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16 min
Cómo matar al Ángel de la Curiosidad
Drama |
04.12.18
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Sinopsis

Los niños nunca dejan de sorprenderte, pero algo para lo que nunca estaremos preparados son esas pequeñas inquietudes que los acosan como un dolor de muelas.

El día que Mauricio cumplió 7 años, el ángel de la curiosidad se posó sobre su cabeza y no dejó de asaltarlo con tirones de mejillas hasta que fue con su madre y le preguntó dónde estaba su papá. La mamá de Mauricio pasó varios segundos viendo la pantalla de su computadora parpadear antes de poder responder.  Tú sabes que te quiero mucho mucho mucho, Sí mamá, Entonces me vas a decir quién te metió esa idea en tu cabecita, Un angelito mamá, Y ese angelito no tiene nada más que hacer, No sé mamá, solo empezó a preguntarme, Bueno, me le dices a ese angelito que no te voy a decir hasta que aprendas a andar en bicicleta, Pero mamá, yo no tengo bicicleta, Ese problema es del angelito, no mío, Si eres mala mamá, Y una mala mamá te dejaría comer toda la torta de chocolate que quieras, No mamá, Pues anda a pedirle permiso a los papás de  Carlitos y de María para que vengan a cantarte el cumpleaños, Sí mamá, Apúrate que si no me la como toda yo solita. Y así la mamá astutamente evadió la pregunta inocente de Mauricio. El angelito no supo contraatacar y decidió que su próximo movimiento sería mucho más planificado y contundente, por lo que Mauricio no recibió más tirones, y aunque no olvidaron jamás la intrusión del angelito, las pobrecitas tuvieron un merecido descanso. En su siguiente cumpleaños Mauricio recibió una resplandeciente bicicleta nueva, con pegatinas de angelitos en llamas en el chasis. La mamá de Mauricio tenía un peculiar gusto por el sarcasmo. Qué más puedo hacer si no reírme de mis tragedias, solía pensar ella cada vez que veía a su hijo intentar subirse al asiento. Tras un desafortunado incidente con un policía, Mauricio tuvo que esperar algún tiempo antes de empezar a manejar su bicicleta. Dos semanas después de su octavo cumpleaños, en las que todavía no había logrado dominar a la bestia, Mauricio cruzó la calle sin mirar a ambos lados y un policía motorizado, loco por la prisa, lo arrolló sin compasión. El funcionario estuvo más de una hora lamentándose mientras la mamá de Mauricio lo bombardeaba con improperios dignos de una señora culta. Y se puede saber que hace usted aquí bruto, mono estúpido que no ve que le partió la pierna a mi muchacho, disculparse no se la va a poner en su sitio, hace horas que debió llamar a una ambulancia. Tuvo que pasar otra media hora de agonía para el pobre Mauricio, media hora antes de que el policía apresurado reaccionara y al fin llamara a su cuñado que, por suerte, era paramédico con ambulancia propia. Este hueso no sanará tan fácil señora, le dijo el doctor a la mamá de Mauricio, Se ha roto en cuatro partes, Y en cuánto tiempo va sanarse mi hijo doctor, En seis semanas mi señora,  Dios mío por qué tanto, Señora ya le dije que el hueso se partió y nada más que en cuatro, Y el que quería aprender a manejar en bicicleta, Lo bueno es que es un chamito y sanará rápido todos ellos son así. Pasó seis semanas con un yeso en la casa, y cuando se cumplieron, Mauricio fue otra vez con el doctor. Vaya, este hueso no ha sanado todavía, Cómo así doctor, El hueso no se ha soldado bien, fíjese que no puede agacharse del todo, Ay no, y ahora qué mi doctor, Tendré que hacerle unas radiografías y ponerle otro yeso. El nuevo yeso tardó cuatro semanas más en arreglar el huesito de Mauricio. El niño sintió un gran alivio cuando pudo salir por su propio pie del hospital, que por cierto, no era muy agradable ni muy higiénico. Con tanto tiempo libre de convalecencia, Mauricio empezó agarrarle interés a los videos de internet. Ahora pasaba horas y horas viendo a gente desconocida y torpe caerse millones de veces y a muchísimos españoles gritar insultos sin sentido a un videojuego. Mauricio, Carlitos y María se reían a carcajadas de los españoles. No sé qué tiene de gracioso ver a alguien haciéndose el pendejo mijo, pero usted a partir de mañana me sale a jugar en la calle como un niño normal de ocho años. Mauricio, a regañadientes, dejó a los españoles y a los torpes de internet, para dominar definitivamente a su bestia de ángeles en llamas. En su undécimo cumpleaños, Mauricio ya era todo un ciclista capaz de ganar el tour de Francia, o eso le decía su madre, la fanática a morir de todas sus proezas. Ese mismo día, Mauricio se miró en un espejo, para ver qué tan presentable estaba para su cumpleaños, y se preguntó si sus ojos color verde claro eran iguales a los de su padre, porque los de su madre eran pozos inescrutables de color negro. El ángel de la curiosidad no tuvo que esforzarse demasiado, al contrario, durante unas buenas vacaciones gestó su próximo movimiento, digno del mismísimo diablo. Mamá, de qué color tenía los ojos mi papá, preguntó Mauricio a su amada madre, que batía unos huevos para la torta del día. Los tenía igual de hermosos que tú cariñito, Ah, entonces si los tenía verdes, Sí mi amor, Pues quiero verlo con mis propios ojos, seguro pensaste que lo había olvidado, pero tú me prometiste que lo vería cuando aprendiera a manejar bicicleta y eso lo aprendí hace mucho, Ay, me atrapaste, pero eso no se puede mi bebé, Y eso por qué, Porque todavía no te has graduado de la escuela, Mamá me estás ocultando algo, Yo no te estoy ocultando nada, es solo que le prometí a él que no le conocerías hasta que fueras todo un hombre, No me convences mamaíta, Jajaja, apuesto a que te convence la torta de chocolate más grande del mundo, Ya sabía que me ibas a salir con esa, Pero bueno chico no te molestes por nada, anda por Carlitos y María, Sí mamá, Otra cosa, Qué mamá, Creo que últimamente pasas mucho tiempo en el baño, Y eso que tiene que ver, No creas que no te he visto arreglándote y desarreglándote y arreglándote el pelo una y otra vez cada vez que María viene a buscarte para ir a su casa a jugar, Ya cállate mamá, Nadie te conoce mejor que yo porque fui quién te parió, Por Dios, ya me voy.  Al oír cerrarse la puerta, la mamá de Mauricio dejó el bowl con los huevos sobre el mesón para encender la computadora. Abrió una pestaña de navegador en la que googleó decoraciones con chocolate derretido, para luego abrir el viejo documento del que se había olvidado por el trabajo esclavizante de ser madre soltera. Maldito, hoy él volvió preguntarme por ti. El cumpleaños número once transcurrió sin novedades, excepto que María estaba un poco más cerca de Mauricio que el año pasado. Pasaban los años y Mauricio se estiraba sin parar, la voz se le hizo más grave y las mejillas que antes asediaba el ángel de la curiosidad se empezaron a llenar de una pelusilla color caramelo. Empezó a destacar en el básquet y las muchachas no dejaban de perseguirlo, pero él solo tenía ojos para María, su vecina y amor de toda la vida. El día que se graduó del bachillerato y aún con el título en la mano, Mauricio se dirigió a su madre con mucha firmeza. Hoy me llevas a conocer a mi papá, te guste o no mamá, Sabía que este día llegaría, pero al menos déjame disfrutar este momento un poquito más, No, no, no, ahora no me vengas con esas, Ay mijo, Por lo menos dile a María que lo que sientes, porque con la universidad no tendrás ni un segundo libre para las novias, Dios mío mamá no lo hagas que me voy a poner como un tomate, María querida, ven acá queridita, mi hijito lindo tiene algo muy importante que decirte, Ay mamita linda, esta me la vas a pagar y no va a ser con tortas de chocolate, Lo sé tonto, ahora dile que la quieres que te estaré esperando en el carro. Mauricio se le declaró  a María, ante la mirada estupefacta de sus admiradoras, los aplausos sinceros de sus amigos más cercanos y el silbido alborotador de Carlitos, que sabía que terminarían juntos desde el principio. En el carro, Mauricio y su mamá no lograban tener una conversación normal. Carlitos estaba muy emocionado por los dos, Si mamá, Podía escucharse afuera el bullicio, Fue todo tu culpa, Desearía haberte tomado más fotos, Si mamá. Ella intentaba navegar en el mar tormentoso de sus propios sentimientos, y él buscaba ahondar en el asunto sin parecer desesperado. Mamá, no sé porque tanto rodeo, si solo quiero conocer a mi papá, Querido, sé porque estás pasando, pero ahora necesito un momento para pensar, te ruego que me dejes respirar por un segundo, Está bien, pero si vamos a verlo verdad, Sí, querido, vamos con él. Mauricio pudo respirar aliviado y para distraerse empezó a contar los señores calvos que veía a través del vidrio ahumado del automóvil. Si hubiera sido un poco más atento, hubiera observado que su madre no había dejado de clavar las uñas desde que salieron del colegio rumbo al destino vaticinado por el ángel ocho años atrás.  Mauricio contó seis calvos antes de percatarse de que salían de los límites de la ciudad para adentrarse en un descampado infértil y abrasado por el sol inclemente de Guayana. Mamá, se puede saber a dónde vamos, Tú me pediste que te llevara a conocer a tu papá, y eso mismo vamos a hacer. Mauricio guardó un profundo silencio mientras su cabeza humeaba, no tanto por las preguntas sin respuesta que sucedían las unas a las otras en su curiosa mente, sino por la dureza y la amargura con que su madre pronunciaba aquellas palabras. JARDINES DEL ORINOCO, CEMENTERIO anunciaba el letrero. Mauricio no necesitó más preguntas. No necesitó más respuestas. Todo el misterio de casi una década se desveló por completo en un viaje de dos horas. Mi papá está muerto, dijo en voz alta para que su mamá lo oyera. Así es hijo mío, Creo que ya no necesito saber nada más, Claro que sí, esto no se acaba hasta que se acaba, Pero si ya me respondiste, No, no lo he hecho, No quiero, Vamos chico, que él te está esperando.  Mauricio se dejó agarrar la mano como en sus primeros años de vida. Cual autómata sin rumbo, la vista se le perdía en el millar de lápidas que tenía a sus pies. Me pregunto cuál será la suya, si estará fea o si estará bonita como esa de ahí, a muchas la maleza se las está comiendo, y creo que la de mi papá no es la diferencia, pero bueno, supongo que son pocas las personas que vienen a saludar a los suyos y aún menos los que cuidan a sus muertos. Aquí está, éste es tu papá, échale un vistazo. Mauricio posó la mirada en la lápida que tenía a sus pies. JOSE GERARDO RUIBARDO GOMEZ, 1976-2002 rezaba la lápida. El lugar de reposo de su padre estaba en un estado lamentable. Las letras a penas se leían y la maleza amenazaba con cubrir del todo la loza donde reposaba su padre. Parecía que nunca le habían traído flores o que los empleados del cementerio si quiera habían pasado por ahí. Su mamá empezó a sollozar, primero levemente y después como si la vida se le escapara por la boca, hasta que empezó a relatar su trágica historia. Le decían Rui y lo conocí en la iglesia, era muy amable y me hacía reír mucho, se me iba el tiempo cuando estaba con él y cuando me di cuenta ya tenía en la mano la sortija de compromiso, pero las cosas se torcieron cuando le tocó sentar cabeza y vivir conmigo, llegaba cuando quería, borracho, y no dejaba de gritarme, un día de borrachera me golpeó en la cara, pero lloró y lloró cuando le amenacé con ir a la policía, se calmó por un rato, más nunca lo denuncié, creo que ese fue mi más grave error, porque las peleas se hicieron más frecuentes y más fuertes y yo ni podía salir de la casa de lo monstruosa que estaba mi cara, otro día llego muy borracho, tan borracho que se le olvidó hasta mi nombre, aunque sabes, no le culpo del todo porque no era un buen momento para nadie, ni siquiera trabaja en ese momento por el paro del 2002 o que se yo, nunca le pregunté qué hacía para ganarse la vida, nunca presté atención de dónde sacaba el dinero, porque me la pasaba ocupada todo el día maquillando mi cara para que no me preguntaran, qué te pasó, por qué estás así, no me digas que fue el animal de tu marido, ya te dije que tienes que denunciarle, lo siento si hablo mucho, es que nunca he hablado de esto con nadie, dónde me quedé, bueno, y entonces me metió a la fuerza en el cuarto para acostarse conmigo, peleé y luché pero no me dejaba ir, tuve que aguantarlo en silencio, cada golpe, cada obscenidad, cada embestida de ese animal, y solo entonces pude darme cuenta de que no podía quitármelo de encima si no tomaba medidas drásticas, como digo esto, dejó mi vagina sangrando, qué, no pongas esa cara eso fue lo que pasó, fueron como cuatro o cinco horas seguidas hijo mío, luego de eso se derrumbó en la cama como un gigante y yo pude escapar, a duras penas podía caminar pero fui a la cocina, agarré un cuchillo grande y se lo clavé en el cuello sin pensarlo demasiado, el maldito se lo merecía, solo me arrepiento de una cosa, y es no habérselo clavado a su madre también por haber criado a semejante bestia, qué por qué, cómo es posible chico, parece que nunca tuvo madre, en fin, cuando llamé a la policía no parecieron sorprendidos, simplemente me dijeron móntese en la patrulla que nos vamos a la comisaria, no sé porque pero me sentí muy tranquila mientras me llevaban a la comisaría hasta que empezaron preguntarme, que coño le pasaba por la mente, pudo habernos llamado, no tenía que acabar así señora usted es muy joven, mínimo le van a meter presa por cuatro años, después de que me sentaron en esa silla para interrogarme me dio de todo, y cuando me pusieron en el calabozo con las otras presas casi me muero, pero ninguna me hizo nada sino más bien hasta se pusieron a llorar por mí, ay mujer tú has pasao’ de todo, no te preocupes por el maldito, yo lo hubiera matao hace rato, yo creo que el juez te va a liberar porque ya pasaste mucho, es gracioso porque yo no sabía nada de leyes, pero todas ellas tenían razón, porque no pasó mucho tiempo hasta que me soltaron, resulta que estaba embarazada, de ti, así que me dejaron libre, entonces volví a la casa, que, para completar, estaba patas arriba de tanta investigación y recolección de evidencia, que investigación ni que ocho cuartos, los policías de mierda se llevaron todo, televisor, computadora, todas mis prendas, joyas y dinero, chico ni siquiera respetan las pantaletas de una, cada vez que me acuerdo me da rabia, ni siquiera puse la denuncia porque quería salir corriendo de allí, entonces me mudé a nuestra casa, en otro estado, completamente sola, no, no estaba sola, tenía conmigo al niñito más hermoso del mundo, y aunque pasé por muchas cosas para tenerte, cuando te cargué en mis brazos por primera vez supe que lo mejor de mi vida a penas estaba comenzando, y adivina, decidí escribir mi historia para que otras personas la conocieran y cuando la publiqué me hice famosa, no me pongas esa cara otra vez, sí soy escritora, y una con varios best-sellers papito lindo, lo que pasa es que escribo con pseudónimo y así nadie me molesta, sino cómo crees a la universidad privada a la que yo siempre quise ir, pero es que eso solo pasa en este país, el gobierno solo le da becas a quién no quiere estudiar, como tu madre  te quiere mucho te va a pagar hasta el último centavo, pero eso no significa que me vas a raspar materias Mauricio José González González, Ay no, despídete de tu papá porque María no deja de llamar y la parrilla en la casa no se va a hacer sola. Mauricio abrazó a su mamá y deseó no soltarla jamás. Él es el recordatorio perenne de todo lo que le sucedió y ella nunca mostró su desprecio o enojo, al contrario, encontró en ella la persona que más lo quería en el mundo y él solo estuvo haciendo preguntas dolorosas. Sin embargo, toda su curiosidad, toda su ansiedad, toda su necesidad de saber, ya satisfecha, se disipó en el aire al igual que los malos recuerdos de su madre. Nunca más le harían falta. Mauricio ya estaba completo y el ángel de la curiosidad no le pellizcaría nunca más.

-Tengo a la mejor mamá del mundo. Te quiero mamá.

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