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3 min
Cosas que pasan
Humor |
05.11.15
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Sinopsis

Me encontraba estudiando y subrayaba las ideas centrales con un pequeño lápiz de color. De pronto...

COSAS QUE PASAN
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Me encontraba estudiando y subrayaba las ideas centrales con un pequeño lápiz de color. De pronto dejé de hacerlo y, sin levantarme de donde estaba, me puse a divagar ---cosa que siempre hago cuando estudio, alternando una cosa con la otra---. Cuando quise retomar el estudio me percaté que mi lápiz de color había desaparecido.

Contrariado empecé a buscarlo. Sobre mi escritorio, amén del libro que estaba estudiando, se hallaban dos libros más, cerrados y uno sobre el otro, una revista, la regla con la que subrayaba, y un cubilete de dados que hacía de contenedor de bolígrafos y afines. Todo lo removí y lo vacié, lo volví a remover y a vaciar, y nada, el lápiz no estaba.

Rápido hurgué en mis bolsillos. Nada. Abrí la gaveta del medio, la que me daba en el vientre, la única de las seis gavetas del escritorio donde por ventura y sin darme cuenta podía haber metido el bendito lapiz, y después de pesquisar minuciosamente todo su contenido, el lapiz de color brillaba por su ausencia.

Ya ahí empecé a incomodarme. ¡Maldito lápiz! me dije. Me levanté y eché una rápida ojeada debajo del escritorio y por todo el suelo cercano a él. Como el mosaico colorido de la cerámica me impedía distinguir bien, deslicé mis pies por toda esa área, a ver si tocaban algo, pero nada, el lápiz seguía más perdido que nunca.

"¡Joder!, las cosas no desaparecen solas" me dije, ya no molesto, sino ahora sorprendido. Y es que estaba convencidísimo de que mi búsqueda había sido la más cuidadosa posible, tal como quedó demostrado tras mi segunda inspección, en la que repetí los mismo pasos y revisé las demás gavetas del escritorio, aún consciente de que no hallaría el lápiz en ellas.

Incrédulo y burlado por algún espíritu chocarrero que ya creía ver, presuroso fui a contárselo todo a mi madre, que a la guisa estaba tejiendo en una habitación contigua. "¡Mamá, no sabes lo que ha ocurrido, esto no tiene explicación, mi lápiz..." Ni bien mi señora madre se dio por enterada de los hechos, me miró con una sonrisa entre burlona y compasiva y, cojiéndome del brazo, me condujo hasta el espejo que colgaba de una pared. "¿Y eso qué es?" me preguntó. El lápiz de color que tanto había estado buscando, muerto de risa yacía sobre mi oreja. En el calor de mis divagaciones y sin darme cuenta, elegantemente me lo había puesto allí.

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  • Me pasa todo el tiempo.
    Me agrado tu relato, porque a mi me ha pasado muchas veces, y aun no se si ha sido por descuido o tal ves lo he hecho inconscientemente.
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