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7 min
Clementina Suárez - Poemas
Amor |
26.04.20
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Sinopsis

Hoy quiero celebrar la voz de la mujer. Y que mejor homenaje que a la voz de Clementina Suárez (1906-1991), poeta y gran promotora de la plástica centroamericana y musa de pintores y poetas, lo que le granjeó el célebre mote "de ser la mujer más pintada del mundo". Se caracterizó por desafiar los convencionalismos sociales. Sus libros eran leídos por las jóvenes a escondidas de las madres, ya que incluían poemas de tema erótico amoroso: El vibrante goce sensual, en impulso o realización, está siempre presente.​ Su decisión de vivir la vida de acuerdo con sus propias decisiones se reflejó también en la relación fuera de matrimonio que sostuvo con el escritor hondureño Marco Antonio. Sola frente a la sociedad se dedicó a escribir... como obedeciendo a un impulso interno. Fue combatida por clérigos, por hombres con psicología propia del harem, por nacos, "evangelicos", fanáticos religiosos, simplones, memos, idiotas, conservadores estúpidos y por todo aquello que huele a pre-historia, herrumbre, status quo, maldad manifiesta y estupidez. ​

 

Yo

 

Canción de pena,

lema que nadie descifrar pudiera,

ensueño obscuro,

mente entristecida,

en un proceloso mar vivo la vida

bogando sin oriente,

con las alas abiertas

siempre para el poniente.

 

 

Sexo

 

Sexo,

encarnada rosa,

flor de lujuria

por donde salta mi juventud.

 

Ánfora llena

de sensaciones

y vibraciones,

 

arpa que vibra,

que llora y gime

voluptuosidades.

 

Lirio encendido

en el altar de fuego

de roja estancia...

 

Desgarrado fuiste

por su loca furia

en aquella tarde.

 

En que la divina flor

de vida y amor,

en ofrenda a su amor yo di.

 

Pero yo te bendigo

gruta maravillosa

porque la vida me diste

 

y porque en esa flor  estropeada

una nueva vida

yo también di...

 

 

EL GRITO

 

Enfilada y firme,

espero la hora

que desamarre todos los obstáculos

y me aviente a los mares de la lucha

con la alegre capacidad

del que desafiando la muerte

vence a la vida.

Yo era

una desesperada mariposa

aprisionada en las paredes

de las horas inútiles.

Pero el nuevo grito

llegó por fin a mis oídos

y yo le he abierto los brazos

como a un horizonte de luz

que me señalara

el único puerto de esperanza.

¡Alegría! De los gritos apiñados.

¡Alegría! Del dolor que florece.

¡Alegría! De mis brazos tendidos

al nuevo grito del mundo.

 

 

Explicaciones

 

Animal sidéreo,

bello amado mío,

hunde tus esplines

entre mis jardines.

¡Escúchame, escúchame!

Como otras, yo no ansío

ser hombre ni un momento.

El mundo es los Mil y un Misterios

etéreos,

sutiles,

divinos,

que requieren ojos femeninos.

 

Yo soy Scherezada,

Que lo sabe todo,

Tú el Rey tremendo

Que no sabe nada.

Mi espíritu es llave

que abre todas las puertas,

que abre todas las cajas

milagrosas que guardan

el perfume de las estrellas

y las gemas de los soles,

todas las cosas bellas.

Abre el corazón,

abre el alma

y ese estuche de topacios;

la canción

que lanza hálitos de nardos

a todos los espacios

en lumínica vibración.

 

Mi sabiduría

es la fragancia

de la rosa de mi ignorancia.

Mi ciencia

es la ciencia del lirio;

vivir,

perfumar,

lucir

amar

las piedras, las aves

el cielo azul

nido magnífico

de las pálidas constelaciones miríficas.

 

El arte mío

tiene sus raíces

en la undívaga inquietud

de mi débil ser

y florece versos

con el rojo de mis besos,

pompas cristalinas,

fuentes de vida.

 

Todo lo tuyo se mueve

porque tus elencos

y ordenamientos

no siguen el curso sidéreo

Del Gran Plan Divino.

 

Tu sabiduría

es melancolía,

tu ciencia  un completo

esqueleto,

tu arte es un lago

que copia el temblor de las estrellas,

el nevado lirio,

el hada;

pero no es la estrella,

pero no es el lirio,

pero no es el hada.

Bello amado mío,

soy Scherezada,

hunde tus esplines

entre mis jazmines.

Acércate, acércate,

recuerda que eres

animal sidéreo.

Yo quiero explicarte esta noche

los Mil y un Misterios;

yo quiero mostrarte

el tesoro fúlgido

que existe en el Beso,

del cual tú conoces solamente un décimo

y yo los diez décimos.

Yo quiero decirte

de qué sol del cielo

es el fuego que arde

en mi aliento fébrido;

como vivir siglos

en la cárcel de oro

de un leve segundo.

Sabio de lo inútil

entierra tus ansias

en mis suavidades.

Pégate a mi cuerpo,

sé leño aromado

aumentando el fuego,

llama de topacios

de mi ser de lirios.

Yo tengo el sentido

del Todo en mi alma.

Soy el grito lírico

que entusiasma al Mundo.

Soy Scherezada

que lo sabe todo,

tú el Rey tremendo

que no sabe nada.

 

 

Animal sidéreo,

bello amado mío,

hunde tus esplines

entre mis jardines.

 

 

Hombre Montaña

 

Su cuerpo moreno y duro, está por el sol bruñido,

para domar atletas parece haber nacido.

Como el árabe indómito en su veloz corcel

capturar las amadas es su mejor laurel.

 

El, que es todo rudeza, sabe amar con ternura;

la carne femenina le ofrece su dulzura.

En la pasión es fuego; en el ardor triunfal;

y del placer conoce la delicia inmortal.

 

Para siempre su voz en mi alma resuena,

hay vida en su palabra tan vibrante y serena,

 

que en su alma todo es gracia, ritmo, luz y color,

resúmenes eternos del absoluto amor.

 

Es el Hombre Montaña, con su mirar risueño,

y es el hombre que amo, mi señor y mi dueño.

 

 

Compréndeme

 

Alrededor de mi cuerpo

Las Substancias Primeras

son boas estelares

regando sus caricias

terriblemente eléctricas.

Me besa el fuego,

me besa el agua;

me besa el viento;

me besa la tierra.

 

Y el beso luminoso;

o el beso tembloroso;

o el beso impreciso;

o el beso angustiado;

enciende mi carne;

enciende mis nervios;

enciende mis huesos;

enciende mi alma.

 

Por eso soy inquieta como una pira;

por eso soy vibrante como una lira.

 

Comprende, comprende,

pobre hombre que  juzgas

conforme a tus leyes humanas.

 

El Arcano ha querido

que glorifique al Mundo,

riente como rosa

en la cruz del beso.

Lo frívolo mío

es el ardor mirífico

de los cuatro Puntos,

es el gemido lírico

del fuego, del agua,

del viento y la tierra,

boas estelares

que me vuelven mítica.

 

¡Vaya! No me juzgues

conforme a tus leyes humanas.

Yo soy la llave de oro

con que abrirás las puertas

sublimes de la vida

verdadera y eterna,

sin la carroña sucia

de las poses sociales creadas por tu mente.

 

Sabe que existe un mundo

sin leyes ni preceptos,

donde todo se irisa

con los vapores tenues

del ritmo sideral.

 

Compréndeme ahora,

por qué el fuego y el agua

por qué el viento y la tierra

me llena de besos terribles y astrales:

la carne,

los nervios,

los huesos,

el alma.

 

Mírame: soy de pétalos.

Óyeme, soy de ritmos.

Mi carne es tu deseo

donde mi fuerza y tu miseria veo.

Mi pentagrama es la brisa

donde asciende y desciende mi risa

 

Más allá, más allá, más allá,

mucho más del etéreo cristal

de mi alma se halla la causa

de mi vanidad.

Habla, grita, protesta, lamenta,

llora, ruge, blasfema, maldice,

si pretendes saber las razones;

si ambicionas saber el arcano

y estupendo organismo del Todo,

sube al antro en que el astro divino,

bella araña entreteje su maya,

bajo el fondo tremendo y obscuro,

o anda luego, ignorante, sin miedo

por el hilo muy fino y muy níveo

del suspiro que tiembla en mis labios

y regresa y explica la altura,

el asiento pedestre del antro,

y di a gritos si aquello es más grave,

y más fuerte, y más hondo, y más sacro

que la causa de mi vanidad,

copo de humo intangible que se halla

más allá del cristal de mi alma,

mucho más, más allá, más allá...

 

Ahora compréndeme,

pobre hombre que juzgas conforme

a tus leyes, blancos esqueletos.

 

Lo frívolo mío es el ardor mirífico

de los cuatro Puntos.

Al rededor de mi cuerpo

las  Substancias Primeras

son boas estelares

regando sus caricias

terriblemente eléctricas.

 

 

Yo fui Leda

 

Yo sé del beso olímpico de Zeus;

su pico sonrosado lo he sentido

idealmente subiendo por mis muslos,

por mi vientre de alburas cuyo ombligo

parece un ojo ciego, por mis senos

en demasía túrgidos y blancos,

por mi cuello delgado, por mi boca...

 

¡Que bello es Zeus cuando se hace cisne!

He sentido sus alas envolviéndome

y suaves y tibias poluciones

germinar en mi entraña hecha de fuego.

Después... he visto al mundo tan amable,

sintiéndome dichosa como nunca

con la sonrisa triste de la enferma

que vuelve a ver la vida, por saberme

fecundada del padre de los Dioses.

 

¡Que bello es ser la hembra de un Olímpico!

 

Mi útero gestó  dos huevos blancos,

carne de  él, carne mía, de mi arcano

salieron a la luz dulce y gloriosa

a reventar como si fueran rosas

de blancura impoluta y refulgente.

 

Fui madre de unos hijos tan excelsos

que llenaron al mundo como un canto.

 

¡Que bello es tener hijos de inmortales!

 

Grande es hoy la nostalgia de mi carne

porque maldita degeneró en humana;

como ansío sentir el suave pico

sonrosado subiendo por mi cuerpo

de alburas de cortezas del gran bosque.

Cómo ansío sentir su ala de nieve

sobre mis senos túrgidos temblando

por el goce sidéreo, junto al roble.

 

¡Sólo pienso en las nieves del Olímpico!

 

Y crees mi desgracia una ironía

para ti que deseas estrecharme

entre tus largos brazos como boas

y arderme con tu boca muy humana.

 

Respeta mi viudez, hazme el favor,

vete lejos y dile a tu pobre alma

que su amada, una ninfa en otros tiempos,

sueña con el abrazo de dos alas.


 

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