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5 min
"CONCENTRACIÓN"
Ciencia Ficción |
18.07.14
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Sinopsis

https://www.youtube.com/watch?v=3pAtQZHExZ4 LSD trasnochado y un infarto.

Las manos agarradas al volante. No se sentía bien. Intentaba concentrarse. Focalizaba. Lo intentaba. 
Al terminar el túnel, una explosión de colores le aturdió. Procuró mantener la calma. Lo intuía. No hacía falta más. Intuía que algo malo iba a pasar. Pero aun así, se esforzó en concentrarse. Si frenaba, pensaba, moriría. Si seguía moriría. Si se alejaba o se acercaba, moriría. Procuró alejarse de esos pensamientos: pensó "mi única escapatoria es el nirvana de la concentración, como las lecciones del Sutra del Diamante. He de concentrarme y llegaré a la iluminación, nítida y cristalina de un diamante gigantesco en el cielo que traspase la luz hasta el corazón y haga que la sangre hierva de felicidad". "CONCENTRACIÓN".
Cuando se dio cuenta, iba zigzagueando entre los carriles como si tras él, el humo del tubo recalcinado fuera tejiendo un hilo entre los dos carriles. 
CONCENTRACIÓN.
Cuando se dio cuenta sudaba como un cerdo. Insoportablemente; las taquicardias le asfixiaban el corazón, la garganta las venas hasta los codos. Las axilas eran solo un amasijo de punzantes picotazos eléctricos. 
Iba llegando a la ciudad y aun no había muerto. "Un poco más". "No falta mucho.", "espero no pasarme de largo". Los semáforos le invadían alrededor como si le juzgaran. "No voy a llegar al hospital y estos malditos hijos de puta me van a juzgar con sus ojos cambiando de colores como el puto LSD". Todos ellos parpadeaban a la vez de rojo a verde. La larga calle ascendía y descendía como el valle de la vida por donde fluye el agua hasta el fondo. Pero él no. No iba a acabar en el fondo de aquel valle. Seguiría. "Los semáforos no me juzgarán". Los atravesaré como si fuera una aguja de hueso. 
Corrió. Grito desde el coche. ¿El corazón ocupaba el lugar del cerebro? El cerebro si ocupa el lugar del corazón, pensó. Lo notaba palpitar. El cerebro palpitaba como si las válvulas se hubieran abierto al 100%. La sangre corría por el cerebro como un gran torrente y se había llevado la masa gris. Y pensaba "que gilipollas, pensando en la masa gris ahora mismo. Sin poder mover el brazo más de lo que lo mueve una estatua. Pedazo de imbécil. CONCENTRACIÓN".
Un grito, un susurro. Un ruido paso a su lazo. Un ruido apagado y veloz tan feroz que había agitado el lateral del coche. y ahora iba dando tumbos por la calle principal mientras los parpados de los semáforos le juzgaban a lo lejos pasados de largo. 
"CONCENTRACIÓN" ¿Qué había sido eso?
Una madre con un bebé en brazos cayeron al suelo tras él. Al menos a la madre se la oía gritar. 
No se detuvo. Si se detenía, todo el cuerpo se volvería piedra por fuera y por dentro se derretiría por la sangre ardiendo. "Jodido Diamante". Era todo mentira.
Y más gritos y más luces. No pasó mucho hasta que delante suyo una luz dorada en la noche se convirtió en el diamante. A su alrededor los sonidos se volvían absolutos. Enormes y minúsculos al mismo tiempo. Los captaba todos. Y los colores eran más poderosos. Más brillantes y definidos. Tan profundos que dolía mirarlos por creer no estar a la altura. Todos corrían exactos, definidos como el hielo y a la vez líquidos a su alrededor, adentrándose en el coche por la ventanilla, por la radio y la ventilación para luego meterse dentro suyo como si fueran gusanos y él ya estuviera muerto. 
"No... los gusanos vienen después de muerto. ¿Ya ha llegado mi hora?"
Los colores se adentraron hasta la garganta, por la nariz hasta rellenar los pulmones de sencilla satisfacción. La cabeza ya no ardía ni se meneaba como si hubiera llevado dentro un gran diamante recién escupido por las entrañas de la tierra. Todo se volvió sencillo a su alrededor sin saber qué era que.
"CONCENTRACIÓN"
La mano izquierda reaccionaba. Y la puso frente a sus ojos, incapaz de mover la cabeza apoyada sobre el duro volante... duro como si lo juzgara. "No joder... tu también me juzgarás? ¿Qué es esto?" Los colores se fueron apagando y todo quedó en el negro sucio del negativo de las fotos salvo la mano, de un color oscuro y a la vez brillante, como la sangre resbalando por un gran diamante que él mismo hubiera vomitado. Los sonidos se fueron apagando. De dentro a fuera. Salvo uno estridente como un coche de policías que parara frente a un coche empotrado hasta la mitad sobre un semáforo... Un semáforo retorcido que no parpadeara, como si ya hubiera dictado sentencia. 
"Y nada más". "No voy a seguir, lo se". "Así se deben de sentir las estatuas". Y mientras su mente se iba apagando, un último haz de concentración sin pensamiento le invadió, un haz de concentración divina que le decía que vomitara, que vomitara un gran diamante de ácido mientras notaba como su cuerpo era poseído por la muerte, y en su nombre, ella movía su mandíbula y su dolorido torso para reírse de él hasta el fin.

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