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12 min
Con Sugar sin Sugar
Amor |
27.07.13
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Sinopsis

Otra parte disgregada de la unidad. La vida crece, se ramifica. Si se desea, se puede leer un relato previo llamado "Con Sugar" -en mi perfil-, si bien, como siempre, es un relato independiente. "Me gusta pensar, también, que era algo venenoso para lo que sólo Sugar tenía antídoto."

CON SUGAR SIN SUGAR

Sugar había decidido que quería probar todos los cócteles de aquel bar de las afueras y me invitaba a que la invitase todos los viernes por la noche. El líquido en el vaso alto tenía un color rojo brillante, artificial. Me gusta pensar, también, que era algo venenoso para lo que sólo Sugar tenía antídoto. Al fin y al cabo, Sugar había sobrevivido a mí, aunque no había salido ilesa, y empezaba a darme cuenta de que por aquel entonces yo debía de ser algo tóxico.

-El viernes que viene hay recital de poesía. ¿Te apuntas? –me propuso.

Siempre andaba metida en líos literarios. La conocí en una web en la que los de la secta dejábamos caer nuestros relatos con la intención de alimentar nuestro ego. Sugar era demasiado real como para existir sólo en Internet, necesitaba saber que detrás de un relato hay un escritor y no una máquina, plagada de leds rojos, capaz de crear poesías. A mí me hacía gracia pensar en esa máquina frente a la hoja en blanco del word, fumándose un cigarro sin encender y pensando en las segundas oportunidades. “Si existe esa máquina, eres tú” me dijo a quema ropa cuando se lo comenté. Después siguió tomándose su cóctel, aquel día era verde, recuerdo perfectamente esa tonalidad: Verde como el Parque del Retiro cuando el Parque del Retiro está verde.

-El viernes no puedo –dije sin más. Era mejor no nombrarle que Giulia estrenaba otra obra de teatro. Miré el whisky que me quedaba en el vaso. Abrí la cartera y saqué el último billete. Mi editor se había dignado a pagarme. “La crisis”, me dijo dándome la mitad de lo que me debía.

La revista se iba a pique porque no encontraban publicidad para la web y al estudio casi no venían clientes. Lo último había sido una boda, hacía más de un mes. Era irónico que sin creer en el matrimonio, fuese el matrimonio lo único que me mantenía con vida. 

Le hice una señal al “cafetero” –como los llamaba Sugar-. y le pedí otro whisky y el primer cóctel que leí de la lista.

-Sabes, si los poetas no somos felices es porque decidimos no serlo –dije sin pensar. Cuando Sugar escuchó la palabra “poetas”, una pequeña luz apareció en su hipocampo. Era la única forma de llamar su atención.

Se quedó callada, a la espera de que continuase. Saboreé el último trago de whisky lentamente y di una falsa calada al cigarro apagado que descansaba entre mis dedos. Bendita ley antitabaco. Ella bajó la mirada y se bebió lo que quedaba del veneno rojo que teñía sus mejillas.

Apareció el cafetero y trajo un cóctel de color naranja –clementina, que diría Lucía- y un whisky doble. Fui a pagarle y me dijo que invitaba la casa. Paseé la mirada por el local. Aquel antro no parecía poder permitirse invitar a nadie pero en cierto modo me sentí agradecido. Después podríamos ir a otro sitio a dilapidar la poesía.

-Tengo la sensación de haber empezado al revés –comencé a disertar-. Como poeta intentas realizarte en un nivel que no da de comer pero que te quita tiempo para invertirlo en obtener comida. Los poetas vivimos del aire.

-Hombre, hoy que te paga tu editor podrías estar más contento –se rió Sugar. Estaba preciosa con el tono alcohólico que le daba el cóctel.

-Creo que habría sido más feliz siendo carpintero o alfarero o algo así.

 -“Pudo ser feliz”, pondrá en tu epitafio –continuó riéndose Sugar.

Sugar no hacía mucho caso a mis tonterías. Supongo que era una forma de defenderse. “Si te hiciese caso, no creo que quisiese estar contigo” me había dicho mucho tiempo atrás, medio en broma, medio en serio, cuando éramos casi felices juntos. Después me volví tóxico y dejé que lo nuestro terminase. Cada uno llevaba un ritmo y era imposible que encontrásemos el punto medio.

Pero aquel día hablaba en serio, creo que nunca había hablado tan en serio con ella como aquel día.

-¿Y si nunca hubiese conocido a Giulia? –pregunté sin andarme con miramientos. La sonrisa se esfumó de su cara durante un segundo. Después volvió a echarse a reír.

-Entonces, seguirías conmigo –afirmó-, y yo te haría feliz.

-¿Nunca vas a creer que la conocí después de que lo dejásemos?

-No –se rió-. Me dejaste para estar con Giulia. Lo asumo, es mejor hacerlo. Si me plantease que me dejaste por esa cría, no creo que quisiese estar contigo ahora.

Los dos brindamos, sin saber muy bien por qué.                                                             

-La vida es demasiado complicada. No nos deja ser felices –dije, sentenciando siglos de filosofía.

-No, la vida es demasiado complicada para usted, señor Venerdi –dijo imitándome y llamándome por mi seudónimo.

Extendí el brazo por encima de la mesa para acariciarle la mejilla, esperando que se apartara. Pero era Sugar, y Sugar nunca se apartaría. Cerró los ojos y giró la cara para que bajara la mano por su cuello. Su piel era suave, cálida al tacto. Hacía demasiado tiempo que no la tocaba de esa forma. Me detuve en el hombro y Sugar lanzó un suspiro.

Le propuse ir a otro local para gastarnos lo que quedaba de lo que me había pagado mi editor. No me sentía con ganas de volver a casa con ese dinero en el bolsillo. Nos levantamos y el camarero se nos acercó con una botella de whisky en una mano y una botella de color rojo brillante en la otra. Dijo que habían vendido el local, algo relacionado con malos recuerdos y que querían terminar con las existencias.

Le agradecimos el regalo y fue a sentarse con una mujer embarazada que debía de ser su mujer.

Sugar se quedó mirándolos con una sonrisa en los labios. Siempre que miraba a la gente así, me gustaba pensar que estaba preguntándose de qué color llevarían la ropa interior.

Salimos del local y al bajar el escalón de la entrada noté todo el peso del whisky en mis neuronas. Me tropecé con una señora mayor que estaba parada en la entrada y empezó a llamarme sinvergüenza.

-Diga que sí, señora –la animaba Sugar-, mírelo, un auténtico sinvergüenza.

Fui a disculparme y la mujer salió andando muy rápido, casi corriendo, como si estuviese huyendo de mí.

-Mírala, si fuese más rápido se dejaría las enaguas en el sitio –bromeé con Sugar.

-Debe conocer tu historial policial de violaciones a ancianas –se rió.

Fuimos andando a trompicones en dirección al coche para dejar las dos botellas que nos habían regalado.

Sugar fue a cogerme de la mano y dejé que lo hiciera. Giulia había estado ensayando en el teatro, en la otra punta de Madrid, y era imposible que nos viese. Me convencí de que aquello no significaba nada.

Justo al lado del coche había un local de esos de bailar. Yo no estaba de humor para tanto pero Sugar se emperró en que tenía ganas de fiesta. La pista estaba vacía: “La crisis”, comentó lacónico el camarero. Me sentía ridículo bailando en ese vacío que amenazaba con tragarnos. Sugar bailaba demasiado rápido para la música que ponían, yo bailaba demasiado lento, Sugar se pegaba demasiado a mí y yo me apartaba de ella. Así estuvimos durante una hora, intentando encontrar un ritmo que nos fuese bien a los dos, un ritmo intermedio que nos evitaba en cada canción.

Cuando me cansé de luchar, la dejé bailando, con un cubata, en medio de la pista y me apoyé en la barra. Me quedé mirando cómo se movía y, desde la distancia, quise acercarme a ella, sabiendo que después me alejaría.

Al final, ella también se cansó y vino a dejar su vaso vacío junto al tercer whisky que había pedido en aquel bar.

-¿Cuánto te debo? –pregunté al camarero.

No se dignó a contestar y me entregó un platito metálico con un papel escrito. Fui a sacar la cartera y no la llevaba en mi bolsillo habitual. Sugar empezó a descojonarse al ver que me palpaba todos los bolsillos y no encontraba la cartera por ninguna parte.

-¿La llevas tú? –le pregunté, mosqueado.

Sugar no paraba de reírse y no entendía lo que quería decirme. Al final se relajó, ante las miradas suspicaces del camarero, que esperaba cobrar.

-La vieja –me dijo volviendo a estallar.

-La vieja –le dije al camarero sin entender-. La vieja… -repetí asintiendo-. La vieja me ha robado la cartera. –Me vino la realidad en un instante.

Durante un segundo se me pasó por la cabeza salir corriendo detrás de la anciana, pero después caí en la cuenta de que hacía más de una hora que me había robado. Pensé en mis poemas publicados en la web de la revista y en mi editor entregándome la mitad de lo que me debía. La poesía ya no me pagaba ni siquiera el whisky. En cierto modo, me sentí tranquilo y libre de la responsabilidad de gastarme ese dinero.

Se lo contamos al camarero y no le hizo ni puta gracia.

Sugar me dejó en la barra como prenda de que íbamos a pagar. Me sentí un objeto abandonado y ya me preguntaba si Sugar vendría a rescatarme, cuando llegó de sacar dinero del cajero.

Pagamos y el camarero nos acompañó hasta la salida, de mala forma, y bajó la persiana a nuestra espalda. No nos vimos lo suficiente serios para coger el coche y nos fuimos paseando por la ciudad.

Sugar volvió a cogerme de la mano. En cierto modo me incomodaba, pero me recordaba a otros tiempos en los que aquello era algo normal. No llegaba a ser melancolía, quizá una huída hacia delante. Estuvo toda la noche gastándome bromas sobre ser robado por la tercera edad y, después, se internó en una extraña discusión consigo misma sobre el estado del sistema de pensiones, la crisis y el nazismo.

-¿Vas a escribir algún poema sobre esta noche? –me preguntó cuando acabó su discurso.

-Alguno caerá –dije, sin más.

-¿Y saldré en alguno?

-Puede ser.

-Más te vale –me dijo riéndose-. Seguro que a Giulia le encanta que quedes conmigo.

Salí del paso con un par de bromas y Sugar no insistió en el tema.  Llegamos a su piso cuando ya empezaba a clarear. Era extraño verme por la ciudad con Sugar. Por el camino me había embargado la dulce sensación de que no había pasado el tiempo. Allí estábamos los dos, iguales que siempre.

Intenté soltarme de su mano en el portal de su escalera para irme, pero su argumento de tomar el último whisky era más potente que mi argumento de tener cosas que hacer.

Me sacó el whisky y un vaso bajo y me dejó en la cocina luchando para romper dos cubitos de hielo. No había manera. Clavé el cuchillo en la escarcha del congelador y conseguí arrancar un trozo de hielo amarillento que sobresalía del vaso.

Sugar apareció con un vestido blanco suelto que me dijo que quería estrenar. Estaba preciosa. Se me acercó y me quitó el vaso de la mano y me abrazó. La noté estremecerse cuando mi erección chocó contra su pierna. Intentó besarme en los labios pero me aparté y me metió la lengua en la oreja.

-Estoy con Giulia –le dije.

-Si te hiciese caso, no creo que quisiese estar ahora contigo –se rió.

Se apartó de mí y volvió a meterse en su habitación. La esperé en la cocina pero no se dignó a regresar. Me terminé el vaso, me puse más hielo y salí al sofá a beberme otro. Pensé en la triste botella de whisky que esperaba en el maletero de mi coche, allí, abandonada, sin nadie que la bebiese. Me vi como si yo mismo fuese una botella de whisky abandonada en el sofá de Sugar, pero sin Sugar. “Qué complicada es la vida”, me dije recordando que junto al whisky, en el maletero, también esperaba aquel veneno rojo para el que sólo ella tenía antídoto.

De una forma extrañamente lúcida, fui consciente de mi toxicidad. Me olvidé de Giulia, me levanté del sofá y entré en su habitación. Sugar me estaba esperando:

-Pensaba que al final no vendrías.

-Ya sabes que siempre vamos a destiempo –expliqué, cerrando la puerta a mi espalda.

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Si quieres saber más de estos personajes, puedes echar un vistazo al recopilatorio "Sin respiración" publicado en Amazon por la Editorial TusRelatos, en el que aparecen relatos sobre estos personajes, junto con otros relatos míos y de los autores Andresinsiesta, Zenon, Stavros y Roberto Berríos. 

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Otros relatos del autor
  • Muy bien narrado y diseñado, la escenificación es magnígica, la historia atrapa al lector. Te felicito.
    Una ambientación que me ha maravillado, cómo los recuerdos de él sobre él mismo y ella y ellos se imponen en aquella tarde que trago a trago ( y de colores) encauza las voluntades más decididamente opuestas hacia una cama que saben que no significará nada más que otro recuerdo, éste de un dulce error, una injusta traición. Me ha gustado mucho su lentitud, su tránsito reposado como indiferente, algo sobre lo que ya se ha comentado abajo. Saludos.
    Realmente ingenioso lo de la vieja carterista! No me esperaba que Venerdi al final cediera al encanto de Sugar. Muy bien creada la atmósfera nocturna, nos envuelve y nos introduce en el reencuentro de un amor pasado, pero muy presente. Creo que tengo pendiente algún capítulo de lo que parece ser la "Saga de Giulia", pero por ahora me está gustando mucho la historia. Espero que pronto nos traigas otro pedacito más... habrá que pasarse por Amazon para dar de comer a los poetas, que del aire no se puede vivir =). Un saludo!
    Muy bueno!
    Me ha encantado la reflexión sobre los poetas que ciertamente vivimos del aire y sobre la felicidad. Aunque, en mi opinión, no creo que elijamos ser felices o no sino que la actitud ante la vida es algo que forma parte de nuestro carácter.
    Una verdadera maravilla, creo que en este relato no hay nada falso, nada fingido, no hay poses ni vanidad. El estilo es precisamente el que necesita una historia así, llano, mezcla de coloquial y reflexivo. Los personajes son muy humanos. Desde el principio me atrapó. Felicitaciones!!
    Un muy buen relato de amor y desamor, azucarado y sin edulcorantes artificiales, mas bien con la dulce naturalidad de las cosas que suceden sin planear, a golpe de instinto, pasión e improvisación, regadas con whisky, válvula de escape contra el tedio y la rutina que nos aplastan cada día. Narración potente con imágenes chispeantes y finos golpes de humor, como la vida misma. Saludos.
    ¡Ah, carajo! que se me olvidaba: Genial lo de la viejilla carterista. No me lo esperaba.
    Pues habrá que hacerse con ese libro, amigo Venerdi. Me ha encantado el relato y como no podía ser de otro modo, me he enamorado locamente de Sugar -y eso sin descripción física, me temo que otro logro tuyo como escritor-. Hay un montón de frases estupendas y reflexiones irónicas, el ritmo también me ha gustado mucho, me gustan estos relatos en los que "no pasa nada" y sin embargo y como decimos en mi pueblo, "poliki poliki" (poco a poco, suavemente) pasa mucho. En algunos momentos me he sentido bastante identificado con tu ¿Personaje o alter ego? Saludos.
  • Aquel día Sugar bromeó con que algún día me iba a dar el susto de mi vida. Lo dijo mientras desayunábamos en la terraza de aquel bar, en la plaza que había detrás de su piso...

    Un poema para demostrar que de algún modo sigo vivo. Como siempre, "Sin respiración" en Amazon junto a escritores de TusRelatos.

    Uno de esos poemas en los que me permito más licencias -aún- de las habituales. "Como un fantasma tras la cortina de mis-tus ensoñaciones...

    Otra parte disgregada de la unidad. La vida crece, se ramifica. Si se desea, se puede leer un relato previo llamado "Con Sugar" -en mi perfil-, si bien, como siempre, es un relato independiente. "Me gusta pensar, también, que era algo venenoso para lo que sólo Sugar tenía antídoto."

    LucíaClementine me recomienda la versión de Nancy Sinatra de la canción "Bang bang (my baby shot me down)" que pasa a ser el título de este relato antes titulado "La vida en su teatro".

    "Application Error" es que te pregunten si le quieres y no encontrar respuesta. [¡Rayos!]

    "La Atlántida es el único refugio en el que existen las segundas oportunidades." 480kmdepalabras.blogspot.com

    desarraigar. 1. tr. Arrancar de raíz una planta. // 2. tr. Extinguir, extirpar enteramente una pasión, una costumbre o un vicio.

    A ver si se anima la web con este pequeño homenaje a la fatalidad. Más en 480kmdepalabras.blogspot.com.es

    Dedicado a ender por lo gran persona que es y por la enorme labor que hace como usuario de TusRelatos.com. Ahí a la derecha se puede comprar su ebook, en Amazon, editado por TusRelatos.com junto con otros ebooks de compañeros de la web.

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Estoy por encima del bien, del mal y de las estrellitas.

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