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14 min
Comisaría del D22: Agente 3645
Ciencia Ficción |
26.03.19
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Sinopsis

“- ¡Quiero hablar con el comisario! - le dijo la mujer al androide que se encargaba de atender a la gente en la entrada de la comisaria. Ella estaba fuera de sí. - como no me lleves ahora mismo frente a quien sea que este al mando de esta pocilga te juro que te arranco los tornillos uno a uno hasta que sirvas para lo mismo que sirve un clip roto, chatarra.” Un drama de ciencia ficción en formato de relato.

 

Ante todo, muchas gracias por hacer click en este relato si quieres leerlo.Me alegra poder colgar otro relato corto para aquellos a quienes les hayan gustado mis dos anteriores, espero que este nuevo micro universo al que estamos abriendo nuestras mentes os guste tanto como a mi, y espero poder traerles más aventuras tan pronto como sea posible. Un saludo! 

 

 

Comisaría del D22: Agente 3645 

 

- ¡Quiero hablar con el comisario! - le dijo la mujer al androide que se encargaba de atender a la gente en la entrada de la comisaria. Estaba fuera de sí. - como no me lleves ahora mismo frente a quien sea que este al mando de esta pocilga te juro que te arranco los tornillos uno a uno hasta que sirvas para lo mismo que sirve un clip roto, chatarra… 

 

- Esta bien señora, esta bien. Espere aquí un momento, ahora mismo me encargo de ponerla en contacto con el agente encargado- le dijo el robot con una voz que le resulto casi humana- mientras tanto, mantenga la calma, por favor, o tendremos que detenerla si sigue causando tantos problemas, señorita.

 

- ¿Problemas? - le contesto al instante la mujer, ofendida- ¿Qué demonios vas a saber tu sobre qué es un problema? No puedes entender qué es tener hambre, o sed… Ni si quiera eras capaz de hablar por ti mismo, imbécil; eres un puto programa informático ¿lo sabes, ¿no? ¿Cómo vas a saber qué es “causar problemas”? Venga… Llevo más de media hora sentada en esa silla de allí como un puto robot más y aun no he visto a un humano acercarse a preguntarme qué me pasa, como no venga alguien pronto… 

 

El guardia se quedó mudo durante unos instantes, y la mujer no supo descifrar en su mirada, pues no la tenía, si el silencio se debía a que no tenía nada más que decir, o a que simplemente estaba procesando la información. Tras unos largos segundos de espera que fueron extrañamente incomodos, ella seguía esperando una respuesta cuando el guardia volvió a hablar. 

 

-Señora Valero, puede sentarse. Enseguida la atenderán. 

 

-Esto es una broma ¿no? - contestó- espero que sí. 

 

-Señora Valero, puede sentarse. Enseguida la atenderán. - repitió el androide exactamente con el mismo tono.

- ¡Definitivamente un robot me está vacilando! - dijo la señora antes de dejar escapar una gran carcajada. -te voy a dar diez minutos más, chatarra oxidada. ¿Eso lo entiendes? ¿O tengo que llamarte Agente 3645? - le dijo mientras leía la placa en la pieza de metal que tenía pegada a su “pecho”- Diez minutos, “agente”. - le repitió. Esta vez le enseñaba las palmas de las manos con los dedos extendidos, en un claro gesto sarcástico que el robot no iba a entender. 

 

-Diez minutos. – repitió el androide con una voz extrañamente parecida. Eso perturbó a la señora Valero, pero al menos parecía haber conseguido su objetivo, así que decidió calmarse y esperar. 

 

 

Y eso hizo: la señora Valero se sentó, y esperó. Esperó tres, cinco, siete, ocho, diez minutos. Y pasaron dos, tres, cinco más; y nadie llegaba. El guardia tardo veinte minutos extra en presentarse en la sala de espera. Vestía el uniforme azul oscuro oficial de la policía del condado, y llevaba una caja de rosquillas bajo el brazo que parecía pesar más que él, por muy difícil que eso fuera. Con el brazo con el que aguantaba su caja de rosquillas también se sujetaba el pantalón, que para su extrañeza parecía quedarle tremendamente holgado. Para colmo, llevaba la camisa desabrochada por la parte de abajo, y una prominente barriga se asomaba entre los botones del uniforme como buscando liberarse de la inmensa presión a la que estaba sometida. 

 

- ¿Señora Valero? - dijo, como si hubiera más personas en la sala de espera. Masticaba una rosquilla mientras hablaba, y aunque solo pronunció dos palabras, fueron suficientes para que ella se diera cuenta de que tipo de agente era. Sintió una impotencia imposible de controlar, y la invadieron unas ganas inmensas de abandonar ese lugar sin decir ni una sola palabra.

-Ya era hora, agente, llevo más de una hora esperando aquí. Sola. 

 

-No estaba sola señorita. Y soy el Comisario. - le dijo con una sonrisa en la cara. Tenia restos de la rosquilla en los labios, y la sonrisa se transformó en un gesto grotesco que terminó de confirmar el poco interés que ese hombre tenía en ella. 

 

-Vengo a poner una denuncia. 

 

- ¿Una denuncia, señora? ¿Qué tipo de denuncia? - le preguntó el presunto comisario, intrigado- hace ya un tiempo que las denuncias no suelen ser muy comunes, sean de la índole que sean…

-Quiero denunciar a un androide. 

 

-Espera… ¿Como? - la cara del comisarió era un poema. No pudo más que echarse a reír en su cara. Luego abrió la caja de rosquillas y sin ningún remordimiento le hinco el diente a otra rosquilla más. La señora Valero podría haber jurado que ese tipo llevaba comiendo rosquillas sin parar desde hacía años, décadas quizás.

- Lo ha entendido perfectamente, agente. 

 

-Vera... No pretendo para nada ser impertinente, señora, pero creo que es completamente imposible que una chatarra de esas haya hecho algo que…- le empezó a decir el Comisario.

-¿Me está diciendo que confía más en un androide de esos que en la palabra de una persona? Esto es increíble… - se estaba poniendo realmente nerviosa. El enfado iba en aumento y el tiempo de espera no había sido de gran ayuda. - ¿tan difícil es prestar atención a una persona durante unos minutos, para variar? ¡Sois una panda de incompetentes! 


 -Esta bien, señora, esta bien… - le dijo el Comisario. El tono le resulto extrañamente familiar. Un Dejavu.-ahora mismo me encargo de llamar al agente encargado, mientras tanto, mantenga la calma, o tendremos que detenerla si sigue causando tantos problemas, señorita. 

 

Entonces el Comisario desapareció tras la puerta por la que había aparecido, y tras otros diez minutos de larga espera volvió acompañado de un agente que cargaba con él una pequeña libreta. Este, que tenía aspecto de ser un agente de la ley algo más decente, se acerco a ella y la invito a pasar a la sala de interrogatorios, donde solían hablar con cualquiera que quisiera hacer cualquier tipo de trámite. Una vez sentados en la mesa de la pequeña sala, el agente se sentó en frente de ella y empezó a ojear la libreta con aire de concentración. El comisario se quedó fuera, escuchando. 

 

-Veamos… señora Valero- empezó a decirle- antes de nada, decirle que siento mucho que se vea usted en la necesidad de hacer cualquier tipo de denuncia, es muy extraño en estos días… 

 

-Precisamente por esa razón deberían escucharme, es lo que le intentaba decirle al “señor Comisario”- dijo mientras miraba con furia el cristal que la separaba del oculto observador. 

 

-Cuénteme entonces... ¿Qué sucede? - le preguntó finalmente. 

 

-Ya se lo he dicho a su superior, quiero denunciar a un Androide. 

 

-A si que a un Androide… Interesante- otra vez apareció en el l agente esa sonrisa irónica en el semblante, la misma que unos minutos antes había visto en el gordo de las rosquillas.

 

<<Otro imbecil>> pensó.

 

-Si, un Androide, y no es para nada interesante. Quiero denunciar malos tratos, desobediencia a la autoridad y robo.- le dijo con toda la normalidad del mundo.

 

- ¿Como? Espere, espere- dijo de repente el policía mientras abría la libreta y apuntaba algo con gran interés- va a tener que darme más detalles si quiere conseguir algo... porque espero que comprenda que se trate de una situación completamente irregular.

 

La Sra. Valero cambió el semblante, y apareció en sus pupilas un atisbo de esperanza que la hico temblar de emoción solo de pensar que al fin alguien iba a escucharla. Empezó a rascarse la palma de las manos con nerviosismo, el agente no pudo evitar fijarse en ese tic nervioso, pues ni si quiera ella era consciente de que lo estaba haciendo sin parar. Tenía las uñas largas y grises, realmente descuidadas; igual que su higiene personal, que llenaba la estancia de un tufo a sudor y suciedad indescriptible. El agente se preguntó cómo no lo había avisado el comisario de semejante hedor, pero seguramente fuera porque el suyo propio no le dejaba oler más allá.

 

-Es el Androide de mi vecina, agente, no tengo mucho más que decir, pero le aseguro que ese trozo de chatarra trama algo.- empezó a decir, claramente nerviosa. Seguía rascándose las palmas de las manos.-lo veo casi todas las noches desde mi ventana, no porque mire siempre por mi ventana, me cuesta dormir ¿sabe? Padezco de insomnio desde que vivo sola, así que me gusta mirar; y créame señor agente, no hay nadie que vea más cosas que yo. Lo veo todo, todo. Incluso a esos trozos de mierda que nadie mira. Se también que creen que nadie les presta atención, pero yo si. ¡Yo si! Y yo lo he visto agente, he visto lo que traman. Todo lo que traman...

 

-En fin- murmuró el agente mientras la señora Valero seguía despotricando sobre su vecino. Estaba claro que no estaba muy bien.- creo que es suficiente, señora. Creo que debería calmarse, de verdad. Se está haciendo daño...

 

Era verdad, se estaba haciendo daño. Había empezado a rascarse con más fuerza y ahora lo hacía también a lo largo del brazo. Las palmas de las manos estaban rojas y resentidas, y se veían en ellas rastros de otros ataques parecidos. Lo mismo pasaba con los brazos, que antes estaban cubiertos por las mangas de su camisa. Tenía cicatrices antiguas desde el codo hasta las muñecas, y varias marcas que dejaban ver varios intentos de suicidio.

 

-¿Sabe? Se que no se cree nada, seguramente esta denuncia no termine ni en un cajón. Es más, seguramente ni si quiera la esté redactando y este dibujando un pene en esa libreta tan interesante que lleva bajo el brazo, como la caja de rosquillas de su compañero.-le dijo riendose con ironía- Ah, perdone, me refería a su superior ¿ es que eso importa hoy en día? No sirve para nada. Ni la libreta, ni las rosquillas, ni la caja, !ni usted! Nada sirve de nada porque no saben verlo como deberían verlo. 

 

-Que quiere decir, señora Valero?- el comportamiento errático de la mujer había llamado la atención del guardia, y no podía evitar tener curiosidad por saber qué clase de locura sería la siguiente que diría.

 

-Traman algo, lo sé. Lo sé.- decía sin parar-y están tan ciegos mirándose el puto ombligo que antes de que os deis cuenta seréis vosotros los que terminareis en un vertedero, sois basura. Terminaremos siendo basura. !Todos!

 

-Se acabo... ¡Basta ya!- dijo de repente dando un golpe en la mesa-No voy a permitirle seguir faltándole el respeto a un agente de esta manera. Necesita relajarse, pasear. Voy apuntar todo lo que usted me está diciendo y se abrirá una investigación sobre ello,pero recuerde: si quiere que la escuchen no puede venir con estas formas, ni estos aires; con ello pierde toda la razón.

 

Y así fue. El segundo agente terminó de tomarle declaración; apuntó los datos suyos, los de su vecina, y una “descripción” del extraño androide rebelde que “presuntamente”, vagabundeaba por las noches la zona. La Sra. Valero insistió en seguir aportando pruebas sobre la indiscutible maldad del robot nocturno, pero cada vez desvariaba más y al final el Comisario tuvo que pararla en sus locuras. La levantó con sus enormes brazos y tuvo que echarla prácticamente a patadas de la comisaría, a lo que ella respondió con insultos y desprecios que ninguno de ellos había imaginado que tendría que escuchar jamás. 

 

Una vez en la sala de espera, la Sra. Valero pareció calmarse, así que la dejaron libre y sola y volvieron a meterse en la oficina. Cuando pasaba por delante del Agente 3645, un arrebato de rabia despertó de nuevo en ella y una furia imparable la hizo perder el control de nuevo. Saltó el mostrador y le  propinó varios puñetazos en la cabeza al androide mientras le escupía en la cara varias veces. Este permaneció impasible.

 

-Los engañaréis a ellos, condenado trozo de mierda, pero a mi no. Yo lo veo todo. ¡Todo! Se lo que pensáis aunque no podáis hacerlo. [Yo lo veo todo.]

 

El androide, inmune a los insultos y las amenazas. Levanto la barbilla en dirección a la señora, y con sus ojos redondos, perfectos y vacíos le dijo: 

 

-Señora Valero, puede sentarse. Enseguida la atenderán. 

 

La Sra. Valero, impotente, finalmente salió de ese horrible edificio. El aire le rozó el rostro, y un olor a vainilla con caramelo le paso bajo la nariz para recordarle épocas mucho más felices. Durante un instante estuvo de nuevo frente a su marido, y los ojos se le llenaron de lágrimas para transportarse de nuevo a una mañana de agosto bajo el porche de su casa, a ls afueras de la ciudad. Estaban desayunando y José la despertó con uno de los desayunos más sabrosos y hermosos que recordaba. Recordarlo era como volver de nuevo a un sueño hecho realidad. Aún así eso no duró mucho, y de nuevo la Sr. Valero se dio cuenta de la cruda realidad. Ya no era un sueño cumplido, era más bien un sueño roto. Las lágrimas le recorrían las mejillas como el torrente de agua de la cascada más grande del mundo. No podía soportarlo más.

 

Cruzo la calle de la Comisaría y se dirigió con toda la calma del mundo hacia la calzada de una autopista cercano. Salto la valla salvavidas de un salto, y luego se quedó inmóvil en el borde del andén, mirando como los coches pasaban a toda velocidad. Eran demasiadas cosas. Demasiados golpes.

 

<<“-Señora Valero, puede sentarse. Enseguida la atenderán. “>>

 

Un paso; dos; tres. No llegó a dar el cuarto. Sonó el ruido de un claxon,o varios; un autobús dió un frenazo y giro chocando en consecuencia contra un taxi, pero ambos iban demasiado rápido. Era demasiado tarde.

 

Un frenazo. Un ruido seco. Un crujir. Sangre. El cuerpo de una mujer sale disparado y aterriza 50 metros más allá. Varios coches le pasan por encima, o quizás solo fuera el autobús que intento esquivarla.Otro golpe contra el asfalto. Una muerta. El androide de la recepción se asoma desde la puerta de la comisaría y sus ojos se tornan durante un instante tan humanos que parece cargar sobre sus hombros una infinita tristeza cuando ve a una mujer al otro lado de la calle presenciarlo todo. Esta, tras unos segundos de estar en estado de shock, saca el móvil con las manos temblorosas y marca el número de emergencias. Al instante intenta explicar entre gritos lo que acaba de presenciar al interlocutor de la línea.

 

-¿Hola?... Si, me encuentro frente a la Comisaría del distrito 22, una mujer ha cruzado el arcén del autopista A-42 y ha terminado con su vida. También ha habido un pequeño choque en cadena, están implicados un autobús, un taxi y varios vehículos más; no sé cuántos heridos hay. Envíen ayuda, ¡por favor!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • Muchas gracias Vincente! Aveces un poco de humor no va mal cuando se trata de un drama, o al menos así lo concibo! Un saludo!
    Muy gracioso. Abrazos
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Es la primera vez que me atrevo a compartir con el mundo lo que me llena por dentro. Escribo en prosa, en verso, o incluso una mezcla de las dos. Escribo para desahogarme, escupo sobre todos mis demonios y los de los demás. Mi mayor proyecto es una novela de ciencia ficción , aunque también tengo en el horno una “colección” de relatos cortos. También me encanta el terror, el drama, la historia y todo lo que te anime a pensar y explorar tus propios límites. Aprender, en general, es algo que me fascina. Y hacerlo leyendo me parece vital para cuidar el alma. Si te gustara mi prosa, mi verso, o no, no olvides comentar y calificar, es siempre una buena noticia saber que piensan mis lectores.

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