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4 min
Cordón
Drama |
11.12.16
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Sinopsis

La luna cuelga de un hilo al caer la noche y las estrellas son marionetas hechas por una costurera más o menos ciega, quien olvidó ponerles picos, recortándolas de manera asimétrica, son tan imperfectas que el cielo se sonroja al sentir tantas miradas en su cuerpo mal remendado, no quiere taparse la cara pero la angustia le llega hasta a su más profunda víscera galáctica y entonces el delgado cordón que sostiene a la pálida es cortado por las manos de un ángel terrenal.


Abajo, la dama guarda las tijeras en su bolsillo y tras llenar el aire con notas musicales, camina hasta la cuna donde llora su hijo, un caballerito que viste una armadura pesada hecha por ella misma, pero sin embargo no tiene una espada pues la dama dice que es innecesaria y para consolarlo le ofrece un satélite secuestrado.


El niño sonríe queriendo abrazar aquella redondez que palpita en sus manos, es un tipo de corazón moribundo que intenta buscar el hueco de donde fue desprendido, sin embargo sus intentos no son más que los anhelos de un paciente terminal pues sus deseos ya están marchitos y pisoteados en el suelo. Aquella luna blanca, es escondida debajo de la almohada de cuna, el bebé sorbe piezas de tranquilidad mientras los lamentos de los lobos vuelan hacia un cielo huérfano.


Son solo lágrimas que yacen como estatuas de sal en las mejillas del chiquillo, pues en su cuna lo acompaña la testigo que observa desde lo más alto y por algún motivo raro una extraña paz reina en la habitación. Una paz que solo atrae celos desde afuera, pues el crepúsculo huye sin agitar la mano en el horizonte y la oscuridad toma terreno, solo hay un tiempo  inundado con el más amargo veneno y una pupila que se excita expandiendo su cuerpo por casi todo el ojo.


La dama posa sus manos contra el barandal del balcón, aquella inocencia suya fue arropada de tierra, gusanos hambrientos por doquier, alientos perdidos en la intimidad de la noche como la presa seguida por el cazador. El horizonte está en apogeo, los gritos vuelan y mueren en esta noche, cuando la sed de sangre acrecienta hasta la lengua y la maldad es confundida por la inocencia. 


Cuellos frágiles, presumen debilidad exponiendo la yugular a una boca rabiosa. Ojos llorosos, que suplican una muerte breve y sin jugueteos, ciegos viven, pero ven los contornos borrosos más no la sonrisa que ostenta tristeza. Garras en las cabezas que estuvieron unidas a algún cuerpo, recuerdos devorados dejando cráneos sin materia gris, suculento platillo tragado sin cubiertos, esta fiera mastica huesos como perro, pero no los entierra sino que los traga saboreando el calcio, ofreciendo un tiempo fuera para que los sobrevivientes huyan, para que nutran sus cuerpos para el próximo banquete.


Aquella mujer en el balcón escucha tal tragedia, que esconde sus labios con una mano. Pretende esconderse detrás de las cortinas pero observa que es imposible pues estas bailan con el viento un vals de medianoche, el piano escupe las notas de «Luz de luna», pero no explotan en el oído una por una, pues vuelan por el aire chocando entre de si como un frenesí sin estragos, son solo notas desnudas que carecen de vergüenza.


Por un milagro incompleto se ve en el cielo ese cordón, el que sostenía sin esfuerzos al satélite. La dama tiene que devolver lo robado ahora que su bebé duerme sin sollozos, un nudo sin apretar bien la vuelve a unir a ese cielo regañado. La dama no piensa en los ayeres, la dama tiene un amor puro por su hijo que duerme en la eterna seguridad de su cuna; las notas musicales se deprenden lentas por el finito piso de madera, por las escaleras, por la habitación del chiquillo donde resguarda su madre, que ve la luna suplicándole que nunca encienda su luz en forma de enfoque, pues prefiere tomar un pañuelo para limpiar la sangre seca de la boca de su niño que verlo morir siendo descuartizado por una horda enfurecida.

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  • R. Ariel me has sacado una sonrisa y mis mejillas se pusieron rojas y que conste que no es este frio que me hurga los huesos, es tu hermoso comentario; gracias.
    La lírica de tu prosa es mayúscula. Un don, una gracia deliciosa, las sagradas dotes de quien sabe y puede enhebrar metáforas tan hermosas, un brocal que rodea la fuente en donde podemos venir a beber los carentes, los que necesitamos este alimento. Maravilloso texto.
    Gracias por su lindos comentarios, cometa, me dejaste pensando y por fin me lo aclaró el otro yo, me pues roja, pues si trabajos bien, Mario, gracias por esa preciosura que mencionas.
    Precioso relato Bella. Me ha encantado :-)
    Hay historias que se notan son escritas en un momento de simbiosis total con el otro yo y en este se ve. Un saludo
    Gracias Pedro por esa exquisitez que mencionas, tal vez si esto fuese comida los bocados sería amargos. Si el tema te inspira me da mucho placer, que los huesos suenen, venga un abrazo.
    Amargura, tristeza y emotividad narrado con una exquisitez absoluta. Además de ser mis grandes temas de inspiración. Precioso.
    Hey fenix, tan creativo ese comentario tuyo gracias por el halago. Yazmin me da gusto que te inspires, simplemente doy un respiro de placer. JLuis, el lirismo me encanta tanto que moriría por ese aspecto, gracias, otro abrazo mas.
    Un relato tierno, emotivo y cargado de lirismo. Me gustó mucho, Bella. Enhorabuena!!!
    simplemente maravilloso e inspirador, gran trabajo querida Bella, saludos ;)
  • Continuación de veneno

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