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2 min
Corto e intenso
Amor |
19.03.14
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Sinopsis

La base del Budismo es que nadie quiere sufrir. Zizek, un filosofo eslavo dice que eso no es verdad; que cuando un hombre ama a una femme fatale y esta muere, si al hombre le preguntaras si lo volvería a vivir todo igual aun todo el daño que le han hecho, este respondería que lo volvería a vivir todo... Cuando aprendemos a superar eso, llega el final de la tormenta.

Corto e intenso

 

Amé.

 

Como un bobo,

como un niño;

Amé.

 

Como una tormenta,

un huracán,

una pelea que sabes que vas a perder,

Amé.

 

Dos meses precedidos de belleza,

ternura y inconsciencia

y seguidos por destrucción e incomprensión.

 

Amé hasta caminar por el muro negro

que separa los tristes de los suicidas.

Y como la roca que no quiere

desprenderse de la montaña peleé a ciegas

-levanta esos puños, a ver qué sabes hacer-

decían todos entre risas grotescas.

 

Intentar olvidarla,

intentar reconciliarme con ella,

escribirle poemas para que los viera

en algún momento indeterminado del tiempo.

Y maldita sea que nada funcionó;

cuando la tormenta se aleja,

solo queda de ella la destrucción,

las chozas por reconstruir,

los puentes caídos

y la búsqueda de los desaparecidos.

 

¿Cómo iba a olvidarla si toda ella vive en mí?

 

Habrá pasado un año

y sigo sin entender como puede ser tan fugaz el alma.

El sol quema demasiado,

el invierno es demasiado frío,

la lluvia cala hasta el alma

y las pesadillas son más intensas,

pero al menos en ellas, ella no aparece.

Estúpido y nimio conformismo.

 

Y como una tormenta

corta pero intensa,

todo empezó,

sin tener siquiera tiempo a apaziguarse dentro del ojo del huracán

-será que nos decíamos que el amor ha de ser intenso como el fuego y arrollador como una avalancha,

que sepulte cuanto había antes y cuanto luego tendría que haber-

se fue,

todo se fue,

dejando un rastro inigualable de

silenciosa destrucción.

 

Y entre la gran catástrofe,

perplejo

sin entender qué había pasado,

y con las manos vacías,

solo podía pensar

que aquella

jodida

tormenta

que todo lo había arrasado,

fue todo cuanto amé.

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