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4 min
Corte de tránsito
Ciencia Ficción |
01.11.20
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Sinopsis

Nuestra protagonista controla el tráfico aéreo, en un contexto futuro. En ese clima, ocurren cosas inesperadas.

Corte de tránsito Pensé que ese sería un día como cualquier otro. Me levanté a las cinco, me apronté, hice mis ejercicios de estiramiento, me tomé la leche del pensamiento claro y me coloqué el enchufe en la vagina. Mi hermano Jorge ya se había ido, él suele salir a las cuatro y cuarto y se toma el primer taxiavión que se le cruza. El tránsito era tranquilo, las naves avanzaban a los doscientos quilómetros por hora de costumbre, las luces de neón empezaban a iluminar el cielo y los inspectores de tránsito skate ya habían multado a un par de voladores. Nada inusual. El moño del pelo me apretaba, pero creo que solo se debía a que me había apurado un poco a la hora del peinado. Siempre he disfrutado el aire matinal en el rostro y los tonos de azul y rosa del espacio a medida que avanzo en mi Voli Skate. Llegué a la oficina de control aéreo en hora y saludé a mis compañeros como de costumbre. Y como siempre, la inspectora se divertía aplicando las multas mientras otros la observaban con rostro preocupado. Jamás pensé en el enchufe, asumí que todo estaba donde siempre. Desde mi puesto en la base de control, visualicé los movimientos del tránsito con tranquilidad, lancé un par de sprays de limpieza de atmósfera a la vuelta del almuerzo e hice mi reporte del clima a las trece horas. Como todas las tardes, a las catorce llegó la hora del segundo cuidado del cuerpo y nos acostamos para hacer los ejercicios y a seguir la auto limpieza. Luego de eso trabajamos unos cincuenta minutos y llegó el turno de la leche mental clarificante. Mi cuerpo y mi mente habían sido atendidos, dos veces al día, como estaba planificado. No había nada de qué preocuparse. Y mi enchufe, como siempre, recargando mi energía vital. A las dieciséis y nueve minutos Esteban nos sorprendió con una torta de cumpleaños, brindamos un rato con él y nos dispusimos a completar nuestras últimas dos horas de trabajo. Fue allí cuando recordé que ese era mi día de encuentro sexual; me dirigí a la habitación, me senté a esperar como siempre y aproveché para admirar el hermoso atardecer que ya se dibujaba en el horizonte de mi ciudad. El androide me saludó gentil, escuchamos un poco de música y procedimos a lo agendado. Todo iba bien. Pasados pocos minutos ocurrió lo impensable. Se lo expliqué a la jueza, pero dice que no comprende y amenaza con acusarme de negligencia conducente al daño. "Lo único que debía hacer era colocarse el enchufe correctamente", me reprendió. Fue una experiencia terrible, y lo sigue siendo. Felizmente mis compañeros me apoyan y me siento acompañada, pero esto se está transformando en una pesadilla. Si me hubiese dado cuenta antes, poco antes de la relación sexual... La terrible visión del androide electrocutándose me perseguirá por siempre. Y todo por una distracción al colocarme el enchufe vaginal en la mañana; ese que todas usamos para recargar nuestras energías... No recuerdo por qué me ocurrió, pero la verdad es que es posible conectarlo de ambos lados, pero justo ese día... ¿Cómo pude olvidarlo? Las tres patas de mi enchufe, colocado erróneamente en dirección hacia afuera, activaron los circuitos motores del robot sexual y lo quemaron, casi completamente, ante mi mirada de horror.
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