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4 min
Como el solo cuando amanece
Varios |
23.09.00
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Sinopsis

   Hoy hay que esmerarse. Diez de septiembre, otro aniversario más. Prepararé el redondo que tanto le gusta. Tengo que pasarme por la tienda a por algo de postre; es un día especial.

  

   Así pues, se levantó, hizo la cama, empezó el día. Él había desayunado más temprano, antes de ir a la oficina, ella acostumbraba a volver a dormir cuando el se marchaba, un par de horas. Aquella mañana decidió regalarse un buen bollo así que fue pronto a comprar lo del día y desayuno "a lo grande en la cafetería de la esquina, frente a la casa.

   Disfrutaba con sus labores, pero su satisfacción se debía sobre todo a estar en casa sin él. Lo que realmente le gustaba era su ausencia.

   Espero que recuerde la fecha y llegue pronto a comer. Sólo faltaba que por semejante tontería se nos estropee la celebración. A ver si esta vez me trae alguna cosilla (espero que le guste el reloj).

   Casi se me ha curado del todo el dichoso moretón, quizás me pase con la sopa, el otro día, realmente estaba caliente y yo ya sabía el mal humor que le da ese como se llame compañero suyo; no hace más que presumir: que si su coche, que si su casa, que si su... ya él no hay nada que le moleste más que los engreídos. Por eso se caso conmigo dice a veces, aún después de tantos años, por mi ternura, mi pausada forma de hablar, mis pocas pretensiones,... ¡Idiota! Pues bien que tenía yo sueños, pero. Mi pobre, con todo lo que trabaja. 

 

Mirándose en el espejo veía cada mañana una mujer mayor, más vieja. No hace tanto pensaba que una no se da cuenta cuando envejece, como le habían dicho o quizás había leído en alguna parte: un día debería sorprenderse de la anciana en quien se habría convertido. Pero no era así; cada mañana podía distinguir una nueva arruga, otra cana, o vete a saber. Lo más doloroso era la tristeza que veía en aquella cara, le asustaba: parecía estar formándose una mascara sobre sus rasgos,  otrora dibujados por sonrisas y carcajadas, una máscara de pena inmensa. Ella no sabía de donde podía venir, mirando en su interior no la encontraba.

Cada día tenía menos conciencia de sus sentimientos, un enorme vacío aprecia ocupar el espacio donde antes se mezclaban pensamientos y sentimientos, donde realmente ella era. El sopor, ver pasar el tiempo sin formar parte de él, de sus tiempos.

   Tendré que volver a teñirme el pelo. Que furioso se puso cuando decidí probar con el rojo, a pesar de ser un tono muy discreto (¿caoba puede ser?)Que no me gusta y punto, y ¿Para quién te...? Ningún cambio, esta era la consigna. Así que otra vez de negro. Ya aburre un poco, el mismo peinado, la misma ropa ¿Por qué se enfada tanto? Claro que es muy celoso, porque me quiere, pero si tuviera un poco más de confianza los dos seriamos más felices.

Seguro que hoy le ha ido bien en el trabajo y llega de buen humor ¡Por favor! Al menos una sonrisa.

   Mientras pensaba estas cosas sus manos se movían rápidamente limpiando y ordenando todo para este día perfecto. El polvo de los muebles, la aspiradora, esto y lo otro. Cada día lo mismo, a media mañana llamó a su amiga y charlaron un rato, un poco más tarde llamó su hermano, quien a causa del trabajo tuvo que trasladarse a otra ciudad. La conversación con su amiga -Julia- fue la de todos los días, intentaba liberarla, a ella, de su marido. Ella le explicaba una y otra vez que no era para tanto: Ultimamente está mucho mejor, tendrías que verlo; mucho más tranquilo. Es que tenía problemas en el trabajo, pero ya lo ha solucionado o está a punto, ya sabes cómo es

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