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14 min
Civilizados vs generacionados
Varios |
07.07.19
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Sinopsis

Hªs, engorrosas alrededor de Laura

En cine, se estrena la historia de un hombre excepcional, Oleg Gordievski, coronel del KGB, ejecutor del espionaje en Moscú  durante la Guerra Fría; culto, amante de la música clásica y de la novela occidental, colaborador con el M16 británico. Desde el edificio moscovita de la Liubianka, desbarató operaciones del KGB en Dinamarca durante los setenta con valiosas informaciones de Downing Street y la Casa Blanca evitando, así, la Guerra Nuclear. Mantuvo decisivas conversaciones con Gorvachov y con Tatcher. Asqueado de las actuaciones incívicas del régimen soviético, su lealtad giró hacia el mundo libre, pero sus dobles vidas, dolorosos silencios, dramas familiares y sentimientos encontrados, perturbaron su decencia moral y se suicidó antes de ser condenado por espía y traidor. En otro estreno de cine, " La voz alta"; imperio y caída de todo un magnate del hampa. De tal palo, tal astilla.
Teresa de Calcuta creía necesario el sufrimiento de los pobres, solo aceptaba el divorcio en las casas reales y adoraba el dinero de los ricos mientras sufrían los pobres como Cristo su pasión; el cómico Belushi era un cóctel explosivo de drogas y mal humor; Steve McQueen sufría delirios de grandeza ( " Bullitt", " Papillon",... ); Matthew Broderick, de actor modélico a conductor temerario con dos muertes a su espalda;... Ayuso ( PP) marca dos líneas para pactar con Vox, el colectivo LGTB y la inmigración, frente a las exigencias de Monasterio de acabar con la " dictadura de género" y eliminar subvenciones a ONGs; Laura añadiría seguir fervientemente las tendencias de moda de Mango y la feminización de la moda de hombre en la Semana de París. Cansino trabaja en la construcción del parque metropolitano de Tomares, Sevilla, contratado por la empresa pública Tragsa. Su cazo de excavadora choca con unas antiquísimas ánforas, 54000 monedas romanas de los siglos III y IV, con efigies de Diocleciano, Maximiano, Galerio y Constantino I, labradas en los anversos y muy apreciadas por ser emperadores de cortos reinados; estalla la recompensa para, ¿ Tragsa? Con el calor, los restos de Madrid Central son un parque temático de peste y fritanga. Respirar en Madrid es un milagro, por eso, Laura, no va en contra del espíritu de la ordenanza de Carmena para que más pura la luna brille y se respire mejor, para que Madrid no se vuelva Chernobyl y sea sede olímpica quemando plástico, prendiendo bosques sin previos planes de prevención efectivos, con algo de oxígeno, bastante armenio y gases nobles. El punzante miembro de la Real Academia de la Lengua y autor de Alatriste, Pérez Beverte, llama " hijos de la gran puta" a los que abandonan a sus perros en verano. 
¿ Llevar siempre la razón o claudicar para ser más feliz? Mucho teme Laura que el común de los mortales no necesita pensárselo demasiado para contestar a esta pregunta obviando que es un dilema vital. Es decir: pensamos que la respuesta sería “ser feliz, por supuesto”, pero por lo que Laura tiene visto, la gente se dejaría cortar un dedo –del pie que se usa menos- antes que agachar la cerviz de sus razones frente a los argumentos del contrario. Y no habla de política aunque sería un ejemplo paradigmático. Ocurre en el día a día, en la máquina del café del cuarto del fondo de la oficina, en las conversaciones animadas de la barra del bar a la hora de las cañas, en las largas sobremesas de celebración entre amigos o familiares y no digamos ya en la intimidad de la pareja. Cada quien esgrime sus argumentos como picas medievales o los arroja sobre el oponente con la intención con la que se arrojan las granadas de mano: para matar. Aquí todo hijo de vecino quiere tener razón y si no es feliz es precisamente… porque no se la dan. Que ya es triste que una cosa que debería tenerse “per se”, te la tengan que “dar”, en plan dádiva, limosna o concesión. Laura tiene a su amigo Lucas con el que discute continuamente (sólo uno, el único “discutidor” que Laura conserva después de años). Da igual que el tema sea la elección del vino para acompañar el condumio como si son las estelas que dejan los aviones en el azul del cielo lo que provoca la controversia de si son galgos o podencos; el caso es no perder ripio y estar al quite para poder saltar y hacer algo de ejercicio mental. El caso es fastidiarse y reírse el uno con el otro. Querer llevar la razón “siempre”, es complicado a la vez de peligroso. Saber “más que el otro” habitualmente sirve para crearse enemigos o si te pones “en plan cuñado” a dar lecciones magistrales sobre…lo que sea. Y así se pasan los días, los meses, los años y la vida. Buscando la felicidad y quejándonos amargamente de que nos es hurtada, que se escapa por la esquina de allá cada vez que asomamos la nariz por el rincón de aquí. Pataletas. Así que quien quiera entender que entienda. Laura vota por la felicidad de andar por casa y las razones que se las queden los que están todo el día alterados y empeñados en defender su real sitio. Aparte, visto lo visto, Laura llega a la conclusión que, en general, cualquier matrimonio es una tragedia. Griega o de andar por casa, pero tragedia. Por lo que tiene de obligado en una sociedad donde a la mujer se le sigue destinando –en voz alta o por lo bajini- a cumplir con funciones “naturales” como son la maternidad, el mantenimiento de la prole y del macho de la especie y el cuidado de familiares ancianos tanto por vía sanguínea como colateral. El completo. En el siglo pasado era habitual que muchas mujeres se casaran, bien porque era lo que se esperaba de ellas, bien porque era lo que ellas creían que debían esperar. Una ilusión/proyecto más o menos romántico o un motor que espoleaba la necesidad de escapar de la sartén para caer en el fuego. En este siglo Laura cree que se casan –muchas mujeres y no pocos hombres- porque quieren demostrar a sus madres y padres divorciados, “fracasados”, que ellos están por encima de convencionalismos sociales, que lo hacen “porque lo eligen libremente”; para más inri, incluso se casan por el rito religioso a pesar de que en su casa no se considere importante ni la religión ni su práctica. Por un lado dicen ser “libres” y por el otro practican la hipocresía sin que se les mueva un pelo “para dar gusto a la familia”. En realidad, da igual cuáles sean los motivos: el amor romántico, un embarazo comprometedor, interés puro y duro para obtener papeles o estatus o el convencimiento de haber encontrado al alma gemela compañera hasta que la muerte los separe más tarde que pronto. En realidad, da igual por qué se casa la gente ya que los motivos individuales no han conseguido (todavía) modificar la esencia genérica de lo que es un matrimonio: el germen de la familia previo contrato civil firmado ante testigos. Y ahí casi todos llevan una especie de neurona atravesada en el cerebro que insta a seguir repitiendo el esquema que alguien con más interés que lucidez definió en su día como “pilar de la sociedad”.
Ana María Martínez Sagi, periodista, gran atleta, republicana, lesbiana y feminista, escribió durante el franquismo que " Hoy todo me da pena. Los árboles desnudos, la calle solitaria, la tarde tan callada, los sollozos de mi viento que pasa frustrado y enloquecido, la canción melancólica de la lejana fuente, la feliz inocencia de aqu la el niño que ríe, la pureza inefable de sus pupilas claras, l a belleza infinita de su corazón límpio que ha de saber como yo, tan pronto, todas las cosas malas que pasan a su alrededor"; patriótica, pero molesta para el régimen. Laura, también c ontrovertida porque así lo desea, viaja hasta Persépolis, uno de los primeros estados de la humanidad, construída en el siglo VI a.C. que, a posteriori, fue sustituido por la dinastía helenística de los seleucidas. Laura prosigue por Teherán y Shiraz que, junto a Isfahán, cobran tendencia en cuanto a viajes. Laura se deja fotografiar en los 1500 metros de altura de la cordillera de los Zagros, con vestido largo, estampado y vaporoso. Laura recomienda Perpignan como campamento base hacia Roussillon, puerta de entrada a Francia desde Cataluña, reino bermellón entre románico y gótico; casas colgadas de sabor medieval y paraíso costero en Colliure para terminar en Narbonne, en cuyo cementerio reposa Machado. Así mismo, Laura se acerca al Valle de Tena, Huesca, donde barrancos y senderos toman relevo a las pistas de esquí de Formigal y Panticosa, con el fin de adentrarse en un templo incrustado en una vasta cueva en la que la emperatriz Elena de Constantinopla buscó refugio cuando era perseguida por los infieles. Días después, Laura se apunta al peregrinaje cinéfilo en la isla de Ingrid Bergman, donde posa con el maquillaje perfecto de Chiara Ferragni, de Duyos e icónicos stilettos de suela roja, más la inspiración mexicana de CH. El programa La Resistencia de Broncano renueva su mobiliario cara al espectador. En dicha subasta, la mesa asciende a 36000 euros, más cincuenta por traslado, la silla a 23000 euros y, el sofá a 130000 euros y 85 pujas. 
En 1814, un carpintero inglés abría en Puerto de la Cruz, Tenerife, la primera fonda del archipiélago, donde llegó la escritoria Agatha 
Chistie en 1927 con el fin de olvidar su accidentado divorcio. Allí escribió " El misterio del tren azul", " El enigmático Mr. Quinn" y " El jardín de Sitio Litre", inspirado en el Camino de las Cabras donde accedía a su toma matutina de café- bombón y, de paso, refrescar sus pies en la plaza del Charco. Al final del Jardín Botánico le aguardaba Punta Brava, donde cenaba tibios pero apetitosos platos vegetarianos en El Limón, rodeada de casitas de colores sobre puro sedimento volcánico en negro. Vestía de fibra vegetal y originaria artesanía mediante sus bolsos de palma y sombreros de Gata de Gorgos, artística mezcla tiñerfeña junto a la Comunidad de Valencia que remoja su autenticidad a base de uva de moscatel  escaldada entre tejedoras de llata y trenzado. 
Lina, mamá de Laura, escribe: " Hubo un tiempo en mi vida, estando todos los frutos verdes, en el que todavía era un “valor” afrontar los acontecimientos con “orgullo” aun a riesgo de confundirlo con “dignidad”. Aquel orgullo altanero de finales de siglo, de cualquier siglo, orgullo de clase, orgullo de sangre o de origen, hermano de leche de la soberbia, pecado y deseo a la vez. Aquellas enseñanzas convertidas en dogmas, desafueros impresos en edición de lujo, nunca de bolsillo. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, “A enemigo que huye puente de plata”, “Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”… y tantos otros aforismos de calendario que, aun siendo falacias, formaron parte del alimento de varias generaciones. También hay que decir que “De lo que se mama, se cría” y por aquí andan dando vueltas –todavía- no pocos adultos mayores e incluso ancianos que se creen, que creen como verdad incuestionable, que la altanería, la soberbia, el desprecio al prójimo, la desconsideración por indignidad interpuesta, son virtudes a regar en vez de defectos a desbrozar. “Humildad” la hermanábamos con “pobreza” –casi siempre monetaria-, los humildes eran los desamparados –hoy serían personas en exclusión social-, un hombre humilde o una mujer humilde eran paradigma de incultura, incluso de enfermedad y penuria. Lógicamente, nadie quería ser humilde y se pasaba al otro lado del puente donde imperaba su majestad la “Soberbia”. De eso muchos sabemos mucho, por una vez reconozcámoslo. A estas alturas, qué más da ya… Tengo un espejito en el bolso para las emergencias y espejazos en la vida en los que verme reflejada. Con no poca vergüenza, la mayoría de las veces conozco y me reconozco en actitudes indignas, de esas que adolecen de la supuesta altura de miras del ser humano evolucionado. La soberbia del que ansía el poder y escarnece a quien le pone vallas para sortearlas; la soberbia del pequeño mindundi     que enarbola su testosterona para aplastar mujeres/hormigas. La soberbia del bobo, del idiota, del que se da más importancia que una gallina picando mierda. La del guapo y la guapa, la del niño y la niña de piel bien blanca, la del alto frente al bajito, la de quien lleva ropa de marca frente a quien le marca la ropa que debe ponerse para ganar el pan. Pura idiocia con “clase”. 
No solo es predio de grandes personajes la soberbia –que también- sino de aquellos humildes seres humanos que ansían dejar de serlo para poder levantar su testuz y su voz una cuarta por encima de los demás. La soberbia de quien dice “me voy porque no aguanto más” antes de leer la carta de despido que tiene encima de la mesa y que se ha ganado a pulso. Ser humilde también es saber reconocer los propios errores, no perder de vista las limitaciones que se levantan con nosotros cada mañana, darle al de al lado el derecho de cantar con su bonita voz en vez de acallarle con un gesto despreciativo para que tan solo resuene el propio canto, la voz del gallo del corral o del corifeo de gallinas. Quién se libra de ello. Me educaron para ser soberbia y cuando he intentado desaprenderlo –mal que bien- me he encontrado con que mi supuesta “humildad” es un terreno conquistado para quien, ensoberbecido de su ego, aplasta y desprecia a quien no quiere empuñar dagas ni puñales para relacionarse sino esos impulsos del corazón que son maravillosos argumentos…si fueran escuchados. Cuando intento ser humilde ofrezco la postura idónea para que se me suban a la chepa. O algo peor. Qué le voy a hacer… A fin de cuentas la vida tan solo es compleja para quien se empeña en complicársela." Mientras tanto, se vende un Botticelli por más de seis millones de dólares, así como " La Papisa" perdida de Velázquez en Roma por 4,3 millones de euros; ...
Mil gracias y hasta pronto,
KF.2019.

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