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4 min
CONTINUACIÓN IRREVERENTE
Fantasía |
31.07.21
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Sinopsis

Este escrito pretende ser la continuación del cuento La Secta del Fénix de Jorge Luis Borges. Aclaro que en lo único que puedo llegar a parecerme al insigne escritor es que dentro de algún tiempo probablemente usaré bastón o quedaré medio ciego. No es necesario leer ese cuento antes de hacerlo con lo que publico, pero tampoco estaría demás.

Continuación de la secta del Fénix

Pocos motores hay mas poderosos que la curiosidad. Y pocas cosas exacerban mas la curiosidad que el secretismo.

Mi investigación ya se había convertido en obsesión.

Y la claridad llegó por el lado menos pensado.

Guillermo era un gran amigo. No un amigo cualquiera. Era de esos con los que se recorre la vida juntos. Esos que se conocen en salita de 3 y se desconocen en el geriátrico.

Una noche de cerveza, viéndome con tanta desazón por la falta de resultado de mis investigaciones, lecturas, entrevistas y etcéteras me confesó su pertenencia a La Secta.

Jamás lo hubiera imaginado. Podría haber pensado que tenía una amante secreta o un vicio oculto, pero nunca esto. Su  vida era completamente normal sin desapariciones inexplicables ni comportamientos raros.

Me dijo que la única forma de conocer el significado de La Secta (lo decía así, con mayúscula) era perteneciendo a ella. Me preguntó si deseaba ser parte del Secreto. Ante mi respuesta positiva comenzó a informarme sobre las particularidades del rito de iniciación necesario para ser aceptado.

Lo primero era conocer perfectamente el lenguaje sánscrito. Esto era porque los orígenes del culto se remontaban a la antigua Mesopotamia. Además para ser miembro debía realizar un juramento en ese idioma.

Confieso que, a pesar de ser ducho en idiomas, el sánscrito me llevó varios meses.

Cuando Guillermo me sintió preparado  dijo que iríamos a la próxima reunión.

Llegó el gran día. Mi amigo pasó a buscarme en su Toyota y, para mi sorpresa, me dio una capucha que debía ponerme. Me explicó que era para que no supiera la ubicación del templo en caso de no ser admitido. Luego de haber viajado a oscuras mas de una hora paramos y pude sacarme el incómodo adminículo. Estábamos en un sendero de huellas marcadas en la tierra en medio de un bosque. Al final del mismo se divisaba una inmensa casona. Casi un castillo. Al llegar nos esperaban dos personajes enfundados en una capa negra que los envolvía por completo y cuyo rostro estaba oculto tras una máscara de la que sobresalía un pico de ave.

Entramos a una habitación donde debíamos desvestirnos por completo y ponernos la capa y la máscara. La única particularidad era que mi capa era blanca. Aun no pertenecía. Nos dirigimos a un inmenso salón principal, iluminado con miles de velas donde se reunían mas de cien integrantes. No era yo solo el que pasaría el rito. Vi 3 capas blancas mas. Nos pusieron en fila en medio del recinto, rodeados de la concurrencia. Yo era el tercero.

Se acercó lo que supuse sería una especie de sacerdote porque en su capa lucía unas borlas doradas, aunque su comportamiento parecía mas el de un maestro de ceremonias de los antiguos programas de televisión. Hicieron adelantar al primer aspirante. Tuvo que dejar caer su capa y sacarse la mascara. Al quedar desnuda resulto ser una mujer bastante madura y entrada en carnes. Le acercaron una especie de tabla y tuvo que leer su juramento en sánscrito.

Dijo: “und antiu clamic rumot fenix trund”. Me llamó la atención que dijo “clamic” en vez de “clamir” pero fue aceptada en medio de aplausos y le proveyeron de la capa negra. La capa blanca fue quemada en una pira que había al efecto. El segundo resultó ser un joven cuya seña particular mas visible era que estaba rapado y que tenía múltiples “piercings” en su cuerpo. Le entregaron la consabida tabla y fue incapaz de leerla. El “sacerdote” fue a buscar un látigo y comenzó a azotarlo hasta dejar  su espalda toda sangrante. Le pusieron la capucha y su padrino se lo llevó.

Mi turno. Confieso que me dio pudor desnudarme ante tanta concurrencia pero leí el juramento perfectamente y al ponerme la capa me convertí en miembro de La Secta.

Luego de la última iniciación el salón comenzó a llenarse de un humo que agudizaba los sentidos. Nos despojamos de la capa.

Todos entonamos El Canto una y otra vez durante horas hasta caer extenuados, levantarnos para volver a caer y nuevamente erguirnos.

Finalmente tengo El Conocimiento

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Otros relatos del autor
  • Una muy sugerente descripción de la secta que hace honor a Borges, y que le deja a uno con el deseo de saber de qué secta se trata.
    Muy bueno y muy propio de vos.
    Genial metáfora respetando la esencia original de Borges. El secreto a la imaginación del lector en un gran juego literario. Esquivo tema que forma parte de la naturaleza humana y en la satisfacción individual. Un saludo Jovato.
    Igual que en el cuento de Borges, aún no logro descifrar ni entender lo del secreto, mucho menos el conocimiento. M encantó Jovato, gracias por permitirnos leer. Un abrazo!!
    Me encanta la puesta en escena... las sectas tienen su morbo, y más en especial ésta, que aún sin decir está todo dicho para el buen entendedor; al final todos somos iguales y con o sin pertenencia a ella, el rito se practica a solas o acompañado, aunque no se reconozca. Besos, Jovato!
  • ya lo dijo Einstein

    Los canales de Marte son líneas que varios astrónomos han creído ver en la superficie del planeta Marte. Casi desde el principio, las observaciones telescópicas habían mostrado formaciones rectilíneas de color oscuro; se les dio el nombre de “canales”. Realizando observaciones de Marte entre 1895 y 1908, el astrónomo estadounidense Percival Lowell, investigador de gran prestigio en el mundo de la ciencia, llegó a la conclusión de que los canales habían sido construidos por seres inteligentes para llevar el agua, que escaseaba en la superficie marciana, desde los casquetes polares hasta las regiones desérticas. Hoy en día, los canales artificiales de Marte ya solo existen en la Historia (por poco tiempo)

    Este escrito pretende ser la continuación del cuento La Secta del Fénix de Jorge Luis Borges. Aclaro que en lo único que puedo llegar a parecerme al insigne escritor es que dentro de algún tiempo probablemente usaré bastón o quedaré medio ciego. No es necesario leer ese cuento antes de hacerlo con lo que publico, pero tampoco estaría demás.

    disculpen pero este escrito es muy localista

    sobre el poder de síntesis

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tengo formación y vocación de ingeniero... por lo tanto racional.... y ya a mi edad es hora de ser mas subjetivo.... por eso exploro esto de escribir...

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