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15 min
Cristel entre Orquideas
Terror |
14.04.17
  • 5
  • 1
  • 2308
Sinopsis

"Nuestro pensamiento será uno, cuerpo, alma y mente unidos, siempre..."

CRISTEL ENTRE ORQUIDEAS

Terror

AUTOR: ANGEL NAVA PRUDENTE

(xeroxed_angel@yahoo.com.mx)

 

 

Cristel sonrió emocionada cuando frente a ella, la luz de las velas dibujó una mesa de cristal con luz de centro y la cena lista, copas brillantes y una botella de champaña reposando entre cubos de hielo. Sus ojos fulguraron con lágrimas de alegría, junto las manos y se las llevó al pecho, bajo su barbilla, en una señal de agradecimiento para Brais, quien yacía detrás de ella expectante, aunque no podía ver su rostro conocía ese semblante de Cristel que decía gracias amor, no era necesario tanto... De verdad gracias.

Ella se dio vuelta y el la abrazó por la cintura, mientras las delgadas y femeninas manos le rodeaban el cuello, un brazalete dorado asomó en la muñeca de Cristel. Entonces Brais escuchó las palabras:

-           Gracias amor, no era necesario tanto...

Sus rostros se acercaron para ofrecerse un beso, anunciando el inicio de la cena para aquella fecha especial, en la que hace un año Brais conociera a Cristel en la cafetería, bajo el diluvio que caía inmisericorde.

            -           Siempre es un placer querida - dijo él y extendió una mano mientras retiraba la silla con la otra.

Cristel se recogió el vestido para sentarse, acto seguido él dejó caer delicadamente la servilleta sobre aquel muslo desnudo que el vestido permitió.

Sus pupilas miel viajaron hacia los recuerdos. La lluvia sin cesar, ella esperando a que amainara, el entrando a la cafetería, pidió un café a la camarera.

Dios, esta lluvia apagaría hasta el fuego del infierno, dijo y la camarera sonrió, Cristel hizo lo mismo en silencio desde su lugar, recogiendo las trazas de café de sus generosos labios.

Después de unos minutos sus miradas se encontraron y él se acercó a la mesa de ella.

-           Hola - dijo el bajo la chamarra.

-           Hola - contesto ella.

-           ¿Crees que una taza de café sea suficiente?

-           ¿Para qué?- dijo ella bajo su cabello lacio empapado.

-           Para amainar este diluvio con palabras…

Ella sonrió y con tono de picardía contestó:

-           Deberíamos dejarlo un poco más, quizá apague el infierno completo.

 

Ambos sonrieron de buena gana. Cuando la lluvia cesó Cristel ya sabía que el mejor lugar para tomar el té estaba en la plaza del sur. Agitando la mano después de aceptar la invitación, Cristel se despidió de Brais, caminando entre las húmedas calles.

            Al día siguiente, un té y una caminata entre sauces les reunió, Cristel se observó en los grises ojos de Brais y supo que el era lo que quería. Demasiado pronto quiza, quiza nunca le habia pasado, pero bajo los sauces su yo interior apunto hacia el.

Sus frentes se juntaron esa tarde con nubes amenazantes de paisaje, árboles danzando ante el viento, niños tirando migas de pan a las palomas y ruedas de bicicletas girando. Entre rehiletes, tacones, pasto, días de campo, risas, burbujas, globos, arcoíris y orquídeas.

           

-            ¿Me permite mademoiselle? – dijo él como las primeras veces que pasearon, mientras tomaba las tenazas de acero, sirviendo ensalada sobre el plato de ella. Ensaladas dulces pensó Cristel muy dentro. Después del café, las ensaladas de frutas dulces eran sus favoritas, recordándole su niñez. Brais lo sabía y a medida que servía, ella pudo mirar el empeño que había puesto él en aquella ensalada, aún el plato principal yacía oculto bajo la cúpula de acero a mitad de la mesa. Ella le miró en silencio.

-            Mango y tomates querida – dijo él, pero ella no le escuchó, embelesada le miraba a través de sus pupilas miel, en silencio sobre la luz de las velas, con una sonrisa interior que le rememoraba el año que llevaban juntos, parecía apenas ayer, era tan pronto. Luego su pensamiento avanzó años en el futuro, arrancándole una sonrisa apenas perceptible.

-            ¿Qué te sucede Cris, es gracioso verme de cheff y mesero a la vez? ¿Es eso verdad? ¿Es eso? ¡Entonces será tu turno de servir champaña! – Jugueteó el mientras dejaba los platos en la mesa.

-             ¿Me amas Brais? – dijo ella, los pendientes alargados girando en círculos bajo sus orejas. El la miró en silencio. El traje le sentaba bien, pensó ella para sus adentros, nunca le había visto en traje, la noche en que le conoció llevaba esa chamarra amarillo azul y no fue sino hasta un mes después que miró entre su figura delgada, ese breve pero inquietante asomo de feminidad de su cintura, luego en sus manos tersas. No le importó, al paso de los meses se acostumbró a abrazarle, se acostumbró a que aquellas manos acariciaran sus mejillas y arrancaran notas únicas a la guitarra.

-             ¿Te atreves a preguntarlo? ¿No te convenció esta combinación de frutas para solamente tu paladar? Para ti únicamente…

Cristel sonrió y le besó. La champaña burbujeó en las copas, el cristal tintineó pálidamente, trémulo como la luz de las velas. El hizo un movimiento oculto bajo la mesa y la música comenzó a sonar.

I wonder should i go, or should i stay…

La suavidad de la música parecía flotar sobre la alfombra, sobre ellos. Otro movimiento y la luz palideció, cambiando de tonos violeta a naranja, de amarillo a verde, de azul a rojo.

-             ¿Aún lo dudas querida? – dijo él.

Su mano tomó la servilleta para destapar el plato principal, cuando la música alcanzó el estribillo, la langosta asomó su exquisitez sobre la charola de acero. La degustaron entre risas, recuerdos y canciones de antaño. Un trozo de pastel de café clausuró la cena, el estómago de Cristel estaba satisfecho. Al fondo de la habitación, el sillón de terciopelo les invitó, mientras el viento jugueteó con la cortina acariciándole, lejos de las luces de la ciudad y del bullicio, lejos del ruido de los automóviles y la gente, lejos de todo. Un paraíso particular para nosotros, le dijo el mientras le llevaba de la mano.

Reunited and it fells so good, la melodía susurró entre luces tenues. Momentos azul suave surgieron cuando Brais le acarició la mejilla con los dedos, ella cerró los ojos y nuevamente se besaron.

 

-          Gracias por estar aquí - dijo ella, y el brazalete volvió a brillar con leve intensidad,  hacia unos meses que el se lo entregara en un paseo por la playa, tengo una sorpresa para ti pequeña fueron las palabras.  Brais cuidaba mucho su aspecto y era muy atento, nunca se dejaba crecer la barba, ni siquiera un poco, quería lucir bien para ella, decía. Cristel se hizo a la idea con el paso del tiempo, a pesar de las críticas de sus amigas hacia su prototipo inusual de hombre.

El se acercó y le susurró al oído, la nariz rozando un costado de su cara.

-          ¿Sabes que siempre has sido importante para mi Cristel? Siempre...

Ella sonrió.

-          ¿Sabes que no te cambiaría por nada ni nadie y que daría mi vida por ti? ¿Lo sabes?

Cristel tomo su cara entre sus manos.

-          Brais...

-          Di que siempre me querrás Cris, pase lo que pase...

-          Siempre...- susurraron los labios de Cristel, proponiendo besar.

-          Y que siempre formarás parte de mí aunque el tiempo transcurra...

-          Siempre...

-          Nuestro pensamiento será uno, cuerpo, alma y mente unidos, siempre...

-          ¿Son muchos requisitos amor, no crees?

-          Dilo... -  imploró con un tono apenas perceptible.

-          Hasta que el infierno se apague - dijo ella.

-          ¿Sellamos con un beso la promesa querida?

-          ¿Porqué tardaste tanto en pedirlo?

-          Porque, te garantizo que después de besarnos hoy, ya no podrás separarte de mi - dijo el y sus ojos brillaron de forma diferente, ella no lo notó, el azul tenue y sealed with a kiss no ayudaron en mucho.

-          ¿Quien te dijo que querría hacerlo?

El se acercó lentamente, Cristel le ofreció sus labios y su infierno interior, las manos acariciaron suavemente la piel, y ella sintió esa sensación de la primera vez en el parque, entre bicicletas y globos, sin bullicio y en el silencio que provocaba la intimidad. Sus labios se deslizaron en diferentes ángulos, a poco sus lenguas se rozaron suavemente. Cristel se separó, jugando sin apartar su frente de la de él, y con el dedo índice acarició sus labios, sus delicadas manos refugiándose en el. La primera sensación se hizo presente, un hilo eléctrico recorriendo sus dedos, su muñeca, espasmos repentinos sin dolor, casi imperceptibles.

Sus frentes se separaron, no asi sus manos, la espalda de Cristel llego a la pared, Brais la avasalló a besos, ni siquiera recordó el momento en el que se apartaron del sillón, sintió el frío concreto en la espalda y le olvidó de inmediato embelesada por la pasión. Su garganta dejó escapar un gemido atenuado. El aumentó la presión en sus manos, Cristel se apartó de su cara para decírselo, decirle que comenzaba a lastimarla pero sus manos no obedecieron.

Un tirón más y Brais no la soltó.

-          Amor ¿Me devuelves mi mano?

Nunca antes lo había hecho, nunca antes le tomó las manos con tal fuerza, siempre un caballero, siempre. Pero esta vez, solo hubo silencio. El rostro de él se ensombreció.

-          Brais por favor, me estas lastimando. Me lastimas cariño, devuélveme mis manos.

El cedió, sus dedos se abrieron. Cristel tiró un par de ocasiones. Sus manos seguían en las de el, no es que las sujetara, simplemente seguían ahí. Su corazón se aceleró.

-          Brais, si esto es una broma no es gracioso, no en esta noche, anda suéltame  ¡Suéltame!

Silencio.

Just to be close to you girl...

Cristel tiró de nuevo, una y otra vez.

-          ¿Brais? ¿Qué sucede?

No hubo respuesta. La mirada hacia el suelo de aquel maniquí en el que se había transformado Brais, le atemorizó más, no podía sacarse las manos de encima. Desesperada, se deshizo de sus zapatillas y colocó una rodilla en el estómago de él, empujándole hacia atrás. Sollozando se dio cuenta de que sus manos estaban fundidas en él, las de él en ella. Escuchó su corazón golpeando dentro, la luz se volvió roja, intolerable. La segunda sensación se hizo presente, esta vez el impulso fue mayor y más sensible, los brazos de Cristel se paralizaron mientras ella gritó de dolor, escuchó los huesos acomodarse bajo la piel y lo siguiente en fundirse fueron sus muñecas. Gritó tan fuerte como sus pulmones se lo permitieron ¿pero quién le ayudaría en aquel rincón tan apartado? No hubo bicicletas, niños ni arcoíris esta vez,  la voz de aquel títere siniestro surgió entre la penumbra, breve y baja, ininteligible. A poco su rostro se levantó, mirándola, entonces ella percibió ese brillo nunca antes visto. Brais giró levemente su rostro sin dejar de mirarla.

Abajo, el brazalete se ajustó a la muñeca, que ahora era una sola. Cristel sintió la sensación de mover los dedos, pero no los encontró, no existían, había un muñón de carne, piel y huesos tomando forma apenas, apenas…

-          ¿Tu crees que una taza de café sea suficiente querida? – dijo él en el peor tono de voz que ella pudiera haber imaginado, cada letra le sacudió por dentro, despedazando sus nervios.

-          Tengo una sorpresa para ti pequeña –

Cristel se estremeció, sacudiendo su cabeza de un lado a otro, el maquillaje sobre sus mejillas esparcido por las lágrimas, imploró que le dejara ir, pero ya era tarde. La cabeza de Brais se acercó, inyectándole recuerdos breves en milisegundos, recuerdos de otras vidas, de mujeres y pánico, de gritos, de cenas y de luces tenues. Recuerdos dolorosos asomaban, y el siempre estaba ahí, siempre estuvo presente. Nubes, bicicletas y tazas de té. Cristel comprendió lo que pasaba pero no lo que el era. Ese no era Brais, no era el atento Brais que le diera el brazalete.

-          No podrás separarte de mí…

Su frente hizo contacto, los pies de Cristel golpearon hasta lastimarse. Le faltaba oxígeno. Agujas horadaron sus brazos, miró hacia abajo. El cuerpo de Brais se había tragado su antebrazo y seguía subiendo, como una marea maldita tomando el control, las fuerzas le abandonaron. A cada instante, un recuerdo le contaba la historia de Brais y el brazalete, y de cuantas veces lo había obsequiado desde hacía ¿Cuánto tiempo? ¿A cuantas más? Sus gritos se confundieron con la voz de él, y desde dentro del cuerpo de Brais emergieron más voces contando historias.

-          Unidos por siempre, un cuerpo y una mente querida, un cuerpo y una mente…

Brais recargó su frente en el pecho de ella, hundiéndose poco a poco, anunciando los últimos instantes, sus piernas estaban siendo absorbidas por las piernas de él, sus brazos ya no existían. Tras de ella sintió un cuerpo enrollarse en su cintura ¿acaso ya nada le pertenecía? Sintió la piel fundirse mientras sus pulmones colapsaban, tomó aire soportando el rostro sumergiéndose en su pecho, fusionándose como agujas de hueso imparables. Una ola de dolor le invadió y dejó escapar un último suspiro. Gritó.

Gritó como Perséfone, Abigail y Naomi, gritó como Calíope y Sahara, y escuchó su voz al mismo tiempo que las de ellas, llevándose tal vez un último recuerdo de nubes amenazantes y niños dando de comer a las palomas, entre sauces y orquídeas, la cara de Brais emergió boqueando en su frágil nuca, asimilando un nuevo cuerpo. La boca de Cristel se cerró, ya no le pertenecía, sus ojos se apagaron y su pelo pasó a formar parte de Brais, quien respiró de nuevo con fuerza, con vitalidad, la vitalidad que se iba perdiendo al paso de los años. La misma que solo encontraba en mujeres como Cristel, la misma que renace con la palabra… ¿Cómo le llamaban? ¿Amor? Era eso que no acababa de comprender. Entre el silencio y las luces tenues, parpadeó dando la bienvenida a la nueva vida, parpadeó en el anochecer, las velas alumbraron levemente sus nuevos ojos miel y el brazalete, con breves tonos dorados. Abrió y cerró las manos, se sentía bien. Los jirones del vestido de ella colgaban de su traje, se despojó de ellos y se sacudió el traje.

Primero sonrió despacio, tomando un sorbo de champaña, después la intensidad de su risa aumentó, hasta convertirse en una carcajada oscura.

 

 

Edana caminaba aprisa sobre las calles empedradas, cubriéndose la cabeza con el periódico de la mañana, había comenzado a llover y faltaba un largo trecho para llegar a casa aún. Vislumbró a pocos pasos la entrada a la biblioteca mientras la lluvia arreciaba, cuando pudo alcanzar el lugar para guarecerse del temporal, el periódico estaba deshecho y sus hombros empapados.

- Maldición - espetó - mientras sacudía sus manos.

Se quitó los anteojos para limpiarlos y deshizo la cola en su cabello. Fue entonces que se dio cuenta que frente a ella, alguien le miraba en silencio. Incorporó los anteojos nuevamente, un sujeto de gabardina le miraba con gesto despreocupado y una breve sonrisa.

- Hola, disculpa no te vi al llegar.

- No te preocupes - respondió el - me resguardo del temporal.

A la luz que custodiaba la entrada a la biblioteca, Edana miró al sujeto, tenía rostro amable , jovial.

- Yo también - dijo ella - Que loco ¿No? Un instante despejado y un minuto después mira que diluvio.

- Si, tienes razón, es tan fuerte que apagaría el fuego del infierno.

Edana sonrió junto con el sujeto, contemplando sus ojos color miel bajo las nubes amenazadoras de una tarde lluviosa.

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  • Un relato superior a la mayoría. Es un terror que no se basa simplemente en escenas gores sin más sino que es bastante gráfico. A veces el lenguaje es demasiado poético para mí pero supongo que está ligado a la concepción cortes de los protagonistas. En definió muy bueno un saludo
  • "Nuestro pensamiento será uno, cuerpo, alma y mente unidos, siempre..."

    Un saludo a todos los lectores y escritores de esta página, en especial a aquellos con quienes compartimos la crowd creation de El cetro de Esmeraldas, espero les guste este pequeño poema... Buenas noches.

    ¿Qué podía imaginar yo señor, que detrás del telón siempre estaban ellos, husmeando y vigilando, arrancando cada vestigio y cada rastro de humanidad que estaba en mí? ¿Qué podía imaginar que mi hogar era un apocalipsis?

    "Es ella quien mira al lago cercano donde crecen los juncos y las raíces, igual que piernas de madera, a la sombra de los alcornoques, troncos que esconden nombres en silencio..."

    Un vagabundo sueña con una vida fácil, hasta que encontró la casa ideal para llevar a cabo su plan maestro, aquella de la sonrisa beige...

    Después de perderme unos meses, les saludo de vuelta con un pequeño poema, si no mal recuerdo no escribía desde marzo, desde el capítulo XII de la crowd creation, en fin, espero les guste, saludos!

    Como mencioné en el foro, no deseo introducir secuencias ni personajes que no encaucen con la historia, pero si deseo acentuar la maldad de las fuerzas del caballero Oscuro, los que aqui se nombran bien pueden pelear contra Ireler y Magnus, además de que el profeta se vea en peligro o sea eliminado por su ambición de tambien conseguir el cetro, espero sus opiniones y a Maikita por supuesto con el XII. Un saludo a todos! P.D. Sugiero una vuelta por el foro para concretar opiniones...

    "Su voz era realmente siniestra, escalofriante ¿no era esto lo que buscabas? Me dijo una vez ¿no buscabas la tendencia a no dormir? ¿no querías el miedo? La mayor parte del tiempo la consumía en cortar espejos de tamaño mediano que conseguía probablemente mientras mi cabeza dormía..."

    "La luz del ordenador, única, mínima, alumbrando mis falanges que escribían a mil, las lenguas de la oscuridad susurrando en mis oídos y el abrazo de la noche hicieron que surgieran las historias, historias de verdad."

    Siguiendo la secuela, añado el capítulo II, Ender gracias por crear esos personajes de los que puedes derivar en miles de vertientes, aqui les entrego el sig. capitulo preparado bajo la musica de Audiomachine y two steps from hell para la inspiración, Mayka , tu turno! saludos a todos!

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