cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Clementino internacional
Humor |
21.03.09
  • 0
  • 0
  • 956
Sinopsis



La fama de Clementino pronto superó las fronteras de su país. También las holandesas y las Italianas conocían, al menos, el nombre de tan singular individuo. Sus peripecias eran conocidas por multitud de personas, y sus proezas, admiradas por todos sus semejantes. Los hombres más interesantes y atractivos no lograban atraer, como lo haría un imán o Clementino mismo, a las bellezas de los alrededores.
Un día le llegó al “caballero de la polla enorme“, así le bautizaron a los diecisiete años de edad, una carta muy y muy sugerente. A Clementino se le hinchó la verga al terminar de leerla. Estuvo a punto de esparcírsele el semen por su capullo, a no ser por aquel apretón de huevos que le retuvo la eyaculación. La escena que parecía avecinarse y que proponía aquella misiva era de lo más excitante. Una francesa y dos alemanas , cuyas fotos adjuntas mostraban sus secretos más íntimos, le invitaban a pasar el fin de semana en Marsella, en un hotelito muy discreto, a las afueras de la ciudad. El billete para el viaje iba enganchado a la carta con un clip. Añadían, en un “post scriptum“, que no se demorase, el billete ofrecía la posibilidad de elegir el día de la salida, y ellas, ansiaban tenerle cerca lo antes posible.
Clementino no se lo pensó dos veces, era verano y le dijo a sus padres que se marchaba un par de días con unos amigos. Hizo la maleta, la llenó de varios paquetes de preservativos y se marchó. Nos ahorramos contar el viaje y la llegada al hotel, todo ocurrió con normalidad, y las prisas, nos hacen arribar ya al momento del encuentro.
Entró en la habitación y, allí, sentadas en la cama y charlando, estaban las tres chicas con las que se había citado Clementino. Iban vestidas las tres de la misma manera, en tanga y con una camisa que apenas les cubría la parte superior de los muslos. Se presentaron y decidieron que Clementino debía sentarse en el centro de la cama. Dos de las muchachas, las alemanas, se colocaron un poco más atrás. Acercaron los pechos a la espalda de Clementino y empezaron a acariciarle los hombros y también la espalda. La otra lolita, a su lado, quería ya desabrocharle el pantalón. Clementino se excitó muchísimo, nunca antes lo había hecho con tres a la vez. A nuestro digno héroe le apeteció poner su mano sobre el tanga de la parisina, y apretar un poco. Al poco tiempo empezó a sentir una calentura especial, cómo cierta humedad iba traspasando la fina tela del pudor. La cara de la gabacha era de sufrimiento. Ansiaba ya la polla de Clementino entre sus paredes vaginales, notarla acaparando todo el espacio y apuntando a lugares donde, seguramente, otro pene no sería capaz de llegar. Ella retuvo el mástil entre sus manos, y lo comenzó a agitar hacia arriba y hacia abajo, constantemente al principio y acelerando al cabo de un rato. Él se animó y separó lo suficiente el tanga de la francesa. Deslizó dos dedos sobre su coño, ya suficientemente lubricado, y se los introdujo sin miramientos. Mientras, las alemanas contemplaban el espectáculo, estaban disfrutando tan solo de mirar. Sabían que en breve ellas también gozarían. Se quitaron las camisas y dejaron al descubierto sus grandes y firmes pechos. Apuntaban sus pezones hacia arriba, muy sobresalidos, como si esperasen ser atendidos bien pronto. De repente, Clementino le ordenó a la francesa que se tumbase, y que lo hiciesen también sus dos amigas. Quería ponerse más cachondo todavía, deseaba ver a las tres abiertas de piernas. Solamente él sería capaz de no perder el control de la situación, de no acobardarse ante semejante panorama. Se arrodilló ante la primera, una de las germanas, y empezó a recorrerle el clítoris con la lengua, ya eréctil y chorreante de tanta provocación. A la vez, empezó a acariciar el sexo de la francesa. Clementino oía a la perfección como hacía gemir a las tres. Incluso a la chica que no tocaba, ni podía ver todavía, estaba gritando de placer. Parecía que todo debía terminarse en breve, q la vida se fuese a extinguir y q aquel fuese el último suspiro de vida, un rescoldo a la mediocridad del resto de los hombres.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta