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8 min
Crónica de un fracaso anunciado
Reflexiones |
18.09.19
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Sinopsis

Luz. Joder, me cago en la puta luz. ¿Qué coño pasa? ¿Por qué se apaga la música? Ahora mismo soy como un vampiro, necesito oscuridad y si puede ser acompañada de un buen grave, ya sería la polla. ¿A dónde os vais? Quédate conmigo y esta sensación nunca acabará, por mucha luz que pongan.

¿Por qué cojones me tocas? A mí no me empujes. No sabía que tenía que irme. Ya me voy.

¡Joder, no tengo batería! ¡Qué cojones hago ahora! Solo puedo irme en autobús, ¡Joder!

Comienzo mi único camino con final feliz, la parada del bús. Soy de los pocos que todavía andan, como si de una procesión de muertos vivientes se tratase, por las calles de Madrid. Los pájaros comienzan a cantar, mientras las aceras apestan a vino y alcohol. El amanecer de Madrid es un episodio un tanto peculiar. Está lleno de contrastes. Tú intentas volver como puedas a casa con el rostro desencajado, mientras observas como mujeres y hombres, a veces con sus vástagos, se dirigen a realizar alguna actividad sana. Te estás muriendo, lo sabes. Cómo algo en el trayecto te salga mal, eres carne de robo y tienes todas las papeletas para que te confundan con un mendigo. Pero, ¿y qué coño más da? Hoy me lo pasé bien, muy bien.

Veo la parada del bús. Ya no queda nada. Me arrastro como puedo hasta alcanzarla, casi fracaso. Estoy reventado. Demasiadas drogas para un corazón tan pequeño. Pero consigo alcanzarla.

Recuerdo como me senté y cómo maldije a todo lo maldecible cuando ningún autobús no pasó. No sabía qué hora era y encontré a nadie a quién preguntar. Me dió miedo alejarme y que el autobús pasase y se fuera sin mí. Después de lo que había esperado…No me iba a mover, así que me acomodé. Iba muy borracho todavía, pero debía permanecer despierto. Despi….

-Hola, perdona que te moleste. ¿Sabes cuándo pasa el autobús? -me preguntó una voz masculina.

Me levanté sobresaltado. ¿Cuánto tiempo llevaría durmiendo? 

-No sé, llevo esperando un rato y no he visto ninguno -contesté sin mirar 

-Vale, gracias.

Escuché como se sentaba en el otro extremo del banco. Iba borracho, muy borracho y había encontrado alguien con quien hablar. Eso se merecía que me levantara.

-Oye, ¿a dónde vas? -le pregunté.

-¿Quién sabe a dónde va?

¡Wow! Con el ciego que llevaba, era la persona idónea. Me había contestado con una pregunta existencial y yo de eso sabía mucho, o por lo menos eso creo cuando voy borracho. Y aquel día lo iba mucho.

-Exacto. ¡Ha sido una gran respuesta! Aquí, donde me ves -dije intentando parecer uno de esos genios que habían necesitado la bebida o el opio para ser lo que fueron- Soy un ferviente defensor del empirismo. Pero más que un John Locke, me decanto más por las teorías de Zola. Ya sabes, genética y experiencia.

-¿A dónde vas? -me preguntó. No me había fijado hasta entonces, pero aquel tipo tenía la barba muy larga. Su cara estaba marcada por una acné excesiva, en el mejor de los casos, y su atuendo estaba muy deteriorado. Vestía con una gabardina marrón, aunque antaño podría haber sido gris, ya que estaba empapada de algo que la otorgaba ese color y no había llovido en semanas. También llevaba unos pantalones vaqueros, que igual que las demás prendas, estaban destrozados. Parecía un mendigo. No como yo, un mendigo de verdad. Pero me recordaba a alguien...

-A mi casa -contesté. Había estado dudando si responder con alguna frase intelectual, pero aquel tipo no parecía que tuviese ganas de hablar. Me había engañado con aquella pregunta. Seguramente estaba más drogado que yo.

Me senté y esperé. Joder, no venía el autobús. Me recosté. No podía dormirme o aquel tipo seguro que me robaría. Si hubiese ido más consciente le hubiese echado, pero iba demasiado borracho y drogado.

Busqué en mis bolsillos y encontré un cigarro partido. Pensaba que no tenía, así que aquello fue una gran noticia. Me las ingenié como pude para poder unirlo, o como se dice en la jerga fumadora: ‘empalmarlo’, y lo encendí. Que rica supo aquella calada. Joder, fue como hacerse una paja en tu cuarto después de haber pasado una semana de vacaciones con tus padres en la misma habitación de un hotel. Te las haces, pero no saben igual.

Aquellos que fuman pueden intuir que pasó a continuación. Fue darle un tiro y el puto autobús, que no había pasado en milenios apareció. Era mi último piti, quería fumar, así que me pensé si subir o no. Pero tenía que subir, quería llegar a casa saludar a mi perro y refugiarme entre las sábanas. El paraíso había cerrado sus puertas, hoy. Paré el autobús y exprimí el cigarro hasta que la puerta se abrió. Estaba con un pie dentro cuando escuché algo.

-¿Quién eres?

Era el mendigo. Menudo momento para hablar.

-Soy el que se pira a casa en autobús, por fin -le contesté. 

-No me has entendido, ¿quién eres, Eduardo?

Me giré. No recordaba haber dicho mi nombre.

-¿Cómo sabes cómo me llamo?

-¿Subes o no? -preguntó el conductor hasta la polla. La gente que trabaja de noche, sobre todo la que ofrece servicios públicos, o van de farlopa o están amargados.

-Díme quién eres, puede que te conozca.

Aquello era un puzle. Tenía que resolverlo. A tomar por culo volver a casa. A ver que me deparaba aquella situación. Escuché como me insultaba el conductor del bus mientras cerraba la puerta. Puto gordo.

-¿Cómo qué quién soy?

-Tú solo lo sabes.

-Mira, yo paso de acertijos a lo Paulo Coelho, moralejas nivel El Secreto y filosofía barata de Mr. Wonderful. ¿Cómo sabes mi nombre?

-Tú me lo has dicho. Quizás nos conozcamos… Puede que no. Pero la pregunta es: ¿quién eres y cómo has llegado hasta aquí?

Tenemos que recordar que iba muy ciego, muchísimo. Por favor, piedad con mis respuestas.

-Por qué parece ser que me gusta más la fiesta, las mujeres, las drogas y el alcohol que a mis amigos. O yo qué sé, puede que…

-¿Genética? 

-Sí, eso.

-Entonces, ¿eres solo una hoja que el viento manipula a su antojo? ¿Sin capacidad de decisión, ni juicio?

-Como todos, si te crees superior te equivocas… Y por tu atuendo no creo que superes a nadie.

-Los prejuicios… Fantasmas de la era de los hombres. ¿Y si soy un Diógenes moderno?

-Ya no hay espacio para eso, hoy vivimos en la época del desprecio material. De la incongruencia física y aparente...

-¿Quién eres?

-¿Qué quién soy?

-Veo que empiezas a comprender la pregunta.

-Me gusta pensar que soy Un Guardián Entre el Centeno, pero sin ser pederasta. ¿En serio nadie se ha dado cuenta? El sueño del personaje es el de atrapar a niños que jueguen entre este cereal. Así, de repente, de la nada aparece un señor que te apresa, a lo Freddy Krueger. Y nosotros seguimos alabando un libro que lo único que hace es elevar las hazañas que podría cometer cualquier adolescente, pero en boca de uno rarito.

Holden es ese chaval, del que todas las chicas están enamoradas cuando está plasmado en tinta, pero que si fuese real, no dedicaría ni un solo segundo de su tiempo en ojearlo. Por que, yo he conocido muchos Holden. Y no causan la sensación que de las novelas.

Una vez tuve una novia que dijo que era su amor platónico. Argumentaba que tenía un amigo -no es por nada y no hay ni un celo en esta frase- muy feo que decía que le recordaba a él. ¿A qué te recuerda, hija mía? A un inadaptado social, como podemos ser tu y yo, que además era un cateto y putero… En fin, ¿qué quién soy?

-Sí.

-No soy nadie, pero puedo ser todo. Con ser una sombra ya asombro a la gente que me rodea, aunque creo que empiezan a cansarse...

 
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