero, temblé, cuarto, no supe qué decir, quinto, he besado a muchas chicas de muchas formas: apasionadamente, de repente, con sólo verla, mientras le quito la ropa pero como el de Kate, no; sexto, estaba nervioso, sétimo, toqué su cintura, octavo, seguí sus besos, noveno, me relajé y décimo, estaba enamorado. Sostuve su mano y caminamos muy orgullosos como novios que éramos. No podía creerlo. La única relación que tenía con las chicas eran las sexuales. Lhuna se acercó a nosotros en el receso y se sentó a mi lado y dijo.

—Quiero besarte, ¿puedo Kate?

—Nop— dijo ella relajada.

—Pero estoy ardiendo. Estoy esperando por ti Adam…Hasta no verte desnudo en mi cama no me detendré.

—Vete de aquí— dije.

—Que necia— dijo Kate viéndome.

 

 

Estaba en la clase de inglés cuando Farrell se acercó a mí y se sentó.

— ¿Qué hay, amigo?

Lo vi mientras yo escribía, él continuó.

—Siento haberte golpeado, pero es que estaba loco.

— ¿Hasta ahora te das cuenta?

—Lo siento, amigo, es verdad, ella está durmiendo con otro chico, amigo.

—No soy uno de ellos.

—Desde luego que no.

—Y ahora… ¿qué vas a hacer?

—Me voy a escapar.

— ¿Qué?

Dejé de escribir.

—Mi padre me golpeó ayer.

— ¿Dónde?

—La espalda.

Vi sus ojos, estaba triste. Abrí la boca y la cerré de nuevo y dije.

— ¿Dónde irás?

—No sé, pero ya no quiero vivir allí.

En ese momento me di cuenta que su padre lo violaba.

—Puedes vivir conmigo Farrell.

— ¿De verdad?

Sentí un nudo en la garganta.

—Sí, ven hoy, no te quedes muy tarde en casa.

—Oh gracias, amigo.

Él salió de la clase. Me quedé viendo la puerta.

 

Vi a Farrell de pie en la puerta principal, esperándome. Vine con Kate.

—Hola— le dijo Kate a Farrell.

—Hola. ¿Estás seguro, amigo?

—Sí.

—Gracias…Al menos mi padre no sabe dónde vives.

—Sí, vamos.

 Besé a Kate y la dejé en su casa.

Entramos a mi casa. ‘La zorra’ estaba sentada en el sofá. Se dio la vuelta y dijo.

— ¿Quién es ese bicho?

—Es mi amigo, perra.

 Farrell sonrió.

—Ja— dijo ella viendo una revista.

—Vamos a mi cuarto.

— ¿Dónde está tu madre, amigo?

—En el trabajo— entramos.

— ¿Dónde dormiré?

—No te preocupes.

Le di una sábana y él durmió en el suelo.

 

Al día siguiente temprano abrí los ojos, asustado del sueño que tuve, fui a la cocina y me serví un vaso de agua, lloré por unos segundos, tal vez sí era un sueño… Pero al ver mis manos me di cuenta de que vivo esto, miré por la ventana y fui al lago…

 

 

Farrell estaba en el piso.  Lo desperté.

—Espera, amigo.

—No, es tarde.

—Todavía no, no.

Hice mis ojos hacia un lado. Salí y fui al baño. Me bañé. Salí y vi a Farrell frente a mí y preguntó.

— ¿Tengo que bañarme?

—Desde luego.

Fruncí el ceño.  El desayuno no estaba hecho. Hice huevos quemados con pan, tal vez Margaret no estaba tan equivocado con nosotros.

— ¿Qué demonios es esto?

—Huevos quemados con pan, ¿por qué?

—No me voy a comer eso.

— ¿Por qué no?

—Esta horrible, prefiero beber un vaso de agua.

—Pues ve y sírvete el vaso con agua —sonreí. Él dijo.

— ¿No te lo vas a comer?

Yo contesté:

—Soy vegetariano, ¿lo recuerdas?

 ‘La zorra’ salió del cuarto. Farrell la vio con un pantalón apretado. Tocó mi espalda y me di la vuelta.

— ¿Qué?

—Mírala.

—Farrell…Mierda, es mi hermana, que asco.

—Mira ese tra…

— ¡Mierda!

Dije interrumpiendo, y seguí sarcásticamente.

—Voy a vomitar, ahora vengo.

‘La zorra’ se dio la vuelta y dijo.

— ¿Qué me estás viendo, bicho?

— ¿Estás hablando conmigo, nena?

 ‘La zorra’ hizo una cara de desagrado y tomó su cartera.

—Vámonos Farrell.

— ¿Ella tiene novio?

—Sí, sí.

Kate no estaba lista, así que no la recogí. La universidad estaba vacía. Farrell desapareció cuando entramos. Fui buscando mi primera clase, cuando caminaba por el baño de mujeres, Lhuna salió de ellos y me tomó de la mano adentrándome. Ella  empezó a besarme como si estuviese desesperada. Empezó a quitarse la blusa y me sorprendí. La empujé y cuando iba a decirle algo, vi a Kate en la puerta. Abrí mi boca exageradamente; cuando iba a decirle algo a ella, Kate se fue.

— ¡Eres una perra!

Estaba ENOJADO. Salí de allí. No vi a Kate por ningún lado. Lhuna salió y dijo.

—No te preocupes, si tu quieres puedes entrar de nuevo, todavía estoy caliente.

Se tocó un seno cerrando los ojos.

— ¡Deja de decir eso, acuéstate con otros, y déjame en paz!

Corrí. No la pude encontrar. Ni siquiera en su casa. Llegué a casa. Farrell estaba sentado en el sofá. Viendo televisión.

— ¿Qué hay, amigo?

No le contesté. Fui a la puerta apenas entré, alguien tocó. Era el padre de Farrell. Temblé. Farrell tenía que irse. Estaba muy preocupado. Tal vez su padre me siguió…Lo dejé ir. En este momento no sé si está vivo…O tal vez muerto.

 

 

4

El Principio

 

No dormí bien ayer…Pero mientras estaba durmiendo sentí que estaban cerca, muy cerca…Pensé que moriría, pero era solamente otro maldito sueño.

 

Llamé a Kate muchas veces. Su padre contestó y me dijo que no estaba. Colgué. Vi a ‘La zorra’ en la puerta de su cuarto mirándome.

— ¿Qué?

Pregunté frunciendo el ceño.

—Tienes una novia por una día y al siguiente día se va.

—Ah, y dime tú, tienes sexo con cada idiota que tenga carro y luego los dejas. No hables de eso cuando tú sabes que eres peor.

Ella no sabía mucho sobre mi vida sexual, fue por eso que se lo dije.

—Yo…

No dijo nada. Me frunció el ceño mientras yo buscaba mis zapatos. Ella entró a su cuarto. Mientras me volvía loco buscando los malditos zapatos, mi madre salió de su cuarto y dijo.

—Tus zapatos están en la lavadora.

Me di la vuelta y confundido pregunté.

— ¿Qué?

Ella caminó hasta la cocina. Dejé de buscarlos y fui a la lavadora. Allí estaban… ¡Mojados! Fui a la sala y la vi relajada.

— ¿Y por qué?

—Olían mal.

Estaba ardiendo, pero no como Lhuna me lo decía, quería explotar, quería gritar, pero… ¿Para qué? Me quedé de pie frente a ella y le dije.

—Lo siento, sé que tal vez sea una revancha, pero…Lo siento. No quise lastimarte, pero es que a veces es verdad.

Estaba apenado. Me miró y dijo.

—No te perdonaré.

Me sentí débil. Mis manos temblaban y no supe qué decir. Abrí mi boca sorprendido. Rompiste mi corazón, mamá. Miré el sofá y me senté. Las madres tienen que perdonar, ¿o no? Tantos sentimientos  viajaban  por mi mente. Pude escucharla meterse a su habitación. Tal vez me estaba castigando y luego cuando hubiera llegado a casa ella hubiera dicho, ‘Estaba bromeando, Adam’. Tenía que llevar los zapatos viejos, eran apretados. No supe qué hacer…Mi novia estaba enojada y no sabía en donde estaba; mi amigo Farrell estaba en el infierno, mi hermana me odiaba.  Lo hacía también. Y mi madre no me perdonaría. Salí de la casa pensando en todo, el aire era espeso, no supe porqué. Caminé a la parada de bus. No había carros en la calle. No había sonido. Todo era extraño. Tal vez ese fue el momento en que toda ésa mierda empezó. El bus llegó normalmente, adentro, habían como quince personas, todos eran extraños. Estaban pálidos. Todos estaban tristes. Miré la ventana: todo era silencioso. Me senté en la última parte del bus, desde allí lo podía ver todo: parecía muerto. Me di cuenta que no paraba en las paradas. Una vez presionó el acelerador  y parecía ir como el viento. Vi al conductor. Todas las personas se veían normales a esa velocidad. Al rato iba despacio, normal. Afuera, de repente apareció neblina y hacía frio. Por dicha llevé una chaqueta. Escuché un sonido en una de las llantas, como si alguien estuviese allí.  Escuché un grito y vi una horrible cara en la ventana, el bus espontáneamente se volcó como si un camión lo hubiese golpeado de un lado. Conté las vueltas que dio mientras me golpeaba, sentí un fuerte golpe en mi cabeza y grité. Lo que golpeó el bus iba de seguro muy rápido. Las latas del bus crujían, se arrugaban como papel, las ventanas se rompieron, los gritos de las personas zumbaban en mis oídos. Escuché sonidos, eran como gruñidos, pero no eran de las personas que gritaban. Eran fuera del bus. Estaba inconsciente. Abrí los ojos tosiendo. Había un montón de humo. El bus quedó con las cuatro llantas sobre el suelo. Difícilmente me levanté del suelo y tenía sangre en mi ojo izquierdo. Vi alrededor, todos estaban muertos.

— ¿Están bien?

Nadie contestó. No escuchaba nada. El sonido de carros pitando, la ambulancia. Nada. Seguía en la parte de atrás del bus. Caminé mirando alrededor. Mi ojo se cerraba por sí solo, traté de limpiar la sangre. Majé la mano de una mujer, y la vi… Me ericé. Mientras la miraba, de repente algo sacó del bus a una mujer con una increíble fuerza por la ventana. Agrandé los ojos  y sólo escuché que el cuerpo era arrastrado. No pude ver nada por la neblina. Estaba asustado.

— ¿Qué sucede?

Caminé de nuevo; me dolía. Cuando estaba casi en medio del bus, escuché un golpe en la última ventana donde yo estaba sentado. Me di la vuelta y no vi nada y de nuevo alguien sacó del bus un hombre con una fuerza extraordinaria. No logré ver bien.

— ¡¿Qué sucede?!

Grité viendo nada. Apresuré el paso para salir del bus. Vi al conductor muerto. Salí. Miré alrededor buscando ayuda. Mis piernas ardían. No vi nada. Me alejé del bus para ver qué sucedía. Ver si el camión que nos golpeó estaba ahí. Estaba lejos. No vi nada. El camión tal vez se fue. Imbécil. Estaba confundido y sorprendido. Miré alrededor, no había nada. Nadie llamó la ambulancia. Caminé a una casa y toqué la puerta. Nadie abrió. Toqué con más fuerza y ésta se abrió sola. Di un paso hacia atrás. Fruncí el ceño. Dije.

— ¿Hola?

Nadie me contestó. Recordé mi celular. Revisé mis bolsillos y vi el bus, mi bulto. Caminé con dolor y entré al bus. Fui a la parte de atrás y empecé a buscar mi bulto. Escuché como si alguien estuviera arrastrando algo. Corrí y vi a un hombre arrastrando mi bulto.

— ¿Está bien?

—Es-escuché algo en este bulto.

— ¿Puede ponerse de pie?

—No.

Miré sus piernas. Cogí mi bulto y dije mientras lo abría.

— ¿Sabe qué pasó?

Él negó la cabeza. Cuando saqué el celular me dijo.

—Vi algo.

—Llamaré a la ambulancia.

—Vi algo.

Marqué el 9-1-1 y puse el celular en mi oído, y pregunté.

— ¿Qué vio?

—Un hombre.

— ¿Y él está bien?

Le pregunté esperando a que alguien levantara el teléfono de la otra línea, el hombre dijo.

—Era como un monstruo.

Lo miré y fruncí el ceño diciendo.

— ¿Un monstruo?

—Era alto, tenía el rostro desfigurado y pálido, muy pálido, sus ojos eran brillantes y sus dientes eran filosos…Se llevó a mi esposa.

 La línea sonó: ’tu-tu-tu’. Colgué.  Lo vi sangrando y con dolor de estómago dije.

— ¿Está bien?

—Vendrá por nosotros.

— ¿De qué está hablando?

— ¡Tiene a mi esposa!

Me puse de pie y lo vi llorando.

 — ¿Sabe quién es?

— ¡Vendrá por nosotros!

 Me dijo. Fruncí el ceño y dije.

—Salgamos de aquí.

Sostuve su brazo y él trató de ponerse en pie pero no podía.

— ¡Mis piernas!

Las vi, estaban completamente destruidas.

—Intentemos sentarlo en el asiento.

Lo ayudé y con gritos pudimos.

—Dios mío…Está sangrando mucho —dije un poco mareado.

—Llame a la ambulancia.

Marqué de nuevo. Nadie contestó.

—No contestan.

— ¿Por qué, por qué?

Él lloró bajando la cabeza. Sin intención alguna vi el reloj del celular…Eran las 7:30 am y el día era diferente. Cuando salí de la casa el día era así: Junio 26 del 2009 y cuando vi el celular decía: Setiembre 18 del 2023. Agrandé los ojos y gritando desesperadamente dije.

— ¡Estamos en el 2023!

Miré alrededor y vi la ventana. La neblina se había ido. Todas las casas estaban destruidas y abandonadas. Había humo saliendo de cada una de ellas, como si se estuvieran quemando.

 —Tenemos que salir de aquí.

Miré al hombre con la cabeza agachada. Murió. Agrandé los ojos más que antes y dije.

—Oiga…No muera, por favor.

Toqué su hombro, estaba muerto. Tomé mi bulto y salí del bus. Quería llorar, llamé a Kate y nadie contestó. Caminé con dolor. Caminé unos metros hasta mi casa. En la carretera pude ver los carros chocados. No vi a nadie. Todas las puertas de las casas estaban abiertas. Cuando estaba en el vecindario toda la basura de los basureros estaba esparcida por el suelo.  Había una enorme mancha de sangre en una parte de la carretera. Entré a mi casa.

 — ¡¿Mamá?!

Adentro, era un desastre. Todos los sofás estaban destrozados y las lámparas estaban en el piso. Había humo y polvo por todo lado. La mesa estaba sucia, parecía como si la casa hubiese estado sola por mucho tiempo.

— ¿Mami? ¿Amber?

Fui al cuarto de Amber y no había nada.

—Amber… ¿Dónde está todo el mundo? ¡¿Hola?!

 Estaba solo. ¿No era eso lo que querías? Me senté en el sofá. Lloré y lloré. Dormí en mi cama. Cuando desperté, tal vez, pensé, que era un extraño y fantástico sueño y que ya era hora de despertar, pero era mentira… Abrí mis ojos y vi el techo y el humo mezclado con el polvo. No estaba soñando. Me puse de pie y fui a la cocina, todavía estaba asustado…No sabía en donde estaban todos. Abrí la refrigeradora…Tal vez mi celular estaba roto, pero cuando abrí el refrigerador, todo el olor a podrido entró a mi nariz. Cerré la puerta. Era cierto. ¿Dónde encontraría información sobre el año? Fui a la panadería y no había nadie. Vi los periódicos con un color amarillo y en la noticia principal decía: “Michael, el Rey del Pop muere”.

— ¡¿Michael Jackson murió?! —dije leyendo, luego vi el año, era Junio 26 del 2009. Estaba bien pero los periódicos estaban amarillos y algunos de ellos estaban rotos. Vi el pan, con moho y fui a la puerta de bebidas y vi las etiquetas de vencimiento. Decían: Julio 29 del 2011. Estaba en el 2023, ninguno servía. Empecé a sentir hambre y sed. Regresé a casa…Mis piernas todavía dolían. Abrí el tubo y no había agua. Fruncí el ceño y fui a mi cuarto. Me acosté. Cuando cerré los ojos escuché algo en la cocina, como si alguien estuviera allí. Salí de la cama con una sonrisa en mis labios, dije.

— ¿Madre?

Abrí la puerta y vi a un hombre cerca de la mesa, sin cabello, pálido, de pie, como buscando algo, por un momento me alegré pero noté que cerca de su pecho había un pequeño agujero, como  de bala y lucía podrido, como de hace tiempo. Su ropa era gastada, como uniforme de enfermero. Sus ojos eran negros, muy negros. Entonces me asusté. Le pregunté tartamudeando un poco.

— ¿Quién es usted?

Él me miró y corrió hacia mí.  Sentí que se me iba a salir el corazón, porque su rostro se enfureció. Cerré la puerta temblando. Él gritó y golpeó la puerta tratando de entrar.

 

 

5

Personas Desconocidas

 

El hombre estaba golpeando mi puerta…Como por treinta minutos, gemía y gruñía. Quería entrar. No sabía por qué. Cuando se detuvo, estaba asustado de salir. ¿Qué hubiera pasado si hubiera salido? ¿Qué quería? Estaba seguro de que no quería mi dinero. Lucía raro. Cerré mis ojos. Después de diez minutos de silencio fui a la puerta y cuando traté de abrirla, escuché los golpes de nuevo. Me encogí y brinqué. Agrandé los ojos y le grité.

— ¡¿Qué es lo que quiere?!

Se detuvo y vi la puerta, nadie contestó. Escuché gemidos de nuevo y lo escuché decir.

—Dame comida, dame la maldita comida y el Deigratia— hablaba muy bien. Yo sólo me quedé allí y confundido le contesté.

—Lo siento amigo, no tengo comida.

Me acerqué a la cama. Parecía un niño.

—Dame la comida— decía.

Era lo único que decía. Yo dije.

—No tengo comida, tal vez si ambos nos ponemos a buscar, encontraremos.

No contestó. Escuché nuevamente.

—Comida.

— ¡Vete!

No escuché nada. Sólo le grité. Escuché pasos salir de la casa. Asustado, me acerqué a la puerta y lentamente la abrí. La dejé medio abierta y me asomé para ver si estaba allí. No vi a nadie. Abrí completamente la puerta y corrí a la puerta principal y la cerré. Estaba respirando rápido. Tenía que calmarme. Necesitaba encontrar a alguien normal. Alguien que me ayudara. Desperté al siguiente día con sueño. No pude dormir pensando en ese hombre. Me acerqué a la puerta y la abrí, salí de la puerta principal y era lo mismo: neblina y humo. Vi a los lados y nada. Fruncí el ceño entrando. ¡Tengo que tener agallas! Llevé mi bulto y salí de la casa. Desde luego llevé el bate de Baseball conmigo. Qué suerte que mamá tenía uno. Mi bastón era el bate de Baseball. Recargué el celular porque había luz. Mientras caminaba pensaba en haber encendido el televisor: Eres un idiota Adam, tal vez no regreses. Caminé sin ver. El humo era denso. No escuchaba nada. ¡Nada! Caminé a ningún lado. Estaba en medio de la carretera, tal vez esperando que un carro me chocara. Caminé por 15 minutos. Estaba alerta, muy alerta. Mirando a través de la neblina y el humo. Súbitamente escuché un basurero caer. Me detuve y agrandé mis ojos. No vi nada. Tomé mi bate de Baseball con ambas manos. Estaba listo para golpear. Mi corazón palpitaba rápido y más rápido cada vez que no escuchaba nada. Esperaba que un hombre de esos se me lanzara encima. Me ericé al sólo pensarlo. Fruncí el ceño y continué. Tal vez era un perro. ¿Cómo demonios piensas que era un perro? Si eso hubiese sido un perro hubiera ladrado, eres un imbécil. Mientras peleaba conmigo mismo, escuché otro sonido:

Un grito.

Corrí a los gritos de una chica. Aunque me dolieran las piernas corrí hacia ella. No veía nada. Pude escuchar sus gritos de nuevo y otra vez: desesperados. Cuando me iba acercando, uno de esos hombres me colapsó y dejé caer el bate de Baseball, vi su horrible cara, estaba enojado, pero no era el mismo que estaba en mi casa, era negro, con la misma ropa del otro, su rostro estaba roto de un lado, como desgarrado, una de sus manos estaba casi desprendida. Me sorprendí. Traté de removerlo pero era más fuerte que yo. No seguí escuchando los gritos de la mujer. El hombre trataba de morder mi brazo y vi su intención mientras mis ojos se querían salir de sus orbitas. Lo pateé. No sé cómo, tal vez por la ventaja de su brazo y lo alejé de mí. Apresuradamente recogí mi bate de Baseball y mi bulto estaba en la suelo.

— ¡¿Qué quiere?! ¡¿Quién es usted?!

Él me miró y se puso serio. Eso me asustó. Movió su cabeza hacia un lado como preguntándose qué le dije.

— ¿Quién eres?

Arrugó la nariz y vi sus dientes. Eran como el hombre me había dicho: filosos. Él dijo.

—Dame lo que tienes en esa mochila.

 Agrandé mis ojos.

 — ¡No traigo nada más que un abrigo, y mi celular!

—Dame la jeringa.

Muy confundido, me desesperé, no lograba entender. ¡¿Qué demonios está sucediendo aquí?!

— No sé, no sé de qué habla, lo juro— se me hizo un nudo en la garganta, y se me nublaban los ojos, a punto de llorar.

Él dio dos pasos al frente y yo dije.

— ¡No se acerque!

Dio un paso atrás y dijo.

— ¿No entiendes lo que quiero? Sabes que fuimos marcados y necesito lo que tienes en la mochila.

Me ericé y dije.

— ¿Qué? ¿Marcado? ¿Qué significa eso?

Él frunció el ceño enojado y dijo.

—Dame la maldita mochila.

Corrió hacia mí y yo lo golpeé con toda la fuerza que tenía. Él cayó. Di tres pasos atrás conmocionado, me tropecé con mis propios pies y caí, empecé a temblar, me arrastré hacia atrás y me levanté. No supe cómo pude haberme levantado, parecía que mis huesos pesaban el triple. Recordé a la chica y corrí hacia donde la había escuchado.

— ¡Oye… ¿estás viva?!

Ella no contestó.

— ¡Mierda!

Me di la vuelta y me di cuenta que el hombre que había golpeado no estaba allí. Me ericé de nuevo y vi alrededor.

— ¡¿Qué mierda está sucediendo?!

Mis lágrimas corrían por el rostro, sí, lo sabía, parecía un niño. Necesitaba a mi madre y aunque no lo crean, necesitaba a Amber. Caminé a ningún lado. No sabía a dónde ir. Me perdí. Entré a una casa. Tiré la puerta y lancé el bulto al suelo. Marqué al 9-1-1 y nadie contestó. Marqué a casa y a la casa de Kate. Marqué a Farrell  y hasta a Mark. Nadie contestó. Me ericé. Vi el televisor y fui a él. Lo encendí. Funcionó. Vi las noticias.

 —…estamos vivos, es lo más importante…Hay un montón de personas muriendo allí afuera, el gobierno no hace nada. Todas las personas de afuera están esperando ser salvados, tal vez están vivos en un edificio, esperando por la ayuda del gobierno.

La cámara se movió y a un hombre que dijo.

—No vamos a arriesgar más vidas.

La mujer dijo con un gesto de desinterés.

—Por favor, ¿los agentes van a morir? ¡Al menos salvarían a alguien!

—No vamos a hacer nada por eso, todas las personas se merecían eso, no quisieron venir.

Fruncí el ceño. La mujer dijo.

—Gente que esté allá afuera, si están viendo esto, repito una vez más, ustedes pueden venir aquí, lo único es que no deben tener mordidas de esas bestias o cualquier otro vínculo. Vengan aquí y los protegeremos, por favor, vengan.

El televisor quedó en estática cuando terminó.

— ¡¿Dónde, dónde?!

Le grité al televisor. Pateé una mesa que estaba frente al televisor y dije.

— ¡Mierda!

 Caminé rápido por toda la casa. Busqué comida. Lo mismo: podrido. Me entristecí. Miré  por la ventana. No sabía si era de día o de noche, sólo veía noche. Vi mi reloj, eran las 8: 00 am del día 27.  Cerré mis ojos; se cerraban por sí mismos. Quería dormir pero qué si ellos me estaban persiguiendo. Me ericé. Entré al cuarto y vi la cama, con polvo. La sacudí y tosí. Dormí allí. ¿Qué pasó en esta ciudad? ¿Pasó en todo el mundo? Como a las 7:00 pm fui a la sala y encendí el televisor. Estaba estático. Lo vi y respiré y miré la ventana. De repente el televisor sonó y lo vi. Fotos y personas corriendo y vi a los extraños. Eran más rápidos que las personas que corrían; brincaban sobre ellos y antes de ver que les hacían, la pantalla cambió a una mujer que apareció; la que vi en la mañana; ella dijo.

—Gente, repito, vengan a nosotros y sálvense ustedes mismos, al menos estamos vivos, es lo más importante…Hay un montón de personas muriendo allí afuera, el gobierno no hace nada. Todas las personas de afuera están esperando ser salvados, tal vez están vivos en un edificio, esperando por la ayuda del gobierno.

Vi al otro hombre, el mismo.

— No vamos a arriesgar más vidas.

La mujer dijo.

— Por favor, ¿los agentes van a morir? ¡Al menos salvarían a alguien!

El hombre dijo.

—No vamos a hacer nada por eso, todas las personas se merecían eso, no quisieron venir.

No entendí esa parte, ¿Por qué las personas no querían ir con el gobierno? La mujer terminó.

—Gente que esté allá afuera, si están viendo esto,  repito una vez más,  ustedes pueden venir aquí, lo único es que no deben tener mordidas de esas bestias o cualquier otro vínculo. Vengan aquí y los protegeremos, por favor, vengan.

Se puso estático. Era una repetición. Miles de preguntas viajaron por mi cabeza. ¿Qué pasó? ¿Dónde están las personas normales? ¿Quién hizo esto? ¿Quiénes son esas criaturas? ¿Por qué le hicieron lo que le hicieron a esas personas? ¿Qué significa ‘marcados’? ¿Por qué hicieron eso? ¿Qué mierda les hicieron para merecer eso? ¿Dónde está mi madre? ¿Está viva? ¿Está con el gobierno? ¿Dónde está Amber? ¿Farrell? ¿Lhuna? ¿Mark? Cerré mis ojos. Estaba confundido, asustado, solo, muy solo. Tenía hambre…Mi estómago dolía. Fui a la cocina y empecé a buscar comida. Abrí gavetas y nada. Empecé a llorar. Desordené toda la cocina. Grité. No era sólo el hambre, era la sed, mis labios estaban muy secos. Escuché a alguien en la puerta, y unos gruñidos, irrumpieron en la puerta, destrozándola completamente. Me resbalé pisando un sartén, rápidamente me puse de pie y vi a tres de ellos. Agrandé los ojos; el bate de Baseball estaba en el sofá. Brinqué para entrar al cuarto y lancé la puerta.

 

 

                      6                      

Problemas

 

No pude dormir con ese pensamiento de que entrarían por la puerta del cuarto. No parecían muy listos, ya que sólo los escuchaba caminar por la sala y la cocina, lanzando todo al suelo y sacando las gavetas. A las 8:00 pm  se detuvieron. Miré la puerta al no escuchar nada. Salí de la cama. Fui a la puerta y sentí en mi estómago como cuando tu grupo de música preferido tocara en vivo o cuando intentas decirle lo que sientes a una chica. Esa adrenalina contenida a punto de explotar. Esperé cinco minutos para ver qué pasaba. Quietos. Abrí la puerta y me impresioné. Me ericé como tres veces y los vi a los tres en el suelo, como desmallados. Uno en la sala, el otro en la cocina y el otro en la puerta de salida. Fui a la sala y agarré mi bate de Baseball y mi bulto. Corrí a la puerta y lo salté. Miré alrededor y nada. No sabía a dónde ir, derecha, izquierda, otra casa. Miré atrás y vi al bicho en la puerta y corrí a la derecha. Corrí por cinco minutos y me detuve. No podía. Tenía hambre. Miré alrededor y puse mis manos sobre las rodillas y respiré lo más lento que podía. Hacía frio. Vi el cielo y nubes grises. Iba a desmallarme, mi visión era borrosa. Mi cabeza dolía. Recordé el golpe cuando el bus daba vueltas. Toqué mi cabeza y me enderecé. Arrugué la nariz al sentir dolor. Escuché un gemido.

 — ¡Mierda!— corrí. Mis piernas dolían. Pude ver a alguien caminando normal, como yo. Bueno, no como yo pero era normal. Podría diferenciar entre una persona que camina normal a uno de esos hombres desconocidos. Esa persona tenía cuerpo de mujer y tenía un cuchillo en cada mano. Escuché un montón de gruñidos y miré atrás y cuando miré para ver a la chica, ella ya no estaba. Entré a una casa. Tal vez por el golpe hasta me imaginé una chica que me rescataría. Cerré la puerta y vi a través de la ventana: dos de ellos buscándome. Escuché un gruñido detrás de mí. Me ericé y agrandé los ojos. Tenía el bate de Baseball en mi mano; lentamente me di la vuelta y vi a uno de ellos arrugando la nariz y gruñendo. Era horrible: su boca parecía desprendida, y su piel era café, sus ojos negros me miraban con odio; iba acorrer sobre mí; preparé el bate de Baseball y él dijo.

—Dame la jeringa ahora— ¡no lograba comprender! De repente él corrió sobre mí y lo golpeé pero no muy fuerte. Él cayó e inmediatamente se puso de pie y trató de alcanzarme pero lo golpeé otra vez. Mis piernas temblaban, mi corazón palpitaba más rápido que antes. Difícilmente se puso de pie y me impresioné. No me podía mover, estaba petrificado. Pude haber corrido al cuarto y tirar la puerta, pero lo golpeé hasta matarlo… Dejé caer el bate de Baseball y lloré de nuevo. Maté a un hombre, lo maté. Me alejé dando arcadas, me cubrí la boca. Esa fue mi primera vez…No la última. Estaba hambriento…Caminé a la cocina buscando algo. Abrí el refrigerador y todo podrido. Tiré la puerta y busqué en las gavetas. Una de ellas estaba pesada y la abrí. Era como una enorme luz alumbrándome el rostro. Había latas de frutas y frijoles. Tomé una y lo primero que vi fue la etiqueta de vencimiento: Enero 21 del 2024. Me emocioné y  agradecido de que tuvieran abrelatas incorporado me las comí todas. El dulce sabor en mi boca era como estar en el cielo. Fui a recoger el bate de Baseball. Vi al hombre y la sangre; quería vomitar toda la fruta que había comido. Entré al cuarto y cerré la puerta. Me pregunté acerca de esa ilusión: ‘La chica que me salvaría’. Sacudí la sabana y dormí.

 

 

Brinqué en la cama al soñar con mi madre. Miré alrededor y luego a mi reloj, eran la 1:04 am. Escuché esos ¡malditos! gruñidos fuera de la casa. Me levanté. No tenía sueño. Abrí la puerta del cuarto y la puerta principal estaba cerrada. Vi al hombre en el suelo cubierto de sangre e hice mis ojos hacia arriba. Caminé a la ventana y no vi nada, pero si escuchaba los gruñidos. Abrí la puerta. El viento entró a toda la casa y la vista era la misma. Cuando estaba afuera, vi a la izquierda a uno de ellos. Precipitadamente me metí a la casa. Él se golpeó contra la puerta. Empezó a arañarla. Destrozó la ventana. Di un paso atrás y me puse cerca de la puerta del cuarto, el bate estaba ya adentro. Entró y yo me metí al cuarto. Esperé por rasguños en la puerta pero nada. Lo escuché cuando se detuvo cerca del cuerpo del otro hombre al que había matado. Escuché que metía sus manos en el cuerpo del otro hombre y lo despedazaba. Abrí un poco la puerta y lo vi. Agrandé mis ojos. Vi cómo le desgarraba el estómago y el montón de sangre que salía. Creo que vi el corazón. Él me vio y sólo gruñó y continuó. Prefirió al muerto. Cerré la puerta. Lo escuché como por media hora. Luego se fue. No quería salir a ver la escena. ¡NO! Pero tenía que salir de allí, no me iba a quedar para siempre en esa casa. Abrí la puerta. Maldición… ¿qué mierda…? Llevé mi mano a mi boca. Cerré los ojos y salí de allí. Desde luego con mi bate de Baseball. Cerré la puerta y vi a mi izquierda. Caminé con miedo. Estaba esperando que alguno de ellos me matara. ¿Qué hubiera pasado si uno de ellos me hubiera atrapado? Me hubieran comido. Me ericé. Estaba caminando normal,  menos asustado. No veía nada. La neblina estaba allí. Mi bulto era liviano pero mis zapatos eran incómodos. Escuché un desliz. Viajó muy cerca de mi oreja. Me di la vuelta y vi a uno de esos bichos con un enorme cuchillo clavado en la frente, en el suelo. Di un paso atrás y miré alrededor buscando a alguien. ¿Quién hizo eso? Preparé el bate de Baseball para golpear a lo que fuera. Escuché a alguien correr hacia mí, no era uno de ellos. No podía ver nada, estaba listo para recibir el golpe de lo que fuera. Agrandé mis ojos cuando vi a una alta chica con gafas de visión nocturna, corriendo hacia mí, pantalón largo negro y agujerado de un lado, con pedazos de ropa guindando de su blusa; un cinturón en el cual colgaban varios cuchillos de diferente forma y tamaño. Largo cabello rubio, lacio. Era rápida. Pensé que iba a golpearme pero cuando ella se dio cuenta de que estaba allí en medio de la calle me gritó.

—¡¡Corre!!— detrás de ella venían un montón de esos. Yo corrí.

 

 

7

Sarah

 

Ella corría más rápido que yo, así que me pasó y la vi: era una chica muy experta.  Un hermoso rostro blanco, y labios naturalmente frescos. Mi bate de Baseball era pesado, así que ese era el motivo por el cual corría despacio, más que ella. Me gritó.

— ¡Sígueme!— pude escuchar esas criaturas detrás de mí extendiendo sus manos para atraparme, sentí que era la presa y ellos los leones. Seguí corriendo, la perdía.

— ¡Oye!— le grité, ella me dijo.

— ¡Suelta el bate!

— ¡De ninguna manera, salvó mi vida!— su cuerpo giró y la seguí, se metió a una casa. Ella ya estaba adentro, se agachó esperándome.

— ¡Apresúrate!— brinqué hacia ella y ella cerró la puerta, la lastimé.

— ¡Maldito hijo de puta!

—Mi madre no es una puta— dije respirando hondo. Vi la puerta y ella enojada me dijo.

— ¿Por qué no tiraste el maldito bate?

—Corrección: Bate de Baseball— ella se acercó a mi enojada y me puso uno de sus cuchillos en mi garganta, agrandé los ojos, miré sus gafas y me dijo.

— ¿Qué andas buscando?

—Sólo busco a mi madre y a mi hermana— ella me quitó el cuchillo y se puso de pie y dijo moviendo sus gafas hacia atrás.

—Soy Sarah, ¿tú?— abrí la boca cuando vi su rostro, era como un ángel, era hermosa, muy bella, sus ojos eran celestes. No dije nada, sólo alcé mis cejas y ella frunciendo el ceño me dijo.

—Oye, imbécil— la miré a los ojos.

 —Soy Adam— puso su cuchillo dentro de su cinturón.

— ¿Cuál es el nombre de tu madre?

—Krishna— frunció el ceño y me preguntó.

— ¿Qué clase de nombre es ese?

Yo le contesté.

—La madre de mi madre la llamó de ese modo porque su nombre significa ‘Diosa adorada’ en Hinduismo viejo, tal vez lo escuchaste.

—Sí y está muerta.

Me ericé y dije.

— ¿Qué?

—Está  muerta.

—No, no. Estás equivocada.

—El nombre de tu hermana es Amber, ¿no?— sentí que mi corazón rebotó y golpeó con fuerza mi pecho y me ericé de nuevo y vi el piso, me sentí como un idiota, me dolía el rostro, mis labios temblaban, mis pies dolían y mi estómago se estremecía de ganas de vomitar. Quería llorar, era horrible, quería matar a esa maldita hija de…

—Sí— le contesté. ¿Por qué no la matas?...No, ella es más rápida que yo, y tiene cuchillos. Tal vez después, cuando duerma.

—Lo ves, ellas están muertas— me dijo tocándose la nariz y mirando el suelo.

— ¿Cómo?

— ¿Cómo crees que murieron? ¿Cuál crees que hayan sido sus muertes? ¿Huh?— cerré mis puños y la vi entrar a un cuarto y cerrar la puerta. Ella dijo.

—Puedes dormir en el baño si quieres— miré el baño y caminé al cuarto. Abrí la puerta y la vi allí, sentada en la cama, quitándose los zapatos, me miró con una sonrisa y me dijo.

— ¿De dónde eres?— estaba ENOJADO… Respira, respira. Le contesté.

—De aquí, de Bozeman, ¿y tú?

—Kansas.

— ¿Y qué haces aquí?— fruncí el ceño.

—Vine a buscar a mi padre.

— ¿Y cómo sabes que está vivo?

—Hablé con él.

— ¿Cuándo?

—Hace dos días.

— ¿Cómo sabes que mi madre y hermana están muertas?— ella miró sus zapatos y me vio, dijo.

—Traté de salvarlas… hablé con ellas por 30 minutos cuando las vi en un basurero. Caminamos y después…los Aegrisomnias vini…

—Espera, espera, espera, espera. ¿Qué es Ae, no sé qué?

—Aegrisomnias, son las criaturas.

— ¿Y qué es eso?

—’El sueño de un hombre enfermo’…Latín.

— ¿Cómo sabes eso?

— ¿Estás perdido o algo así?

—Sí, estoy perdido, confundido y enojado.

— ¿En dónde estabas cuando todo esto sucedió?

—En el bus.

— ¿Cuál bus? ¿Del gobierno?

—No. El bus del barrio.

— ¿Bus del barrio?

—Estaba en el bus cuando algo lo golpeó y nos volcamos, cuando desperté todas las personas estaban muertas y después esos monstruos…

—Aegrisomnias.

—Maldita sea, como sea…No sé qué sucede.

—Junio 26, 2009, ¿recuerdas?

—Fue antier— ella me miró preguntándose qué le mencioné y me dijo.

—El gobierno de los Estados Unidos tenía algo planeado,  desde el 2008 querían hacer un experimento con hombres. Esa es la razón por la que todos los Aegrisomnias son hombres. Ellos querían hacerlos más fuertes para la tercera guerra mundial y…

— ¡¿Tercera, qué?!

—La tercera guerra…Olvídalo. Entonces…después todo el líquido que les introdujeron fue un desastre. Los torturó hasta matarlos a todos. Eran como 3 millones de hombres. El liquido llamado: ‘Deigratia’, que significa: ‘Por la gracia de Dios’  tiene el poder de derretirlos por dentro poco a poco, ellos desde luego no se derritieron en seguida, sino que, a largo plazo los desmorona, pierden el control del cuerpo y de varias emociones como amor o consideración y piedad, pueden comunicarse fácilmente pero lo único que piden es el Deigratia, que a pesar de ya poseerlo en el cuerpo lo necesitan para continuar con vida y piden comida también. Dos días después de que todos fueran inyectados con el Deigratiay hubieran muerto, despertaron a las 8: 00am en punto y la otra mitad a las 8:00 pm en punto. Tal vez ya te diste cuenta. Cuando el reloj marca las 8 de la mañana toda la mitad de soldados se desmallan y esperan diez minutos y continúan. Es como un tiempo en el que el cuerpo empezó a convertirse y deformarse hasta acabar siendo un depredador. Algunos de ellos son la otra mitad y se mantienen despiertos a las 8 de la mañana, y a las 8 de la noche se detienen.

— ¿Qué? — dije con un rostro de imbécil, no logré entender.

—Lo que importa es que tenemos que seguir vivos.

— ¿Para qué?

—Vivir… ¿No quieres vivir?

—Ya no.

—Supéralo.

— ¡No puedo!

—Lo siento, Adam— lloré sentándome en la cama. Dije.

—No entiendo nada, es un enredo, no voy a sobreponerme de esto. ¿Cómo voy a hacerlo? Toda mi vida eran ellas, tú no lo sientes porque no le sucedió a tu padre, él está vivo.

Cerré mis ojos y puse mis manos en mi rostro. Ella se puso de pie y fue a la cocina. Escuché agua y la vi entrando. Dijo.

— ¿Agua?— la miré y frunciendo el ceño le dije.

— ¿Dónde conseguiste agua?

—Del refrigerador.

—No había nada allí.

— ¿La vas a beber o no?

—Dámela— la bebí toda. Fría agua corriendo por mi garganta refrescando mi estomago, esa sensación fue exquisita, pero desapareció de inmediato cuando pensé en mi madre. Ella se sentó a mi lado y me dijo.

—Lhuna me ha hablado de ti, mucho— pestañeé para aclarar mi vista y dije.

— ¿Está viva?

—Sí, es muy necia, habla mucho…Sólo de ti, Adam aquí, Adam allá— ella se rió y fruncí el ceño y me dijo.

—Dice que eres ardiente— se rió de nuevo y le dije.

—Ella no me conoce.

— ¿Significa que no eres ardiente?— la vi con una mirada de decepción en su rostro y le dije.

—Dije que ella no me conoce, eso no significa que no sea ardiente… ¿Por qué demonios estamos hablando de eso?

—Ella dice que tu eres su novio y me había mencionado que si alguna vez te viera que te rescatara.

—Es una perra— ella se rió y me dijo.

— ¿No es tu novia?

—Desde luego que no— recordé a Kate y continué.

— ¿Conoces a Kate?

—No, no sé quién es— dijo desinteresadamente, yo dije.

— ¿Por qué hiciste eso?

— ¿Qué cosa?

—Ese gesto, como evitándola.

—No sé quién es Kate.

—Sí, tú sabes quién es— me levanté y fui a la sala, ella me siguió y dijo.

—No la conozco, si lo hiciera, te hubiera dicho.

— ¿Dónde está Lhuna?

—En el almacén.

—Llévame allí.

—Lo haré…Vamos allá.

— ¿Saliste del almacén para rescatarme?

—No. Estoy buscando a mi padre, te vi y ahora, vienes conmigo.

— ¿Dónde?

—A encontrar a mi padre.

— ¿Dónde?

—En una casa, a seis kilómetros de aquí.

— ¿Dónde es eso?

— ¿Puedes dejar de preguntar? Eres como Lhuna.

—La odio— ella se puso las gafas y dijo.

—Salgamos de aquí.

— ¿Por qué?

—Oye por amor de Dios, deja de preguntar y sólo sígueme…Dios— dijo enojada. Yo dije.

— ¿Por qué no dormimos aquí esta noche, y mañana en la mañana seguimos?

— Bueno, ya es mañana.

— ¡Es de madrugada! Estoy cansado de correr, tengo un hueco en mi cabeza, mis piernas duelen…Maté a un hombre…

—Aegrisomnia.

—Lo que sea.

—He matado más de cien y ellos son millones…No llores sólo porque mataste a uno de ellos.

—No puedo seguir— ella se quitó las gafas y dijo.

—Está bien— ella caminó al cuarto y prosiguió—Ni siquiera tenía los zapatos puestos— sonreí y dije.

— ¿Dónde voy a dormir? ¿Contigo?

—De ninguna manera.

— ¿Dónde?

—En el piso.

—Genial— me metí al cuarto y ella me dio una sábana.

—Gracias por salvar mi vida.

— ¿Qué?— preguntó frunciendo el ceño. Yo molestaba y dije.

—Estoy hablando con mi bate de Baseball— ella gimió y yo, pude dormir muy bien junto a ella.

La luz del sol golpeaba mi rostro y abrí los ojos. Me enderecé y no vi a Sarah. Dije.

— ¿Sarah?

— ¿Qué?— salí del cuarto y ella ya estaba lista.

— ¿Te duele la cabeza?

—Tengo un agujero.

—Déjame ver— ella se acercó con un pedazo de tela.

— ¿Cómo conseguiste esto?— dijo ella poniéndome la tela sobre mi cabeza. Yo dije.

—En el bus.

—Explica eso.

—Estaba en el bus y se volcó y desperté en el 2023— se detuvo y me lastimó— ¡Ow! Oye.

— ¿De qué año vienes?— me miró y fruncí el ceño respondiendo.

—2009, ¿Por qué?

—Tenemos que encontrar medicinas.

— ¿Por qué?

—Dijiste que tenías un hoyo en la cabeza.

— ¿Por qué evitas la conversación?

—No lo hago.

—Entonces, dime porqué estoy en el futuro— Sarah no dijo nada y caminé lejos de ella, ella me miró y yo dije.

— ¿Por qué no me contestas?

—Te contestaré.

— ¿Aja?— me miró y dijo.

—Bueno…ah…Las personas que fueron tomadas del pasado significa que el gobierno los necesita— subí mis cejas y dije.

— ¿Para qué?— estaba confundido, ella contestó.

—Tal vez porque ellos son importantes personas o algo así, no sé.

— ¿Cómo hizo eso el gobierno?

— ¿Qué?

—Traerme aquí.

—Habían creado un tipo de máquina del tiempo, pero después fue destruida porque mató personas, pero también cambió muchas cosas, cambió el pasado y el futuro.

— ¿Qué significa?

—Bueno, la máquina fue construida en el 2007, ya sabíamos muchas cosas que habían pasado, como por ejemplo las torres gemelas… Cuando la máquina salió de control, las torres gemelas no sufrieron daño alguno, personas que habían muerto en el 2001 están vivas. John F. Kennedy murió a los 78 años haciendo de Estados Unidos un país lleno de maravillas y progresos. Los Beatles no existieron. Todos esos sucesos, como lo de las torres gemelas quedaron grabados y muchas personas recuerdan haber estado allí y vivirlo, pero no sucedió, es, por decirlo así, como una película, la ves, pero no es real.

— ¿Los Beatles qué?

—La máquina hizo que ninguno naciera.

— ¡¿Qué?!

—Oye, estamos vivos, eso es todo, si el gobierno te necesita tengo que protegerte.

—Pero las personas del bus, ¿Y ellos? Uno de ellos estaba vivo.

—Pero está muerto.

— ¿Cómo lo sabes?

—Dijiste que estaba vivo.

—No entiendo, no puedo entender.

— ¿Qué no puedes entender?

—Todo…Todo— quería llorar de nuevo y dije— ¿Dónde está mamá? ¿Dónde está Amber y Kate? Quiero ir a casa, Dios— me senté en el sofá.

—Eres un marica y estúpido— puse mis manos en mi cara y empecé a llorar. Sarah se sentó a mi lado y dijo.

—Lo siento, lo siento, Adam.

— ¿Por qué mamá y Amber no fueron donde el gobierno?

—No lo sé, Adam— nos quedamos en silencio y me dijo.

—Tenemos que seguir, vamos— ella se levantó y se puso las gafas y me dio unas que tenía de un lado colgando. Dije.

— ¿Qué es eso?

—Gafas nocturnas.

— ¿Qué clase de gafas?

—Puedes ver en la oscuridad, se llaman gafas de visión nocturnas AD2V, hechas en el 2008, es algo nuevo para ti, viejo para nosotros. Están modificadas para nosotros — las tomé y me las puse y todo se veía en blanco y negro en forma de túnel, me las quité y se las devolví, ella las colgó.

—Es horrible, no puedo ver.

—Tienes que llevarlas.

—No soy ciego, no tengo ojos celestes— ella levantó las cejas y dijo.

—Lo que sea— abrió la puerta y tomé mi bate de Baseball, ella se dio la vuelta y me dijo—No lleves ese bate.

—Es tu ropa, tus cuchillos, tus gafas, y es mi bate de Baseball— ella hizo los ojos hacia arriba y dijo.

—Sígueme— caminamos despacio, Sarah con sus manos en el cinturón, lista para todo.

— ¿Tu madre?— pregunté viendo su cuerpo frente a mí.

—Muerta.

— ¿Hermanos, hermanas?

—Muertos.

— ¿Novio, novia?— ella se detuvo y frunció el ceño diciendo.

— ¿Novia?

—Mmm, tal vez, nadie sabe.

—Novio, muerto.

— ¿Cuántos años tienes?

—21— siguió caminando.

— ¿Tienes hijos?

—No.

— ¿Quién eres?

— ¿Por qué quieres saber?— dijo enojada.

—Quiero conocerte— bajé la mirada y ella dijo.

—Uh.

— ¿Para quién trabajas?

—Para nadie.

— ¿Tu padre está vivo en serio?

—Ya te lo dije, hablé con él.

—Sí, hace dos días.

—Él es un soldado.

—Tal vez está muerto.

—Cállate.

— ¿Dónde es que está?

—En una maldita casa, ¿cuántas veces te lo tengo que decir?

— ¿De dónde conseguiste esos cuchillos?

—Cocinas.

— ¿La ropa?

—Es mía.

— ¿Las gafas?

— ¡¿Por qué no sólo te callas?! — se volvió a mí.

—Tengo cientos de preguntas— respondí mirándole las gafas.

—No las contestaré por ti.

—Por favor, dime que no hay que correr, no quiero.

—Siempre hay que hacerlo.

—Ahora no.

—Son las 7: 53 am. Cuando el reloj marque las 8, estaremos bien— el reloj marcó las 8. Caminábamos despacio cuando luego de 8 minutos, Sarah se detuvo en seco y habló.

—Oh por Dios.

— ¿Qué?

— ¡Corre!— la seguí. Pude ver muchos Aegrisomnias tendidos en la calle.

— ¿Pero por qué? Parecen muertos.

—Tenemos dos minutos— entramos a ellos. Era como miles de leones durmiendo. Vi el frente y parecía no terminar.

—Ay Dios mío— miré el reloj. Dije—Un minuto— escuché un gruñido detrás de nosotros. Uno de ellos venía corriendo. Grité— ¡Hay uno detrás mío!— Sarah disminuyó la velocidad y se puso detrás mío, yo dije— ¡¿Qué estás haciendo?!

—Salvando nuestras vidas— vi hacia atrás mientras seguía corriendo y vi el Aegrisomnia corriendo cada vez más rápido. Cuando vi el reloj este decía: 7: 59 y 30 segundos. Cerré mis ojos y cuando los abrí tropecé con uno de ellos. Caí. Escuché un cuchillo y Sarah dijo.

— ¡Levántate, ahora!— sentía el ardor del golpe en mis rodillas y manos cuando las puse para no golpearme el rostro.  Miré el reloj de nuevo y dije.

— ¡10 segundos! —ella me miró y gritó.

— ¡A la casa, ya!— me fui a la izquierda y entré a la casa. Cuando cerramos la puerta todos se levantaron y se acercaron al que estaba muerto.

— ¿Qué demonios fue eso?

—Algunas veces se unen y caminan juntos.

—Había uno despierto.

—Se paraliza a las 8 pm.

— ¿Están revueltos?

—Desde luego; tuvimos suerte.

— ¿Qué vamos a hacer ahora?

—Esperar hasta que se vayan.

—Entonces… ¿Tienes novio?— Sarah me miró.

 

 

8

Buscando a Wren

 

Todavía no tenía respuestas. Sarah no me dio al menos una que pudiera entender. Me sentía solo, pero Sarah estaba allí. Me sentía protegido con ella, pero algunas veces sentía que ella me quería matar. Todo lo que comíamos eran las latas de frutas, los frijoles estaban cerrados, nadie tocaba los frijoles. A nadie le gustan los frijoles. Estaba sentado en el sofá, frente al televisor. No lo encendí, ¿para qué? Sarah estaba en la cocina, los Aegrisomnias estaban todavía afuera.

— ¿No podía hacer algo para no haber viajado al futuro?— dije mirando el televisor. Sarah dijo.

— ¿Qué?

— ¿El futuro no puede ser cambiado?

—Ellos lo cambiaron…Ellos tienen tus respuestas.

—Perdí todo…Puedo morir aquí.

—No vas a morir, tengo que protegerte.

— ¿Por qué tienes que hacer eso? Tal vez me quieren muerto, tal vez hice algo malo, prefiero morir aquí que morir con ellos.

—No, ellos pagarán por ti…

Fruncí el ceño poniéndome de pie y mirándola.

— ¿Qué?

—No debí haberlo dicho—miró hacia un lado tratando de evitarme.

— ¿Cuánto?

—Era una broma, no sé si pagarán por ti—me miró.

—Pero lo deseas.

—Sí, ¿Y?

—Me voy a alejar de ti—  fui a la puerta, cuando estaba por abrirla ella lanzó uno de sus cuchillos, clavándolo en la puerta.

—No vas a salir.

— ¿Y qué si quiero morir? Quiero morir, estoy solo, no tengo a nadie. — dije entristeciéndome.

—Está Lhuna— hice una cara de desagrado y le dije.

—Ella no existe para mí.

—No morirás.

—Yo decido mi vida, si quiero morir, lo haré, pero tú no vas a salvarme todo el tiempo, ¿para qué quieres el dinero? Aquí no hay nada qué comprar, ¡nada!

—Todos necesitamos dinero, estamos desesperados— alzó las cejas.

—Pero, ¿para qué?

—Todo este humo y la neblina que ves afuera…Eso es el Deigratia.

— ¿Eh?— hice un gesto confundido y enojado.

—El gobierno pensó que lo resolverían esparciendo el líquido hecho gas por toda la ciudad, pensaron que los matarían de nuevo, se equivocaron.

— ¿De qué estás hablando?— ella se acercó a mí y quitó el cuchillo de la puerta y dijo.

—Nada— se rindió al no querer continuar.

— ¡¿Significa que nos convertiremos en uno de esos bichos?!

—Sí, a los que no lo son, los va convirtiendo lentamente, y a los Aegrisomnias no les perjudica en nada porque lo que ellos necesitan es el líquido en la sangre.

— ¿Y buscas dinero para una cura? — me empezaba a poner nervioso.

—Sí.

— ¿Cómo la encontraras?

—Al final de la ciudad viven algunos soldados que venden la droga, una vacuna, es algo que retarda el sufrimiento por varios días.

— ¿Funciona?

—Sí y la estoy necesitando.

—Y… ¿si no la consigues?

—Me convertiré en uno de ellos y no quiero.

— ¿Has estado usando la droga desde que esto pasó?

—Mis ojos eran café.

— ¿Has estado usando la droga desde el 2009?

—2010.

— ¿Has estado al filo de convertirte como ellos?

—Sí y es horrible.

— ¿Cómo se siente?

—Horrible…No quieres que eso suceda.

— ¿Y mi madre?— de nuevo, miles de preguntas viajaban por mi mente.

— ¿Qué sobre eso?

— ¿Ella y Amber hicieron eso? ¿Se convirtieron en esas criaturas?

—Te dije cómo murieron.

— ¿Dónde están ahora?

— ¿En el cielo? No sé.

— ¿Están enterradas?

— ¿Quién haría eso?

—No sé— quería llorar, quería verlas de nuevo, escucharlas de nuevo. Me senté frente al televisor. Sarah fue a la ventana y dijo.

—Podemos salir ya.

—Quiero llorar.

—Ay por Dios, siempre estás llorando, mi familia murió y no estoy llorando por eso, tú pierdes a dos y lloras.

— ¿Cuál es el nombre de tu padre?

—Wren— Sarah abrió la puerta y el viento tocó mi nuca y brazos.

—Vámonos— me levanté y tomé mi bate de Baseball y mi mochila.

—Cuando encontremos a mi padre, regresaremos al almacén— no dije nada, no quería hablar. Caminamos por la neblina. Yo estaba deprimido.

—Tienes celular, ¿cierto?— estaba ausente, ella me repitió— ¿Tienes celular?

— ¿Ah? Sí, sí.

—Dámelo— lo saqué y se lo di, y marcó un número y se lo puso en el oído derecho.  Vi atrás y todo era vacío, Sarah empezó a hablar.

— ¿Papá?... ¿Papá?— escuché las voz de su padre diciendo.

—Sarah, ¿eres tú?

—Oh papá, ¿cómo estás?

—No muy bien.

—No te preocupes papá, iré por ti.

—No vengas Sarah…

— ¿Qué dices? Ya casi estoy allá.

—Sarah, no vengas por favor. Hija, por favor, vete… — miré a Sarah asustada, luego Wren continuó—Te amo mi niña, perdóname.

—Ya casi estoy allá padre, soporta, por favor, espera — escuchamos cuando colgó. Sarah miró el celular y me lo dio diciendo.

—Apresurémonos.

— ¿Al menos sabes dónde está la puta casa?— dije poniéndome enojado.

—Sé dónde está.

— ¿Qué voy a hacer toda mi maldita vida?— ella no contestó —No tengo nada qué hacer, no tengo novia, mi madre está muerta, y mi hermana también, voy a morir.

—No lo harás. Necesito el dinero.

—Necesito a mi familia, ¿Qué harán conmigo?

—No sé— llevó su mano a sus gafas y las levantó, al parecer para quitar una lágrima.

— ¿Por qué no quieres ir con el gobierno?

—No quiero, eso es todo.

— ¿Qué harás cuando encuentres a tu padre?

—No sé.  

—Y después, ¿qué? ¿Vas a vivir con él en el almacén para toda la vida? — No contestó, proseguí—Eso no es vida… ¿No se puede salir del país?

—Nunca, Estados Unidos ha sido aislado, nadie puede entrar o salir.

—Quiero salir de aquí…Esto no es mi futuro, yo quería ser arquitecto, viajar por todo el mundo y construir enormes edificios, rascacielos, luego ver mis creaciones.

—Aburrido, ¿no hay algo más que quieras estudiar?

— ¿Cómo voy a estudiar si no hay universidades? ¿Qué quieres estudiar tú?

—Quería ser científica.

—Aburrido— ella sonrió y yo seguí caminando.

— ¿No tienes armas?— le pregunté.

— ¿Armas?...No.

— ¿Por qué no?

—No hay armas.

— ¿Sólo cuchillos?

—Sí.

— ¿Los matas con cuchillos?

—Sí.

— ¿Has llevado cursos de cuchillos?

—Eso no existe.

—Quien sabe…Eres muy buena lanzando los cuchillos…Clavándoselos en las frentes, ¿cómo lo aprendiste?

—Tenía que sobrevivir.

—Pero, en ese año, tenias 8 o 9 años.

—He estado viviendo con los 21 años desde el 2010.

— ¿Qué?— le pregunté asaltado.

—En este momento tendría 34 años.

— ¿Sólo tú?

—He escuchado que hay como treinta personas más que han vivido con la misma edad.

— ¿Tu padre es una parte de ellos?

—No.

— ¿Y Lhuna?

—Lo verás— toda mi esperanza se iba, no quería caminar, mi estómago dolía todo el tiempo. Me estaba enfermando. Mi cuerpo dolía, quería vomitar todo el tiempo, dolor de cabeza, dolor de espalda, mucho dolor. Dormí muy bien, pero al siguiente día era diferente.  Tal vez si Farrell estuviera aquí, sería un desastre…Diciéndome que ardiente es Sarah y todo eso…Pero al menos sería divertido. Empecé a extrañarlos: Mamá, Amber, Mark, Farrell, Lhuna y Kate…Todavía la amo.

— ¿Ya llegamos?

—Tal vez.

—Estoy harto de esto.

—Siempre estoy harta de esto.

—Está no es la tierra en la que solíamos vivir, a veces es como…tal vez es una broma— empecé a alucinar, Sarah estaba a mi lado, yo seguí—Tal vez es una excelente broma que mis amigos me están haciendo, tal vez mi madre la hizo porque le dije que estaba cansado de ella…O tal vez estoy soñando… ¡Despierta Adam, despierta!

—Oye…Cállate.

—Sé…Hay algo malo con esto.

—No es una broma, es de verdad.

—No, no.

— ¿Dormiste bien?

—Estoy soñando, estoy soñando— Sarah se detuvo y me golpeó con su mano, fruncí el ceño y le pregunté.

— ¿Qué diablos haces?

— ¿Despertaste?— la miré. Sentí que estaba soñando, y dije.

—Hay una estrategia que me hace despertar cuando tengo pesadillas— Sarah hizo un gesto con su boca y continuamos caminando—Tengo que abrir mis ojos con mis dedos— empecé a hacerlo. Cerré los ojos y con mis dedos traté de ‘despertar’…Nada pasó, estaba cansado… Me detuve y Sarah me miró y me dijo.

—Sigue caminando.

—No puedo.

—No hemos corrido.

—No estoy hablando de correr, hablo de todo esto, no sé, tal vez el hueco en mi cabeza está incrementando o tal vez…— empecé a alucinar de nuevo—Tal vez  estoy en el hospital en coma, muriendo y soñando esto, tengo que dejar de ver películas en las noches— Sarah me miró y me dijo.

—No estás en el hospital.

— ¿Cómo lo sabes? Tal vez sea un truco…La mente es muy poderosa, sabes, sí. Es eso, es eso.

—Adam, por favor, no quiero llevar a un loco conmigo.

—No estoy loco, esto es loco.

—Esa es la casa, vamos.

—Quiero despertar— Sarah abrió la puerta y vimos a un Aegrisomnia en la sala, muerto. Sarah dijo.

— ¿Papá?— nadie contestó, ella preguntó de nuevo— ¿Papá?

—Tal vez no esté aquí.

— ¿Dónde estás, dónde?— entré a la sala. Vi al Aegrisomnia  y escuché un gemido venir del cuarto.

—Escuché algo— Sarah se acercó a mí y dijo.

— ¿Dónde?— señalé. Preparé mi bate de Baseball y Sarah sus cuchillos, abrió la puerta; adentro estaba Wren.

— ¡Papá!— Sarah corrió a él;  él estaba pálido y no tenía cabello, sus ojos eran grandes y estaba delgado.

—Oh por Dios, papá— Wren la miró y le dijo.

—Aléjate.

—Él se va a convertir— dije  con mis manos preparadas.

—Papá, no, ¿qué sucedió con el líquido?

—El Aegrisomnia lo tomó— estaba agonizando.

—Sarah, vámonos de aquí.

— ¡No!

—Me voy.

—Papá, no, no— salí y cerré la puerta. Escuché el llanto de Sarah. Los gemidos; escuché el grito de Sarah.

— ¡No!— Sarah golpeó la puerta y la abrió, luego cerrándola. Estaba sorprendido. Dije.

— ¿Qué…?— ella me interrumpió diciendo.

—No pude estar aquí, no pude salvarlo…No pude, No pude — se quitó las gafas.

—Lo lamento.

—Salgamos de aquí— primera vez que la vi llorando… Caminamos de nuevo, ella no decía nada.

— ¿Mataste a tu padre o murió por la di...de…lo que sea?

—Lo maté.

— ¿Cómo?

— ¿Para qué quieres saber? Está muerto, y ya.

— ¿Lhuna está sola?

—No.

— ¿Quién está con ella?

—No estás preocupado por ella.

—No. Estoy preocupado por mí. Estar con dos mujeres es peligroso.

—Al menos protegido.

—Tu padre…Él tenía el líquido, ¿cierto?

—Sí— sentí que ella me iba a clavar uno de sus cuchillos en mi pecho. Dije.

— ¿Dónde la encontró?

—No sé— empezó a llorar de nuevo.

—Cálmate.

— ¿Cómo?— dejó de caminar y se detuvo frente a mí, con ojos de tristeza.

—Lo amaba…Y lo estoy extrañando ahora mismo…Mi cuerpo duele, me convertiré en uno de ellos si no consigo el líquido.

— ¿Hace cuánto tiempo lo tomaste?

—Tenemos que  utilizarlo cada semana o empezaremos a sentir el dolor, en este momento las personas deben estarlo tomando, y yo no lo estoy haciendo.

—Y después de eso… ¿Cuánto tiempo?

—Una hora— tragué y vi sus hermosos ojos celestes. Ella dijo dándose la vuelta—Diez minutos menos y estaremos en el almacén— caminamos a través de la neblina, que ahora era el Deigratia.

 

 

9

El Almacén

 

Ella dijo una hora y yo he estado con ella casi por dos días o tres. Tal vez ya era una hora, tal vez minutos o segundos. Me ericé.

—Tengo miedo— dije mirándola.

— ¿De qué?

—De ti— fruncí el ceño; ella dijo sobre sus hombros.

—Tal vez tengan la vacuna.

— ¿Y si no?

—La tendrán.

—Te mataré si empiezas a hacer algo raro.

—Te mataré primero.

—No podrás, tu cuerpo se sentirá débil, y te golpearé, una y otra vez, dos veces, tres veces, cuatro veces— Sarah se detuvo y se rió diciendo.

— ¿Qué?

—Te voy a matar golpeándote muchas veces.

—Imbécil— se puso las gafas y siguió caminando y me dijo—Allí está, vamos.

 Sarah tocó la puerta. La puerta se abrió y entramos. Un hombre abrió la puerta, lo vi, totalmente negro, con ojos celestes, con cuchillos como Sarah y las gafas negras como las de ella en su cuello.

—Él es Tony— él movió su cabeza y yo le sonreí. Parecía un idiota, un I-DI-O-TA. Caminamos y el almacén estaba vacío, Tony caminaba detrás de nosotros. Había como dos columnas y como diez sillas en el medio. Todo era oscuro, pero había una luz que alumbraba las sillas.

—Siéntate— dijo Sarah. Después ella dijo—Oigan…Tenemos uno nuevo— miré muy interesado a lo que iba a ver. Tony se sentó enfrente de mí, su mirada estaba sobre mí, yo miré alrededor, y dije.

— ¿Por qué tan oscuro?— Tony no contestó. Sarah sí.

—No queremos atrapar su atención— miré  un hombre entrar a donde estaba, él me miró: ojos celestes y me dijo sentándose en una silla.

—Hola— fruncí el ceño al verlo tan joven.

— ¿Cuántos años tienes?

—En este momento tendría 31 pero tengo 17, ¿por qué?— tenía acento británico. Contesté.

—Pareces de 18.

—En el 2010, sí— llevaba una camisa gris de manga larga y jeans negros. Vi a una chica como Amber…Llevaba pantalones ajustados, pelo corto y negro, joven, unos 25 o 26 años de ojos celestes; me dijo.

—Soy Hanna, ¿y tú?— se sentó. Yo dije.

—Adam— el hombre de 18 dijo.

—Soy Ian— vi a Lhuna  entrando.

— ¡Adam!— me sorprendí, además de fea, tenía los ojos celestes…Mierda, es horrible. Corrió a mí  y me dijo—Eres joven— sonreí irritado, me dijo—No has cambiado, qué afortunado, mírame a mí, tengo 35 años…Oh Adam, te extrañé mucho— otro hombre entró, mayor, de barba blanca, ojos celestes y detrás de este otro hombre, joven y delgado, de ojos celestes también.

—Bienvenido— dijo el hombre de mayor edad, todos ellos tenían acento británico, menos Lhuna y Sarah. Él continuó—Soy Nate— el otro hombre dijo sonriendo y alzando su mano.

—Soy USB— yo fruncí el ceño preguntando.

— ¿USB?... ¿Qué es eso?

 Nate contestó.

—Es como una USB…Cuéntame, ¿cuál es tu nombre?

—Adam.

—Ya nos conoces a todos— vi a todos y a Lhuna sonriendo. Tony mirándome, Hanna con las manos cruzadas, mirándome también, Ian moviendo sus pies, Nate con las cejas levantadas, Sarah mirando sus anteojos y USB mirándome como si fuera una computadora. Sonreí diciendo.

— ¿Qué? No soy uno de ellos, no me han mordido todavía.

—Sarah nos contó que el gobierno te anda buscando— vi a Sarah. Dije.

—No sé por qué.

—Creo que el gobierno lo necesita para hacer la cura— todos ellos me miraron, miré a Sarah. ¿Qué? Ella no me dijo eso. Nate dijo.

—El gobierno siempre dice eso, toma personas y las matan y nada pasa.

— ¿De dónde eres?— me preguntó Hanna.

—De Massachusetts.

—No hablo de la ciudad, del año— me dijo enojada.

—Del 2009— ¿2009? Dijeron todos. USB dijo.

—Tal vez él sea el verdadero— todos lo miramos. Él se puso nervioso y prosiguió—Tal vez el gobierno estaba escogiendo un hombre para practicar con él pero se dieron cuenta de que todos ellos no servían. Tal vez él sea el único que pueda salvarnos— me reí y dije.

—Por favor, no soy el que andan buscando, soy un idiota, Sarah lo dijo, Amber lo dijo, y probablemente todos ustedes lo piensen también, no soy el héroe de la película— me enojé y USB le dijo a Nate.

—Él puede ser— vi a Nate y él estaba sorprendido y dijo.

—Tenemos que protegerlo, con nuestras vidas— moví mis ojos hacia un lado y Lhuna dijo.

—Estoy feliz de que estés aquí— sonrió. Todos ellos entraron a otro cuarto, los seguí.

—Necesito una vacuna— le dijo Sarah a Nate, vi a Tony mirándome. Quité mi mirada de él mirando a Nate y a Sarah que estaban hablando.

— ¿Por qué no la compraste?

—No tenía dinero, además lo protegí— dijo señalándome.

—Lo siento Sarah, sal de aquí— me sorprendí y dije.

— ¿Va a hacer eso?

—Lo he estado haciendo desde del 2013, no puedes detener esto.

—Pero ella salvó mi vida muchas veces.

—Ella ya me lo dijo, y te lo agradezco Sarah, pero por favor sal de aquí…Tienes como cinco minutos, sal— vi a Sarah, no sabía qué hacer. Ella me miró, se veía pálida. Nate le gritó.

— ¡Qué salgas, ya!— Sarah empezó a quitarse el cinturón y sus gafas. Cuando ella caminaba, todos los demás estaban preparados por si ella se transformaba. Sarah abrió la puerta, su rostro estaba neutro y no parecía que le estaba afectando la transformación. Estaba asustado.

—No— dije, ella me sonrió y cerró la puerta. Pude escucharla correr. Vi la puerta, me senté y Nate se sentó junto a mí  y me dijo.

—Muchos soldados están muriendo…Ella no era la primera, lo siento, pero tenemos que agradecerle por salvar tu vida— se puso de pie y lo vi irse. Vi a Tony mirándome, le grité.

— ¡¿Qué miras?!— empecé a llorar. Lhuna se sentó a mi lado y me dijo preocupada.

— ¿Sientes algo por Sarah?— fruncí el ceño y le dije.

— ¿De qué mierda hablas? Aléjate de mí— puse mis manos en mi rostro. Lhuna se levantó y se fue. Me pregunté si Kate era la misma que conocí o si era como Lhuna, con 33 años…Esperé que no fuera así. No dormí bien, mi cabeza dolía y mi cuerpo también. Ellos me protegían mucho. No había usado la vacuna. Al día siguiente desperté y Hanna estaba a mi lado y tenía otra ropa, fruncí el ceño y la vi, dije.

— ¿Qué hiciste?

—Cambié tu ropa.

— ¡¿Por qué?! ¡¿Cómo?!

—Con las manos y las de Lhuna— ella sonrió y le dije.

— ¿Por qué no sólo me pediste que yo lo hiciera? Podía hacerlo por mi cuenta.

—Qué cuerpo— se fue. Tenía un montón de dudas, ¿me vio desnudo?... ¡Mierda! No había hecho ejercicios…Que asco. Fui a hablar con Nate.

— ¿Por qué me quitaron la ropa?

— ¿Hicieron eso?— dijo Nate sin saber.

—Sí.

—No lo sabía, no se los autoricé.

—Pero lo hicieron.

—Te daré el cinturón de Sarah y los cuchillos de ella.

— ¿Por qué las cosas de Sarah?

—Hacemos eso— él me dio los cuchillos y el cinturón.

—No las puedo tomar.

— ¿Por qué no?

—No, no quiero.

— ¿Cómo te vas a proteger?

—Vamos a quedarnos aquí, ¿no?

—No, siempre salimos para encontrar personas, y desde luego comprar la vacuna.

— ¿De dónde consiguen el dinero?

—Robamos un banco.

—Ja… ¿Por qué no le diste la vacuna?

—Era demasiado tarde.

—Tenía cinco minutos.

—Sabía que era tarde, cuando tienes cinco minutos eres un Aegrisomnia— tomé el cinturón y los cuchillos, lo vi.

— ¿Tengo que matar?

— ¿Has matado a alguien?

—He matado una rana y un Aegrisomnia.

—Tienes que matar cientos de ellos.

—Pero todos estos años…Creo que han estado matándolos, deben de estar extintos, ¿verdad?

—Son 3 millones, creo que hemos estado matando como cuatro mil, ni siquiera un millón.

— ¿Cuándo vamos a salir?

—En una hora— mientras estaba intentando ponerme el cinturón, Tony se acercó a mí y me dijo.

—No estás listo— lo miré y él siguió—Vas a ser el primero.

— ¿El primero de qué?

—En morir— sonreí y le dije.

—Veamos quien muere primero— se fue y tragué con un nudo en la garganta…Desde luego que seré yo, idiota, imbécil, estúpido.  Caminé a un cuarto, a la cocina. Hanna e Ian estaban allí, comiendo latas con carne.

— ¿Quieres?— me preguntó Ian masticando.

—No, gracias— fui a sentarme; dije.

— ¿No tienen latas de frutas?

—No sé, fíjate en la gaveta— fui a las gavetas y las abrí, carne, carne, carne y más carne.

—Sólo carne.

— ¿No te gusta la carne?

—Soy vegetariano.

—Lo siento por ti— dijo Hanna mirándome.

—Carne es lo único que tenemos, nos da energía— dijo ella. USB y Nate estaban en otra habitación. Tony estaba solo, tocando su cuchillo mirándome. Lhuna estaba en el baño.

—Me muero de hambre— seguían comiendo. —No puedo comer carne— me vieron y siguieron comiendo. Me levanté; fui donde Nate y le dije.

—Tengo hambre y soy vegetariano, ¿no habrá algo más para mí?— él y USB se dieron la vuelta y Nate dijo.

—Lo lamento, sólo tenemos carne.

—Voy a morir si no como.

—En las casas encontraremos comida.

—En las casas— dije irónicamente y moviendo mis ojos hacia arriba. Nate entonces dijo.

—Debemos movernos ya, vengan.

— ¿No vamos a practicar como matar? No soy como ustedes.

—No éramos como ahora cuando empezamos.

—Estoy muerto.

—No vas a morir.

—Nunca he usado un cuchillo en mi vida, nada que hiera animales, no. Voy a ser el primero en morir, estoy muerto.

—Aprenderás— vi a USB con su cinturón y sus cuchillos. Lhuna, Hanna, Ian y Tony entraron e Ian dijo.

—Estamos listos— hice mis ojos hacia un lado y toqué mis cuchillos, estaba totalmente asustado, iba a morir, no sabía ni siquiera cómo usar un cuchillo.

 

 

10

Envidia

 

No quería matar a Sarah si la veía. ¿Cómo podría hacerlo? Es horrible. Todos llevaban puestos sus gafas, las mismas que Sarah. Salimos del almacén  y tenía un cuchillo en cada mano.

— ¿Por qué tienes los cuchillos listos?— preguntó Hanna riéndose. Le dije.

—Nadie sabe.

—Vamos a ir al norte, síganme— caminábamos despacio y en silencio.

— ¿Por qué estamos tan callados? Hablemos acerca de sus vidas— todos me miraron y los miré, Lhuna dijo.

—Si quieres yo…— la interrumpí diciendo.

—No, gracias— pensar en ella era horrible, era fea y vieja, no tenía el mismo cuerpo de antes, de ninguna manera.

— ¿Cuál será el primer lugar al que vayamos?

— ¿Primer lugar?— preguntó Ian.

—No tenemos un primer lugar, sólo uno— dijo Nate. Tony dijo.

—Sólo vamos a comprar la jeringa.

—Dijiste que íbamos a buscar personas.

—Mientras caminamos, sí— dijo Tony.

— ¿Y de cuánto es la guía turística?— dije molestándolos. Me miraron y sonreí. Les dije cambiando mi sonrisa y mi voz a una sombría.

— ¿Cuánto durará?

—Como tres horas o menos— dijo Ian. Me sorprendí y levanté las cejas.

— ¿Vamos a caminar esas tres horas sin comer?

—Ya comimos.

— ¡Pero yo no!

—No te quejes, comerás.

— ¿Cuándo? ¿Cuándo me desmalle?

—No, cuando encontremos comida— seguían caminando despacio, yo caminaba normal.  Caminamos como por 30 minutos. Estaba desesperado por saber sobre ellos, eran extraños y eran británicos. ¿Qué hacían británicos aquí, en los Estados Unidos? No vivían aquí porque sus acentos cambiarían en meses. Los miré mientras caminaba. No podía aguantar, necesitaba hablar.

— ¿Qué hacen aquí  si ustedes son británicos?— Lhuna me miró y la miré, luego miré a los otros. Hanna y Tony me vieron pero no contestaron.

—No puedo dejar de hablar— les dije frunciendo el ceño. Hanna dijo.

—Estamos aquí porque…— Nate la detuvo diciendo.

—Nada— Nate vio a Hanna, Lhuna me vio y USB vio a Lhuna, Ian vio a USB y Tony me miraba a mí.

— ¿No contestarán?— Ian me vio mientras que los otros no.

—Te contestaré— me dijo. Lo miré y sonreí, Nate dijo.

—Nadie va a contestar nada, y tú Adam, quédate en silencio o atraparás su atención.

—Ustedes tienen las gafas, no yo, si alguien viene ustedes serán los primeros en verlos.

—Sólo quédate callado— me dijo.

—Sólo quiero saber…Son británicos, ¿verdad?, así que, ¿qué hacen aquí? Eso es todo.

—Sí, somos británicos— me dijo Nate.

— ¿Y qué hacen aquí?— todos vieron a Nate y vi la reacción.

—Estamos aquí porque el gobierno de los Estados Unidos nos lo pidió— me sorprendí e inmediatamente pregunté.

— ¿Y por qué aceptaron?

—Nos engañaron.

— ¿Por qué?

—Porque…— me miró y me dijo—Porque sí.

—No, no, hay algo más.

— ¿Y qué crees que sea?— me preguntó, le contesté.

—No sé, tal vez ellos van a darles algo cuando terminen esto— Nate dejó de caminar y dijo enojado.

— ¡Hemos estado aquí por 13 malditos años, el gobierno nos olvidó, y ¿crees que esto es fácil?! No. Mientes. ¡Toda esta mierda es una mentira, hemos estado sobreviviendo día y noche, recordando a nuestra familia en Inglaterra, esta mierda no pasó allá, es sólo aquí, en los Estados Unidos, pero fuimos unos IDIOTAS! ¡Fuimos imbéciles al pensar que haríamos una misión secreta! ¡Tengo dos hijos y una esposa, tal vez la familia de mis soldados está en peligro y nosotros aquí: salvando a NADIE!— todos quedamos confusos. Bueno, yo sí.  ¿Qué? ¿El gobierno hizo eso? ¿Por qué? ¿Por qué llamaron a británicos para venir aquí? ¿A hacer qué? Y de nuevo, muchas preguntas pasaron por mi cabeza. Dije.

— ¿Salvaron algunas vidas al principio?— Nate se dio la vuelta y siguió caminando. Los demás me vieron. Siguieron caminando. No sabía qué decir, ni qué hacer. Empezó a llover.

—Está lloviendo, tenemos que buscar un lugar, no quiero mojarme— nadie dijo nada, parecían estatuas caminando. Me ignoraron. Entorné mis ojos. No estaba listo si uno de esos bichos brincaba sobre mí. Ellos harían algo. Sonreí. Caminamos sin acción, la lluvia era insoportable, no se detenía. Vi frente a mí una enorme pared, era alta, como para que nadie la saltara. Dije en voz alta.

— ¿Qué es eso?

—Es dónde los soldados viven— contestó USB

—Cuéntenles todo lo que el gobierno les hicieron, pregunten por sus familias— dije.

—Ya lo hemos hecho— Nate tocó la puerta que parecía estar en medio de toda esa enorme pared. Un hombre abrió la ventanilla que tenía la puerta, primero nos miró y parecía contarnos. Preguntó.

— ¿Dinero?

—Danos siete.

— ¿Y Sarah?— preguntó el hombre, Nate dijo.

—Está muerta, dame eso ya— el hombre cogió el dinero que Nate le dio en una bolsa plástica y cerró la ventanilla y en segundos la abrió, le dio a Nate siete jeringas en una bolsa negra con varias secciones para que no chocaran entre sí. Nate empezó a sacarlas, eran de un color celeste fosforescente. Si, esa es la razón de que todos ellos tuvieran ese color de ojos, incluso Lhuna que los tenía verde.

—Si la quiebran, están muertos— todos las guardaron. Vi mi jeringa y dije.

— ¿Cuándo tengo que inyectarla?

— ¿Hace cuánto qué estás en este año?

—Déjame pensar… No sé, como cinco o seis días.

—La tienes que inyectar.

— ¿Mis ojos se pondrán celestes?

—Bonito color, ¿no crees?

—Ustedes son ciegos, es por eso que llevan esas enormes gafas.

—Nos protegen de la lluvia— Nate sonrió.

—No es gracioso— Nate vio al hombre y le dijo.

—Gracias. Regresaremos dentro de una semana— el soldado cerró la ventanilla.

—Al menos regresaremos.

—Vamos a la torre.

— ¿Cuál torre?— pregunté frunciendo el ceño.

—Siempre hacemos eso, nos quedamos en la torre por dos días, depende.

— ¿Y qué hacen ahí?

—USB empieza a buscar.

— ¿Buscar, qué?

—Empiezo a buscar personas— dijo USB.

— ¿De dónde?

—De aquí…Si tenemos suerte encontraremos a alguien…La semana pasada escuchamos  a dos mujeres llorando y dos meses atrás a una chica y a varios hombres— mi corazón dio un salto y me sorprendí. Apreté con fuerza el bate de Baseball. Y le dije.

— ¿Dijeron sus nombres?

—No— me contestó confundido.

— ¿Qué querían?

— ¿Qué querrías en estos momentos? Ayuda por supuesto.

— ¿Dónde estaban?

—En una casa, pero tal vez estén muertas.

— ¿Por qué lo piensas?— le dije enojado; USB dio un paso atrás y los demás me miraron. Dije.

—Lo siento…Estoy…Busco a mi madre, hermana y novia y tal vez…

—Vámonos— dijo Ian,  todos empezaron a caminar. Lhuna me vio y me dijo.

—Enfréntalo, están muertas— caminó. Púdrete Maldita perra, ni siquiera sabes en dónde estás.  Vi su espalda y quería  golpearla con mi bate de Baseball, una y otra y otra y otra vez, una vez más y más, salpicar sangre, mucha sangre, maldita zorra…Jesucristo, estoy perdiendo el control, pero ella me hace sentir de esa manera.  No dejaba de pensar en lo que USB me dijo. Tal vez cuando lleguemos  haya una señal, podría haber una voz. Lo esperé. Vi la torre, era muy alta, entramos, subimos las escaleras y cuando llegamos a la cima, USB cogió una caja que estaba en una esquina, empezó a tocar botones. Todos se quitaron las gafas. Parecía como si fueran fantasmas, con ojos celestes. Tony lucía raro, parecía que me iba a comer. Me ericé. Escuché crujidos del radio.

—Creo que hay alguien— dijo USB. Sentí que iba a ser salvado, tal vez alguien más iba a rescatarnos y me sentí bien, me sentía feliz. Estuve esperando por ello. Sólo quería salir de allí.

— ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?— me sobresalté. Me ericé, fui a USB y le quité el radio de la mano, dije.

— ¡¿Mamá?!— quería llorar. ¡Está viva, está viva! Hubo silencio. Miré el radio; estaba desesperado, mis manos temblaban, mi estómago empezó a doler, Oh Mamá…

— ¡Mamá!— repetí. Nadie contestó. USB me dijo.

—Se ha ido, dame eso— vi a USB y dije.

—Espera— miré el radio y repetí— ¡¿Mamá?!— USB me quitó a fuerza el radio y me dijo.

—Se fue— él estaba enojado, lo vi y fruncí el ceño; cuando iba a apretar un botón, mamá dijo.

— ¿Adam?— le quité  el radio de nuevo y con una sonrisa dije.

— ¿Mamá, estás bien?

—Adam…Estás vivo.

— ¿Dónde estás?— mi voz se estremecía y mi mano temblaba, el frio de mi ropa mojada me hacía erizar.

—Lo siento Adam, lo siento tanto mi amor, nunca quise que las cosas sucedieran así, perdóname. — bajé mi cabeza y con la otra mano sostuve mi frente, apretaba fuerte el radio.

—Mamá,  no tienes que pedir perdón cuando soy yo el que debe pedirlo, oh madre… ¿Dónde estás?

— ¿Eres viejo?

—Eso no importa, sólo dime dónde estás.

—Estamos en una casa, no sé dónde— escuchaba cómo su voz se quebraba, pensé: ¿’Estamos’? y le pregunté.

— ¿Estás con Amber?

—Está aquí— me dijo. Escuché a Amber decir.

— ¿Hermano?— era genial, cerré mis ojos y dije.

—Amber, oh Dios, ¿estás bien?— su voz parecía vieja, me dijo.

—Tengo 31— sonreí y ella siguió—Soy tan vieja como mamá, es horrible, ¿Qué de ti? ¿Eres viejo? ¿Estás bien?

—Tengo 21 todavía, estoy bien, gracias…Te extraño, te extraño tanto Amber.

—Te extrañamos también—  empecé a llorar, mamá me escuchó.

—Oh Adam, no llores, estamos bien, no llores — ella empezó a llorar conmigo.

—Te encontraré mamá, ¡lo juro, mami!

—Lo sé, lo sé mi amor.

—Me dijeron que estabas muerta.

—Fue mentira hijo, estoy aquí, aquí estamos— lloré y lloré. Le di el radio a USB, él dijo.

—Chicas, tienen que decirme en dónde están en este momento, Díganme algo, denos una señal.

—Está bien— limpié mis lágrimas. No escuché nada, vi el radio. Mamá dijo.

—No veo nada  afuera, sólo neblina y más neblina.

—Está bien. ¿Pueden ver algo que nos guie a ustedes?

—La única cosa que veo es una torre.

—Estamos aquí, ¿qué tan largo es?

—Está cerca.

—Les daré una señal— USB se puso de pie y prendió una linterna, y salió a la ventana moviéndola.

— ¿Esa es la señal?

—Sí mamá, sí— USB se acercó al radio y dijo.

—Vamos a ir por ustedes, sólo salgan y caminen hasta aquí, lleven consigo cuchillos y algo con que se puedan proteger.

—Bien.

—Estaremos afuera— USB iba a colgar la señal pero yo tomé el radio diciendo.

—Cuídate mamá, estaré allí, lo juro. Te amo, te amo madre, te amo Amber.

—Te amamos también hijo, nos veremos allí— USB colgó y Nate lo llamó. Sonreí y dejé de llorar. Me sentí bien. Vi a Nate y a USB.

Nate estaba enojado y USB ponía atención a lo que Nate le decía. USB asintió y nos miraron.

—Bueno…Vamos abajo— dijo Nate. Todos se pusieron las gafas. Estábamos abajo y yo estaba desesperado por ver a mamá y a Amber. Nate dijo.

—Movámonos— vi a Nate y todos los demás empezaron a caminar, yo dije.

— ¿Qué? No, tenemos que esperarlas.

—No vamos a esperar a nadie, estoy harto de salvar vidas y después ver cómo mueren, no, no salvaremos a nadie.

—No me moveré de aquí, las voy a esperar.

—Ellas no vendrán.

— ¿Cómo demonios lo sabes?

—Porque morirán.

—Han sobrevivido por 13 años, ellas pueden, está cerca.

—Por ese camino hay muchos de ellos, no podrán.

—No me voy a mover, me quedaré aquí— Nate sacó su cuchillo y dijo.

—Mejor muévete ya.

— ¿Por qué haces eso? ¡Es mi familia, no puedo dejarlas aquí!

—Enfrenta la realidad, son principiantes, morirán.

— ¡No, no! ¡No me moveré!— Hanna se acercó a mí, la vi. Iba a sacar un cuchillo pero ella me golpeó con el mango del puñal. Me desmallé. Gotas de lluvia caían sobre mi rostro, abrí mis ojos  y vi el cielo, negro. Moví mi cabeza y me enderecé. Pestañeé y escuché a Hanna decir.

—Mejor entra a la casa, los Aegrisomnias pueden oler tu sangre— la vi en la puerta de la casa, me levanté y miré alrededor. No estaba en la torre, empecé a buscarla. La vi allá lejos; fruncí el ceño y dije.

— ¿Por qué hiciste eso? Mi madre estaba allí, tengo que ir…— me sentí débil, di un paso y Hanna corrió a mí y me tomó la mano, me dijo.

—Estamos muy lejos, mejor entremos.

—No, no…Debo ir. Mamá está allá. ¿Por qué hiciste eso?— mis piernas estaban débiles, mi cabeza dolía. Mi ojo se cerraba por sí solo. Toqué mi frente y vi sangre, mi sangre y dije.

—Tengo dolor de cabeza.

—Entremos— vi la torre y mi vista se nublaba. ¿Qué me hicieron? Hanna me llevó dentro de la casa. Cerró la puerta y me sentó en el sofá. No vi a los otros.

— ¿Por qué hiciste eso, por qué?

Se acercó a mí, sentí que me dormía y como cuando tus ojos se cierran solos. Hanna se inclinó frente a mí y vi su rostro. Me besó. Me sorprendí y la dejé. No podía mover mi cuerpo, estaba paralizado, pero no era por el beso. Había algo en  mi cuerpo, ella no se detenía. Empezó a tomar ventaja de mi debilidad, se quitaba la ropa…No lo negaba, era muy bonita. Cuando ella iba a quitarse la blusa, Ian entró por la puerta. Mi cabeza cayó, pero seguía despierto.

— ¿Qué mierda estás haciendo?— preguntó Ian, mis oídos empezaban a fallar. Había sido drogado. No recordé nada, pude escucharlos hablando pero no pude entender que decían.

Abrí los ojos, esta vez estaba en la cama, vi el techo. Me levanté con un maldito dolor de cabeza. Vi cerrada la puerta y la abrí. Vi a todos sentados en los sofás.  Pestañeé y vi a Hanna. Me miró, lamió sus labios y me miró pícaramente. Nate dijo.

— ¿Estás bien?

— ¿Qué me hicieron? — Hanna sonrió e Ian dijo.

—Te dio el líquido.

— ¿Qué? ¡¿Por qué?!

—Ella te la inyectó.

—Perra— dije en tono bajo.

—Creo que te hizo una mala reacción— dijo Lhuna. USB dijo.

—Oh no puede ser— Nate vio a USB y todos los demás igual. Él prosiguió— ¡Es él!— Nate lo vio y dijo.

— ¿Cómo lo sabes?

—Porque es alérgico al líquido, esa es la reacción, él no puede inyectársela, o se sentirá mal, él es el único, es él— me sentí con sueño. Me senté y dije.

—Sólo quiero dormir.

—No puede inyectársela o morirá— todos lo miraron.

— ¿Mis ojos ya son celestes?— pregunté, Hanna sonrió e Ian dijo.

—Tienes que inyectarte muchas para que eso suceda— me levanté y Hanna dijo.

—Besas bien— vi a Hanna con una sonrisa, Lhuna preguntó.

— ¿Qué?— Ian me vio. Los miré y Hanna dijo.

—Me gustó.

—Qué envidia— Dijo Lhuna. Llevé mi mano a mi cabeza tratando de olvidar lo molesto que estaba con todos ellos.

 

 

 

 

11

Necesitada

 

En la noche, como a las 8 pm salí de la casa, todos los demás dormían. Los Aegrisomnias dormían también. Sentí el Deigratia y recordé a mamá. Me preguntaba por qué hicieron eso. ¿Por qué? Sólo porqué. Sentí una mano en mi hombro. Me di la vuelta y Hanna dijo.

— ¿Estás bien?— vi la mano en mi hombro y levanté una ceja y dije.

— ¿Qué estás haciendo aquí? Deberías estar durmiendo.

—Sí, pero escuché a alguien abrir la puerta.

— ¿Por qué me inyectaste?

—Bueno, lo importante es que estás bien, y que me importas mucho.

—Busco a mi novia.

— ¿Quién es tu novia?

— ¿Por qué me besaste?— Hanna frunció el ceño y miró abajo. Se alejó de mí, y se quedó en la puerta. Dijo.

—Estoy sola, mi familia está en Devon. No sé si están bien, no sé qué están haciendo. Los extraño mucho. He estado aquí por 12 años, 12 años sola. No sé si mi novio tiene novia, tal vez está casado y tiene hijos. He perdido casi toda mi vida aquí. Quiero regresar— se detuvo, lágrimas le bajaban. Fruncí el ceño y no me di vuelta. Sólo escuché.

— ¿No quieres salir de aquí?

—Sí— bajé la cabeza. Ella se quedó en silencio. Dije sobre mis hombros—Eso no contesta mi pregunta— se limpió las lágrimas. Dije—Al menos tu familia está en Devon, pero mi familia está aquí, dentro. Están en peligro y pueden morir en cualquier momento, no quiero eso. Sólo quiero salir de aquí, y encontrar a mi familia y novia— la escuché acercarse y puso sus manos en mis hombros y me impacienté. Fruncí el ceño y me dijo.

—Podemos ser libres, tienes stress— empezó a hacerme masajes. Me sentí  incomodo con ella, pero quería también. Su cabeza se recostó sobre mi hombro, me acarició la espalda y dijo—Podemos olvidar todos nuestros miedos, podemos olvidar toda esta guerra— se puso frente a mí y yo seguía frunciendo el ceño. Hanna acarició mi pecho y cerré los puños. Me miró y dijo—Veo cómo lo has estado esperando.

—No he estado esperando nada— Hanna cerró los ojos y dijo.

—Has estado esperando por un beso, una caricia, un cuerpo, sexo— la quité de mí y di un paso atrás, Hanna estaba sorprendida, se acercó  a mí y me tocó el pecho de nuevo. Dijo.

— ¿No quieres dormir conmigo?— recordé a Lhuna decir eso. Qué asco.

— ¿Qué?

—Te quiero — me sorprendió, fruncí de nuevo el ceño y dije.

— ¿Necesitada?

— ¿Qué crees?

—Qué sí, ¿Por qué no lo haces con Ian? Él es agradable, guapo.

—Él está celoso…Y lo hemos estado haciendo pero no me satisface, quiero a alguien más.

— ¿Tony, Nate, USB? — Le mencioné con desagrado.

—Ya— me desconcerté y agrandé los ojos y dije.

—Estás con el hombre equivocado.

—No lo creo— empecé a enojarme. Le dije.

 —Detente, no voy a dormir contigo, me duele la cabeza, esto es asqueroso— caminé hacia la casa. Ella me siguió y dijo.

—No me quejo, sólo quiero tratar.

— ¿Qué demonios quieres tratar?  ¿Saber que tan ardiente soy? ¿Si lo hago mejor que los demás? No vas a tratar nada,  ¡me besaste y porque estaba drogado!

—No te enojes, yo…— me senté, ella estaba de pie, me miró con ojos tristes. Ella se acercó a mí y se sentó sobre mí.

—Oye, ¿qué…?

—Sólo relájate Adam… ¿No te soy bonita?— me dijo con su acento británico. Me sentí disgustado, dije.

—Ponte de pie.

— ¿Por qué? Estoy bien aquí contigo, además, todos duermen, podemos hacerlo aquí— ¿Qué mierda le está pasando a esta perra?  Se quitó la blusa y tomé su mano, ella sonrió, dije.

—Detente.

— ¿Qué si no quiero?— llevó sus manos detrás, para quitarse el sostén. Sostuve ambas manos y ella se rió, me dijo.

— ¿Eres virgen o algo así? ¿Por qué no quieres tener sexo conmigo? ¿Eres tímido?

—Eres una perra, quítate de encima ahora mismo— ella se puso de pie y frunció el ceño. Me dijo poniéndose la camisa.

—Eres un maldito hijo de puta— se fue. Sonreí, y reí. Me sentí mal. Pero no de dolor.  Me abrigué con una cobija y me dormí.

 

 

12

Un Invitado Inesperado

 

En la mañana desperté y fui a la sala, vi a todos ellos listos para irse.

— ¿A dónde vamos a ir?

—Al almacén.

— ¿Y la torre?

— ¿Qué sobre eso?— dijo Ian enojado.

—Dijeron que nos  íbamos a  quedar allí por dos días.

—’Íbamos’, exacto— levanté las cejas con gracia.

— ¿Y ahora qué? ¿Nos quedaremos en el almacén por el resto de nuestras vidas? ¿No vamos a ir al teatro o al Mall?— sólo molestaba, todo era aburrido. Todos me miraron.

—Deja de hacer esas malditas bromas que ya estoy enfermo, muy harto de ti, maldito imbécil— dijo Ian. Me sentí avergonzado, mis orejas empezaron a arder, hasta me sonrojé. Dije.

—Está bien, lo siento— quería reírme, pero tuve que aguantar. USB dijo.

—Vamos a viajar en el día porque a esa hora podemos ver los Aegrisomnias, no llevaremos las gafas, así que tenemos que tener cuidado. Vamos a ir a una ferretería que está por estos lados, y usaremos un carro, específicamente una grúa para poder cruzar.

— ¿Entonces estamos listos para irnos?

— ¿Cruzar qué?— pregunté.

— Hemos estado planeando tratar de cruzar la pared que hace tiempo notamos que está agrietada en una parte que conozco— contestó él.

— ¿Y cuáles son las probabilidades? Me refiero a que, ¿cómo sabes que no habrá un montón de soldados del otro lado?

— Eso habrá que verlo—comentó Nate.

Me puse el cinturón y recordé a Sarah. Suspiré.  Nate abrió la puerta y el Deigratia entró a la casa, respiré y Nate salió, detrás de él, USB, Lhuna, Ian y Hanna.

—Me hubiera quedado en casa, no debí haberme montado en ese bus— caminé hacia la puerta. Los seguí, iban muy callados. No era un profesional, estaba asustado, no sabía si iba a matar a alguien. Eran animales, pero…Bueno, no, son humanos, pero ellos son caníbales, y animales también. Soy vegetariano, no puedo tocar animales, no quise matar a aquella rana, fue un accidente. Por otro lado…Me sentí bien cuando maté al Aegrisomnia. Es horrible pero mi adrenalina estaba por los cielos. Sentí que podía hacerlo. Llevé mi bate de Baseball y mi mochila en la espalda. Hanna se dio la vuelta y vio mi bate de Baseball, me miró y levantó una ceja diciendo.

—Tienes un bate muy grande— miré a otro lado, Qué mujer más irritante, dije.

—Corrección: Bate de Baseball—caminamos muy despacio y en silencio. Empecé a extrañar la acción. Empecé a preguntarme a mí mismo porqué los Aegrisomnias no aparecían.

— ¿Por qué esto luce tan vacio? Creo que planean algo.

—Son estúpidos— dijo Tony.

— ¿Y por qué no caminan oliendo basura, comiéndose entre sí y todo eso?

—No recuerdo ser un científico— dijo Tony.

—Esto es estresante, horrible y raro.

—Deja de pensarlo y ya— dijo Nate, él continuó.

—En minutos estaremos viéndolos…Estaremos listos— ese fue el momento en que sentí que iba a vomitar todo lo que comí. Tal vez era adrenalina. Me sentía perdido, pensé por un segundo que iba a morir, mi corazón latía muy rápido, más de lo normal, ¿soy la única esperanza para ellos? ¿Soy la única manera para curar a esas personas? Por otro lado, me sentía bien, sentía que era el héroe, estaba emocionado.

— ¿Qué tan largo es?— sentía la neblina tocar mi rostro, mi abrigo estaba roto, tenía frio.

— ¿Por qué?— preguntó Nate.

—No quiero estar con una necesitada— ¡juro que sólo quería bromear, estaba harto del silencio, quería reír!

—Detente maldito bastardo— dijo Hanna deteniéndose y tratando de golpearme. Me sorprendí riéndome, Nate la detuvo, yo dije.

— ¿Quieres decir que has dormido con todos?— ella se quedó boquiabierta, frunció el ceño tratando de zafarse de Nate, dijo.

— ¡Jódete imbécil!

—No estoy jodido, tú estás jodida, al igual que todos ustedes— Nate soltó a Hanna y ella se tranquilizó, Nate frunció el ceño preguntándome.

— ¿De qué mierda estás hablando?

—Todos han dormido con ella.

— ¿Estás celoso o qué?

—No, no lo estoy.

— ¿Entonces? ¿Por qué te quejas?— dijo Nate, me ericé, no de frio, si no por su respuesta…Qué asco.

—Oh por Dios…— negué la cabeza y ellos siguieron caminando.

—No he dormido con Hanna— dijo Lhuna, continuó—Todavía.

— ¡Dios todopoderoso!

—Sólo bromeaba.

—No se entretengan— dijo Nate enojado. Tony se rió.

—Tenemos una muy buena relación— dijo Tony, vi a USB, él me vio y quitó la mirada.

— ¿Por qué eres tan tímido?— le pregunté, él se escondió en Nate.

—Oye, contéstame.

—Él no quiere contestar, ¿y para qué quieres saber?

—Curiosidad— cada conversación era seguida por un largo silencio. Sonreía yo solo, parecía idiota.

—No puedo creer esto— dije frunciendo el ceño.

— ¿Qué no puedes creer?— preguntó Lhuna mirándome. Dije.

—Todos ustedes— me reí rápido y seguí—Han dormido con una sola mujer— Nate se detuvo y me puso un cuchillo en el cuello, cerré los ojos y me ericé, me dijo.

—Cállate ya— quitó el cuchillo y me ericé como tres veces más. Vi a los otros. Lhuna se acercó a mí con una sonrisa patética. Me dijo.

— ¿Crees que encontraremos a  Kate?

— ¿Qué quieres?

—Saber.

—No sé, no sé— dije disgustado.

—Tal vez la encontremos…Como un Aegrisomnia— sonrió.

— ¿Qué quieres?

—Sólo decía— hice mis ojos hacia un lado. Ella seguía caminando a mi lado, me dijo.

—De verdad te extrañé Adam. Pensé que estabas muerto…Recuerdo la última vez que vi a Kate, estaba llorando mucho…Pobre— miré a Lhuna y le dije.

— ¿Dónde la viste?

—En el baño de los hombres— fruncí el ceño y…Sí, ¿por qué no fui al baño de hombres?

— ¿Entraste?

—Sí, pude escucharla, pero mejor que no me vio.

— ¿Dijo algo?

—No, sólo lloraba, eso es todo.

—Oh Kate… ¿Dónde estás?—  escuchamos un basurero caer. Todos nos detuvimos y nos dimos vuelta. Sacamos nuestros cuchillos. Nate se acercó a nosotros y miró alrededor y dijo.

—Están cerca.

—OK…OK, no estoy, no estoy listo para esto— dije un poco asustado.

— ¿Qué? No tenemos tiempo para decir eso imbécil, tienes que estar listo— mi estómago empezó a doler, quería vomitar. Lo quería hacer. Mis manos temblaban. Mis ojos se movían a todo lado, mi bate de Baseball estaba listo. Estábamos callados, como estatuas.

— ¿Qué esperamos?

—Por uno de ellos.

—¡¡ ¿Qué?!!

— ¡Cállate!

—No, no, no, no, tenemos que movernos ahora mismo.

—No nos moveremos, vamos a esperar.

—Oh por Dios, oh por Dios, este es mi final.

—Cállate idiota— juro que estaba asustado. Mientras temblaba, escuchamos otro sonido: pasos. Los seguí con la mirada y señalé. Nate dijo.

—Sí, lo sé.

—Nos comerá.

—Es sólo uno.

— ¿Cómo demonios lo sabes?— sentí que mi garganta se cerraba. No podía ni siquiera hablar. Ni respirar.

—Porque es sólo uno.

—Sí, claro, sí— de repente los pasos se detuvieron y respiré profundo. Mi corazón palpitaba muy aceleradamente, sentía que mi corazón se saldría de mi pecho.

—Se detuvo, se detuvo.

—Lo sé, cállate— escuché los pasos de nuevo, viniendo a nosotros.

—Oh mierda, mierda, mierda— sostuve con fuerza el bate de Baseball. Lo escuché correr y gruñir. Vi los ojos del Aegrisomnia y grité.

— ¡Es él!— lo señalé y Nate le clavó el cuchillo en el pecho. Este gimió y murió. Temblaba, lo juro, no soy valiente, lo digo, temblaba.

— ¿Ves?... Era sólo uno— Nate sonrió y me vio, sonreí temblando.

—Voy a vomitar.

—Aléjate de mí— me alejé un poco de él. Cuando me di la vuelta, escuché una piedra o algo menos pesado caer al suelo, al darme la vuelta, algo explotó, lanzándome al suelo y escuché gritar a Nate. Me enderecé y vi a Nate muerto. Escuché un sonido profundo en mis oídos. Nate estaba muerto, estaba destrozado, sus pies más que todo. La sangre salpicó a mi cara. Me levanté con el zumbido, no veía a nadie.

— ¿Qué sucedió?— no me podía escuchar a mí mismo. — ¿Ian?— miré alrededor. Sólo veía neblina. Escuché a alguien y empecé a buscar.

— ¡Oigan, ¿dónde están?!

— ¡Adam!— una voz diferente, no era de Hanna ni de Lhuna, era otra chica.

— ¡¿Quién eres?!

— ¡Por aquí Adam!

— ¿Kate?— dije en tono bajo. Repetí— ¡¿Kate?!— Hanna tocó mi hombro y el sonido desapareció.

— ¿Estás bien?

—Escuché a Kate.

—Alguien lanzó una granada.

—Era Kate.

—Fue el gobierno, vamos.

— ¿Y Nate?

—Está muerto.

—Dios…— dimos cuatro pasos y Lhuna dijo.

— ¿Estás bien, Adam?

—Sí, estoy bien, gracias— dijo sarcásticamente Hanna.

—Estoy bien— contesté.

—Vamos— me senté. Estaba confundido. No supe qué pasó.

—Tienes sangre por todo lado— dijo Hanna con una pieza de tela.

— ¡Es tu culpa!— dijo Tony muy enojado.

—Yo-Yo… ¿Por qué?— se acercó a mí y con el mango de su cuchillo me golpeó la mandíbula. Me desmallé. Desperté con un terrible dolor. Miré alrededor y vi a Hanna hablando con Tony, Ian estaba sentado, sólo escuchando y Lhuna estaba… ¿rezando?

— ¿Estás rezando?— abrió los ojos y me sonrió.

— ¿Estás bien?

—No— me enderecé— ¿Por qué me golpeó?

—No sé— me levanté. Y Hanna me vio, ella se acercó diciéndome.

—Lo siento, fue un idiota.

—Nadie es el líder, el líder está muerto— dijo Tony

— ¿De qué está hablando?

—Él piensa que tú eres el líder.

— ¿Y me golpeó por eso?

— ¡Mataste a Nate!— me dijo él.

— ¡No, no lo hice!

—Te mataré ahora mismo.

—Mátame— dije sentándome en el suelo.

—Lo que importa aquí es que alguien nos quería matar o quería protegernos— dijo Ian.

— ¿Crees que fue el gobierno?

—Desde luego que sí— dijo Tony. Toqué mi quijada…De verdad que dolía.

—Creo que perdí un diente.

—Eso espero— dijo Tony. USB sonrió. Fruncí el ceño.

—Y ahora… ¿Qué vamos a hacer?— pregunté.

—Recogeremos el cuerpo y lo llevaremos al almacén— dijo Tony.

— ¿Por qué? Está muerto.

—Si no quieres que te golpee de nuevo, mejor cállate.

—Aja.

—Ian, USB, vengan, ayúdenme— cuando íbamos caminando, le dije a Hanna.

— ¿Por qué le obedecieron?

—No sé, por cierto hueles a sangre y tienes mucha encima.

— ¿En serio? ¿Será porque Nate explotó frente a mí? —dije sarcásticamente.

—Lo siento.

—No lo siento, no lo conocía.

—Pensé que te importaba.

—No.

—A mi sí— me dio un pedazo de tela. Lhuna se acercó a nosotros y dijo.

—Te ves muy guapo con toda esa sangre— Hanna se rió y yo hice mis ojos hacia arriba. Tony llevaba el cuerpo de Nate. Veía toda la sangre goteando y cayendo al suelo, dejando rastro. Dije.

—Voy a vomitar— me detuve. Ellos lo hicieron también.

—Eres una mariquita, anda.

—No puedo, Nate está sangrando, no puedo ver sangre.

— ¿Cómo diablos mataste a un Aegrisomnia?

—Adrenalina— él no me hizo caso y siguió caminando, vi la sangre y vomité. Tony se detuvo y me vio, todos me vieron.

—Te dije que vomitaría.

— ¿Estás bien?— preguntó USB.

—No. ¿Es que no ven que no puedo ver sangre? Soy un maldito marica.

—Entonces iré detrás de ti— Tony caminó detrás de mí. Pero aún seguía oliendo la sangre.

—Camina— caminé, pero el olor era asqueroso. Mientras caminamos  escuchamos gemidos. Me detuve, era el primero, el que iba al frente. Tony dijo.

—Quédate ahí.

—Moriré si me quedo aquí.

—Mejor— me dijo.

— ¿Qué?...No…Soy el único que puede salvar al mundo— Eres un idiota pendejo.

—No me interesa si eres Jesús que bajó del cielo, quédate ahí— empecé a temblar  de nuevo, escuché gruñidos y no vi nada. Hanna se acercó a mí y me dijo.

—Vamos a estar bien, relájate.

— ¿Cómo demonios crees que me voy a relajar? Mis malditas piernas tiemblan y estoy sudando.

—Silencio.

—Dios mío, quiero largarme de aquí— escuché como un tornado venir, el viento crujiendo. Miré atrás y vi a Tony, pregunté.

— ¿Qué es eso?— Tony miró atrás y todos lo hicieron también.

— ¿Qué es eso?—repetí.

—Son hélices— las escuché muy cerca, la neblina desapareció y miré alrededor: vi a cinco de ellos allí, mirándonos y frunciendo la nariz. Entonces vimos el helicóptero.

— ¡Corran!— dijo Tony soltando el cuerpo de Nate.

— ¡¿Por qué?! ¡Nos salvarán!— escuché como si una piedra hubiera caído al suelo. Cuando cayó, explotó. Un humo rojo empezó a salir. Corrí. No podía ver nada, sólo escuchaba el helicóptero, corrí sin ver. Alguien en el helicóptero dijo.

— ¿Adam Browne Howard?— me detuve y vi el helicóptero.

—¡¡Aquí estoy!!— dije. Escuché un gruñido que corría hacia mí. Sólo veía el humo rojo y de repente un Aegrisomnia brincó sobre mí,  caí; inmediatamente escuché disparos y un montón de sangre se esparció sobre mí.  Gemí y me levanté. Asustado. Corrí.

—Adam Browne Howard, detente, somos el gobierno, te salvaremos— sólo corría, y corría, sentía que iba a chocar con algo, no veía nada.

—Adam, detente— escuché otro gemido, y otro de los Aegrisomnias brincó sobre mí, grité y escuché disparos, sangre salpicó sobre mí. Me levanté del suelo. Miré alrededor, confundido. Dije.

— ¡Hanna!... ¡Lhuna!

—Adam, te recogeremos— miré hacia arriba y lanzaron una escalera—Vamos Adam, sube— me dijo un hombre. Tomé la escalera, estaba a pasos de mi salvación, de salir de ese hoyo, de ese infierno. Pero escuché a Hanna decir.

—Adam, ¡no, no vayas!— busqué su voz y los vi a todos. Solté la escalera y corrí a ellos.

— ¡Adam, ¿a dónde vas?!— dijo el hombre, el helicóptero se movió y se acercó a nosotros.

— ¡Muévanse, a esa casa!— corrimos y los disparos empezaron a sonar, nos querían matar. Escuché un gemido, era USB que cayó al suelo. Miré atrás y lo vi en la calle.

— ¡USB!

— ¡Está muerto!— miré el helicóptero y corrí.

— ¡Adam, deja de correr o los mataremos a todos!— corrí aún más rápido, cuando vi la casa, empezaron a disparar de nuevo. Ian rompió la puerta y todos entramos a la casa. Caímos en pelota. Escuché y de reojo vi a alguien que no pude reconocer entrar a el cuarto de la casa. Se cerró la puerta. El helicóptero se fue.

— ¿Están bien?— dije. Nos levantamos y los vi a todos, vi afuera y dije.

—USB está allá, tenemos que salvarlo.

—Está muerto— dijo Tony.

— ¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Una bala de esas es suficiente para matarte.

—Vi a alguien entrar por esa puerta— dije señalando. Ellos vieron la puerta y Tony sacó un cuchillo, golpeó la puerta diciendo.

—Abre— nadie contestó. Tony golpeó la puerta de nuevo. Me senté en el sofá. Veía a Tony golpear la puerta pero no veía la puerta.

—Abre la maldita puerta— nadie contestó—La voy a tirar si no abres la maldita puerta, abre— nadie abría. Tony empezó a golpear la puerta hasta que la abrió de golpe. Me enderecé para ver a alguien pero nada. Tony preguntó— ¿Quién eres?— me levanté para ver quién era. Me acerqué a Tony y fruncí el ceño, mi corazón vibró, y empezó a latir rápido. Pregunté.

— ¿Kate?

 

 

13

La Masacre

 

Kate salió del cuarto y dijo.

—Soy Kate— era la misma  hermosa Kate que conocí. Llevaba las gafas puestas, cuando se los quitó sus ojos eran celestes, ambos estábamos impresionados, sus ojos me lo hacían notar.

— ¿Qué haces aquí?— preguntó Tony. Ella me miraba, sorprendida, asaltada.

—Vivo aquí.

— ¿Dónde está tu equipo?

—Muerto, soy la única que sobrevivió.

—Vendrás con nosotros, y no eres la líder— ella asintió. Noté que estaba aterrorizada, no era como ellos…Ella era principiante. Tony me miró y dijo.

—Tenemos que seguir— fue a la puerta rota. Lhuna vio a Kate, y los tres nos mirábamos entre sí.

—Vámonos— dijo Tony, Kate se acercó a mí y me dijo.

—Tanto tiempo sin verte— no le dije nada. Estaba sorprendido. Salimos de la casa y le dije a Kate.

— ¿Dónde estuviste?— Kate se puso las gafas diciéndome.

—Te he estado buscando— mi corazón palpitó bruscamente, dije.

—He estado haciendo lo mismo.

—No hemos cambiado.

—Somos suertudos, ¿no?— sonreí.

—Sí— recordé cuando Lhuna me besó y cuando ella corrió.

—Lo siento Kate— mi corazón se estremeció.

—Olvida eso— me puse nervioso.

—Ella me besó, pregúntale— me vio y me dijo quitándose las gafas.

—No voy a hacer eso.

—Tus ojos son hermosos.

—Eres el mismo Adam que conocí hace 13 años.

—Veo que te has inyectado el líquido.

—Veo que tu no.

—No la necesito.

—Todos la necesitamos.

—Yo no, soy el único que no puede inyectarla, soy el único que salvará a los Estados Unidos— ella se rió y los demás se dieron la vuelta, Kate dijo.

— ¿Eres el único, qué? ¿De qué?— Tony vio a Kate y le dijo.

—Él es único que nos salvará.

— ¿Qué hizo para merecer eso?

—No lo sabemos—Kate frunció el ceño. Lhuna dijo.

—Lo siento Kate, no quise besar a tu novio.

—Cállate perra— sonreí y Lhuna no dijo nada. Vi a Kate y le dije.

—No te encontré cuando traté de buscarte, llamé a tu padre y me dijo que no estabas, ¿dónde estabas?

—Me fui…No quería vivir con él, quería estar sola.

—Te extrañé Kate— la amo…Desearía besarla una última vez…. Me vio y me dijo.

—Yo no— sonreí porque no le creí. Miré su cintura; no tenía el cinturón.

— ¿Y tus cuchillos?— me miró frunciendo el ceño y me dijo.

— ¿Cuáles cuchillos?— Tony se detuvo y los demás también, sacaron sus cuchillos. Los miré y Tony frunció el ceño diciendo.

— ¿Quién eres?— se acercó a ella y Kate confundida dijo.

— ¿Por qué?

—No tienes tu cinturón,  no estabas con ningún grupo, eres una principiante— Kate me vio y  dijo.

—Bueno…Sí— Tony cogió sus lentes y dijo.

—No puedes llevarlos.

— ¿Por qué no? No puedo ver bien sin ellos.

—Eres principiante.

— ¿Y qué? Eso no importa.

—Morirás y nos traerás consecuencias por no saber defenderte— dijo Tony rompiendo las gafas contra el suelo. Estaba confundido. Vi a Kate frunciendo el ceño, le dije.

—Lo siento— me miró frunciendo aún más el ceño y dijo.

—Déjame sola.

—No puedo, te necesito, te amo, no quiero dejarte sola, no ahora, nunca, no quiero perderte de nuevo— Kate me vio y dijo relajada.

—Yo…— me miró y continuó—Te amo también— me sentí tan bien. Sentí que nunca la perdería.

 

Eran las 6: 00pm y buscábamos la ferretería, cancelamos el almacén. Kate sostuvo mi mano y la miré, me sonrió y dijo.

—Te amo, no pude dejar de pensarte.

—Yo tampoco— sonreí. Me abrazó y estaba completamente enamorado. Me sentí bien, sentí que estaría conmigo para siempre, pero ahora me doy cuenta de que ni para eso sirvo. Mientras esparcíamos amor por todo lado, escuchamos gruñidos y gemidos, sacamos nuestros cuchillos.

—Quédate cerca— le dije a Kate que sostuvo con fuerza mi cintura. Pude escuchar que eran varios, los escuchaba atrás, a los lados, pero no veía nada, la neblina era bastante espesa, y era de noche. Los demás si podían verlos por las gafas.

—Estoy asustada, muy asustada— dijo Kate. Estaba temblando, lo sentía. De repente un Aegrisomnia brincó sobre Tony y él empezó a gritar.

— ¡Corran!— grité; empezamos a correr hacia ningún lado. Kate lloraba. Entonces no escuché los gritos de Tony. Me detuve.

— ¿Tony?... ¿Estás bien?— pensé que había matado al Aegrisomnia. Pero no contestó.

—Está muerto— me dijo Kate llorando.

—Sigamos— dije. Corrimos. Mientras corríamos, los escuchábamos correr tras nosotros.

— ¡Sólo corran, corran!

— ¡Vienen dos!— gritó Hanna, yo no veía ni mierda, pero ellos sí.

— ¡Agáchense!— gritó Hanna, lo hicimos, pero uno de ellos al brincar tomó a Lhuna. Vi todo. El Aegrisomnia desgarró su pierna por completo. Fui hacia ese Aegrisomnia para matarlo. Le clavé el cuchillo en la espalda. El Aegrisomnia reaccionó golpeándome con su mano, fue tan fuerte que me retumbó. No reaccionaba, me golpeó muy fuerte. Sólo escuché a Kate gritar. Miré alrededor cuando estaba en el suelo. Vi a Kate a mi lado diciendo.

— ¿Estás bien? Levántate, por favor, levántate— ni siquiera podía hablar. Escuché a Hanna decir.

—Muévanse, ahora, ya.

— ¡Ayúdame!— gritó desesperadamente Kate.

— ¡Déjalo ahí, salva tu vida!

— ¡Jamás!— cerré mis ojos y los abrí de nuevo; me levanté. Kate sonrió. Dije.

—Vamos— cuando me puse de pie, vi muchos Aegrisomnias sobre Lhuna, comiéndosela.

—No hay tiempo para ver como Lhuna está siendo destrozada, sigan corriendo— dijo Ian. Corrimos, corrimos y corrimos cuando ya no pude más, me detuve.

—No…No puedo…No— ellos se detuvieron también. Ian dijo.

— ¿Cómo puedes decir eso?

— ¿Qué?— dije exhausto y frunciendo el ceño. Ian dijo.

—Hablo de lo que Hanna dijo.

— ¿Qué dije?— preguntó ella.

—Dijiste ‘déjalo ahí’, no podemos hacer eso.

—Lo olvidé, lo siento.

— ¿Lo olvi,  qué? Él es el único que nos va a salvar, lo necesitamos…Miren, somos sólo cuatro, ¿OK? El único que sabía dónde estaba la ferretería era USB, estamos perdidos, mejor caminemos y busquemos un lugar para escondernos y pasar la noche.

—No hay lugar dónde escondernos, estamos en peligro— dijo Hanna enojada. Yo interrumpí diciendo.

—No tenemos porqué pelear, sólo busquemos un lugar para descansar, y ya— ambos me miraron y dejaron de discutir.

—OK. Caminemos— dijo Ian. Parecía como si yo ya fuese el líder.

— ¿Estás bien?— me preguntó Kate.

—Tengo dolor de cabeza, sólo eso. ¿Y tú?

—Todavía estoy asustada— me sonrió y tomé su mano. Caminamos en silencio y despacio. No dejé de sostener la mano de Kate. Ian empezó a hablar.

—Están muertos… Somos cuatro, moriremos en poco tiempo.

—No,  no moriremos, sólo tenemos que estar cerca uno del otro, eso es todo— dije.

—Estamos muertos— dijo Hanna mirándome seriamente.

—No quiero correr más, sólo quiero quedarme en un solo lugar— dijo Kate.

— ¿Cómo obtuviste la inyección?

—La compro.

— ¿Vas sola?

—Sí.

— ¿Y te daban la inyección?

—Sí. No te preocupes por mí, sé que no soy buena con los cuchillos pero al menos estoy viva.

—Allí está el lugar, vamos— dijo Ian. Estábamos en medio de la calle. Caminamos hacia un edificio abandonado. Ian tocó la puerta y un hombre dijo.

—Nombres.

—Ian.

—Hanna— fruncí el ceño mirando a Ian, dije.

— ¿Adam?

—Kate— la puerta se abrió y entramos, subimos las escaleras y cuando estábamos arriba un enorme hombre dijo.

— ¿Mordidas?

—Nada— el hombre se acercó y nos revisó. No encontró nada.

—Sigan— entramos a una habitación y dije.

— ¿Cómo supiste que este lugar existía?

—Hay tres fortalezas en esta ciudad, sabía que esta estaba por aquí.

— ¿Y qué es lo que esta gente hace aquí?

—Viven aquí, son sus casas, sus nuevas vidas.

—No es justo.

—Tu harás eso— cuando entramos, habían más de quince personas.

—Bienvenidos, ¿qué pasó con ustedes?— dijo un hombre.

—Perdimos parte del equipo— dijo Hanna.

— ¿No tienen mordidas, verdad?

—No, señor— dijo Ian.

—Bueno, veo que son amigables, esta es nuestra familia y su familia.

No. No quería  vivir mi vida con personas extrañas, no quería conocerlos, quería vivir mi vida fuera de esto, vivir fuera de problemas, quería estar con mamá…Dios… No quería compartir mi vida con alguien más, quería a alguien que me salvara en ese momento. El maldito helicóptero, pensé.

—Entren— dijo el hombre. Nos enseñó a toda la gente, ni siquiera me acuerdo de los nombres. Kate y yo nos sentamos en el sofá. Le dije.

—Quiero irme de aquí, no quiero vivir aquí.

—Tal vez ellos no salen.

—No lo hacen.

— ¿Es esta nuestra vida futura?

—Creo…Pero juro que no la quería.

—Te entiendo Adam.

—Te amo mucho Kate— la besé y ella luego me abrazó. Cuanto quiero abrazarla una vez…Otra vez.

—Prométeme que estarás conmigo por siempre.

—Lo prometo.

—Prométeme que me amarás para siempre.

—Lo juro— dormimos en el sofá.

 

Desperté. Vi a Kate a mi lado y escuché un grito. Me levanté y Kate despertó.

— ¿Qué pasa?— me preguntó.

—Escuché un grito— fui a la puerta y el hombre que se suponía debería estar allí, no estaba.

— ¿Ian?— nadie contestó. —Kate, ven— Kate se acercó a mí y dijo.

— ¿Qué sucede?

— ¡¿Ian?!— dije de nuevo. Nadie contestó. Bajamos. La puerta estaba abierta, salimos y vimos a varias personas muertas.

—Los Aegrisomnias entraron.

—Oh por Dios, ¿Hanna e Ian?

—No sé, no nos despertaron.

—Hay algo raro.

— ¿Corremos?— pregunté sin ninguna otra opción.

—Sí, creo— no corrimos, caminamos. Miraba alrededor buscando a alguien. Kate estaba asustada y siempre sostenía mi mano.

—No quiero ver a gente morir, estoy harta, ¿Por qué?— dijo Kate.

—Estas personas son como las cucarachas, se esconden y cuando la noche viene, aparecen, no sabemos quiénes son esas personas que mueren.

—Estoy cansada, asustada.

—Yo también— me sentí mal. Quería sentarme y despertar y saber que estaba soñando.

— ¿Esto es una pesadilla?— le pregunté a Kate, quería llorar, mi voz temblaba.

—Desearía que así fuera— miré a Kate, dije.

—Quiero llorar, ¿no quieres llorar?

—Siempre— me dijo. Traje conmigo cuchillos, a Kate le di uno.

— ¿Crees que moriremos?— me preguntó. La vi  y yo…Nunca había pensado en eso. No podía decir que estaríamos bien…Mentiría. Estaba totalmente preocupado, no contesté. Sólo dije.

—Nada pasará— moriremos, pensaba. No había salida, no podíamos salir de este lugar. ¿Por qué le estaba dando alivios si no los había? Quería decirle eso, pero, ¿para qué? Lo único que haría sería llorar. Quería que se sintiera que estaba protegida. Ambos estábamos asustados, no había sonidos, era silencioso. No sabíamos dónde estaban Ian y Hanna. ¿Qué fue lo que pasó? De repente desde lejos reconocí una voz decir.

— ¡Adam…Adam!— nos dimos la vuelta. Era Ian, venía cojeando. No traía nada en sus brazos, ni su cinturón.

— ¿Ian?— dije acercándome a él, él se detuvo y dije.

— ¿Dónde estabas?

—Corriendo, tenemos que correr, seguir corriendo— estaba asustado, miró atrás varias veces.

— ¿Por qué tenemos que correr? No hay nadie aquí, ¿qué pasó en la fortaleza?

—Los-los Aegrisomnias entraron, yo-yo no sé cómo— su quijada temblaba.

— ¿Estás bien?— preguntó Kate.

—No, no, no estoy bien, estoy cansado, pero tengo que seguir corriendo.

— ¿Dónde está Hanna?— pregunté.

—Corramos— él corrió, yo lo detuve sosteniendo su mano. Fruncí el ceño diciendo.

— ¿Qué te pasa Ian?

—Una masacre…Eso es.

— ¿Masacre? ¿De qué hablas?

—Todas las personas salieron de la fortaleza, los Aegrisomnias entraron, hay…Hay…— empezó a llorar y le dije.

—Ian, Ian, tranquilízate, no te entiendo.

—¡¡Tenemos que correr, Adam!!— me sorprendí.

— ¿Por qué?— preguntó Kate asustada.

—Vienen atrás, están destruyendo todo, se los comieron, Hanna está muerta, pude correr, pero me mordieron, yo-yo moriré, Adam, estoy muerto— él seriamente continuó—Mátame Adam, mátame con ese cuchillo.

— ¿De qué mierda estás hablando? No voy a matarte, jamás.

—Pero moriré de alguna manera, no me quiero transformar, por favor Adam, por favor, mátame, no hay razón para seguir vivo, todos morirán, tú y ella…— Kate tomó mi mano y la apretó; Ian continuó—Ambos morirán, no hay esperanza,  vamos a mo…— lo golpeé. Él cayó y rápidamente se levantó, él me devolvió el golpe. Entonces, empezamos a pelear, nos dábamos puñetazos, uno y otro, dos y más. Kate gritó diciendo.

—¡¡Paren, los dos, por favor!!— me alejé de él y limpié la sangre de mis labios y nariz. Ian dijo.

—Ella tiene razón, ella-ella tiene razón.

—Estás cansado Ian, y perdona por golpearte.

—Lo-Lo-lo siento, lo-lo…— tartamudeaba, entonces se me vino a la mente la transformación. Dije.

—Cálmate Ian, cálmate, relájate.

—No-no-no puedo, tenemos-tenemos que-que- correr— Kate me vio y apretó de nuevo mi mano como diciéndome: ‘Larguémonos de aquí’, la miré y luego a Ian, dije.

—Ian, te vas a convertir en…

— ¡Lo sé, lo sé, tú-tú-tienes que, ma-matarme, ahora, ya!

—No, no lo haré, mejor nosotros corremos y te quedas aquí.

— ¡No! ¡No, no, no, no!— se estaba enojando. Kate sostuvo su cuchillo con fuerza, Ian dijo—Si tu no me matas, lo haré yo— de repente Ian le arrebató el cuchillo a Kate y se cortó la garganta de lado a lado. Kate gritó, abrí mi boca y el chorro de sangre brincó sobre nuestras prendas. Ambos veíamos como Ian se retorcía en la calle.

—No mires— dije abrazándola y dándole la espalda a Ian. Estaba temblando más de lo normal.

—Yo-yo…—empezó a llorar.

—Tranquila— vi a Ian, pude ver el hueso del cuello…Cerré los ojos sintiendo que iba a vomitar lo que no tenía en el estómago.

—Caminemos— la abracé mientras caminábamos—No mires atrás.

—Fue espelúznate, lo recordaré por el resto de mi vida.

—Olvida eso, por favor— ella seguía llorando. No había nada, no podía decir que todo estaría bien, no podía decirle que estaría con ella siempre, porque no es cierto, no estoy con ella en este momento, la perdí. Hice lo mejor que pude por salvarla, pero no pude. Soy tan débil, una marica, después de todo lo que me ha pasado, sigo siendo una marica,  sigo siéndolo. Escuchar a Kate llorar me hacía querer llorar también. Quería una vida mejor para ella, sin embargo no pude lograrlo. ¿Qué seguirá ahora?

 

 

14

Largas Caminatas

 

Habíamos caminado, desde que todo esto comenzó, desde Bozeman hasta casi llegar a Sunburst. Cada paso que dábamos era un paso más dentro del infierno. El olor a sangre nos perseguía. Los Aegrisomnias podían olernos, y comernos; miré atrás y de lejos podía ver a Ian en el suelo. Estábamos solos esta vez. Totalmente solos.

—Estoy cansado de caminar, no quiero seguir— dije deteniéndome, estábamos en medio de la carretera. La neblina había desaparecido un poco. Eran las 7 con 15 de la mañana, estábamos todavía en  la interestatal 15, toda esa enorme carretera hasta Sunburst cuando Kate dijo.

—Tenemos que seguir, Adam, no tenemos protección aquí, estamos muertos.

—No vamos a morir, sobreviviremos, tenemos que sobrevivir.

—No puedo creer esto.

—Yo tampoco— seguimos caminando y nos acercamos a un pueblo que parecía estar sumergido en un desierto, nos detuvimos a pensar.

—No puedo creer que esto sólo suceda aquí.

—Es lo mejor, al menos el mundo no será afectado por esto— dijo Kate.

— ¿Dónde iremos?

—Sólo caminemos y veremos— ella siguió—Tengo hambre.

—Sigamos— mientras caminábamos vi atrás y me impresioné.  Varios Aegrisomnias comiéndose a Ian, y en el horizonte una manada de ellos.

—Oh por Dios, tenemos que correr.

— ¿Por qué?— Kate se dio la vuelta y dijo—Ya, corramos— corrimos pero no tan rápido como lo hacíamos antes. Entramos a un mini bar, cerramos la puerta y cuando lo hicimos escuchamos unos sonidos en la parte de atrás. Saqué mi cuchillo e hice que Kate se pusiera detrás de mí. Caminé hasta los sonidos y vi un hombre haciendo algo con un paquete y le dije.

— ¿Está usted muerto?— él se dio vuelta y era un hombre mayor, se levantó y me sonrió diciendo.

—No, no, todavía estoy vivo, no tengo mordidas, lo juro, gracias por venir, he estado esperando esto, tengo medicinas, tal vez soy al que buscan, el que salvará los Estados Unidos, tal vez lo soy,  por favor, llévenme a la fortaleza y seré feliz— fruncí el ceño y seguí con el cuchillo listo. Dije.

—No somos del gobierno señor, hemos vivido aquí como usted, buscamos ayuda así como usted— él sonrió y Kate se acercó a mi lado; el hombre dijo.

—Oh Dios, una chica del gobierno,  es hermosa, esto es un milagro, gracias al gobierno, gracias.

—Señor, no somos del gobierno.

— ¿Cuándo me llevarán a casa?— vi a Kate y ella alzó los hombros, di unos pasos atrás y le dije a Kate.

—Larguémonos de aquí.

—Sí— el hombre nos vio y dijo.

— ¿Qué están haciendo?

—Oh, sí, sí, espere aquí, vamos a buscar una cobija; de seguro tiene frio, ¿o no?

—Sí, sí, gracias— nos dimos la vuelta y fuimos a la puerta, Kate la abrió y la cerró detrás de nosotros.

—Ese hombre estaba realmente loco— dijo Kate.

—Es por todo esto, debería estar muerto— caminamos mucho tiempo. Cansados y con hambre.

—No puedo, Adam, no puedo más.

—Tenemos que buscar comida, vamos a esa casa— entramos a una casa e inmediatamente abrimos las gavetas; habían latas. Dormimos en la casa.

 ‘Felices’ la siguiente mañana despertamos. Hacía frio.

—Tengo frío, hace frio— dijo Kate. Abrí mis ojos y la vi. La abracé. Ella dijo—Tenemos que…Tenemos que vivir, mira, la luz…— fruncí el ceño y la miré. Tenía los ojos cerrados, sudaba. Me senté y temblaba. Ella seguía hablando—Hay agua, y…Oh  es hermoso…— abrió los ojos y sólo miraba el cielorraso.

— Me buscan.

—Kate, despierta, ¿de qué rayos hablas?

—No, estoy cansada, por favor, todavía no.

—Kate, Kate, ¿Qué te pasa?

—No, por favor, no, no, por favor— Me estaba asustando, no sabía qué hacer, ni que decía. La moví, me miró y me dijo despacio.

—Estoy cansada, por favor, por favor, estoy…Estoy…

—Kate, por Dios, despierta, me asustas— cerró los ojos y no habló más. La miré y parecía como si durmiera. Mi corazón latía fuerte, miré alrededor. Me levanté y fui a la ventana, cuando me di la vuelta vi a Kate retorciéndose en la cama. Corrí a ella y le sostuve las manos, me senté sobre ella, era fuerte.

— ¡Kate, por Dios, ¿qué sucede?!— seguía retorciéndose, quería llorar; sólo le hablaba. — ¡Kate, Kate!— se detuvo, abrió los ojos y frunció el ceño diciendo.

— ¿Qué demonios estás haciendo sobre mí?— fruncí el ceño y me quité de encima diciendo.

— ¿Por qué estabas actuando así?

— ¿Cómo?

—Estabas convulsionando y diciendo cosas raras.

— ¿Cuándo hice eso? Estás loco Adam.

—Me asustaste, Dios, creo que necesitas el líquido— ella me miró…Sí la necesitaba.

—Tenemos que conseguir una.

—No tengo dinero y no sé en dónde hay.

—Dejé mi bate de Baseball y mi bulto; allí había dinero.

—Moriré— de repente alguien tocó la puerta. Brinqué del susto. Ambos nos vimos. Sostuve el cuchillo y fui a la ventana. Era el hombre viejo. Vi a Kate y puse mi dedo en los labios para decirle que no dijera nada. Di tres pasos atrás. Me agaché junto a Kate y dije susurrando.

—No digas nada, el viejo ese está allí, qué necio, ¿qué quiere?

—No sé— susurrábamos. El viejo tocó de nuevo pero más rápido. Sólo veíamos la puerta. En una me dio risa, y puse la mano en mi boca. Kate me golpeó.

— ¡Oigan! Sé que están ahí, por favor abran la puerta, hace frío, me dijeron que iban a traerme una cobija, tengo medicinas, por favor, abran— Kate me vio y frunció el ceño. Me dijo.

—Tal vez él tenga la inyección— me levanté y fui a la puerta y la abrí.

—Gracias, están aquí, ¿por qué me dejaron?— el viejo estaba realmente loco. Dije.

—Fuimos por el helicóptero…

— ¿Un helicóptero? ¿Dónde?— preguntó interrumpiéndome.

—Pero ya se fue…Me dieron una cobija y buscamos en el mini bar  pero no la encontramos, pero usted nos encontró a nosotros— sonreí falsamente.

—Gracias.

—Entre…Umm, dijo que tenía medicinas, ¿verdad? ¿Las puede mostrar?

— ¿Por qué? ¿No tienen medicinas?

—No, las perdimos en las peleas— el viejo sacó una bolsa y nos la mostró. La tomé.

—Gracias señor— sonreí, y le di la bolsa a Kate, ella miró adentro.

—Aquí— Kate sacó la bolsa donde estaban las jeringas. El viejo frunció el ceño diciendo.

—El gobierno no tiene la infección, pensé que sus ojos eran así, pero ella está infectada.

—No, no, señor. Ella necesita la inyección para…Experimentos, y usted la tenía, porque tal vez usted sea el que salve el mundo— el viejo miró a Kate y Kate asintió. El viejo sonrió y dijo.

—Está bien, lo siento señor, no quise decir eso, ¿cuándo me llevarán a casa?— hice mis ojos hacia arriba y le dije.

— ¿Nos puede dar unos minutos, señor?

—Claro— tomé la mano de Kate y fuimos al cuarto, le dije frunciendo el ceño.

— ¿Qué diablos vamos a hacer?

—No sé, pero él tiene el líquido, no podemos sólo tomarlo y luego dejarlo.

—Lo sé, pero está loco, y nosotros  no  somos el gobierno; no sabemos dónde está el muro del gobierno, ¿qué vamos a hacer?

— ¿Matarlo?

—Kate, no.

— ¿Entonces?— miré al viejo sonriéndonos, vi a Kate y le dije.

—Bueno, viendo los lados negativos, ya está viejo… — Kate me golpeó el estómago diciendo.

—No hablaba en serio.

— ¿Entonces, qué?

—Caminemos con él, tal vez él sepa dónde está el lugar.

—OK, OK— salimos del cuarto y nos vimos. Sonriendo como tontos.

—Bueno, vámonos— dije. Caminé a la puerta, la abrí y fui a la derecha, el viejo dijo.

— ¿A dónde vas?— Kate se detuvo y yo también, dije.

—Ah...Es por allá, sí— caminé a la izquierda.

—Ves, él sabe.

—Ya me di cuenta.

—Ustedes no son del gobierno, ¿verdad?

—Desde luego que lo somos, señor— Kate me golpeó de nuevo y me dijo susurrando.

— ¿Por qué no le dijiste la verdad?

—No sé.

—Dile.

—Señor, yo-nosotros no somos del gobierno— el viejo se detuvo y se dio la vuelta  y nos dijo.

— ¿Qué?— vi a Kate y ella dijo.

—No somos del gobierno, somos como usted, buscando ayuda.

— ¿Qué?

—Señor, por favor, entienda— dije. Él miró alrededor y nos dijo.

—He estado aquí por diez años, quiero ver a mi familia, quiero irme a casa.

—Lo siento señor, nosotros también queremos ir a casa— dijo Kate.

—Pero el gobierno dijo que quería terminar con esto.

—Están equivocados, no harán nada— dije.

—Una bomba nuclear, una bomba nuclear.

— ¿Qué?— pregunté frunciendo el ceño.

—Quiero irme a casa porque el gobierno va a destruir todo esto, enviarán una bomba nuclear o de gas, una bomba tóxica— Kate tomó mi mano y me dijo.

—Está loco, recuerda, tal vez está confundiendo la realidad con la ficción, está loco, muy loco.

—Tienes razón— vi al viejo diciéndole—Nada va a pasar, señor, nadie va a destruir nada.

—Me quieren volver loco, déjenme solo— él corrió.

—Déjalo ir— dijo Kate

—Ya era hora, al fin.

—Al menos tenemos la inyección, me la voy a poner.

—Déjame ayudarte— la ayudé y ella cerró los ojos y cuando los abrió sus ojos brillaron.

—Mierda, los efectos secundarios son horribles.

—Estoy bien.

—Vámonos.

— ¿Dónde? ¿Qué vamos a buscar? No hay nada qué encontrar, Adam, no vamos a ir a ninguna fortaleza, porque no sabemos dónde está.

—Kate, esos son los efectos secundarios— ella me miró frunciendo el ceño y me dijo.

—Entonces, ¿a dónde vamos?

—Caminemos, tal vez encontremos un lugar para descansar.

— ¿Pero dónde? Los Aegrisomnias nos encontrarán, no hay lugar dónde ir.

—Kate, tranquilízate, no te preocupes.

—Enfrentemos la realidad, Adam,  no digas que vamos a ser salvados, no digas que vamos a salir de aquí,  no digas que hay esperanza, cuando no la hay, ¿puedes enfrentar la verdad por una vez en tu vida?— ella empezó a caminar, la miré alejarse y le dije.

—Pues déjame soñar por un día— no dijo nada.

 

 

15

Civilización

 

— ¡Corre, corre!— le grité a Kate; detrás de nosotros venía un Aegrisomnia.

— ¡Santo Dios, Adam, ¿dónde?!— vi  a Kate, sólo corríamos. Vi un puente de madera y vi el río, dije.

—El río, Kate.

— ¡¿Y?!

— ¡Entra en el agua!

— ¡No, nos encontrará allí!

— ¡Es un imbécil, no nos verá!— pude escuchar los gemidos. Entramos al puente y  brinqué por la borda, Kate también. Golpeé la espalda contra el agua, dolió. No escuché nada. Abrí mis ojos y no veía nada. No llevé mucha respiración, así que salí deprisa a la superficie. Vi alrededor, y no se veía nada.

— ¡¿Kate?!— Salí del agua y repetí— ¿Kate?

— ¡Ayúdame, Adam, ayúdame!— corrí a su voz. La vi en el agua, asustada. Miré alrededor buscando el Aegrisomnia.

— ¿Estás bien?

— ¿Dónde está?

—Se fue.

—Pero-pero él-él…— la abracé diciendo.

—Relájate, se ha ido, se fue.

—No, no, no se ha ido todavía.

—No hay nadie aquí— Kate miró alrededor. Gimió.

— ¿Qué, qué sucede?— ella tomó su pierna y vi sangre.

—Kate, ¿qué es eso?

—Duele, duele Adam— ella trató de caminar y la sostuve, gimió de dolor.

—No-no puedo caminar, duele.

—A la orilla, vamos— Kate se sentó en el pasto.

— ¡Adam, Adam, duele, duele!— Agarró el pasto y lo arrancó.

—Kate, relájate, por favor, relájate.

—No puedo, no puedo, duele.

—Déjame ver— la herida estaba debajo de su rodilla, sangraba mucho.

—Voy a romper el pantalón, ¿está bien?

—No, no, espera, dolerá.

—No dolerá— saqué mi cuchillo y rompí el pantalón, ella gritó diciendo.

— ¡Eres un maldito bastardo!— me sorprendí pero vi la herida. Era larga y profunda.

—Lo siento, sangras mucho, tengo que detener el sangrado.

—No lo toques, idiota— fruncí el ceño y le dije.

— ¿Por qué me dices así?

—Duele, lo siento.

—Tengo que detener el sangrado, Kate.

—Está bien, está bien— dijo inhalando y exhalando. Me quité el abrigo y con fuerza até el abrigo con la pierna. Gritó y dijo.

— ¡Hijo de puta!— empezó a llorar.

—Lo siento Kate, tenía que hacerlo.

— ¿Por qué eres tan cruel?

—No soy cruel, tenía que detener eso, lo siento— ella seguía llorando. La miré y le dije.

—Te amo.

—No es el momento de decir eso, me quieres matar, esta mierda duele mucho.

—Nunca te lastimaría, nunca lo haría.

—Déjame aquí, vete.

— ¿Por qué debería irme?

—Creo que él me mordió Adam, él lo hizo— fruncí el ceño triste y dije.

—De ninguna manera, Kate, él no te tocó, desapareció, tal vez cuando…

—Él lo hizo Adam,  vi su mano, moriré— ella seguía llorando. Me enderecé y la vi allí, todavía sangrando y llorando.

—No hay cura para esto, estoy muerta, lárgate, déjame aquí.

—No— estaba confundido. Quería llorar y gritar.

—Adam— me vio y pude ver sus lágrimas, siguió—Te amo mucho, te amo demasiado pero por favor, si tú eres el único que salvará Estados Unidos, deberías irte, me convertiré en uno de ellos, yo-yo, tú sabes que no puedes hacer nada.

—No Kate, no voy a dejarte aquí.

— ¡Adam, por favor!

— ¡No!— me acerqué a ella y la abracé. La levanté.

—No Adam, duele, no puedo caminar.

—Caminarás.

—No puedo— dijo llorando con más fuerza. La alcé  y la llevé. Ella no decía nada. Yo dije.

—Tal vez mañana estarás bien— ella no me dijo nada. La vi y tenía los ojos cerrados. Dejé de caminar y la moví diciendo.

— ¿Kate, estás bien?— me asusté. La moví de nuevo diciendo—Kate, Jesucristo, abre los ojos, ¿qué te sucede?— ella abrió los ojos y sonreí. Me dijo.

—Estoy bien, no siento mi pierna.

—Tu pierna estará bien— seguí caminando.

— ¿A dónde me llevarás? Voy a morir, me tendrás que matar, ¿por qué no sólo me dejas?

—Porque te amo y encontraré una cura.

—Sabes que no hay cura.

—La encontraré— no me dijo nada. La llevé a una ciudad; todo estaba abandonado. Los papeles viajaban en el aire. Vi a Kate y fui a una casa. Subí las escaleras y abrí la puerta, miré el interior y entré. Puse a Kate en el sofá. Eran las 7: 58. Me sentí aliviado.

—Kate, ¿estás bien?— abrió los ojos y miró alrededor, me dijo.

— ¿Dónde estoy?

—En una casa, son casi las 8, ¿estás bien?

—No, voy a morir— fui a la cocina y abrí la puerta, la luz estaba encendida, todo estaba limpio y había comida en la mesa; fruncí el ceño mirando alrededor. Salí y dije.

—Hay comida, creo que alguien vive aquí— saqué mi cuchillo y Kate no dijo nada. Fui al cuarto y abrí la puerta. No había nadie. Todo estaba limpio. Fui donde Kate y dije sentándome en el sillón.

—Alguien vive aquí, no sé qué hacer, ¿irnos?

—No, no puedo, vete tú.

—Jamás— miré alrededor y  fui a la ventana. Vi un Aegrisomnia caminando por allí. Di unos pasos atrás.

—Hay un Aegrisomnia afuera— fui a la ventana de nuevo y el Aegrisomnia se detuvo. Miré el reloj, ya eran las 8. Cerré mis ojos con una sonrisa. Abrí la puerta y lo vi. Bajé las escaleras y miré la calle, vacía. Me acerqué a él y lo golpeé en los genitales, bien fuerte.

—Púdrete— entré a la casa. Vi a Kate y le dije.

—Lo golpeé, ja

— ¿Lo mataste?— salí y le corté la garganta, empezó a salírsele ese chorro de sangre. Llevé mi mano a la boca y me metí a la casa algo mareado.

—Mierda— quería vomitar. Me senté y vi a Kate muy pálida. Miré su pierna y sólo veía sangre. Quería vomitar.

—Tengo que cambiar eso— fui al baño y había toallas limpias, levanté las cejas y tomé una. Fui donde Kate y quité mi jaquet de su pierna, estaba húmeda, la lancé lo más lejos posible. La toalla era blanca, la enrollé a su pierna. Esta vez no dijo nada.

— ¿Estás bien? ¿Sientes algo?

—No— escuché un gemido y fui a la ventana, vi un Aegrisomnia comiéndose al que maté. Me sorprendí; recordé que ellos olían la sangre.  Miré a Kate con los ojos cerrados. La toalla se mojaba. Me acerqué a Kate y le dije.

—Hay un Aegrisomnia afuera— Kate no dijo nada. Parecía como si estuviera durmiendo. Escuché algo en la puerta. Me sobresalté y Kate abrió los ojos.

— ¿Quién es?

—Ssh— me acerqué a la ventana y allí estaba el Aegrisomnia, aruñando la puerta.

—Dios santo, Kate— me acerqué a ella y continué—Olió tu sangre.

—No me interesa, me comerá.

—Deja de decir eso, necia.

— ¡Voy a morir!— gritó. El Aegrisomnia golpeó la puerta. Miré la puerta.

—Vamos arriba.

—Estoy bien aquí— el Aegrisomnia golpeó de nuevo.

—Vamos— tomé su cintura y no me dijo nada, me dejó. La levanté y subí las escaleras con ella. Vi un cuarto y al final de este una ventana, fui a la ventana.

— ¿Puedes caminar?

—No sé— la bajé y gimió cuando puso el pie.

—Duele, duele.

— ¿Puedes caminar con un solo pie?

—Sí, sí— ella brincó con un pie.

—OK— salí de la casa por la ventana.

—Dame tus manos— me dio su mano—Siéntate en la orilla— lo hizo. Podíamos escuchar los golpes en la puerta de abajo.

—Apúrate.

—No puedo, es difícil— ella puso su pie en el techo y la otra también.

— ¡Ouch!

—Ssh— estábamos afuera, cerré la ventana y vi la calle, el techo de otra casa al lado, Kate dijo.

— ¿Cómo vamos a bajar?

—Ay mierda, no sé— vi unas rejas que estaban en una parte del tejado de la otra casa y dije.

—Vamos a ver si podemos entrar por allí.

—Son rejas.

—Ven— traté de entrar hasta que con un poco de dificultad pude.

—Lo logré, es tu turno— dije extendiendo mi mano desde el otro lado que era una cochera, el Aegrisomnia derrumbó la puerta, vi abajo y estremecí mi mano extendida diciendo.

—Kate, apresúrate, ven.

—Voy a morir, me quedaré.

— ¡¿Qué?! Kate, no, entra, ven, dame tu mano, no me dejes por favor, no quiero estar solo— dije tratando de salir de las rejas.

—Pero moriré de todas formas, es tu destino, estarás solo Adam— ella empezó a llorar. Continuó—Encuentra ese muro y muéstrales que eres el que salvará esto.

—No, Kate, sin ti no puedo.

—Tu podrás, sé que puedes— escuché el gemido del Aegrisomnia.

—Por favor Kate, dame tu mano— empecé a llorar. Ella miró la ventana y dijo.

—Ya está allí.

— ¡Kate, no, Kate por favor!— logré sacar de las rejas parte de mi cuerpo y con mi mano tomé la suya y la halé con fuerza. La pude pasar por las rejas, el Aegrisomnia rompió la ventana, nos gimió y se metió de nuevo a la ventana. Kate cayó con su rodilla y gritó. Me levanté del suelo llorando.

— ¡No hagas eso de nuevo, nunca!— le dije. Ella lloraba de dolor, me incliné poniendo mis manos sobre mi cara.

— ¿Por qué haces esto? Voy a morir, enfréntalo—replicó lamentándose de dolor.

—¡¡Cállate, cállate maldita sea, cállate!!...¡Te quiero conmigo, no quiero estar solo, no quiero Kate, ¿es qué no entiendes?!— Kate sólo lloraba. Me enderecé y me acerqué a la puerta de la casa donde estábamos.

—No hay salida, tenemos que salir por el portón—me limpié las lágrimas.

— ¿Puedes dejar de decirme que camine? No puedo.

—Te levantaré, de eso no te preocupes.

 

Habían pasado cinco días, Kate se puso bien, pudimos salir de aquella casa. Kate cojeaba pero al menos caminaba. Estábamos caminando por una calle vacía, llena de basura.

— ¿Dónde estamos?— me preguntó.

—Ni idea— miré alrededor.

—Sé que tengo que correr, pero me cansaré.

—No te preocupes por eso— escuchamos pasos. Nos detuvimos y los seguimos.

— ¿Escuchas eso?

—Sí, pasos— caminamos a los pasos que se detuvieron en un callejón. Kate se puso detrás de mí. Saqué mi cuchillo. Me acerqué más y cuando estaba por ver lo que había del otro lado del callejón una mano de repente sostuvo la mía. Me sorprendí y Kate gritó. Sarah apareció frente a mí, todavía sosteniendo mi mano, me sorprendí más, abrí mi boca de la impresión, levanté las cejas y mi corazón palpitaba rápido. Dejé caer el cuchillo.

— ¿Sarah?— dije, ella se quitó las gafas de visión nocturna y vi sus hermosos ojos celestes, me sonrió diciendo.

— ¿Cómo has estado?— seguía con la boca abierta y tartamudeé.

—Sa-Sarah, estás bien.

— ¿Ella es Kate?— Kate la vio preguntándose quién era. Levanté el cuchillo diciendo.

—Sí… ¿Cómo…?— Sarah me interrumpió diciendo.

—Mentí.

— ¿Por qué?

—No quería estar con ellos, te andaba buscando Adam, estaba muy preocupada por ti, me di cuenta que estuviste en mi casa.

— ¿Esa era tu casa?

—Sí.

— ¿Quién es ella, Adam?— miré a Kate y contesté.

—Ella es Sarah, Sarah, ella es Kate, mi novia, Kate, Sarah salvó mi vida muchas veces— le sonreí a Sarah. De verdad me gustaba, pero Kate…

—Mucho gusto Sarah.

—Mucho gusto— no podía dejar de ver a Sarah, estaba más hermosa que antes.

—Vamos a la fortaleza, es hora de que Adam encuentre una cura para nosotras— ambas sonrieron.

 

 

Vimos el muro, sonreí, pensé que ya estábamos salvados, hasta que de la nada escuchamos a un Aegrisomnia. Nos dimos la vuelta y en el horizonte de la calle venía una multitud de ellos, como Sarah me decía, se juntaban para caminar. Sarah se acercó al Aegrisomnia que venía solo y él brincó sobre ella pero Sarah le clavó el cuchillo en el pecho.

—Corran— nos dijo.

—La torre está cerca— empezamos a correr. Me detuve al no ver a Sarah pasarme. Allí estaba ella, como una estatua, dije.

— ¿Qué haces? Ven— Sarah se dio vuelta y me dijo.

—Corre Adam, y sálvanos— vi a Kate frunciendo el ceño y corrí a Sarah y dije.

— ¿Qué haces?

—No quiero irme, debo hacer algo primero— vi el montón de Aegrisomnias y dije.

—No, estás loca, vámonos.

—No.

—Sabes, siento algo por ti, pero no podré mostrártelo porque morirás— ella me miró frunciendo el ceño. Me dijo sonriendo.

— ¿Sientes algo por mí? ¿Y Kate?

—Sarah, por favor, no hagas esto— ella miró los Aegrisomnias, tomó mi nuca y me besó. Me excité y seguí sus besos. Ella se detuvo y me dijo.

—Me hubiera gustado ver si de verdad eres ardiente como decía Lhuna.

—Oh sí, soy ardiente— molesté.

—Sigue corriendo Adam— fruncí el ceño diciéndole.

—Pensé que cambiarias de opinión.

—No, no Adam, me quedaré— di unos pasos atrás y quería llorar, caminé y ella me dijo.

—Me gustas Adam— me di vuelta todavía corriendo y le sonreí, corrí con Kate.

— ¿Qué fue eso?

—Se quedará— lloré, una lágrima bajó por mi mejilla.

— ¿Sientes algo…?

—Le gusto, nada más— sólo corrimos. Pudimos ver el muro, más y más cerca, miré atrás y no vi a Sarah. Cerré los ojos derramando otra lágrima. Kate empezó a gemir. La miré.

— ¿Qué sucede?

—Me cansé, me duele la pierna.

—No te detengas, ya casi llegamos.

—No puedo, mi pierna— ella cayó al suelo. Abruptamente me detuve cayendo al suelo también. Me levanté y tomé su mano.

—Vamos, no hay tiempo.

—No puedo— miré su pierna y estaba sangrando. Vi a los Aegrisomnias que ya habían olido la sangre.

—Te esconderé— le dije. La levanté y no podía llevarla de ese modo, correríamos muy lento. Entré a un callejón y abrí un basurero que estaba vacío. La metí.

—Quédate aquí, juro que vendré por ti.

—Vete, vete— me dijo empezando a llorar, yo empecé a llorar también. La miré y le dije.

—Te amo.

—Te amo también— sostuve su mano y dije.

—Te juro, lo juro, vendré por ti, te lo juro, lo juro, oh Dios mío— le di mi cuchillo y seguí—Perdóname—lloraba, lleve la mano a mi boca y cerré los ojos con fuerza. Me quedaría con ella pero sólo ella cabía allí dentro y yo no podría ocultarme.

— ¡Maldición, maldición! — decía yo sujetando su mano, ella lucía realmente asustada.

—Vete Adam.  Sé que volverás por mí— la besé, cerré la tapa del basurero y corrí.

 

 

16

Libertad

 

 

Recuerdo haber dejado a Kate dentro de un basurero, le di mi cuchillo y yo no llevé nada. Corrí, recuerdo, corrí. Lloraba corriendo. No lo podía creer, aún seguía pensando que era una pesadilla. Mis pies se acalambraban ya llegando al muro, se me hacían de goma. Me tambaleé y caí, no me podía poner de pie. Miré atrás: todo vacío, no escuché nada. Mi respiración y mi garganta pidiendo agua era lo único que escuchaba. El suelo era frío, quería quedarme allí. Entonces, pensé en mi fin. Los Aegrisomnias me iban a comer y hasta allí mi vida. Pensé en Kate, en casarme con ella, en tener hijos con ella. Las lágrimas no dejaban de salir. Pensé en mamá y en Amber, como deseé poderlas abrazar en ese momento, ver a mi madre levantarme del suelo y arroparme entre sus brazos mientras Amber llora sonriendo. Me desmallé antes de seguir soñando.

 

 

Dos Meses Después.

 

 

Desperté en una cama, una muy cómoda. Miré una luz en mi cara. Cerré los ojos, se pusieron llorosos. Me sentía mejor. La luz se fue. Abrí los ojos y vi el techo de algo que no parecía una casa. Miré alrededor, había un monitor indicando mi pulso. Levanté mis brazos. Tenía una intravenosa. Las bajé. Traté de enderezarme pero un hombre me detuvo diciendo.

—Todavía no estás bien, Adam— fruncí el ceño viéndolo, al parecer era un doctor.

— ¿Quién es? ¿Dónde estoy?

—Soy el doctor Dames Zarneke y estás  en el hospital del gobierno.

— ¿Qué?— dije enderezándome.

—Adam, tranquilízate, estás muy débil para que te puedas levantar.

—No, no, debo regresar, Kate, Kate está sola.

—Adam para que te sientas mejor, algunos grupos de soldados armados fueron enviados a buscar a tu familia, pronto sabrás de ellas— llevé mi mano a mi cabeza. Estaba vendado.

— ¿Qué van a hacer conmigo?

—Primero que todo te estamos salvando la vida, luego sólo necesitaremos  un poco más de tu sangre, ¿sabes por qué?

—No.

—Porque creemos que eres el indicado, el que posea la cura de todo esto que sucede. Mientras dormías tomamos muestras de tu sangre, y la hemos estado analizando estos meses. Hicimos una inyección que está siendo probada en un Aegrisomnia. Lo extraño es que la mezcla  de sustancias con tu sangre hizo que el líquido se hiciera negro. Ojalá funcione— sonrió

— ¿Y después?

— ¿Después, qué?

— ¿Qué pasará conmigo?— Dames sonrió algo triste y me dijo.

—Si la cura funciona, sería excelente, serías como el héroe de una historia, pero necesitaríamos sangre de tu hermana y de tu madre, por eso las andan buscando. Si eso no sucede, si no las encuentran…Tendremos que…— de repente la puerta se abrió y entró un enfermero que venía agitado.

—Doctor Zarneke.

— ¿Sí?

—El Aegrisomnia recibió el Deofavente; pero murió.

— ¿El, qué?— pregunté; el enfermero me vio y miró hacia abajo. Dames me sonrió y contestó.

—El Deofavente es el líquido de tu sangre, la cura que no funcionó.

— ¿Qué significa ese nombre?

—Con el favor de Dios— me reí recostando la cabeza en la almohada. Empecé a enojarme. Les dije.

—Todos ustedes son unos imbéciles, unos idiotas, creen salvar a todas esas personas con mi sangre, ¡soy nadie, soy uno más, un experimento más! Me voy de aquí, seguiré buscando a mi familia— me enderecé sacando la intravenosa. Dolió. Dames dijo.

—Adam, mejor acuéstate.

—No seré uno más de sus patéticos experimentos, ¿entendieron?

—No puedes salir de aquí.

—Lo haré.

— ¿Cómo? ¿Saltarás el muro?— lo miré por unos segundos y le contesté.

— ¿Por qué no?— me levanté y me dejaron salir. Salí y vi un mismo pasillo que llevaba a la derecha y a la izquierda, me fui a la derecha. Eran habitaciones, tal vez de otras personas. En cada puerta venían unos nombres inscritos: Deborah, Lester, George, William, Michel, Eleanor, ¿Tony? ¿Hanna? ¿Nate? ¿Lhuna? ¿USB?... ¿Sarah?, me detuve en el de Sarah y acaricié la puerta con la palma de mi mano. Cerré los ojos algo mareado. Dames me vio y dijo.

— ¿Sabes quién es Sarah?— lo miré y le contesté.

—Sí— bajé la mirada con ganas de vomitar. Dames se acercó y me dijo.

—En este momento está almorzando— lo miré de inmediato. ¿Qué? ¿Almorzando? Entonces  con el mareo casi haciéndome vomitar le pregunté.

— ¿Sarah está almorzando?

—Sí.

—Pero…— cerré los ojos cayendo al suelo. Dames se agachó y no me ayudó, me dijo.

—Hemos experimentado con cientos  de hombres que creíamos eran los que nos salvarían del Deigratia, de los Aegrisomnias, incluso de las mordidas, pero ha sucedido la misma mierda: los Aegrisomnias mueren al introducirles el líquido que contiene la sangre de los ‘héroes’.

— ¿Qué les hicieron a los hombres?

—Se mueren, les introducimos el Deigratia para que sean el siguiente experimento siendo Aegrisomnia, así no nos arriesgamos a traer a uno de los de la ciudad— empecé a sudar. No sentía mis brazos ni pies. Mi vista se nubló. Me desmallé.

 

Desperté de nuevo en la misma cama, esta vez no había luz. Las luces estaban apagadas, miré el monitor. Pestañeé para aclarar mi vista. Escuché pasos. Todo era tan  oscuro que sólo podía ver las luces del monitor. Dirigí la mirada a los pasos que se acercaban. Pregunté.

— ¿Quién es?— una mano rosó mi mejilla. Me sobresalté. No veía nada. Ni quien me estaba acariciando. Sentí el rostro de esa persona cerca del mío. Yo estaba asustado. Sentí sus labios en los míos. Me sorprendí. Tanto que yo también empecé a seguirle los besos. No dejaba de besarlos, cada vez me gustaba más, tomé el cuello de esa persona y la acerqué más. Un beso apasionado, sentía su lengua y me excitaba. Desaceleramos  y apartó sus labios. Solté su cuello. Tal vez era un sueño, pero su voz me impresionó cuando dijo.

—Te sacaré de aquí, Adam— era Sarah, era ella. Mi corazón saltaba de alegría, sonreí, lo hice con emoción. Se nublaron mis ojos y dije.

—Sarah, Sarah, ¿eres tú?— ella encendió la luz. Cerré mis ojos al resplandor.  Al abrirlos, la vi: esos ojos. Ella se acercó. Sus labios eran rojos; toqué mis labios y cerré los ojos, los abrí diciendo.

—Te extrañé— ella sonrió mirando el suelo. Confundido le pregunté.

— ¿Pero cómo pudiste sobrevivir?

— ¿Creías que iba a morir así? — sonreí muy alegre. Pregunté.

— ¿Sabes algo de Kate?— de repente sus facciones cambiaron.

— ¿Qué sucede?

—Hace dos meses y medio que estas aquí, te he visitado a cada rato— miró a otro lado y continuó—Encontraron a Kate, Adam— me sorprendí, me sentía feliz pero algo me decía que no era bueno.

— ¿Ella está bien?— Sarah me miró y triste me dijo.

—No— un frío sacudió mi cuerpo y dije.

— ¿Qué le pasó?

—Se convirtió en un Aegrisomnia, lo siento— temblé y con una sonrisa que temblaba le dije.

—Eres una mentirosa, me mientes, así como me mentiste con decirme que mi madre y mi hermana estaban muertas.

—Sí, te mentí sobre eso, pero era porque no quería que te fueras de mi lado, pero ya no miento, tenemos fotos, Adam…Los soldados le tomaron fotos luego de haberla asesinado.

Empecé a llorar. Llevé mi mano a mi boca y sin creer le dije.

—Muéstrame las fotos— Sarah llevó su mano a su bolsa del pantalón, se acercó y me dio tres, todavía tenía unas en la otra mano. Mi corazón palpitaba con fuerza. Miré las fotos. Agrandé los ojos derramando otra lágrima, entonces recordé la voz de Kate decirme: ‘Prométeme que estarás conmigo para siempre’, cerré los ojos lanzando las fotos al suelo.

—No, no— dije llevando mis manos a la cabeza.

—Adam, lo siento— Sarah empezó a llorar conmigo.

—¡¡No, no, no!!— empecé a golpear la cama, quité la sábana y la lancé al suelo. Sarah dijo.

—Adam, pero hay más— me detuve cuando ella me mostró las otras fotos. Se acercó y me las dio. Es allí cuando sientes que todo se derrumba, cuando ya nada vale la pena, cuando simplemente sientes que no existes. Mi madre y a Amber destrozadas. ¡¡Maldita sea, maldita vida he merecido!!  Miré a Sarah y me quedé perplejo. Las fotos temblaban al ser sostenidas por mis manos. Miré las fotos de nuevo y me levanté de la cama. Las dejé caer y las miré en el suelo. Sentía que esto no me estaba pasando a mí, así que empecé a reírme. Reía mientras lloraba. Sarah frunció el ceño. Señalé las fotos repetidamente y dije.

—Photoshop, es eso, lo es.

—No, Adam, no lo es— negué la cabeza y dije.

—Esto no está sucediendo, sé que es mentira, lo sé, ¡¡es una maldita pesadilla, lo siento Sarah, siento que lo es!! ¡Ellas no están muertas, el golpe me lo está siendo creer, no, no!— caí al suelo llevando las manos a mi cabeza. Sarah se acercó  y se sentó a mi lado. Dije.

—No es justo Sarah, esto no es justo… ¿por qué ellas y ¡yo no?!  Ellas no merecían esto, no merecían eso.

—Adam, entiendo tu dolor, pero  debo sacarte de aquí, tu sangre sirvió— se limpió sus lágrimas mientras yo me mojaba la ropa.

—No me interesa esa mierda.

—El Aegrisomnia murió pero luego de ocho horas, la persona que se llama Jacqueline Tyser sobrevivió, está en una camilla, despierta, habla, sonríe, es la cura, tú eres la cura, le pusieron nombre a tu sangre: Advivum, que significa a la vida. Pero hay un problema, ellos necesitan toda tu sangre, te quieren substraer toda, por eso te sacaré de este lugar— ni siquiera puse atención, sólo asentí. Me levantó y me sacó de la habitación. Me dijo.

—Pronto estarán en tu cuarto y verán que no estás— puse mi mano enrollando su cuello. Bajé la cabeza, Sarah me guío sin yo saber dónde. Vi luz, el día estaba oscuro, parecía llover. No había Deigratia, el aire era fresco. Sonreí adolorido, llorando, mareado. Sarah me sentó en la hierba. Había partes de desierto y partes llenas de pasto,  había una malla que rodeaba todo el lugar, estábamos en el borde con Estados Unidos y Canadá, por Aden. Noté un carro aparentemente abandonado no muy lejos de nosotros. Logré ver dos o tres montañas a la distancia, apenas se notaban, estaban azules.  Había una carretera de piedras, que parecía llevar muy lejos de este espantoso lugar, se veía muy bonito alrededor, eran como llanuras, el pasto estaba muy seco pero era leve en altitud. Sarah se agachó y sonriente me dijo.

—Aquí está tu salida, en Aden— ambos escuchamos sirenas dispararse donde se suponía era el gobierno.  Miré atrás, sólo edificios y humo o neblina. Sarah miró atrás y me levantó diciendo.

—Ya se dieron cuenta— caminamos hasta detenernos frente a la malla. Me dijo que la escalara. Lo hice. No estaba tan alta. Pise el arenoso suelo de la carretera cayendo.

—Levántate— me dijo. Me avivé, la miré y agarré con mis manos la malla, me levanté diciéndole.

—Ahora tú, Sarah— ella dio un paso atrás y sacó uno de sus cuchillos pasándomelo por la malla.

— ¿Qué haces?— le pregunté tomándolo.

—No puedo ir contigo, espero que sepas cómo conducir— sonrió. Yo me acerqué más a la malla y fruncí el ceño diciéndole.

—No, no me dejes— Sarah se dio la vuelta y sobre sus hombros me dijo.

—Lo siento Adam…No mires atrás, sólo huye, huye de todo esto, vive feliz, nadie te buscará porque nadie puede entrar ni salir de aquí, eres libre— miró hacia el frente y yo negué la cabeza.

—Ven conmigo, tú y yo juntos.

—Hay otra malla del otro lado, pero con el auto la romperás.

— ¡Sarah!— dije moviendo las mallas. Ella se dio vuelta; estaba llorando.

— ¿Qué?

—Te amo, ven conmigo, vivamos juntos— ella negó la cabeza derramando otra lágrima, me dijo.

—Tengo cosas qué hacer…Ahora vete.

—No me iré.

— ¡Maldita sea, vete, lárgate de esta mierda!, ¡¿era lo que querías, o no?! ¡Lárgate ya!— se dio la vuelta y empezó a correr yéndose y alejándose de mí.

— ¡Sarah, no me dejes, no!

Lloraba mientras la veía desaparecer.

—¡¡Sarah!!— tiré el cuchillo y sacudí la malla con fuerza, hasta pensé que la derribaría, luego la golpeé. Ella desapareció. Me di vuelta, me limpié las lágrimas y corrí al auto que estaba en medio de la carretera sin llevar el cuchillo de Sarah. Pensé por un instante que aquellas clases patéticas que me daban de manejo serían inútiles porque las había olvidado, pero recordaba todo… Al fin sería libre. Llegué al auto y abrí la puerta. Me monté. Pensé que al encender el carro, este explotaría, pero no sucedió. Conduje hasta la malla.  Miré el espejo retrovisor, vi el edificio y más allá vi el Deigratia, todo seguirá como antes, no tienen la cura…Soy yo…Rompí la malla acelerando con más fuerza. Grité golpeando el volante, sentía miedo. Así que aceleré más y más, gritaba mientras recordaba la sonrisa de mi madre, gritaba al recordar la voz de Amber, gritaba recordando los labios de Kate, los de Sarah. Conduje a más de 100, quería alejarme, no mirar atrás. Alejarme de lo que un día me lastimó. De repente en medio de la carretera, frené. Los neumáticos chillaron, levantando piedras por todo lado. Salí cayendo al suelo, era cálido; todavía llorando, me levanté agarrándome de la puerta. Miré alrededor y era precioso, el olor a pasto era leve y delicioso, aire libre, el frío de una navidad próxima era perfecto. Me quedé en medio de la carretera por media hora hasta dejar de llorar y recordar.  Subí al auto y arranqué.  Llegué hasta Foremost, viajé demasiado, no me explicaba porque no se me gastó la gasolina, pensaba en que tal vez Sarah hizo todo eso, ella me ayudó con el carro.

 

 

 

Mi vida ya no será la misma sabiendo lo que había sucedido en el pasado. Abrí las ventanillas para que el aire que creía era falso me borrara las lágrimas. Escuché dentro de mi mente la voz de Kate decirme que si la amaría para siempre. Todavía te amo Kate y quiero que sepas que ahora viviré alejado de los Estados Unidos. Viviré mejor. Lo sé. De Foremost viajé hasta Lethbridge donde actualmente vivo, en la calle 31 sur,  en una casa de color naranja, rodeada de pinos y árboles. Cerca del lago Henderson, donde de noche las piedras brillan. Si pudieras ver esto, madre. Donde en invierno el lago se congela y las piedras que lo rodean hacen como un círculo perfecto y negro sobre la capa del lago congelado. Donde en verano los árboles se ven reflejados en este enorme lago, donde en otoño, las hojas caen al lago y las esparcen hacia el centro y lucen rojas al atardecer. Mami, si pudieras ver esto, si tan sólo pudieras verlo. Cuando camino por el puente y miro la neblina de la tarde y la brisa mover el agua, pienso en ti, en Amber, Kate y Sarah. Me recuesto allí y lloro. Cuando la nieve cubre el puente, a veces pienso en correr y reír junto a una chica , pienso en lanzar bolas de nieve hacia las personas que amo, entonces sentado en una banca llena de nieve, miro alrededor y me pregunto porque sigo con vida, miro hacia arriba y veo las hojas del árbol blancas y… Cierro los ojos. Y cuando es otoño, madre, miro los patos en el lago y recuerdo cuando sonreías. Y sonrío contigo. Y veo las palmas de mis manos y me doy cuenta de que todo esto es real. El sol se oculta haciendo que los árboles luzcan anaranjados y miro el horizonte con la esperanza de que algún día estés a mi lado.

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  • ¡¡Muchas gracias, KronusszZ!! Eso me halaga bastante, gracias en verdad.
    ¡QUÉ MARAVILLA DE RELATO! merece un óscar (si fuera una película), esta obra es más que digna de encuadernar en un libro, excitante, sentimental, a veces cómica, y muy.... me encantó por completo, tanto que me leí toda la historia TwT perfect! me gustoooo tanto, que me hizo llorar cuando muere Kate (en lo de las fotos y eso) y cuando adam recordó la promesa... o shit!
  • 13 Septiembre 2016

    Espero continuarlo, sólo espero jajaja ;D

    (Dedicado a TheGothicPoet (Cristian Santillán)) Algo cursi pero bueeee Xd

    Una corta, pero larga historia xD Me disculpo si mis relatos son largos, pero es que no lo puedo evitar.

    08 Septiembre 2016

    02 Septiembre 2016

    25 Agosto 2016

    "Esto que siento me toma de sorpresa, y me deslizo sin importancia hacia un mundo que ignoro. Pero cada vez que camino hacia ese mundo, me agrada. Tus gestos son extraños, pero… en tus ojos veo que hay una chispa que nunca se apaga, en tus ojos veo lágrimas que no cesarán, en tus ojos veo la vida después de la muerte, en tus ojos me hundo, y allí me ahogo, en un mar lóbrego, como si me hechizaras, y cada vez que me miras, por ti yo sufro. "

    Dt 32: 35

    "Hahahel, ángel del Sacerdocio y consagración de Dios. Elemiah, ángel del poder Divino. Seheiah, ángel de la Longevidad. Cahetel, ángel de la Bendición de Dios. Rehael, ángel de la Sumisión Filial. Yeialel, ángel de la Fortaleza Mental. Daniel, ángel de la Elocuencia. Damabiah, ángel de la Fuente de Sabiduría. Mahasiah, ángel de la Capacidad de Rectificar. Lauviah, ángel de la Revelación. Chavakiah, ángel de la Reconciliación y Nanael, ángel de la Comunicación Espiritual."

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