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2 min
Cosas del destino
Humor |
13.12.17
  • 4
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Sinopsis

Nunca se sabe las vueltas que da la vida. Hoy abajo, mañana en la cima.  Que me lo digan a mí, hace un mes era un tipo de cuarenta y tantos, soltero, tirando a fofigordi y escasos de fondos -en definitiva un perdedor sin gancho y futuro jodido- y hoy respondo por el mismo nombre, incluso utilizo la misma talla de pantalones, pero tengo un lustre distinto, parezco otro, y todo por un único motivo. Después de quince años de desesperanza, al fin he aprobado unas oposiciones. Sí, ¡la hostia!

La verdad es que tener trabajo fijo, con tus pagas, días libres, ayudas y demás, te permite ver la vida de otra manera, con más desahogo, incluso cumplir alguna de esas fantasías que te ronronean en la cabeza pero que sabes nunca saldrán de ahí.

Fantasías la verdad tengo unas cuantas, aunque no es cuestión de cumplirlas todas del tirón. Hay que saber dosificarlas, degustarlas, que se vayan derritiendo como un bombón…, sin prisas.

Una de ellas me pone especialmente, es diferente. Incluso he tenido sueños la mar de agradables al respecto. Un subidón de pura adrenalina. Así que al día siguiente de tomar posesión del puesto me puse manos a la obra, realicé las gestiones precisas y pasadas un par de semanas empecé a cosechar.

Los resultados, mejor de lo esperado, me obligaron a repetir la experiencia. Puedo afirmar que crea una cierta e incontrolable adicción. Llevo ya diez entrevistas de trabajo y tengo programadas otras tres para esta semana.

Ahora soy yo quien rechaza a las empresas, quien les hace las preguntas incomodas.Disfruto de sus caras de perplejidad, de los silencios que alargo hasta inquietar...

Y como postre me gusta despedirme  dejándoles sobre la mesa  mi tarjeta de visita, a dos colores, en la que se puede leer  "Inspector de Hacienda", y en el reverso, junto a una carita sonriente, una dedicatoria a pluma muy especial “Os vigilo”…   :)

 

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