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7 min
CRIMEN ORCANIZADO
Fantasía |
07.01.07
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Sinopsis

      Cómo había cambiado la mafia en estos últimos años era algo que quedaba patente al este de Europa, donde Ulrich lideraba una buena parte de estas tierras al mando de una banda criminal que no conocía escrúpulo alguno y se enfrentaba con sumo arte asesino a todo aquel que osara desvincularse de los entramados de la ley impuesta entre bambalinas. Todos temían al poderoso señor que bajo la excusa del impuesto revolucionario evitaba que sus propios hombres masacraran los negocios que al tiempo protegía. Y digo hombres por llamarlos de alguna manera, pues ni alma tenían, ni bondad ni corazón, solo maldad y un odio irracional hacia todo aquel que no fuera de aquella sanguinaria horda de bestias. Paseaban de noche y dormitaban de día, pero a veces ni cerrar los ojos se permitían y las grutas que les servían como cobijo solamente les guardaban hasta que la oscuridad volvía a caer lenta como guadaña y les permitía pisar de nuevo las, a veces maltrechas, calles de la ciudad.

      Cuando las primeras estrellas poblaban el cielo, los últimos habitantes cerraban sus puertas y ventanas. Un soniquete de cerrojos casi al compás inundaba con ecos las vacías avenidas y los luminosos eran los únicos valientes que emitían aunque fuera el más leve sonido de estática intermitente en medio del silencio nocturno. Siempre había alguien que no podía pagar el tributo impuesto y sus gritos se abrían a jirones entre las casas mudas y quietas, implorando una clemencia que nunca llegaba. Al final las palabras acababan ahogadas y sepultadas bajo los escombros de la ruinosa ciudad condolida por los altercados urbanos y, su dueño, el de las hilarantes voces, exhalaba su último aliento llamando a las puertas del cielo. Así la costumbre de ser oprimidos se había convertido en tradición y nadie osaba contradecir aquella rutina de dolor. Ulrich era casi tan despiadado como aquellos que bajo su cargo se sometían agradecidos de ver domado su brazo ejecutor. Acataban toda orden sin mediar replique alguno, cada noche su fuerza y agresividad se centraba en un solo propósito que al tiempo servía al de su amo, limpiar las calles de la inmundicia humana. Para ellos su objetivo no tenía distinción, todos les eran igual de despreciables, no era así sin embargo para Ulrich que realizaba su selección en función de un objetivo mucho más específico y que se concentraba en aplicar la justicia que él consideraba sobre las cabezas de aquellos que se reían de él omitiendo el pago de sus servicios. En carne para sus bestias había de cobrarse a veces.

      La mafia ha cambiado mucho de un tiempo para acá. Antes no se dejaban ver con frecuencia y actuaban desde las sombras, enfundados en largos abrigos y sombreros de fieltro que cubrían sus rostros. Chantajeando a los poderosos políticos y a la alta sociedad influyente, sobornando y extorsionando con delicadeza. Antaño se podía considerar un arte al alcance sólo de unos pocos. Incluso en algunos de los oficiantes, el arrepentimiento nacía con el tiempo y tenían que huir de sí mismos hacia cualquier lugar en el cual los espejos sobrasen. Ese arrepentimiento ya no tenía cabida. Desde que Ulrich encontrara por casualidad un mapa escondido en el falso fondo de uno de sus oprimidos, todo había cambiado de forma considerable. El mapa conducía a una oscura gruta bajo tierra, el acceso era difícil y, aunque iba a ciegas, en su fuero interno sabía que la recompensa de lo que encontrara allí sería mucho mayor que el esfuerzo que tuviera que realizar. Así fue como se adentró en un mundo ajeno a este, oculto de la vida social del exterior pero con un entramado civilizado mucho mayor del que podría imaginarse de aquellas criaturas. Al llegar se sintió observado, aquellos que le acompañaban perecieron absorbidos por las sombras de las paredes húmedas que aparecían en un suspiro y apenas dejaban emitir un grito a sus hombre mientras recibían a la muerte por sorpresa. Recitó unas palabras escritas en ruso a modo de leyenda en el reverso del mapa. Las criaturas se acercaron a él y le olfatearon como quien investiga el alma de su presa. Sus ojos se iluminaban con interés y curiosidad. No le rozaron un solo pelo, en cambio se arrodillaron y agacharon sus cabezas. Apenas podía ver centenares de bultos oscuros postrados frente a él en aquel suelo pedregoso y abrupto, todos se inclinaron ante él. Entonces supo que su recompensa había llegado, así como las criaturas comprendieron que, bajo aquel disfraz humano, se escondía el poder y el talento cruel de su nuevo amo. Su condición sumisa se manifestó rauda.

      A Ulrich no le preocupaba haber perdido a sus hombres, ahora no los necesitaba. Una de aquellas bestias le acompañó a la claridad de la luna una vez hubo anochecido y pudo observar con detalle la horrenda figura que ante sí se hallaba. Supo de inmediato que aquel ser no podía ser humano, también supo que, de entre todos, aquel era el que se proclamaba portavoz de la horda. Su piel azul brillaba subrepticiamente y sus ojos rojos refulgían airados frente al hombre. Los colmillos se mostraron sobresalientes de su boca cuando las palabras brotaron débiles y rotas. Era un idioma extraño, pero Ulrich comprendió inmediatamente su intención y asintió. Entonces la bestia, hasta entonces encorvada, se estiró hasta casi mirar de frente al mafioso y realizó un movimiento extraño de cabeza acompañado de un chasquido. Media más de metro y medio cuando volvió a encorvarse. Pronto el resto de los seres salió de la gruta como una fila de hormigas. Portaban armas y poca ropa. Desde entonces aquel fue su ejército, su banda.

      Orcos los llamaban y como orcos les temían. Su naturaleza inhumana, carentes de alma alguna y sometidos a una mortalidad más temprana que la del hombre, hacían que su odio hacia la raza predominante en la tierra se incrementara. Al morir su cuerpo se desvanece sin más, se desintegra, y es por eso que no sienten el más mínimo respeto por la vida. Son asesinos sin piedad, carnívoros y caníbales, envidiosos del ser humano que algunos dicen un día ellos mismos fueron. Otros dicen que proceden de antiguos elfos, corrompidos y esclavizados, transformados en estos insensibles seres carentes de bondad y honradez. Ulrich conoció los pormenores de esta raza sombría tiempo después, pero no le importó pues cumplían bien con su función. Bajo el yugo de su tiranía siguen obrando cada vez que su amo lo requiere, que suele ser con frecuencia. Pero lo cierto es que en estos últimos días que corren, pocos eximen su responsabilidad de pago o se rebelan contra las criaturas. El índice de ingresos ha aumentado, sus gastos han bajado... solamente ha de darles carne de vez en cuando o permitirles devoren uno de los suyos cuando el hambre apremia, alejarles de la luz del Sol y recordarles quien es el que manda. Un precio pequeño para la gran recompensa que de ello obtiene.

      Definitivamente la mafia ya no es lo que era y, Ulrich, da gracias por ello cada día mientras alimenta el odio de sus fieles y sumisos orcos. La noche se aproxima y las bestias se preparan para inundar la ciudad, hoy hay carne fresca. Frank no pagó este mes. Su pequeña tienda de ultramarinos habría de improvisar un traspaso. Varias manchas azules se aproximan a la puerta y se pierden en su interior. Un grito se estrangula en la oscuridad y un olor a sangre derramada se evapora entre los colmillos de unos hambrientos orcos.
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