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5 min
Corazon prestado
Fantasía |
05.11.12
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Sinopsis

Historia de un transplante

Y con el ultimo latido de su corazón, los sentimientos que sentía hacia ella quedaron guardados en aquel corazón creado con el único objetivo de amarla .

A la vez, la imagen de su rostro se grababa a fuego en sus pupilas mientras expiraba su ultimo aliento sintiendo la mano de la mujer que amaba aferrada a la suya conocedora de lo que estaba a punto de ocurrir.

Ella sollozaba mientras le preguntaba por que no había cumplido su promesa de estar a su lado siempre, incluso venciendo a la muerte como era aquel momento, pero sin ella saberlo no era así.

Luna dejo caer su cabeza contra su pecho mientras las lagrimas pasaban de sus ojos a el cuerpo de el mientras cogía sus manos y las ponía sobre su rostro intentando inútilmente que se moviesen acariciando su rostro como tantas veces había hecho después de hacer el amor mientras le decía “mi cosita linda”.

Los enfermeros salieron de las sombras intentando consolarla.

-         Señora sentimos su perdida, pero el tiempo es indispensable.

-         Lo se, respondía ella, mientras arrancaban la camilla de sus manos la cuales luchaban para que no se lo llevasen.

La puerta se cerro y ella quedo allí sola en la habitación del hospital donde el hombre al que amaba acababa de fallecer, se dejo caer sobre el sillón de acompañantes que solía haber en cada habitación y tras llevarse las manos a la cara empezó a llorar desconsolada preguntándose ¿por qué había ocurrido aquello?.

Aun recordaba la primera vez que leyó sus palabras, la primera vez que hablaron por teléfono, la primera vez que se vieron mientras el tras cruzar el umbral del parque le pregunto si podía cogerla de la mano, mano que no soltaría desde ese momento nunca.

¡Que rápido había ocurrido todo!, aun no había tenido tiempo de asimilar lo ocurrido.

Los camilleros deslizaban la camilla por el pasillo del hospital lo mas rápido posible, sabían que en este tipo de casos el tiempo era primordial, habitación 324, habitación 322, habitación 320, no era la primera vez que hicieron ese recorrido y se notaba en su experiencia.

Al llegar al ultimo recodo del pasillo pudieron ver el ascensor que estaba abierto custodiado por un celador, después de conocerse la noticia de la muerte del donante de órganos que llevaban en la camilla.

La camilla y ellos tres entraron rápidamente y pulsaron el botón de los quirófanos de la ultima planta especialmente dedicados para los transplantes en aquel hospital, mientras conversaban de sus planes para el fin de semana.

-         ¿Dónde iras este fin de semana?.

-         A ningún sitio, por culpa de los recortes del gobierno este fin de semana me toca guardia, ¿y tu?.

-         Mi mujer quiere ir a comprar un dormitorio nuevo para los niños, yo que tenia pensamiento de quedarme en casa y disfrutar de la formula uno ¿ y tu que harás?, dijo preguntando al celador que había estado guardando el ascensor para ellos.

-         Yo tampoco puedo ir a ningún sitio, también tengo guardia.

-         Mira el lado positivo, este tipo, dijo señalándome a mi, daría cualquier cosa por estar en tu lugar el fin de semana.

Los tres rieron al unísono de la broma que uno de ellos acababa de hacer sobre mi muerte, pero no podía culparles a ellos, su misión principal era la de trasladar cadáveres casi todo el día, había que tener algo de humor si uno quería sobrevivir a aquel trabajo y yo era un numero mas en la lista de tantos del día de hoy.

El timbre del ascensor aviso de que la puerta estaba a punto de abrirse y un segundo después el acto se llevo a cabo.

De nuevo la carrera volvió a ser la premisa de aquellos hombres portadores de unos valiosos órganos para algunos afortunados que habían por fin conseguido un órgano compatible para ellos que les salvase o mejorase sus vidas.

La puerta del quirófano no tardo mucho en estar a la vista, el celador y los enfermeros entregaron la camilla con mi cuerpo a los enfermeros de quirófano que esperaban  en habitación intermedia de quirófanos, en la zona esterilizada.

 

 

 

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  • Me adhiero a los comentarios de aneleher. Creo que el texto está poco pulido y ganaría mucho si estuviera algo más trabajado. Es imperdonable la anarquía en las tildes; ¿por qué en "Luna dejo caer su cabeza..." no pones tilde en el verbo, pero en "...empezó a llorar desconsolada..." sí, cuando los dos casos -tiempos- verbales son iguales, (pretérito indefinido), además de palabra aguda acabada en vocal?. Estos lapsus son fáciles de evitar...
    si es la mujer es la que muere, porqué los enfermeros hablan con ella al entrar en la habitación; "Los enfermeros salieron de las sombras intentando consolarla.-Señora sentimos su perdida, pero el tiempo es indispensable.". Tal vez, soy yo la que no lo he entendido. A pesar de la confusión, creo que la historia promete (también falta alguna tilde por allí, a mí me pasa mucho). Me encanta el punto satírico en cualqier relato. Por lo que, me gusta el toque de ironía que la broma del ascensor le da al drama. Me choca, también, el cambio del narrador de tercera a primera persona.
  • A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

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    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    A veces no es suficiente una persona para escribir y leer.

    Con el tiempo he preferido los relatos que destaquen preferiblemente el interior de cada personaje más que sus vivencias en sí, ya que creo que ese es un mundo tan grande como intensas las historias, creando la pregunta eterna ¿realidad o ficción?

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