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11 min
[hr 1] Crónicas de un Apocalipsis Zombie Anunciado
Suspense |
08.04.14
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Sinopsis

Marianela una mujer muy embarazada, a pies descalzos quiere rescatar a su hija de la guardería, en medio de una apocalipsis zombie.

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http://www.tusrelatos.com/relatos/cronicas-de-una-apocalipsis-zombie-anunciada-1

 

Marianela se colocó las manos en el bolsillo y analizó el escenario. Tenía a un adolescente con delirios de grandeza, sin mayor experiencia que el teclado de su computador donde jugaba a la guerra y con las temporadas de The Walking Dead entre los recuerdos, que a opinión de Marianela se deterioraron con el tiempo y terminaría peor que Lost. Un par de gemelas, una de ellas, estoica se mantenía conteniendo a la otra que solo lloraba y una pareja de abuelos, que a simple vista estaban en mejor condición física que ella, no obstante, abuelos al fin y al cabo.

Miró hacia el techo de la guardería, eran solo unos metros, de estar al otro lado hubiera podido avanzar por los techos, sin embargo, entre el techo donde estaba parada y los techos de al frente había una calle principal, llena de autos estacionados, algunos de ellos aun con familias en el interior.

Zombies por todos lados ¿Por qué su país era tan pacífico? Ahora la violencia de USA le serviría, más que mal allá todos tienen armas – pensó – aunque nunca disparó un tiro en su vida, incluso con dardos fallaba, ella con un arma representaba más peligro que ayuda.

Hizo un gesto con la boca, la posibilidad de encontrar muerta a su hija en la guardería era alta pero no podía deprimirse, no podía entregarse a esa angustia, debía ir por ella, ella estaba bien, ella era inteligente, de prever peligro se escondería, tal y como lo hizo cuando entraron a robar en su departamento años atrás, incluso en esos tiempos era aún más pequeña. La esperanza fue una cálida sensación en su pecho, entonces miró la mano, que expelía ese asqueroso olor a azufre.

En muchas películas, los zombies atacaban en base al olor de la transpiración humana, ella tenía esa mano nauseabunda, que expelía putrefacción y azufre.

Sacó su cinturón de cuero italiano y sacó sus zapatos, todos la observaron con curiosidad, ocupando las hebillas consiguió amarrar uno a cada exterior de la correa. La movió de forma circular y por poco se golpea la cara; entonces amarró ambos de un lado, quedó perfecto, incluso cuando lo probó contra la pared, yeso saltó al piso.

Sacó el pañuelo del cuello y metió la mano, llamó su atención un anillo de matrimonio, una argolla, era una mano masculina. Marianela sacó el anillo y leyó “Roberto Valdivieso 1810”. Miró entonces a su gente, que continuaba observando lo que hacía, estupefactos todos y atentos.

  • Esta gente salió del cementerio – concluyó mientras metía la mano en el pañuelo y la colgaba de su cartera - ¿Cómo es eso posible?
  • Como en el “Amanecer de los Muertos” – respondió el abuelo – Esa es la película basada en el libro de King ¿O no? – No recibió respuestas – Igual, debo reconocer que siempre creí que de suceder esto, sería por una enfermedad, no por un acto fortuito…
  • No existe tal cosa – corrigió la abuela – No existe tal cosa como actos fortuitos, los muertos simplemente no se paran un día para atacar gente, no tiene sentido, aunque el que sean tan viejos se respalda por el estado corroído de muchos de ellos. Algunos no son más que hueso.
  • Esa mano…poca carne le queda – dijo el adolescente.

 

 

Marianela no creía en Dios, por ende tampoco en el diablo y se sorprendía de pensar que hasta el momento, la explicación que tenía en su cabeza era que aquella ceremonia, de esas extrañas personas, era satánica y ellos hicieron un pacto con el diablo para desatar un infierno en tierra, poniéndole fin de una vez por todas a la humanidad.

  • Abriré la puerta.
  • ¡No! – gritaron todos. Marianela soltó la manilla.
  • Tengo que ir por mi hija.
  • ¿A la Guardería Samy? – Marianela asintió – Podemos avanzar por los techos – dijo la abuela, hasta el final de la cuadra, bajamos por las ventanas del último edificio y corremos como alma que quiere llevarse el diablo, hasta la casa de al frente, subimos al techo y no metemos por el patio interno, solo un panel los separa, seguramente a los niños los tienen allí.
  • Hagámoslo – dijo el adolescente, en una postura dramática y sobre actuada.
  • Nosotras nos quedamos acá – dijeron las gemelas al unísono.

 

Marianela, los abuelos y el adolescente corrieron por los techos; incluso con su máximo esfuerzo, avanzaba lento y debía depender de la ayuda de los demás. Iba a pies descalzos, con su improvisada arma en la mano y la mano cadavérica de otro.

El adolescente, intentando ayudarla fue rozado por la mano, le salieron ronchas y tuvo un leve ataque de pánico, gritos y rasguños. Marianela sacó de su cartera gel alcohol y se lo echó en el brazo, la abuela se le acercó y los abofeteó. Todos, exceptuando el adolescente, con una calma impropia para la situación.

Marianela se enterró un clavo en el pie, no tan profundo, pero aun así le hizo un corte. Lo ignoró, veía a minutos re encontrarse con su hija. Desde los autos eran observados, comenzaron a escuchar ruidos desde la calle, un auto comenzaba a chocar a los autos en rededor, aquellos que no tenían personas, tirando los autos contra la vereda, atropellando a su paso varios zombies, cómo en un intento desesperado por despejar la carretera, otros autos comenzaron a imitar la medida de aquel avezado chofer.

El ruido atrajo a los zombies, quienes estúpidamente caminaron lentamente a ellos, desviando toda la atención del grupo, que bajaba por la pared del último edificio, tres pisos de altura, en que sólo dependían de la albañilería. Sorprendentemente, Marianela no tuvo tantos problemas para bajar, aparentemente la cercanía a su hija la llenaba de fuerzas. En silencio pasaron por atrás de los zombies, empujaron a algunos, Marianela puso en uso su arma, despejando a su paso.

Saltaron la reja de la casa y escucharon a un perro, que se preparaba para atacarlos, Marianela no quería pegarle al perro pero lo haría de ser necesario. Corrieron al patio de atrás, escucharon los murmullos de niños y una voz femenina, que tranquilamente los calmaba. Era la voz de Lisa, estaba solo a un muro de distancia, desde el interior de la casa se asomó una señora, quien con su rostro marcado por el llanto le ordenó algo en alemán al perro y abriendo una ventana, el perro saltó y entró a la casa.

Acomodaron unos muebles de jardín y se asomaron, allí estaban los niños, quienes lanzaron un grito. Desde el interior del jardín gruñidos, zombies que intentaban atacarlos. No podrían salir por allí, entre los niños estaba Mika.

  • ¡Mami! ¡Mami!
  • Pssss…Psssss – escucharon desde el otro lado, la señora que hablaba en alemán los alertaba y abriendo la puerta apenas, les dijo alzando la voz, para poder ser escuchada por entre el ruido de autos chocando – Pasen los niños para acá…
  • Gracias – dijo Marianela y miró a Lisa – Pásame a los niños.
  • Sí – respondió con una rápidez extraordinaria.

 

En una cadena humana los niños pasaron al interior de la casa, Mika no pasó, ella quedó junto a su madre, abrazándole la pierna. Finalmente llegó el turno de Lisa, quien colocándose una mochila en la espalda subió ágilmente, sin necesidad de nadie y todos corrieron al interior.

  • Hola – dijo la señora con claro acento alemán, cerrando con pestillo la puerta – Soy Gretchen.
  • Yo Felipe – dijo el adolescente. Marianela abrazaba a su hija, la besaba y lloraba. Los niños al verlos tuvieron pena, diez niños sin papás o mamás.
  • No, no, no – dijo Lisa – Ahora me tienen a mí, ya los llevaré donde sus papitos. Haremos un cartel y les diremos dónde estamos ¿Ya? – Hasta ese momento, Gretchen se mantuvo desconfiada de Lisa, al verla tierna y contenedora con los niños, cambió radicalmente su actitud.
  • Soy Ana, él es José – respondieron los abuelos, que felices se abrazaban sin dejar de mirar a Marianela y su hija.
  • ¿Qué es eso? – preguntó Gretchen apuntando al pañuelo.
  • Una mano.
  • Así veo ¿Pero de ellos?
  • Si – respondió el adolescente haciéndosela llegar, con el cuidado de no tocarla.

 

Gretchen y Lisa compartieron una mirada cómplice, era como si instantáneamente ambas mujeres hubiesen tenido una rápida conversación sin hablar. Gretchen sostuvo al perro, para que no ladrase y Lisa abrió la puerta, colgando lo mejor que pudo la mano, de la puerta de la casa.

Ambas creyeron eso distraería a los zombies, para cuando no quedasen autos habitados en la calle, de no intentar atacar la casa. Era sólo una teoría.

  • ¿Tienes electricidad? – preguntó Lisa.
  • Se cortó hace un rato…en el segundo piso hay una habitación con juguetes, es de mi nieto, cuando viene de visita.
  • Niños, vamos a jugar…
  • Yo voy con ustedes – dijo Marianela, de la mano de Mika.
  • Vamos todos mejor – dijo Felipe.

 

Incluso “Mein”, el gran pastor alemán los acompañó, ahora que los extraños se comportaban como conocidos de su dueña, su actitud agresiva se transformó en una sociable, parecía tener deseos de jugar con los niños. En cuanto se encontró una pelota, se la pasó a Mika, quien se la tiró sin fuerza, aun así el perro fue por ella y se la trajó de vuelta.

Todos los adultos esperaron que los niños se tranquilizasen con los juguetes antes de empezar a hablar.

  • Tenemos dos opciones – dijo el abuelo – Quedarnos acá, si es que Gretchen nos deja y esperar alguien nos evacúe o intentar salir de la ciudad.
  • Son lentos…podemos intentar arrancar – dijo el adolescente.
  • Sí, pero ahora estamos con niños, que son más lentos que ellos
  • Necesitamos una micro, iré por una – dijo Lisa – y te traeré zapatos, necesitamos medicamentos – guardó silencio un momento, levantó su oído, daba la impresión que alguien invisible le susurraba al oído, Marianela miró a Mika, para quien este extraño comportamiento era común e incluso parecía ser capaz de mirar a ese invisible compañero. Marianela miró entonces a Felipe, quien miraba a Gretchen con curiosidad.
  • ¿Usted atiende la panadería no?
  • Si – respondió Gretchen – Es una buena opción, una de esas micros gigantes…espera – dijo saliendo.
  • Necesitamos cosas para ti también – dijo entonces mirando a Marianela – cosas para el niño, con tanta agitación no sería extraño naciera él bebe – Lisa sacó de su mochila una gruesa chaqueta de cuero, que se colocó, finalmente serían útiles su clásico vestuario de altos bototos, pantalones militares y chaquetas de cuero – Eres la más inútil de todos – le dijo sin intención de herir sus sentimientos – Toma – le dijo pasándole la mochila, asumiendo un liderazgo que nadie quería asumir – Tu quedas a cargo de los niños ¿Alguien me acompañará? Entre menos, mejor.
  • Yo iré – dijo la abuela, provocando gran pesar en su esposo, que agarró la mano de su mujer.
  • Yo también – dijo el adolescente – yo nací para este momento. Entonces apareció Gretchen, con una escopeta y se la entregó a Lisa.
  • Suerte.
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    Basado en hechos reales...

    Marianela una mujer muy embarazada, a pies descalzos quiere rescatar a su hija de la guardería, en medio de una apocalipsis zombie.

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