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7 min
Conversando con el expresidente
Varios |
15.11.08
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Sinopsis

- Tome asiento por aquí – indicó el secretario, haciéndola pasar a su despacho.
Era un habitáculo de unos quince metros cuadrados, elegante aunque avezado a la simplicidad. Él se sentó en una silla de oficina y reposó sus brazos sobre la mesa de roble, decorada únicamente por un bolígrafo, de la marca “pilot”, la pantalla de un ordenador de diecisiete pulgadas y tres fotografías: Una de su mujer, una de su hija, y una del día en que fue investido presidente por primera vez. ¿Quizás lo más importante de su vida?
La periodista observo la imagen de él con disimulo. Había envejecido. Pero el poder rara vez rejuvenece.
- Hola soy Tania, ya habíamos hablado antes, por teléfono - Él le dio la mano, cortés al tiempo que sonreía.
- Hola Tania. Creo que, en mi caso, no hace falta que me presente – Para el resto aquello era un gesto natural. Romper el hielo. Para él se trataba de una disciplina estudiada y practicada hasta tal extremo, que había pasado a formar parte de su personalidad incluso ahora, que renegaba de todo.
- No – sonrió ella – Difícilmente existe alguien que no le conozca.
- ¿Comenzamos? – pregunto él.
- ¿Ya?
- El tiempo apremia.
- Bien, pues ¿Qué es lo que le llevó a querer ser la persona más influyente del planeta?
Él carraspeó.
- Yo nunca he querido tener tal dudoso privilegio.
- Pero tomo la decisión de ser presidente…
- Ser presidente no fue una decisión, sino una reacción.
- ¿Una reacción a qué?
- A la injusticia. ¿A qué iba a ser si no? Existen dos tipos de personas, las que se conforman con un mundo imperfecto y las que intentan cambiarlo. Las primeras tratan de jugar sus cartas lo mejor que pueden, las segundas dedican sus esfuerzos a modificar las reglas del juego.
- ¿Cree que vivimos ahora, gracias a usted, en un mundo más perfecto?
- El mundo ha sido, es, y será imperfecto, yo sólo me dediqué a remover la mierda.
Un relámpago de interés iluminó por un instante los ojos de la periodista.
- ¿Así define sus seis años de gobierno?
- Sé lo que pasa por su mente –. Masculló él como si profiriera un insulto - Un comentario de éste calibre puede ser un buen empuje para su carrera.
- Solo quería encauzar la entrevista…
- Sólo quiere un buen titular y en el mejor de los casos, provocar una crisis en mi partido.
- Con todo el respeto, soy periodista, mi trabajo y mi vocación es hacer que el público sepa -. Profirió ella, como repitiendo un rezo bien aprendido – Pensé que usted quería lo mismo – Apostilló al fin.
- ¿De veras? Mire, jovencita, he sido presidente. Yo ya mentía antes de que usted naciera. Conozco este tipo de patrañas. Conozco todos los tipos de patrañas que existen. Así que, por favor, cierre el pico a no ser que vaya a enseñarme una nueva.
- Significa esto… ¿Qué no va a responder al resto de mis preguntas? – Agregó ella con un deje de temor.
El ex presidente cerró los ojos, frunció el ceño, y apretó los labios como si tratase de contener algún improperio. Ella pudo ver que la espuma de una babilla blanquecina reposaba en la comisura de sus labios, pero enseguida descartó ese pensamiento, dado que la entrevista no era televisada. Finalmente él habó.
-Voy a responder a sus preguntas, porque me da igual mi popularidad, y por descontado, la de mi partido.
- Quizás eso explique por qué tiene los índices de popularidad más bajos de la historia.
Él suspiró. Lo hizo a pesar de que toda su experiencia le indicaba simular lo contrario.
- Los índices de popularidad son patrañas. Dejé de fingir. Ése es mi índice de popularidad.
- Bueno, y la pregunta del millón…
- Antes de que me enfade y la deje sin la exclusiva ¿no? – dijo él tras una risotada.
La periodista fingió no escucharle y prosiguió.
- ¿Finalmente va a hacer publica la razón por la cual dimitió?
- Para eso la he llamado ¿no? Pues la razón es muy simple, dimití porque estaba cansado.
- ¿Puede matizar más?
- Estaba esperando a que me lo pidiera. Lo cierto es que estaba harto de las presiones. De las mentiras y sobretodo de las mierdas verdades.
- ¿Mierdas verdades? – inquirió la periodista
Él expresidentes rió. La periodista se limitó a arquear una ceja. Cuando los políticos recurrían al sentido del humor acostumbraban a cosechar consecuencias lamentables.
- Medias verdades, que diga –. Aclaró él - Ésas son las peores de todas, porque las mentiras son falsas y se puede demostrar que son falsas. Las medias verdades tienen aspecto de verdad pero saben y huelen a mierda.
- ¿Y por qué mentía?
- Por que el artificio es más provechoso que la realidad. Sí, se lo que está pensando. Antes le dije que quería cambiar el mundo… y es cierto, ése era realmente mi propósito: marcar la diferencia… Pero para llegar a presidente uno debe saber mantenerse a flote, aceptar apoyos de gente indeseable y sobretodo hacerle creer a la población que va a ser mejor que los demás candidatos. Si en esta carrera todo el mundo miente, ¿cómo va uno a ganar diciendo la verdad? A la gente ni siquiera le interesa la verdad. Si le soy franco, no estoy seguro ni de que les sea sana. Si no, analice mi índice de popularidad…
-Perdone, un inciso, respecto a “esos indeseables”, ¿Podría decir nombres?
- Podría, pero no va a servir de nada.
- ¿Por qué?
- ¿Quién cree que ha apoyado al nuevo presidente?
- ¿Está diciendo que el nuevo presidente electo es un vendido?
Él sonrió
- Otra vez está tratando de meter cizaña. Todos los presidentes lo hemos sido. Y lamentablemente pienso que todos comenzamos con fines nobles.
Siempre que aceptamos que alguien nos eche un cable, asumimos una ligadura que nos apresa hasta que nos convertimos en títeres. Todas nuestras acciones responden a quien nos está tirando de los hilos.
- ¿Absolutamente todos? ¿Está seguro?
- Desde que existe la democracia.
- ¿No creé usted en la democracia?
- Se suele decir que la democracia es un mal sistema político, pero que es el mejor que hemos tenido, ojala se me hubiera ocurrido a mí.
- ¿Qué piensa que deberíamos cambiar para conseguir un mundo mejor?
- Si lo supiera no hubiera dejado la presidencia. Creo que, en democracia, cada estado tiene lo que se merece.
- ¿Esa frase tampoco es suya verdad?
- No, pero una vez más desearía que lo fuera. Tenemos lo que somos, para obtener algo distinto deberíamos cambiarnos a nosotros mismos.
- ¿Y no podemos cambiar?
El expresidente sonrió de nuevo y sus ojos brillaron, y por un momento pareció recuperar la juventud perdida en sus años de poder.
- Tal vez en el futuro… ¡Oh! pero yo ya no lo veré, y lamento decirle que estoy casi seguro de que usted tampoco.
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