cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
Como encuentro un hoyo abierto en el segundo piso de casa y resulta ser un portal dimensional que me conduce a las negruras de un mundo iluminado en el que todo resulta encontrarse al revés
Fantasía |
10.04.19
  • 4
  • 3
  • 94
Sinopsis

Cuento extraño.

Eran las seis y cuarto de la tarde de un sábado soñoliento y pesado, en el que yo me encontraba arriba, encerrado y pesimista, tratando de descifrar el por qué era tan cruel conmigo mismo. La noche era en extremo calurosa, y las luciérnagas destellaba allá afuera, retozando libres en el campo. La noche estaba aterrizando con su velo como con franjas naranjas, con una puesta de sol extraña y que parecía anormal, diferente a las demás. Lo cierto es que el mes de abril destacaba por esta clase de puestas de Sol: ocasos rápidos y calientes, acariciando con torpor la tierra caliente y los techos metálicos; y los amaneceres, secos, guarnecedores de cantos de grillos todavía en vigilia de la noche oscura, lentos y rocosos. Las regiones áridas, siempre ardientes, y luego frías, por el canto de los atardeceres sin final…

Mi situación era penosa. Los compañeros de escuela de mi hermano organizaban abajo una pequeña reunión, sin ninguna clase de causa, ni otro propósito más que el de pasar el tiempo; así que, como era costumbre, me rehusé y me encerré arriba en mi cuarto. Tal era mi ansiedad que, en cuanto sabía de la noticia por parte de mi hermano mayor, lo preparaba todo de manera metódica y hasta enfermiza para ocultarme a una hora específica, y así que no me descubrieran. Mi temor era fundado, puesto que tenía mucho miedo de que me vieran y me calificaran de ser una persona rara, después pasando a burlarse de mí por no querer adentrarme dentro del círculo.

Una vez había pasado, que me fue demasiado tarde ocultarme, y entonces tuve que fingir interés una vez dentro de la conversación en el pórtico. Tratando de pasar desapercibido, los amigos de mi hermano bebían latas de alcohol mientras yo sostenía la mía abierta y todavía sin aspirar, de manera extremadamente ansiosa; y mientras hablaban de sus hazañas cometidas en quien sabe que lugares callejeros, me refugiaba tratando de parecer confiado, y rezando porque no llegara mi turno.

Cuando ese turno llegó, me quedé paralizado y sin palabras, enrojecido, tartamudeando intentando decir algo coherente, y, al final, ya todo sudoroso, los demás me lanzaban una mirada de estupor, y luego murmurando entre ellos y regañando a mi hermano de que yo fuera demasiado extraño.

Pasada esta situación, huí de allí, arrepintiéndome de no haberlo hecho antes, y derramé lágrimas en mi interior intentando descifrar qué estaba mal conmigo.

Es por ello, que, las siguientes veces, tenía que arreglar todo de manera oportuna y perfecta.

Pero, esta vez, dentro de mi cuarto, algo cambió, porque noté la voz lejana de mi madre, llamándome desde el final de las escaleras, pidiéndome que fuera allá abajo, con prisa, a ayudarle con algo de la cocina.

Enojado, pero también asustado, porque tendría que cruzar la sala donde mi hermano y sus invitados bebían, fui con paso lento y quieto, saliendo a través de mi puerta silenciosa, cruzando el pasillo, bajando las escaleras, asomando mi cabeza con precaución y tratando de regresar...pero ya era tarde. La voz de mi madre volvió a resonar ruidosa y sus amigos notaron mi presencia.

Ruborizándome enseguida, traté de parecer amigable y saludarlos, pero ellos contestaron con burlas, bromeando presurosamente entre ellos, mientras yo pasaba a la cocina.

Totalmente molesto con mi mamá, tuve que acceder a ayudarla, de manera que hasta ella misma creía que yo era extraño.

Diez minutos después, a las 6:25 de la tarde, terminé de ayudarla, y ya estaba listo para emprender la tortuosa tarea de regresar, separado a solo unos metros de la habitación contigua donde ahora todos los chicos y chicas se emborrachaban y reían con furor. Pero antes de salir, ya cuando mi mamá se había ido de la cocina, escuché la voz quejumbrosa y burlona de mi hermano, pidiéndome que les llevara a él y sus compañeros un paquete de cerveza…

Atemorizado, pero irritado completamente, obedecí, como meditando en que aquellas latas me sacarían de aprietos sirviendo como una distracción. Extrayendo el alcohol del refrigerador, me concentré ahora en llevarlas a sus manos. Y tenía razón puesto que si sirvió como medio de ocultamiento.

Una vez que se despidieron de mí, de manera nada agradable, subí de vuelta a ocultarme. Pero esa noche no podía estar tranquilo, porque de repente escuché como hablaban a espaldas de mí, conversando en tono despectivo de la clase de fenómeno que yo era. Pude escuchar cuando alzaban a veces la voz, pero entonces quise averiguar más, de manera que me acosté sobre el piso de madera, cálido y rugoso, pegando mi oído, tratando de averiguar sus murmuros.

Pude escucharlos, calificańdome de decenas de maneras, y, segundo después, no pude evitar sentir el crujido en mi pecho que me llevó a las lágrimas. Mientras las lágrimas fluían y manchaban tímidamente el suelo, pensé en levantarme y escapar esa noche calurosa, por mi ventana… escapar, saltar a ese árbol, y caminar hacia lo lejos, hacia los campos donde los escarabajos me arrullarían con sus almas.

Dormiría esa noche fuera, sin que nadie se diera cuenta. Pero, antes de hacerlo, quise echarme al piso y escuchar lo que pensaban de mí. Mientras los oía, de pronto las lágrimas cesaron y mi cuerpo quedó inmóvil, como pegado a la madera, y no pude moverme. Pero lo extraño es que yo cedí, y cerré mis ojos, para luego dar paso a una oscuridad purpurea en mis párpados, y empezar a experimentar alucinaciones casi hipnagógicas. Porque la oscuridad purpurea de mis ojos dio paso a una verde, y después a una de franjas azuladas, mientras yo caía en esta especie de torbellino formado por mi propia mente, para finalmente caer en la negrura, en donde yo flotaba ya de manera inconsciente, porque había olvidado a mi cuerpo tumbado sobre la madera.

Mientras caía más y más dentro de este torbellino cilíndrico, divisé que en realidad había caído tan solo unos pocos metros, y que había atravesado el techo del segundo piso, porque abrí mis ojos, y cuando lo hice, miré abajo y pude ver a los mismos chicos y chicas de mi hermano. Flotando encima de ellos, me vieron, pero no hicieron nada sino quedarse inmóviles y con estupor, como presas más de los efectos del alcohol que de mi experiencia extra corporéa materializada enfrente de ellos.

Viéndose unos a otros, y con las latas que yo les había brindando antes en mano, se quedaron sobre el sofá mientras yo, todavía flotando en la sala de abajo, me hundí en el suelo. A continuación, fui absorbido en efecto por el suelo, y una oscuridad total ahora cubrió mis ojos, mientras yo, con los brazos abiertos, aparecía de pronto fuera de la casa, en el campo.

Miré a mi alrededor y di cuenta de que estaba tirado en el suelo de tierra áspera, en la oscuridad de la noche, y rodeado por los altos árboles de eucaliptos, con los coyotes aullando lejanos. Me levanté y, empolvado, fui caminando a casa todavía entorpecido. Somnoliento, abrí la puerta de la casa iluminada, y vi a mi hermano con los demás chicos, bebiendo aún. Eran las 6:20 de la tarde, y vi como ellos se burlaban de mi mismo. Ahora yo era uno de los amigos de mi hermano, vestido con una chaqueta bastante llamativa, y, tomando asiento con una cerveza en la mano, me uní al coro para burlarme de mí, y de como parecía una marioneta triste y pálida moviéndose para disfrute de ellos. Al final, supe lo que era el burlarse de un imbécil, lo cual me resultó particularmente satisfactorio.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Soy el escritor transparente. Tengo 20 años de edad.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta