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5 min
Creí que la había superado.
Amor |
10.01.18
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Sinopsis

Llevaba algunas semanas sin hablarle a la mujer de la que me había enamorado perdidamente y a quien amaba con locura. Semanas donde las cosas no habían sido fáciles pero poco a poco empezaba a sentirme mejor. Podría escribir párrafos sobre nuestra historia, describir con detalles lo que me enamoró de ella y lo inexplicablemente increíble que fue nuestra relación, pero creo que será en otra ocasión. Basta con decir que ella era ese tipo de persona que no encuentras a menudo y quieres mantener a tu lado por el resto de tu vida, vaya que era única. Yo quería que fuese feliz aunque no estuviera conmigo y a pesar de no saber nada de ella, cada noche le pedía a Dios que la cuidara y le guardara siempre lo mejor, porque lo merece. Y me sentía bien, maldición, de verdad sentía que todo estaba bien dentro de mí. Entonces le escribí. Quería saber cómo estaba, cómo le había ido y de paso quería comentarle algunas cosas de mis últimos días. Fui yo quien pidió algo de tiempo para poder superar nuestra situación porque me costaba mucho más que a ella y ambas sabíamos que si nos frecuentábamos, eventualmente podíamos acabar juntas. Eso era lo que debíamos evitar a toda costa. Estar juntas era lo que yo más quería, pero al mismo tiempo era justamente lo que ella no me podía brindar, razón por la cual terminamos. Y conociéndola, por más que quisiera hacerlo, no iba a dar el primer paso para ponernos en contacto, le gustaba respetar el espacio que las personas le pedían. Hablamos como antes, sin momentos tensos y con risas de por medio. Volví a tener esa otra parte que me faltaba. Le conté mis cosas, ella me conto las de ella. Creo que ambas necesitábamos sacar eso que nos daba vueltas en la cabeza. Todo iba bien, hasta que me hablo de él. La persona con la que estaba intentando tener una relación.

Era un buen muchacho, de eso no tengo la menor duda, ella no se fijaría en alguien que no valiera la pena. Pero madre mía, sí que era un imbécil. No sé qué me enojaba más, el hecho de que yo no estuviera en su lugar o que él no se diera cuenta que tenía a la mujer más increíble de todas. Juro que a veces me daban ganas de enviarle un mensaje anónimo con información sobre como enamorarla y decirle "mira, campeón, así es como se hace". Pero todos somos diferentes y él nunca iba a ser como yo, nunca la vería como yo lo hacía. Recuerdo haber sido una imbécil con ella al principio de nuestra amistad. Como todo, tuvimos momentos buenos y malos, no éramos perfectas. Yo cometí errores muchas veces, pero me di cuenta de lo que tenía antes de que fuese demasiado tarde. Porque así era ella, no se rendía cuando creía que alguien era especial y hacía todo lo que estaba dentro de sus capacidades para que esa persona mejorara cada día. Díganme, ¿Cómo no enamorarse de eso?. Estando con ella aprendí que ni la distancia, ni el tiempo, ni el tráfico, ni el trabajo, ni el dinero son excusas para no estar con las personas que realmente quieres. Así sea un mensaje, una llamada, una visita de 5 minutos, el tiempo que les dediques siempre valdrá más que cualquier otra cosa.

Y ahí estaba yo, aconsejándole al amor de mi vida que saliera esa noche con él. Ella estaba algo enojada, pero lo mejor era que fuese sincera y le dijera que le molestaba. Quizás discutirían, pero con suerte la cita podría mejorar, al igual que su actitud con ella. Me sentía madura, me sentía bien en el momento y de cierta manera me alegraba saber que a pesar de todo ella aún confiaba en mí. Pero toda esa fortaleza, toda esa madurez se derrumbaron cuando me acosté en mi cama esa misma noche. Mi corazón empezó a latir rápido, sentía un hormigueo por todo el cuerpo y un nudo en la garganta que me daban ganas de vomitar. No dormí en toda la noche. Quizás inconscientemente esperaba que me escribiera contándome como había terminado todo, o solo era la ansiedad atacando nuevamente. Era la tercera vez que me sentía así desde que habíamos terminado. Solo que esta vez no lloraba, no pensaba, era como si mi mente estuviese en blanco, sin la posibilidad de conciliar el sueño. Ella no tenía la culpa, de hecho me preguntó si yo me sentía bien hablando de él y que podía dejar de hacerlo si así lo quería. Pero es que no entendía que me pasaba, realmente todo estaba en orden. Entonces comprendí porqué dicen que no podemos controlar nuestros sentimientos, siempre estarán ahí aunque tratemos de ocultarlos, en nuestra mente, en nuestros sentidos. Y aunque creas que todo está bien, hay cosas que simplemente no se pueden manejar. Por eso no podía hablarle, por eso no podía verla, por eso no podía decirme que no importaba que estuviese con alguien más, por eso no podía mirarla a los ojos y fingir que no sentía nada, porque el efecto que causaba en mi era algo fuera de este mundo. Creía que estaba bien, creí que la había superado, pero me di cuenta que estaba equivocada.

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