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15 min
Conversación
Varios |
03.05.16
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Sinopsis

Practicando.

─Por cierto, ¿has oído lo de ese tenista?

─¿De cuál?

─No sé, uno de los que no conoce nadie. Que se suicidó en el hospital.

─¿Y eso? No tenía ni idea.

─Al parecer tenía una enfermedad, una artritis crónica en las manos. Como ya no podía usarlas…

─Se mató.

─Eso es.

─¿Cómo?

─¿Cómo? Se suicidó.

─Ya. ¿Pero cómo?

─Pues no lo sé, no me lo explicaron.

─Deberías buscarlo por el móvil a ver.

─¿No te fías de mí?

─Ya está ─susurró─. No es eso. Lo digo porque, si tenía las manos jodidas, ¿cómo lo hizo?

─Ah.

─Ya.

─Se las apañaría, lanzándose por la ventana o algo así.

─Te lo habrían explicado de esa forma; o mejor, te habrías enterado. Un suceso como ese no suele pasar y…

─Las malas noticias vuelan.

─¿Qué?

─Que vuelan. Las cosas malas, los malos sucesos.

─Pues como con todo.

─Qué negativo que eres.

─Y qué positiva eres tú.

─Mejor eso que amargado.

─¿Me ves amargado a mí? ─dijo divertido─. No seas cría.

─En fin ─concluyó y quedó mirando por la ventanilla. El paisaje discurría, se deslizaba. El coche daba la impresión de estar navegando, tomando las curvas con suavidad. Pensativa, fue que giró la cara con intención de regresar a la conversación─. A lo mejor cogió algo afilado y se lo colocó entre los brazos…

─¿Eh?

─Entonces agachó de golpe la cabeza y se lo clavó. En el cuello.

─No creo que lo hiciese tan complicado.

─¿Y agarrando con los pies?

─Tere, déjalo ─pidió mientras negaba con la cabeza sonriendo─. No ha sido gracioso en ningún momento, ni aunque incluyas contorsiones.

─¿Eso qué tiene que ver?

─Nena, ¿cómo se va a clavar un cuchillo agarrándolo con los pies? Explícamelo.

Tere volvió a la ventanilla, donde ese mundo que nadie le reprochaba. Se deslizaba, suave. Antes, en la autopista, el paisaje eran fotogramas pasados a velocidad. Aquí había armonía. Como agua; como estar navegando sobre el mar.

─¿Crees que es la mar o el mar? ─apresuró a decir Teresa─. El cómo se dice.

─Da lo mismo.

─No creo que de lo mismo ─inquirió.

─No, no, que digo que da igual. Está bien dicho de las dos maneras.

─Ah ─dijo y miró por un segundo hacia la ventanilla antes de regresar─. ¿También te lo ha dicho quien me contó lo del tenista?

─Tere ─pronunció y la miró por un momento. Una de sus manos giró para reforzar la expresión, manteniendo el dorso sobre el volante.

─No me hagas caso, estoy un poco descentrada.

─Pon si quieres la radio.

─No, no te preocupes.

─¿Pero es por algo que he dicho?

─¿Qué pasa? ─enalteció y quedó mirándolo─. ¿Qué todo tiene que ver contigo? Tú no eres mi centro.

─Tranquila. Sí que es verdad que te pasa algo…

─¡Pues claro!

─Que te calmes. Dime, ¿qué pasa?

─Es ─dudó─, es por la casa esa que vimos al lado de la plaza central. La que nos gustó.

─De las que vimos es de las mejores, sí.

─Pasé el otro día y me pareció que habían quitado el cartel de venta ─explicó y fue entonces que endureció el rostro─. Nos la han quitado, Manuel.

─Hum, no sé. Habrá que ir a preguntar…

─Que te digo que sí.

─Ya, ya. A lo mejor el hombre nos vio tan interesados que, mira, han hecho el favor.

─No le aseguramos nada.

─Pero le dijimos que era la que más nos gustaba de las que habíamos visto. Puede que ya haya hecho los planes de venta.

─¿Te estás escuchando?

─Tere, pasaremos a ver, no te preocupes.

─Sí que me preocupo.

Pero Manu la dejo estar. El coche continuaba adaptándose al terreno con suavidad. Era un buen coche, de tecnología moderna. Manuel sentía un orgullo oculto por el vehículo del que Teresa le juzgaría. Aunque tenía la impresión que a Tere también le encantaba, como con un perro nuevo.

La mano de ella se elevó y pulsó el botón de la radio. Comenzó a sonar el fútbol y, dudando, decidió cambiar de emisora sin importarle lo que dijera Manuel. Éste no se inmutó, parecía hipnotizado por el paisaje al frente, incluso por la boca un tanto abierta. Teresa rebuscó entre emisoras hasta que llegó a Radio 3. Allí sonaba un grupo movido, del cual no distinguía si tocaban en directo por lo bien que sonaba.

─Ey, Arcade Fire ─dijo Manu.

─¿Quién?

─Un grupo indie de esos que no te gustan.

─Eh, pues suenan bien, no te flipes antes de hora.

─¿Pero te gustan? ─sonrió.

─Ay, ansias, déjame que los escuche más.

─No te engañes. Dónde esté una copla, ¿verdad?

─Verdad. Ahora calla que quiero oír a los indios estos.

El tema era Modern Man, así aseguró el locutor. Al parecer el grupo era un recurrente de la emisora, como el flamenco más puro o el más alternativo; por no nombrar Nacho Vegas. Comenzó a sonar otro tema de la banda, titulado “We Exist”. Más animado, digno de discoteca.

─¿Hay discotecas alternativas? ─preguntó Tere.

─Claro.

─¿Dónde?

─En el pueblo, no. Pero en capitales sí.

─¿Has ido alguna?

─Ojalá. Quedan lejos.

─¿Y cómo sabes que existen?

─Por los sitios donde pinchan los locutores de esta radio. Todos unos máquinas.

─Ah. ¿Te gustaría que bailáramos pegados este tema?

─Cuando quieras. Aunque lo noto más tema de estar frente a frente hasta agotarnos.

─Cuando quieras ─dijo Tere, lo que hizo sonreír a Manuel.

─¿Entonces te gusta el grupo este?

─Por ahora sí.

─Pues en casa tengo el primer disco.

─¿Ah, sí?

─Claro. Lo he puesto más de una vez. Ese tan largo que se te hace pesado.

─La mitad de tus discos son así.

─Los de la canción esa conocida que es un himno, que sonaba en un anuncio de una serie de guerra que pusieron en Antena 3.

─Pues ni idea, Manu.

─Cuando estemos por casa te pongo la canción. Ya verás.

─Pues vale.

─Y tú me pones a la Jurado a todo trapo, no te preocupes.

─A toda pastilla hasta lograr que bajen los vecinos a acompañarnos.

─A acompañarnos de un patazo a la calle ─dijo y rió.

─Es imposible que a nadie no le guste la Jurado, tío. Estoy con ella.

─Y te perdono por ello.

─¡Manu!

─¿Qué? ¿Qué?

─¡Nadie se mete con la Rocío!

─Joder, no me des esos sustos. Creía que pasaba algo, que habías visto algo. No te pongas así, me cago en la hostia.

─Tranqui, gendarme.

Y callaron. Durante media hora no dijeron nada, centrados en escuchar las canciones de Arcade Fire que dieron paso a otro grupo, cuanto menos, experimental y gutural. Al segundo tema (que mas bien fue oportunidad) Tere cambió de emisora. Probó con una decena, hasta que encontró una canción donde un tipo de voz limpia era acompañado por un bello piano. Durante dos minutos fue algo hermoso, digno de abrir pechos, hasta que el asunto se pudo haber convertido en literal cuando el cantante gritó como un poseído enfermo encerrado en un matadero. Era el grupo de antes, había vuelto a la misma emisora sin darse cuenta. Teresa apagó la radio de un manotazo, callando al agónico para dar paso a las risas de Manuel, que intentaba aguantarse, sin dejar de estar centrado en la carretera.

─Gilipollas.

─Eh ─aguantó la risa─. Tranquila ─regresó a reír.

─Se lo decía al de la radio. ¿De verdad hay gente que puede pasarse horas escuchando música así?

─Durante horas se debe de acabar loco. Pero sí, hay gente para todo. Aunque ese grupo tampoco sonaba tan mal…

─Manuel, por favor.

─¿Qué? Es música después de todo, y si la gente compra esos discos y va a los conciertos será por algo.

─A matarse, drogarse y acabar enfermos.

Manuel volvió a reír, pero se contuvo antes de que Teresa se enfadara del todo. Una vez terminó, se percataron del peso del silencio. Con calma el ambiente se fue limpiando del reciente recuerdo, añadido el paisaje que los rodeaba, verde y puro como sólo se podría ver en un documental. Estaban en otro lugar o incluso existencia, alejados del encierro urbano. Ambos quedaron con una sonrisa inconsciente en la boca.

Los minutos pasaron y el sol ya alumbraba en lo alto. El zig-zag de la carretera no había dejado de ser en ningún momento suave, amoldada a las ruedas como hecho a medida, refugiados entre paredes de montaña que iban alternándose en un lado y otro durante prolongaciones del trayecto. El calor de la luz atravesando el cristal resultaba agradable sobre la piel, brillando como oro el interior del coche.

─¿Qué te gustaría comer? ─preguntó Manuel.

─Hoy no tengo antojo. Según vea allí iré pidiendo.

─A mí me apetece cordero.

─¿Si no tienen?

─Improvisaré.

─Pan de ajo.

─¿Qué?

─De repente me apetece pan de ajo.

─¿Y si no tienen? ─dijo con complicidad.

─Compraré una bolsa en cualquier supermercado para cuando continuemos el viaje. Al contrario que tú me sé adaptar.

─Será eso.

─Claro que es eso ─dijo a tono de broma mientras lo miraba.

Durante un buen rato, Teresa quedó mirando a Manuel. Éste en un principio ignoró, aun teniendo claro que Tere algo pretendía. Sin mostrar su paciencia rota, Manu al final reaccionó:

─¿Qué?

─Te quiero.

Una sonrisa se formó a cámara lenta.

─Yo también, Tere ─dijo mirándola un momento. Regresó a mirar la carretera. La luz reflejaba sus ojos, y Teresa sintió morirse.

─Manu ─continuó sin dejar de mirarle.

─Dime.

─Aparte de Eva, ¿tuviste algún lío más antes de estar conmigo?

─¿Cuenta un par de piquitos con mi prima cuando éramos críos?

─Medio.

─Pues eso. Con ninguna más, la verdad.

─Lo sé.

─Eu, sí.

─¿Y con algún tío?

─¿Qué? ─expresó ampliando la boca─. No. Claro que no. No soy sarasa de esos.

─Lo sé.

─Mira que eres rara ─dijo negando con la cabeza. Después pareció extrañarse─. Te… ─inició mientras alternaba la vista─. ¿Te pone eso?

─No lo sé. Me puse una vez una porno gay y no me llamó mucho. Soy muy clásica.

─Ajá. Entonces, ¿para qué lo preguntas?

─Por curiosidad. Los tíos sé que os la meneáis en grupo, incluso unos a otros.

─No, por favor ─dijo frunciendo el ceño─. No creo que eso sea del todo cierto.

─Eso es porque tú eres especial ─alegó Teresa mientras regresaba la vista al frente.

─Los especiales serán ellos.

─Ajá ─respondió murmurando.

─¿Qué pasa ahora? Pareces decepcionada, no te jode.

─Es porque, bueno, creía que era normal liarse con gente del mismo sexo.

─Pues… no, espera, ¿te has liado alguna vez con una tía?

─Los años de la universidad son muy locos ─aseguró con total pasividad, absorbida por sus recuerdos.

─¿Y esto porque me lo cuentas ahora?

─Quería contártelo alguna vez, pero no encontraba el momento. Estamos tan a gusto que, mira.

─¿No será una treta para intentar sacarme si he tenido alguna novia más?

─O novio.

Los dos rieron. Las risas no fueron a dúo, permaneciendo cada uno en su apartado.

─En serio ─regresó Manu─. ¿Quién fue la chica?

─Una compañera de cuarto. La escuchaba todas las noches hacerse un dedo, y la muy guarra un día me pidió si podía hacérselo.

─La confianza da asco.

─Pues sí. El caso que accedí, y acabé acostándome con ella. ¿Qué te parece?

─¿Tijeras?

─¿Eso es lo que tienes que decir de mi única experiencia homosexual? ─lanzó Tere junto a una mirada.

─Ey, creía que estábamos de buen rollo. ¿Es malo que tu novio te imagine con otra? Espera ─cortó a tiempo─. Déjame explicarlo bien. ¿Qué pasa si me imagino lo que estás explicando? ¿Es malo? Es lo que tiene si lo cuentas.

─Tú arréglalo ─dijo y dejó el asunto como concluido.

─Tere, perdona ─dijo apenado. Se mantuvo un rato─. ¿Pero hubo entonces?

─Qué gilipollas. Sí ─aseguró por lo bajo─. No estuvo mal. ¿Contento?

─Oh.

Manuel se mantuvo conduciendo, recreando en la mente a su modo (y exagerando) aquella escena. De repente dijo:

─Con mi primo Isaías. Unas pajillas, como diría el Torrente.

─¡Lo sabía!

─Ahora me dirás que lo que has contado sí era una estratagema para pillarme.

─No, cariño. Da gracias que la tipa no fuera experta que digamos. A lo mejor me hubiese vuelto lesbiana, ¿quién sabe?

─Todo el mundo es bisexual hasta que se demuestre lo contrario ─dijo Manuel como si estuviese sentenciando o leyendo las tablas de los mandamientos. Eso hizo reír a Tere.

─Qué idiota eres.

─A mucha honra.

El paisaje enalteció su belleza. Se sintieron como Adán y Eva en sus días de exploración del mundo, cuando era lo más virgen imaginable. El sol se mantenía como un guía, alejándoles de cualquier inquietud inconsciente. Los corazones se aceleraron cuando el mar se mostró al fondo. Era más hermoso que la última vez que lo vieron. Sin decirse nada, supieron que se amaban. Lo notaban dentro del ambiente del coche, tan limpio y real como lo eran ellos ese momento.

─A mi madre le hubiese encantado ver esto ─dijo Tere. Su voz sonó lejana.

─Y a mis padres. Es tan bonito como recordaba.

─Es una pasada.

─Bueno, no quería decirlo de esa forma ─dijo y rió.

Tere lo miró y sonrió, moviendo su mano para posarla en el hombro de Manu. Observó pasar a un coche por el otro sentido. Su vista se enfocó entonces en el puro azul que aguardaba en el horizonte: definitivo tesoro celeste como otro cielo.

─A ver si encontramos pronto un lugar para comer ─dijo Manu.

─Anda, tonti, no rompas el momento.

─Ey, que no he dicho nada malo ─pero lo único que recibió fue un beso en la mejilla─. Eres de lo que no hay.

─Por eso me quieres tanto.

─Vaya que sí.

─¿Crees que allí venderán bañadores?

─¿Qué?

─Volviste a meter ese que tienes que te hace parecer un payaso ─alegó formando una sonrisa que mostraba los dientes.

─¿Quién rompe ahora el momento?

─Tu bañador.

─Si quieres me baño desnudo.

─Lo que faltaba, la noche en el calabozo.

─No pasa nada si no hay niños.

─¿Y si está lleno de abuelas?

─Tere, por favor ─dijo aguantando la risa.

─¿Qué? La última vez que fuimos a una playa estaba lleno de guiris, o muy rojos, o muy negros. Los había incluso que se habían quemado sólo la espalda. Parecían pan con tomate.

─O pan tostado pasado.

─La risa. ¿Entonces quieres que te vean el lili o no?

─Pues no.

─Aparte de tu primo y de mí alguien más te ha visto el lili?

─Tere, tía ─dijo Manu, aguantando la risa─. Cómo eres.

─Contigo, feliz.

─Ñoña.

─Y tú mi ñoño.

─A mucha honra.

─Lo que sí quiero encontrar ─prosiguió Tere─. Es un lugar para poder aparcar todo el día. No quiero que nos sableen en uno de esos parkings de aprovechados.

─A veces pagar un poco es lo mejor, Tere.

─Un poco mis cojones. De entre mil coches sería casualidad que robasen el nuestro.

─Pero pasa.

─Casualidades que sólo se cuentan.

─Ya veremos conforme lleguemos. Primero a comer.

─Ya te digo. Por otro lado estoy con la manía. Ya verás conforme saquemos las cosas cómo hem…

El coche viró de forma brusca, golpeando con la parte trasera en el quitamiedos. Arrastró hasta saltar chispas, separándose el vehículo con un derrape que lo terminó de voltear. Cayó por el desnivel, donde dio varias vueltas de campana, produciendo un quebradizo estruendo final. Quedó boca abajo, con los cristales simulando telarañas; girando las ruedas por inercia hasta que, con pasmosa calma, se detuvieron.

 

 

La casa era perfecta, un pequeño deleite para arquitectos. Manuel rebuscó y se percató que el cartel lo habían cambiado de lugar, a otro balcón. No se pudo sentir más alegre. Se marchó casi corriendo.

Manu regresó a la habitación del hospital. Abrió la puerta y visualizó a Tere en la cama con los ojos cerrados, puesta con mascarilla, ropa de paciente y vendas con manchas rojizas en la cabeza. Una vía en el brazo cumplía su función, dando la impresión en la bolsa del gotero que el tiempo se detenía entre gotas. Manu se acercó y se mantuvo de pie al lado de la cama. Parecía ido, analítico de todo un mundo. Al fin se pronunció:

─Tere, que he ido a mirar. El cartel sigue ahí. Que no han vendido la casa.

Otro tiempo de ausencia, con el cardiograma marcando el ritmo.

Lento, inseguro.

─Tere, que he ido a…

Su vista se nubló por completo. Parecía visualizar tinieblas vivientes. La luz regresó y pudo ver la espalda de la enfermera. Frunciendo el ceño la observó. La mujer se tomó su tiempo para revisar y entonces se dio la vuelta para ir cara contra él. Ninguno de los dos reaccionó, siquiera Manu cuando visualizó de nuevo la oscuridad atravesando sus ojos. La enfermera desapareció, escuchándose el cerrar de la puerta.

De nuevo quedaron solos Manu y Tere en la habitación. A efectos sólo había uno:

─Tere, que he ido a mirar. El cartel sigue ahí. Que no han vendido la casa.

O ninguno.

Una lágrima se derramó.

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  • Manejas divinamente los diálogos. Muy naturales. Un inesperado final, como ocurre en la vida a veces. ¿Has probado a hacer teatro? Creo que se te daría bien; también los guiones de cine... Un abrazo
    LA verdad es que Alejandro ya lo ha dicho todo, pero coincido, el desorden ordenado de los diálogos fluye de manera muy natural, consigues crear el efecto de estar dentro del coche con los protagonistas observándolos sin que ellos se den cuenta. Y el final magnífico, un giro que cambia de repente el sentido de la historia y que no se desvela hasta el último párrafo. Saludos.
    ¡Qué bueno, Nubis! Yo también te felicito por los diálogos. Yo les tengo pánico y, hasta hace poco, ni siquiera me atrevía a ponerlos precisamente por lo que tu dices, por miedo a que quedaran artificiales. Pero los tuyos son magníficos. Y encima has creado un ambiente muy realista. Me parece sentir el traqueteo del coche y la brisa que entra por la ventanilla. Lo dicho, ¡genial!
    Wow, me dejas loco perdío, gracias. No sé, me salió del tirón, conforme creía que quedaría, eso mismo, natural. Luego vino perfeccionar, repasar varias veces. Suelo tener muchas conversaciones de todo con mis amigo, imagino que influye. Sucede que hay diálogos en libros que resultan artificiales porque son en pos de la historia. Como un relato es un suceso, dejé que los personajes improvisaran entre ellos hasta el punto x. Me llenas mucho con tus palabras, Alejandro, y eso me invita a desempolvar la idea que tenía sobre una novela corta basada en diálogos. Gracias, de verdad.
    Los diálogos, en serio, son geniales, parecen sacados de una conversación real, sin adornos, entrañables y contradictorios, tal y como la vida misma. Para mi, desde ya, este cuento es una referencia personal. Sólo te digo que llevo un mes enfrascado en un relato basado en diálogos, y tras leerte, lo voy a tener que repasar entero, porque no creo haber logrado la frescura que tú consigues. Ojalá este relato se convierta en idem del mes (aunque ya parece que no salen los relatos del mes), porque mucha gente debería leerlo para aprender de este superlativo ejercicio. Nubis, cuando te pones, te sales. Te aplaudo hasta con las orejas.
    Magnífico, Nubis. Te digo que, a día de hoy, es el mejor relato que te he leído, incluso por encima de mi lolita. Y es que abordas mis adorados diálogos desde una perspectiva poco habitual y que yo considero necesaria, que es la organicidad. Me repatean las conversaciones en las que sólo se dicen las cosas importantes, las que sólo hacen avanzar la historia, obviando que en la realidad, siempre se dan vueltas hasta llegar al meollo. Es en esta conversación banal, sencilla, donde se construyen los diálogos creíbles, aquellos que de manera orgánica van desentrañando la historia y haciéndose, poco a poco, más concretos. Tú lo logras de manera brutal. (sigo)
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