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4 min
Cómo superarlo
Reflexiones |
02.02.22
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Sinopsis

Estacioné el Clio sobre la plaza Colón. Bajé y caminé dos cuadras hasta 9 de Julio y Mendoza, no toqué el portero y subí por el ascensor hacia el cuarto piso donde una vez vivíamos con Yani. La puerta del departamento estaba entreabierta, al ingresar vi que se había consumido tres cuarta partes del cigarrillo y las cenizas se desmoronaban como el puente del glaciar Perito Moreno en verano, de golpe y porrazo. Pero ella seguía inmóvil en la silla con el brazo extendido sobre la mesa y la colilla entre sus dedos. Miraba fijo algún objeto que realmente no observaba.

Decidí abrir la ventana y la saludé cuando corrí las cortinas del comedor. Ella no me contestó y la invité a desayunar antes de irme. Nuevamente ni parpadeo y yo con una mueca melancólica y triste me retiré hasta la habitación para guardar mis cosas en un bolso.

Hacía tres meses que no vivíamos juntos. Nos había tocado atravesar el momento más difícil de la vida, la muerte de Nico. Tenía siete años y murió ahogado tras ser arrastrados por el mar en una playa de Pinamar, donde habíamos ido a vacacionar los tres en el verano pasado. Fue un instante, apenas llegamos Nico corrió al mar y una ola lo arrastró, se los llevó y los perdimos entre la inmensidad del agua. Luego de que lo sacaran los guardavidas y estuvieran cuarenta minutos tratando de salvarlo con maniobras de reanimación, Nico no logró recuperarse de la asfixia.

-No conseguimos sacarlo del paro cardiorrespiratorio- nos dijo un paramédico tras llegar en la ambulancia y colocarle asistencia mecánica respiratoria. En ese momento no tuvimos claro cómo sentirnos, pero algo pasó frente a nuestros ojos. Algo devastador, brutal, salvaje y violento. No lo entendimos y nos costó aceptarlo mientras quedábamos sentados en el capó del Clio atravesados por la brisa costera.

Al regresar de Pinamar empezaron los momentos en que nos sentíamos perdidos, no teníamos control de las frustraciones, las culpas y las penas clavadas en el corazón. Actuábamos de forma hiriente y egoísta. Discutíamos y nos lastimábamos escogiendo nuestras subjetividades, así exponíamos nuestra propia versión de lo sucedido, una perspectiva diferente para no hacernos responsable de lo que vivíamos.

Entonces decidimos plantearnos un propósito. ¿Un propósito? como forma de motivarnos por Nico, creábamos hábitos para darle importancia a ese propósito. Sin embargo, las acciones demostraban el porqué de las palabras no significaban nada. El alambre con el que habíamos atado nuestro acuerdo se cortaba por el herrumbre de nuestros sentimientos.

Comenzamos a cerramos cada vez más en nuestro dolor y luego nos olvidábamos como abrirnos entre nosotros. Nuestros tonos de voces se transformaban en los silencios frente a la televisión, frente al almuerzo y la cena, frente a los amigos y familiares; en definitiva frente a nosotros mismos. Y solo dentro de nuestras cabezas pasaban miles de ideas, de pensamientos y recuerdos que no sucedían.

Un día resolvimos intentar algo nuevo, algo diferente, recurrimos a terapia de pareja, pero no correspondía con lo que buscábamos. Y nuevamente caminábamos pendiendo de un hilo. Hasta que un mañana estacionado en la playa del supermercado nos dimos cuenta que nos amábamos, pero no podíamos seguir así, habíamos normalizado el maltrato porque éramos incapaces de empatizar. Le propuse a ella que se quedara viviendo en el departamento y yo volvería a la casa de mis padres.

Salgó de la habitación con el bolso y Yani sonríe encogiendo los hombros, me gusta la actitud de ella y le paso la mano sobre la espalda. En dos días Nico cumpliría ocho años y quedamos que vamos a festejarlo en el departamento.

La motivación llega tras empezar con el propósito, creo que estamos encontrando la paz y la serenidad para continuar con nuestras vidas; ya que somos, estamos, soñamos, luchamos, vivimos y cumplimos.

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Actualmente un dandy sin vermú, que en el despertar de su adolescencia y luego de oír las incisivas opiniones de George C...! mientras se ojeaba la 13/20, nippur, el eternauta, el diario o madhouse lo tentó el 4 poder. En la juventud luego de hacer mucho head bange! la melena se fue, la panza apareció y la militancia llegó, militar por el asado, la cerveza, la lectura e Internet. El viejo se harto y lo mando a laburar! y aunque los años pasan nunca perdió el espirito púber punkero.

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