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7 min
Crónica de una vida anunciada: San Valentín.
Drama |
19.11.19
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Sinopsis

Creo que no nos hemos presentado correctamente, a pesar de llevar semanas escritas donde habéis conseguido conocer más de lo que cualquier persona ha podido; tengo límites y yo decido quién las traspasa, o si alguien las traspasa.
Sabéis mi edad, sabéis incluso que mi vida tiene fecha de caducidad pero no sabéis mi nombre, uno de los principios básicos. Habéis aprendido la parte difícil y es que pensé en hacerlo así, ser anónima y contar una historia más, que no tuviese más significado que aquel que cualquiera podría darle.
Pero creí que sería injusto permitir que solo vosotros buscarais un sentido a este relato tan desigual, ya que nunca encontré aquello que os pido, y por una vez quiero ser partícipe de mi vida, de algo.
Habitualmente mi casa es silenciosa, no puedo concentrar mi energía en convertir la nada en algo si hay movimientos o sonidos que puedan alterar las ideas de esa realidad, por eso nunca escucho música; no quiero que sus ondas sean tan estridentes que cambien mi propia a realidad, hay muchas cosas que no entiendo y eso sería demasiado.
A pesar de todos mis esfuerzos por estar a la altura de mi sesión literaria semanal no conseguí manchar el papel, es más, lo dejé más blanco de como lo encontré; aunque la claridad del color evoque paz para mí fue traumático, como si el diablo se vistiese de seda para distraerme del único motivo de mi existencia.
Indignada por mi baja capacidad de crear y el incesante sentimiento de frustración corriendo por mis venas decidí encender la radio, después de mucho, con el temor entre el espacio fantasma del cuarto; necesitaba escribir como hacía cada semana pues si no lo hacía una sensación extraña e inexplicable invadía mi ser: relajaba mi mente de cualquier presión de continuar la línea temporal que había creado para otros y dejaba que se expandiera de modo que comenzara a analizar la mía y no podía ver dentro de mi propia conciencia.
No obtuve beneficio de tales melodías, así que pensé en fumar un cigarrillo y tomar lo que, en un principio, resultaba ser media copa de whisky. La botella durmió sobre la mesa demasiado pronto, al igual que las cenizas de los cigarros y paquetes que quemé aquella tarde. No tuve más remedio que rendirme ante la posibilidad de ser persona durante un tiempo, algo borracha y amarga, como el olor de los ceniceros.
Me quedé mirando a un punto fijo durante un tiempo, esperando que surgiera la magia negra de mi cabeza, y solo podía recordar una de las estrofas que escuché en aquel artefacto: "llegué tarde para esto, tarde para aquello, tarde para el amor de mi vida". Llegué tarde para mí misma, también, y aún no he logrado escoger una hora que esté disponible.
Supongo que aquel momento del que tanto huía comenzó cuando me di cuenta de que siempre llegaría tarde, a todo, no todas las personas nacieron afortunadas ni el tiempo agradece su compañía.
No todos hemos nacido para amar o ser amados, algunos han nacido para ver amar a otros y resulta curioso porque me encuentro aquí, siendo sin saber cómo, llamándome Valentina (bendita ironía).
Nací un catorce de febrero, San Valentín, Cupido clavó la flecha en el sitio equivocado, me otorgó el beneficio de la duda aunque a veces la incertidumbre era mayor que el beneficio.
Mi madre me contaba el mismo relato todas las noches catorce de febrero: de como planearon todo como si de un gran golpe (bajo) se tratara, de como mi nombre hacía honor al amor en aquel día donde solo importaban las personas; no había más barreras que aquellas que la gente limitaba, según ella, el propósito del ser humano era querer. Y no puedo mentir cuando afirmo que, quizá, creer que nací entre pétalos de rosas y fui tocada en gracia por el destino de poseer a alguien era algo que me daba esperanzas o me ilusionaba, como la niña que era cuando escuchaba aquella historia y la encontraba fascinante.
"Algunos amores están hechos para la luz", supongo que tengo problemas cuando no he estado en el centro de las miradas, me volví escéptica a medida que los años pasaban y la soledad parecía atractiva a cada paso, aunque disfrazase aquel sentimiento tan antisocial como "independencia".
Sentimientos: léxica sencilla, significado complejo. ¿Podemos, realmente, enmascarar una reacción química del cerebro? Llamarlo "x" y no sexo, "es complicado" o quizá "demasiado sencillo", etiquetar como suele hacerse hoy en día aquello que la ciencia ya ha dado nombre con tal de hacerlo nuestro, más humano y real, hasta que duela y sangre. Es una mala costumbre llevar todo a nuestro terreno y reclamar que nosotros hemos inventado el amor, pues solo hemos romantizado la necesidad de nuestro cuerpo de complacer necesidades y tener un buen funcionamiento. Puede sonar a desesperación o reproche, quizá frustraciones apiladas con los años por no ser elegida cuando debería o el presentimiento de que el tiempo tambalea; creo que he perdido la oportunidad que me correspondía para encontrar a alguien a quien aferrarme.
Me cansé de esperar y por mucho que busqué me cansé de no encontrar nada, de ser rechazada por personas que ansiaban oro cuando yo era plata, a pesar de tener múltiples opciones, no encontré más amor que el fugaz de la noche o el de la paz que transmite contar las estrellas; los libros fueron el único amante que se quedó para desayunar, pues las chicas solo quieren pasarlo bien y los chicos tienen negocios que atender. Supongo que una dosis de mí más allá de las horas podría llevar a sobredosis, de esas que te matan y no en el buen sentido, puedo ser tóxica.
Después de tales experiencias y acomodarme en mi propia compañía, aceptando que solo me tendría a mí durante un largo periodo de tiempo, por mucho que me disgustase la idea decidí llevar mi vida al nivel que le correspondía: si iba a dormir en soledad, mi nombre debería proyectar locura, depresión y horas solitarias. Lola parecía adecuarse a mis deseos de autodestrucción y desconocimiento de por qué el universo no quería atarme a nadie, como la leyenda japonesa, supongo que todo se resume a cuentos.
A mentiras e ilusiones ópticas, como las palabras de mi madre cada noche aceptando el hecho de que el amor no entiende de barreras y la expresión de desconsuelo e incomprensión cuando yo resulté ser una.
Mi sino es ser Lola, beber y fumar mis pulmones mientras escribo historias con visión trágica y volver a casa, en silencio, con el vacío de saber que nadie se cruzará en mi camino porque no soy el camino de nadie, ¿quién se hubiese atrevido, cuando hay suelos más firmes que pisar?
No tengo descendencia ni tendré, mis hombros no servirán para llorar las lágrimas de lo injusto que resulta el mundo con dieciséis años y puede que sea mejor así: no quiero que hereden la maldición y la amargura del whisky en noches distantes.
Mi sino es ser Lola y quemar rosas en San Valentín en honor a mi nombre y mi propósito, pues este no existe y aquella historia narrada cada catorce de febrero es un mero recuerdo que lloraré, sin sentido o entendimiento, después de ver arder el amor porque al final del día y los tiempos caminaré sola, como debe ser, ¿no?

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  • Me parece excelente toda la descripcion de tu relato. Solo espero que no sea autoreferencial. El que escribe no está solo y puede hasta enamorar con un relato bien hecho. Nacemos solos, morimos solos, siempre pienso en todo lo que hacemos para darle sentido a la vida porque sabemos que indefectiblemente vamos a morir. Me encantó! verdadera pluma literaria.
    Yo me he sentido muchas veces como este alter ego del relato. El romanticismo que es un marco, un adorno de nuestra impronta sexual viene del amor Cortés del medioevo, y para mi está agotado. Habría que replantearse las relaciones humanas. Claro, los que escribimos hay que reconocer que también somos unos románticos desengañados y nos compensamos con nuestras historias y pensamientos. Pero también tenemos baches como en todo, con la inspiración. Tú eres una gran escritora y es lo que tienes a tu favor.
    No habia leido anteriormente algo tuyo pero este relato me parece bueno yo diria que tratas de hacer como una reflexion interior entre ese yo personal y el criterio que otros puedan tener sobre ti pero lo importante es ese yo que trasmites en palabras que si llegan al lector te felicito, la practica hace al talento y el talento surge de la genialidad
    no..... y tu nombre debe ser Esperanza....vamos Espe!!!!!
  • No al maltrato a la mujer.

    Para de hacer daño...

    Para esos padres que tengan alzheimer... No olviden a sus hijas/os.

    El dia que me que me dejaste,me rompiste el corazon...

    Carta para una hija de parte de su madre recientemente fallecida...

    Las chicas perfectas no existen.

    Habla de verdades sobre la vida adolescente...

    La vida no es como un cuento de hadas.

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